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Existe cierto interés en la literatura macro por estudiar si, como sostiene el modelo de demanda y oferta agregadas (AD-AS), un shock monetario tiene efectos neutrales y la economía vuelve (más pronto que tarde) a la misma tendencia de crecimiento de largo plazo. Un shock monetario debería correr solo temporalmente a la economía de su curso de crecimiento. Como Campbell y Mankiw (1987a, 1987b) muestran (para EE.UU.) este no es siempre el caso.

El problema que se encuentra es que al separar una serie de PBI entre sus componentes “tendencia” y “ciclo”, el último no desaparece tan pronto como es de esperarse. Estos resultados produjeron una literatura que se enfoca en estudiar si las series de PBI son “trend-stationary” (la serie vuelve a la tendencia cuando hay un desvío) o “unit-root” (la serie toma un nuevo camino cuando es golpeada por un shock.) En otras palabras, la literatura del tema (al menos la que he visto) está más enfocada en el problema econométrico que en el motivo económico de por qué un shock monetario puede tener efectos no neutrales.

Perron & Wada (2005) ofrecen un caso interesante. El argumento no es que el efecto de un shock tarde en desaparecer, sino que hay un cambio en la tendencia del PBI de EE.UU. en 1973. Si se asume que en esta fecha el PBI entra en una nueva tendencia, entonces varios de estos problemas desaparecen. No es que el componente ciclo tarde en desvanecerse, sino que converge a una nueva tendencia. ¿Qué es esto sino un cambio real -no neutral- en la economía? Lo interesante del caso es que si bien se presentan argumentos (convincentes) por los cuales hay que considerar 1973 como una fecha de quiebre, no hay muchos argumentos de por qué el quiebre se dio en esta fecha puntual.

La coincidencia con el fin del sistema de Bretton Woods y la adopción de dinero fiat no es casual. Si bien Nixon cierra la ventana del oro a principios de 1971, hubo dos años donde el Grupo de los Diez, compuesto por grandes economías, decidieron mantener tipos de cambio fijo entre ellos (con alguna apreciación frente al dólar.) El sistema sólo duró dos años, a principios de 1973 los países efectivamente comenzaron a flotar libremente sus monedas. Según Perron and Wada, el crecimiento a largo plazo (tendencia) del PBI se reduce a partir de 1973. ¿Coincidencia o efecto no neutral de un claro cambio en las instituciones monetarias?

Este evento no es mencionado por Perron y Wada siquiera como explicación a considerar de por qué encuentran en 1973 un quiebre estructural en la tendencia del PBI de EE.UU. Este caso también ilustra que la economía formal se ha tomado la “neutralidad” del dinero como un principio y no como un supuesto que, si bien puede ayudar a simplificar los modelos, hay que dejarlo de lado al momento de analizar la política monetaria. Debe haber pocos ejemplos  contemporáneos tan ilustrativos sobre la no neutralidad del dinero en la economía real.

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