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En los intercambios surgidos a partir de un post anterior, resurgió el interés por conocer el sistema monetario y bancario de Panamá. Al respecto, Juan R. hizo referencia a un artículo publicado hace unos meses: “Lecciones de Historia Bancaria.” A continuación, copio un extracto de este artículo para abrir la discusión acerca de la dolarización, la eliminación del curso forzoso e incluso si sería una buena idea para otros países latinoamericanos como Argentina, seguir el caso panameño.

Despúes de todo, El Salvador y Ecuador ya han dolarizado en 2000 y 2001, justamente cuando Argentina se planteó el debate como alternativa a la devaluación, y otros países como  Colombia podrían hacerlo en los próximos años.


El sistema monetario y bancario de Panamá tiene las siguientes características: (1) se usa el dólar como circulante, el Balboa —la moneda nacional— es una unidad de cuenta y sólo existe en monedas fraccionarias; (2) los mercados de capital son libres, no hay intervención del gobierno, o restricciones a las transacciones bancarias, o a los flujos financieros, ni a las tasas de interés; (3) hay una gran cantidad de bancos internacionales; (4) no hay banco central.

No tener banco central le ha permitido a la República de Panamá disfrutar de una macroeconomía estable y sólida.

Su inflación promedio en los últimos 20 años ha sido del 1%, manteniéndose consistentemente 1 o 2 puntos porcentuales por debajo de la inflación en EE.UU.

Pero Panamá no es oficialmente una economía dolarizada. Desde 1904 su Constitución estipula que “No habrá en la República papel moneda de curso forzoso”. En otras palabras, en Panamá cualquier moneda que se utilice, el dólar por ejemplo, es totalmente determinada por el mercado.

Al no haber banco central, no hay “prestamista de última instancia” y no hay seguro de depósitos; por consiguiente, los bancos están obligados a actuar responsablemente para mantenerse a flote. La ausencia de una banca central hace que no se manipulen ni se influya sobre las tasas de interés.

Panamá no impone controles de capital y la entrada o salida de capitales no ocasionan los mitológicos desequilibrios que muchos teóricos pregonan. Esto se debe a que Panamá desde 1971 decretó la apertura del sector bancario, llegando a tener más de 100 bancos internacionales, lo cual permite la integración financiera internacional y el manejo privado de la masa monetaria.

La macroeconomía panameña es la única en Latinoamérica que no ha sufrido colapsos financieros y que no ha recibido el contagio de los excesos financieros de sus vecinos.

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