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ElOtroSenderoUn alumno me consultó por cierta bibliografía sobre economía informal, que como bien dice Carlos Ball recibe también otros nombres como “economía subterránea, economía paralela o simplemente mercado negro.”  Me parece que la respuesta que ofrecí puede interesarle a todos nuestros lectores, y al mismo tiempo, pido que agreguen las lecturas que conozcan sobre este tema tan relevante para América Latina y el mundo.

Comencé por sugerirle un acercamiento a dos escritos peruanos, como Enrique Ghersi y Hernando de Soto, porque me parece que ambos son especialistas en el campo.

Hernando de Soto, por ejemplo, es autor de “El otro sendero“, libro que recibió el prólogo del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. De Soto, además, obtuvo el Premio Milton Friedman en 2008, y al efecto se preparó una página web con el acceso a sus libros, ensayos y artículos que se escribieron sobre él.

Pero comencemos con Enrique Ghersi. En este trabajo sobre la economía informal en América Latina, nos ofrece una primera reflexión acerca del origen del fenómeno:

Como hemos visto, hay informalidad en la vivienda, hay informalidad en el comercio, hay informalidad en la industria, hay informalidad en el transporte: hay informalidad en todo. De hecho, no son informales los hombres, son informales sus actividades. No hay peruanos formales e informales. ¡No! Si el 60 por ciento del trabajo de los peruanos se desarrolla en el mercado informal es porque todos los peruanos tenemos una parte de nuestro trabajo desarrollada formalmente y una parte de nuestro trabajo desarrollada informalmente. […] El origen de la informalidad no se encuentra en una tara cultural, en un problema religioso, o un origen étnico; se encuentra en la ineficiencia de la ley. En términos técnicos, somos informales por el llamado coste de la legalidad. Los políticos, los legisladores, y, mucho menos, los abogados no entienden que la ley cuesta como cualquier otra cosa. Si vd. quiere hacer un negocio, necesita tiempo e información. Hacer el negocio cuesta algo independientemente del negocio mismo. Vender pintura cuesta algo más que la pintura misma; cuesta la oportunidad, la inteligencia, la ubicación, la percepción del deseo de los consumidores. Igual la ley. La ley cuesta con independencia de lo que se quiera hacer con ella. ¿Cuál es el costo de la ley, entonces? La cantidad de tiempo y de información que se necesita para cumplir con ella.

También encontré en la página de CEDICE el capítulo 7 de un libro sobre Economía informal, que resume varias cuestiones centrales sobre este tópico. Después de repasar diversos apartados sobre la medición de la informalidad, el techo informal, el transporte informal, la permisología, los costos de ingresos y permanencia, la falta de titularidad, el debate entre mercantilismo versus capitalismo, la multitud de empresarios, la capacidad empresarial, en pos de una normatividad aceptable, medios ilegales con fines legales, Hernando de Soto concluye:

Me gustaría decirles lo que nosotros consideramos son los dos mensajes más importantes de nuestras investigaciones. La primera es que hay una gran masa de empresarios latinoamericanos y que no es cierto que los latinoamericanos no estemos hechos para la empresa y tenemos graves fallas culturales. Hay una gran cantidad de empresarios y, como en todos los países del mundo, se han revelado en cuanto han llegado a las ciudades y ha podido contar sus costos de transacción; es decir, han podido comerciar y especializarse. Esto significa que hay esperanza para nosotros y hay posibilidad, por fin, de crecer en una manera que no está basada exclusivamente sobre los recursos naturales que siempre desaparecen poco a poco o a la larga. En segundo lugar, que nos parece que los lugares, los sitios donde nosotros deberíamos investigar con mayor asiduidad los problemas de la informalidad y los problemas que se refieren a nuestro subdesarrollo, son en las instituciones legales. Creemos que la ley peruana, y de muchos otros países  latinoamericanos, es evidentemente una ley que estorba en lugar de facilitar la vida productiva de la gente.

Otro hallazfo fue el intercambio de varios economistas en una mesa redonda sobre la economía informal, publicado en Estudios Públicos de Chile. Entre estos economistas se encuentra también Hernando de Soto, pero se suman Manuel Mora y Araujo, Manfred Max-Neef, Cristián Larroulet y Víctor Tokman. Todas sus intervenciones se sintetizan en este documento.

Respecto de la medición de la informalidad, encontré este artículo de Martín Krause, que si bien es de 2004, puede acercarnos a una idea de la situación global.

Sus resultados muestran que la economía informal alcanzaba 41% del PIB oficial en Africa para los años 1999/2000, siendo los países con mayores porcentajes Zimbabwe (59,4), Tanzania (58,3) y Nigeria (57,9). Tomando 26 países de Asia, el promedio es 26% del PIB y los países con indicadores más altos son Tailandia (52,6), Sri Lanka (44,6) y Filipinas (43,4). En este caso, el promedio general se ve reducido por los casos de Singapur (13,1) y Japón (11,3), donde la economía informal es relativamente pequeña.
En América Latina el promedio, al igual que África, es de 41%, encabezando la lista Bolivia (67.1), seguida de Panamá (64,1) y Perú (59,9). Curiosamente el estudio ubica a la Argentina entre los países de menor porcentaje (25,4), después de Chile (19,8), pero las estimaciones realizadas aquí en Argentina señalan una mayor informalidad. Las mismas autoridades fiscales argentinas estiman la evasión impositiva en alrededor de 40%.
En cuanto a los países en transición del socialismo hacia el capitalismo, el promedio es de 38% y en los países desarrollados 16,4%, situando a Grecia en primer lugar (28,3), seguida de Italia (26,2).
¿Pero cuáles son los elementos que producen la informalidad? El propio Martín ofrece respuesta señalando en primer lugar la carga impositiva, y en segundo lugar la complejidad de las regulaciones.
Está claro que en la Argentina el tema ahora está siendo cada vez más complejo fruto de las regulaciones excesivas sobre el comercio internacional, el dólar, y quizás debamos decir la economía en su conjunto. De cualquier forma, sólo quería compartir estos links que pueden ser útiles a los lectores para comprender un fenómeno cada vez más importante en la región. Me parece que aquí hay un aspecto institucional que los investigadores en Argentina -y por supuesto también de América Latina- tenemos que seguir trabajando.
Cierro el comentario con un video de Hernando de Soto donde nos ofrece una explicación acerca de las razones por las que los empresarios deciden trabajar en las sombras.
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