El debate sobre la pauta oficial – Por Alberto Benegas Lynch (h)

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La libertad de expresión constituye la pieza fundamental de una sociedad abierta. Jefferson con razón expresó que “frente a la alternativa de contar con un gobierno sin libertad de prensa o libertad de prensa sin gobierno, me inclino por lo último”. El cuarto poder es esencial para la preservación de un sistema republicano.

Como un resguardo a la libertad de expresión debieran asignarse en propiedad las ondas electromagnéticas para evitar esa espada de Damocles cual es la figura de la concesión que revela la verdadera propiedad de estaciones de radio y televisión teóricamente privadas. El que otorga y retira la concesión es naturalmente el verdadero dueño.

Los gobiernos no debieran tener relación alguna con el manejo del papel para diarios ni la posibilidad de interferir en relaciones comerciales de ningún tipo ni en las tan valiosas redes sociales.

En última instancia, tampoco debieran existir medios mal llamados públicos para ocultar la expresión estatales puesto que son de la misma naturaleza de una insensata literatura estatal, vestimenta estatal o juguetes estatales. El periodismo independiente es redundante pero en las épocas que corren vale el énfasis. Entre otros disparates, en la gestión anterior llegamos a la monstruosidad de contar con una repartición gubernamental para administrar el pensamiento nacional.

Perón creó la agencia de noticias oficial Telam, un completo despropósito en el contexto del republicanismo. Agencia oficial de noticias es una contradicción en los términos.

En los últimos tiempos ha habido ciertas trifulcas por las pautas estatales de publicidad. Algunos medios con razón se quejaron airadamente por discriminaciones debido a posiciones contrarias al gobierno anterior. Aun comprendiendo el enojo, estimamos que con esas declamaciones no se va al fondo del problema cual es la misma existencia de la publicidad oficial.

Cuando los gobiernos tienen que anunciar algo que les compete, por ejemplo, el vencimiento de impuestos y similares, simplemente lo hacen en conferencias de prensa sin necesidad de recurrir al erario público ni meterse en el galimatías de la distribución de la publicidad oficial si debe ser de acuerdo al rating, si debe promover voces al momento de espectro reducido o el criterio que fuere.

En nuestro país se han llegado a extremos inauditos: se han usado descaradamente partidos de fútbol para una obscena propaganda oficial y también aparecen spots publicitarios donde se aconseja lavarse las manos con el sello de la presidencia de la nación. Todo digno de una producción de Woody Allen. Tragicómico si no fuera dramático.

Es imperioso sacar por completo a los aparatos de la fuerza de los medios. Ya que hablamos de cambiar, cambiemos en temas de fondo y no sigamos repitiendo dislates. Hay que desprenderse del espíritu conservador momificado en el status quo.

Publicado originalmente en El Cronista, el lunes 11 de diciembre de 2017.

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