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Varios historiadores del pensamiento económico describen a los fisiócratas como una secta. Murray Rothbard, por ejemplo, señala que:

Los fisiócratas contaron con un auténtico líder —el creador del paradigma fisiocrático—, un propagandista principal y diversos discípulos bien situados, y editores de publicaciones periódicas. Los fisiócratas se promovían unos a otros, revisaban sus prolíficos trabajos entre sí en términos encendidos, se reunían con frecuencia y periódicamente en salons para hacer disertaciones y confrontar los ensayos de unos y otros, y por lo general se comportaron como un movimiento consciente. Contaron con un núcleo duro de fisiócratas y una penumbra de influyentes compañeros de viaje y simpatizantes. Por desgracia, los fisiócratas adoptaron las dimensiones de culto y de escuela, acumulando alabanzas serviles y acríticas sobre su líder, el cual, además de creador de un importante paradigma en el pensamiento económico, se convirtió en un gurú.

En línea con lo dicho, Rothbard cita las palabras de Simon Nicolas Henri Linguet (1736-94), a quien califica como estatista, conservador y contrario a los fisiócratas:

Las pruebas lo demuestran: vuestras misteriosas palabras, physiocratie, produit net; vuestra jerga mística, ordre, science, le maitre [el maestro], los títulos de honor que muestran vuestros patriarcas, vuestras guirnaldas esparcidas por las provincias sobre personas oscuras aunque distinguidas… ¿No es eso una secta? Poseéis un grito de guerra, estandartes, una marcha, un trompeta [Du Pont], un uniforme para vuestros libros y un símbolo, como los francmasones. ¿No es eso una secta? No bien alguien toca a uno de vosotros, todos se abalanzan en su ayuda. Todos vosotros os alabáis y glorificáis unos a otros y atacáis e intimidáis a vuestros oponentes en términos desmedidos.

Las Escuelas de Pensamiento Económico tienen características similares a las mencionadas en esta “secta fisiocrática”. John Maynard Keynes, Milton Friedman o Ludwig von Mises (también podría ser Hayek) podrían ser los líderes del keynesianismo, el monetarismo o la Escuela Austriaca. En todos los casos, alumnos directos de estos grandes maestros ocupan lugares destacados en las mejores universidades del mundo e incluso podríamos ofrecer una lista de galardonados con el Premio Nobel en Economía. En los tres casos, existen congresos internacionales, coloquios o reuniones anuales donde seguidores de estos líderes se reunen para debatir cuestiones relativas a las teorías de los grandes maestros. También existen revistas científicas que enfatizan su interés en publicaciones con un perfil determinado, donde seguidores de estas escuelas puedan dialogar y debatir. Cuando alguien critica a Keynes, Friedman o Mises, muchos colegas salen al rescate y se reproducen respuestas en muchas revistas, blogs, periódicos, etc. ¿Es este comportamiento el de una secta?

Milton Friedman, aun siendo representante principal de la Escuela de Chicago, decía que debemos dejar a un lado las Escuelas de Pensamiento Económico e intentar distinguir entre la buena y la mala economía.

Pienso que pueden resultar útiles para la reflexión ciertos extractos de dos entrevistas compiladas en el libro “La Escuela Austriaca desde Adentro”, Volumen I y II. Por un lado, me refiero a Carlos Rodriguez Braun, quien fuera entrevistado por Arturo Taibo Castro y Lucía Castañón Fernández.

ATC: ¿Quiénes son, en su opinión, los cinco mejores economistas de todos los tiempos? ¿Y los más dañinos?

RODRIGUEZ BRAUN: Esa pregunta es tan popular como equívoca, porque no hay tal cosa como una persona completamente óptima o completamente pésima. Y esto vale también para los economistas. Por ejemplo: a nuestros lectores seguramente les gustará que les diga que creo que Hayek es un buen economista y Keynes es malo. Desde luego, yo lo creo. Sin embargo, Hayek abogó en Camino de Servidumbre por un amplio sistema de Seguridad Social, lo que es un grave error, mientras que Keynes afirmó en su Teoría general que el poder de las ideas es más importante que el de los intereses, lo que es un gran acierto. También tuvo ideas provechosas el economista que más ha propiciado el intervencionismo además de Keynes, que fue J.S.Mill. Apunto de paso que el mismo Hayek elogió a Keynes por la mencionada afirmación en una entrevista que le hice hace muchos años en Revista de Occidente. Quizá en vez de buscar buenos y malos economistas habría que buscar buenas y malas ideas de los buenos economistas.

[…]

ATC: En la polémica entre el liberalismo neoclásico de Chicago y la Escuela Austriaca ¿en que lado se sitúa usted? […]

RODRIGUEZ BRAUN: Esto de tener que estar en una escuela o en otra es cómodo, pero por una razón muy mala: porque ahorra el coste de pensar. Te pones (o te ponen) en una escuela y ya está. Pues, lo siento, pero no. No me gustan las escuelas ni los “lados” exclusivos porque el mundo es demasiado complejo. Por ejemplo, la Escuela Austriaca tiene una gran teoría del ciclo económico (debo su conocimiento y aprecio a un viejo y valioso amigo, Jesús Huerta de Soto), pero la de Chicago nos abrió los ojos ante nuevas perspectivas de análisis que no veo por qué hay que desdeñar. Otro tanto valdría para la Public Choice. […]

Por otro lado, Rafael Beltramino, a quien tuve la suerte de entrevistar en mayo de 2009.

AR: Friedman afirmó en sucesivas oportunidades que no existe tal cosa como diferentes escuelas del pensamiento económico; sólo existe la “buena economía” y la “mala economía.”  ¿Qué opinión te merece esa reflexión?, y al mismo tiempo, ¿cuáles son los elementos de una Escuela que al principio nos decías que los austríacos fueron perdiendo?

BELTRAMINO: En principio, no me parece que uno pueda estar en desacuerdo con Friedman, de plano. Lo que sí es cierto, es que tendría que hacerle a esa afirmación varias aclaraciones, antes de suscribirla, y diría que hay mejores explicaciones económicas que otras y mejores simplemente porque dan cuenta o explican más y mejor. Ojo, sin querer explicarlo todo, porque eso, como tan lúcidamente nos enseñó Popper, no es científico.
Cuidado, que no creo que sea para mal que la Escuela Austríaca se haya convertido en Tradición Austríaca, más bien todo lo contrario. Una escuela a mi juicio tiene que tener interacción fluida entre sus miembros (por lo que por definición tienen que ser pocos y a comienzos del siglo XX, cercanos geográficamente) y una homogeneidad lingúistica y cultural que, al mismo tiempo la limita, y, como todo límite, la empobrece. Lo mejor que le pudo pasar para el desarrollo de la Escuela Austríaca fue esa diáspora a la que me refería al principio que le permitió entrar en contacto con otras influencias y tradiciones y, como consecuencia de ello, enriquecerse. Obviamente, no debió ser nada sencillo para cada uno de los que tuvo que abandonar su país y su lengua, para salvar sus vidas, pero lo que digo es que aún esa persecución tuvo algunas consecuencias positivas.
No voy a descubrir yo el fenómeno tan enriquecedor de la fertilización cruzada pero lo mejor para Hayek y Lachman, fue estar en Inglaterra, discutir con Keynes, y con los economistas de Cambridge y hasta producir un pensador tan interesante como Shackle que es casi una (rara) mezcla entre Hayek y Keynes.
Además la transformación de la “escuela austríaca” en “tradición austríaca”, ha traído toda clase de matices y diferencias entre los que se consideran parte de esa tradición.
Creo que esos matices, en general, son muy valiosos y enriquecen a una tradición.

Me pregunto: ¿Qué actitud debemos tener frente a las Escuela de Pensamiento Económico? ¿Debemos ser críticos de aquellos que se cierran dentro de una determinada Escuela? ¿Son útiles las revistas científicas que sólo reciben contribuciones de un determinado perfil? ¿Debemos identificarnos con una Escuela de Pensamiento? ¿Por qué se identifica a todas las escuelas de pensamiento económico con una determinada ideología?