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En el último número del CATO Journal, George Selgin tiene un interesante artículo titulado “Incredible Commitments: Why the EMU Is Destroying Both Europe and Itself.” La Trampa del Euro me parece una traducción que resume tanto el título como el contenido del artículo de Selgin.

Los actuales problemas de Europa y el Euro son bien conocidos. Selgin sostiene que el fracaso de este sistema no se debe a shocks “idiosincráticos” de cada país (un caso de áreas monetarias óptimas) ni a falta de competencia entre monedas. Sino que el fracaso se debe a errores fundamentales de diseño. Los incentivos para que se cumplan las promesas necesarias para el eficiente funcionamiento del Euro han estado ausentes y, por lo tanto, las promesas no se cumplieron.

El primer problema que Selgin menciona es el de inconsistencia temporal (Kydland and Prescott, 1977). El problema de inconsistencia temporal se suele asociar al incentivo de un banco central de anunciar una inflación baja y luego producir una inflación mayor a las expectativas con el fin de incentivar el aumento del PBI. En este caso la relación es un poco distinta. Si el EBC (European Central Bank) anuncia una baja inflación (y los agentes económicos le creen), y si el ECB puede disminuir el valor nominal de la deuda soberana, entonces el incentivo del ECB es aumentar la inflación y disminuir el peso de la deuda pública. El resultado es entonces una tasa de inflación mayor sin beneficio una vez que las expectativas toman este trade-off del ECB en cuenta.

El segundo problema es el de monetary free riders. Siguiendo a Chari and Kehoe (2007), una unidad monetaria donde sus miembros poseen discrecionalidad fiscal se va a enfrentar a problemas. Bajo esta estructura, la política óptima de un banco central (benevolente) es aumentar la tasa de inflación cuando la deuda pública es alta y una tasa de inflación baja cuando la deuda pública es baja. Pero dado que el costo de la inflación es distribuido entre todos los países miembros, cada país se ve incentivado a aumentar la deuda pública más allá del nivel óptimo. El resultado es un elevado nivel de deuda pública y una alta tasa de inflación. Este problema se incrementa cuánto mayor sea el número de países dentro de la unidad monetaria. La incorporación de nuevos países a la unidad monetaria puede haber llevado a un incremento de esta dinámica.

En tercer lugar, el problema de hostage taking. Un país que pertenece a la unidad monetaria puede tomar de rehén a los otro países. Si un país emite deuda que es tomada por el resto de la unión, entonces el país puede amenazar con un default y/o retirarse de la unión si el banco central no aumenta la tasa de inflación o recibe una transferencia de recursos para pagar sus bonos con esos mismos recursos. Grecia puede ser un buen ejemplo de esto. Si hay riesgo moral, entonces se suma el incentivo para que los bancos adquieran suficiente deuda pública para ser considerados “too big to fail.”

Con este contexto Selgin ofrece una re-interpretación del impossible trinity. Esta imposibilidad consiste en el hecho que un banco central no puede al mismo tiempo (1) fijar el tipo de cambio, (2) aplicar controles de capital y (3) mantener una política monetaria independiente. En el caso de una unión monetaria, no se puede (1) mantener la independencia monetaria, (2) renunciar a salvatajes financieros y (3) mantener la soberanía fiscal al mismo tiempo.

Todo esto se traduce en un sistema monetario inestable, proclive a inflar de más, dar más espacio para aumentar el estado de bienestar en los países miembros, etc. También, este sistema puede volver a los países miembros entre sí, en lugar de unirlos. Las disputas por el uso del banco central y la toma de rehén de los otros países puede elevar el nivel de conflicto intra-group; por ejemplo Alemania el resto de los países del Euro.

Las soluciones al Euro que se basan en emisiones de nuevos bonos, expansión monetaria, etcétera, no van al centro del problema; los incentivos del sistema. Hay dos soluciones posibles: (1) instaurar una unión fiscal [renunciando a la soberanas fiscal] o (2) avanzar hacia una competencia de monedas a la  Hayek y dejar al sistema monetario evolucionar bajo las fuerzas del mercado. De hecho, esta segunda solución es muy similar a la opinión de del mismo Hayek, quien dudaba de la estabilidad del sistema Euro y quien pensaba que hubiese sido mejor tener un “hard ecu” que compita internamente con otras monedas.

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