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En mi último post, Juan R nos deja un link a un Mises Daily Article del Mises Institute sobre inflación de Frank Shostak. Este artículo se entiende en el contexto de un debate y diferencias entre distintos austriacos sobre el rol de las reservas fraccionarias, el oro y qué es y qué no es inflación. Este es un debate complicado dado que se manejan distintos conceptos, o dicho de otra manera, mismas palabras significan cosas distintas para cada grupo.

En primer lugar, el término inflación en sí no tiene un origen teórico, sino que tiene un background más bien público o político. Mises desarrolla este aspecto en TMC y HA. Hay dos maneras de tratar de definir inflación, por aquello que le da origen, o por los síntomas.

La definición de inflación que se basa en un aumento sostenido del nivel general de precios se concentra en los síntomas. P aumenta de manera sostenida. Como imagino que varios lectores del blog tendrán presente, esto es totalmente irrelevante si no hay efectos en los precios relativos. En macro, P suele referirse a los precios de consumo, por lo que se suelen dejar los precios de los factores de producción de lado. Por lo tanto, un cambio en W/P sería un problema (o solución al desempleo en algunos modelos). Pero si el hecho que los salarios no ajustan como la inflación es el inconveniente, entonces el problema no es en sí el aumento de P, sino el cambio en el precio relativo entre salario por un lado y bienes de consumo por el otro. Algunos manuales de macro no suelen ser muy consistentes al definir inflación y luego explicar por qué la inflación es un problema. Si los salarios, que también son precios, se mueven igual que P, entonces no hay cambios en precios relativos y por lo tanto la inflación no es un problema.

Otra cuestión de este punto de vista es que la definición asume, o debería asumir, ceteris paribus. Es decir, el aumento de precios es inflación de acuerdo a la definición si el resto de las variables se mantienen constantes. Pero este control generalmente se deja de lado y uno debe estimarlo por separado. El economista tiene que calcular la inflación (ya sea a través de algún IPC o del deflactor de PBI) y por otro lado estimar cambios en TFP (total factor productivity) y luego ver la diferencia entre ambos. Si hay dos efectos, aumento oferta de dinero y aumento en productividad, entonces hay que controlar por este segundo efecto para calcular la inflación. Digamos, para hacer un ejercicio sencillo, que el aumento de la cantidad de dinero llevaría a un aumento en el nivel de precios del 5%, pero los aumentos de productividad harían caer el nivel de precios un 3%. El resultado de ambos efectos es que el nivel de precios aumenta un 2%. Si creemos que la definición de inflación debe asumir ceteris paribus, entonces hay que limpiar al 2% de las mejoras tecnológicas y estimar únicamente el efecto monetario. Por lo tanto la inflación sería del 5%, no del 2%. Salvo que creamos que la definición de inflación no requiere que el resto de las variables se mantengan constantes, pero en ese caso es necesario distinguir los distintos motivos por los cuales el nivel de precios se mueve. Ante mejoras de productividad, se suele subestimar los valores de inflación. Este es un problema mencionado en algunos informes de la Fed respecto a la década del 20 antes de la Gran Depresión. Y también se ha indicado como problema en los años anteriores a la Crisis Financiera del 2008. Este puede ser un problema no trivial. Que el nivel de precios no aumente no quiere decir que la economía no este sufriendo distorsiones en los precios relativos.

Si uno desea usar la definición de aumento sostenido en el nivel de precios, entonces debe considerar los mismos problemas que suele asignarse a la inflación pero que se manifiestan de distinta manera. A modo de ejemplo, Argentina durante los 90 tuvo un incremento en la cantidad de dinero a través de créditos con organismos internacionales. Dada la apertura comercial y el tipo de cambio fijo, el exceso de cash-holding se manifestó en un déficit comercial con el resto del mundo a lo largo de la década (salvo en el 95), no en un aumento sostenido del nivel de precios capturados en el IPC. El concepto de nivel de precios también depende de una definición geográfica, por más que el mercado no posea fronteras políticas. Podría decirse que en este caso la inflación se manifestó a través del déficit comercial, y no a través del nivel de precios. Si hubo o no inflación en Argentina en los 90 depende de que tipo de definición se use como referencia.

Distinto es el caso de una definición que se concentre en el origen del problema y no en uno de los síntomas. Aquí hay por lo menos dos definiciones. Por un lado, inflación sería un aumento en la oferta de dinero por encima del aumento en la demanda de dinero, es decir, la diferencia. En un gráfico de demanda y oferta se ve que en el eje vertical el precio del dinero (1/P) cae, lo que implica que P aumenta. Este es, por ejemplo, el punto de vista de Mises.

Otro caso es el punto de vista de Rothbard, o el de Shostak, donde inflación es un aumento en la oferta de dinero sin respaldo. El artículo menciona el debasement que los reyes hacían a las monedas de metal, luego pasa a comparar este caso con el de billetes fiduciarios y finalmente menciona el caso de billetes fiat (los llama paper money). Hay, sin embargo, algunas diferencias y similitudes importantes.

En el caso de la moneda que es limada para bajarle el contenido de oro (o metal precioso), de hecho se está alterando el sello de la moneda. La empresa que acuña la moneda certifica el contenido de metal precioso, y el rey falsifica esa certificación. Cualquier privado que hiciese eso cometería un delito, es como falsificar un contrato (en Good Money George Selgin describe como esto se manejó privadamente en el mercado).

El caso de patrón oro con reservas fraccionarias es distinto. El billete que se emite no es un certificado de propiedad, sino un título de deuda. Tampoco es un sello como el de acuñación, sino que es un pagaré por un cierto monto de monedas acuñadas. El emisor se compromete a pagar una cantidad dada de reservas al portador, no se compromete a mantener la reserva en caja. Esto estaba explícitamente mencionado en los billetes e incluso era el fallo que los jueces Ingleses, siguiendo la práctica del common law, dictaminaban cuando había un juicio al respecto. En otras palabras, no había engaño al depositante. Esto no es trivial, la emisión de billetes fiduciarios en sí no implica una violación de contrato como lo es limar monedas de oro ni tampoco es crear dinero de la nada (out of “thin air”). El billete, al ser un contrato de deuda es valorado por el mercado. Si este es un billete confiable, entonces puede transformarse en un substituto de dinero. Argumentos en la línea de “out of thin air” tienen problemas con la postura de que el valor es subjetivo.

El dinero fiat, en cambio, es dinero en sí mismo. El dinero fiat, por lo tanto, no necesita respaldo del mismo modo que el oro en sí no necesita respaldo. El billete fiduciario, o la nota convertible, al ser un título de deuda sí necesita un respaldo. Las reservas que los bancos centrales hoy día mantienen poseen una relación distinta a la relación que existe en caso de billetes convertibles. Los bancos centrales hacen uso de las reservas para manejar el tipo de cambio, no para cumplir con un contrato como lo es en el caso de billete convertible. Es cierto, sin embargo, que el dinero fiat al no tener uso no monetario pierde un link al mercado que puede equilibrar su poder adquisitivo como en el caso del oro. Pero no implica “out of thin air.”

Esto es importante por lo siguiente. Shostak dice que si aumenta la cantidad de oro, entonces no hay inflación, pero que si aumenta la cantidad de dinero fiduciario o fiat sí. Si hay un aumento de demanda de dinero del 5%, y la oferta de oro aumenta un 5%, entonces no debería haber inflación. Pero si la demanda de dinero aumenta un 5% y lo que aumenta un 5% es la cantidad de billetes fiat, ¿por qué debería haber inflación? En el caso de Shostak, o Rothbard, la inflación no es tanto un problema de oferta de dinero como lo es de qué es el dinero. Todo incremento de oferta de dinero que no sea metal precioso es considerado inflacionario por definición. Pero los efectos económicos de un caso o el otro son similares, por lo que no se puede sostener que el aumento de la oferta de dinero es mala en un caso y nociva en el otro. Y esta no es una distinción que vea en la postura Rothbardiana.

¿Qué sucede con el billete fiduciario o convertible? Básicamente lo mismo, al ser un sustituto de dinero funciona como tal y no hay grandes diferencias. Pero la presencia de dinero fiduciario y reservas fraccionarias permite: (1) ajustar la elasticidad de la oferta de dinero y (2) economizar la producción de dinero.

Si aumenta la demanda de dinero, y esto se traduce en mayores saldos bancarios, entonces los bancos se encuentran en posición de expandir la cantidad de billetes. El aumento en la demanda de dinero resulta en un aumento equivalente de la oferta de dinero, por lo que no hay inflación ni deflación. Esto es lo que en la literatura suele ilustrarse con la teoría cuantitativa del dinero:

MV = PQ

PQ es NGDP (PBI nominal), M es oferta de dinero y V velocidad de circulación. En el contexto de bancos, un aumento en la demanda de dinero (1/V) implica que V cae, lo que se interpreta como menor movimiento de saldos bancarios. Si MV es la oferta de dinero, PQ es la demanda de dinero. Esto se relaciona con la k-rule de Friedman.

M, a su vez, se puede abrir en G y m, donde G es oro y m es el multiplicador monetario. Por lo tanto:

GmV = PQ

De modo que ante una caída de V, la compensación es una combinación de incrementos en G y m. Parte del debate entre las dos posturas es que esto debería ser distorsivo al afectar precios relativos. Pero el problema es que no todo aumento en la cantidad de dinero es distorsivo per se. Los bancos perciben un aumento en sus reservas cuando se incrementa la demanda de dinero y este se ofrece en forma de ahorros. Pero por el otro lado, los bancos no arrojan el dinero al mercado desde un helicóptero, sino que lo tienen que asignar a empresarios que compiten por esos fondos. Es decir, a aquellos empresarios que tienen proyectos cuyos beneficios se basan en corregir precios en desequilbrio. Por lo tanto las modificaciones en los precios relativos tienen un sesgo a ser equilibrantes, no distorsivos o desequilibrantes.

Si en cambio se fuerza un encaje 100%, donde m = 1, entonces:

GV = PQ

El banco no puede producir G, y el ajuste debe venir por el lado de P (o Q). Pero en este caso no hay una asignación de fondos a empresarios que canalice los cambios en precios relativos, sino que los cambios en P son tan distorsivos como en el caso de un exceso de dinero.

La postura de Mises me parece la más consistente. Pero dado que este debate se basa en definiciones y consideraciones éticas (para Rothbard las reservas fraccionarias son fraudulentas) es muy difícil llegar a un acuerdo entre las partes. Indistintamente de la definición que se use, lo más importante es ser consistente con el uso de la misma.

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