PsychonomicstapaEl libro Psychonomics, de Martín Tetaz, constituye una crítica al paradigma microeconómico de la Escuela Neoclásica, el cual sostiene que la acción de los agentes económicos opera conforme al propósito de maximizar la utilidad. La tesis de Tetaz es que dicha premisa no es correcta porque los mecanismos psicológicos que configuran la mente humana no nos conducen a actuar del modo en el que la economía tradicional lo sostiene. A los efectos de dar sustento a su posición, Tetaz presenta una abundante colección de estudios académicos originados principalmente en el campo de la psicología cognitiva.

El libro es sistemático, ameno, coherente y constituye, en conjunto, una exposición interesante de la temática que aborda. La cuestión que quedaría por dirimir es el grado de validez científica de la tesis que sostiene. En este campo, naturalmente, el debate está abierto. Resulta oportuno, no obstante, intentar definir el encuadre de ese debate.

Psycohonomics es más claro como una tesis negativa que como una exposición afirmativa. Esto significa que es más apreciable su crítica al paradigma neoclásico, que la definición de una premisa que la reemplace. Los argumentos de Tetaz son sólidos para demostrar que la idea de que los agentes económicos actúan con el propósito de maximizar su utilidad, es inconsistente. Para sostener su posición, Tetaz explica ciertos rasgos característicos de la conducta humana, los cuales se derivan de la configuración psicológica de la especie. Pero lo que el autor no aclara es cómo actuamos los seres humanos si no es con el propósito de maximizar la utilidad.

Tetaz sostiene −y lo explica científicamente− que la conducta humana está regida por ciertas regularidades y que hay lo que denomina un “sesgo” hacia el mantenimiento del statu quo, es decir, una resistencia al cambio. Pero de esa hipótesis no se desprende ninguna conclusión visible en términos de teoría económica. En cierto tramo del libro, el autor defiende la aplicación de lo que denomina paternalismo libertario, el cual constituye una metodología de manipulación disimulada de la conducta humana, aprovechando que los seres humanos somos proclives a acomodarnos a la situación que encontramos. Típicamente, dentro de este esquema de gestión se inscribe la práctica de no poner el salero en la mesa de los restaurantes para desincentivar el consumo de sal, presuponiendo que dicho consumo es nocivo para la salud y que es un objetivo socialmente deseable que los individuos no se enfermen. En ese sentido, la posición del libro es un poco simplista porque desestima el hecho de que, con el transcurso del tiempo, los individuos terminamos acostumbrándonos a la situación y, siguiendo con el ejemplo propuesto –que figura en el libro− lo que sucederá es que automáticamente llegaremos a un restaurante y solicitaremos un salero. En este sentido, esta estrategia es parecida a la propuesta por Keynes, quien sugería desvalorizar la moneda para rebajar los salarios, esperando que esa política sería eficaz para neutralizar la resistencia de los asalariados a una baja nominal de sus ingresos. En ese sentido, el libro tiende a subestimar la capacidad humana para desarrollar mecanismos adaptativos para sortear obstáculos impuestos artificialmente y no discute la legitimidad moral de este tipo de manipulaciones gubernamentales que, para el autor de estas líneas, encubren un autoritarismo disimulado.

El problema que el libro no resuelve, entonces, es el siguiente: una vez admitido que el paradigma microeconómico de la Escuela Neoclásica no es válido ¿cuál es el principio que puede reemplazarlo? Es decir: si los seres humanos no actuamos regidos por la premisa de maximizar nuestra utilidad ¿por qué criterio nos orientamos? El libro de Tetaz no responde a estas preguntas.

Sin embargo, en cierto pasaje del trabajo, el autor sobrevuela empíricamente el problema, sin llegar a extraer una conclusión teórica. Explica Tetaz que, cuando un consumidor va a un supermercado, tiende a comprar una canasta fija de productos, que son siempre aproximadamente los mismos (aquí queda a la vista ese sesgo hacia la regularidad del comportamiento) pero que en cada ocasión ese consumidor prototípico va haciendo pequeñas modificaciones, agregando, quitando o reemplazando productos, que no alteran el contenido estructural de esa canasta básica, pero que la modifican marginalmente (Tetaz no emplea expresamente el concepto de marginalidad para explicar este comportamiento, pero su análisis lo abarca).

¿Qué conclusión teórica podríamos extraer de esta pauta descripta en Psychonomics? En primer lugar, podemos corroborar que, efectivamente, es erróneo que la conducta humana se rija por el principio de la maximización de la utilidad. Si se aplicara ese criterio, cada consumidor debería analizar uno por uno cada producto que compra para verificar que sea el que más le conviene. Sin embargo, no es así como actúa, sino que solo hace modificaciones marginales. Este es el punto donde la tesis de Tetaz queda incompleta. Anula el paradigma neoclásico pero, aparte de describir empíricamente la conducta de los consumidores, no propone un principio alternativo.

Aquí es donde sería posible rescatar, como hipótesis sustitutiva, el principio presentado por Von Mises, quien sostenía que la acción humana está regida por el principio de “pasar de una situación menos satisfactoria a otra más satisfactoria”. La misma idea, quizá un poco más pulida en términos expositivos, sostiene el autor de estas líneas en su ensayo El Espíritu del mercado donde habla de que el propósito de la conducta humana es “pasar de una situación equis a una situación mejor que equis”.

Así tenemos, entonces, una propuesta alternativa al paradigma neoclásico. Los seres humanos no actuamos con el propósito de maximizar nuestra utilidad, pero sí actuamos con el objetivo de incrementar marginalmente la utilidad. No es lo mismo maximizar que incrementar. El concepto de “incremento marginal de la utilidad” –no tratado en el libro de Tetaz, pero completamente compatible con sus desarrollos analíticos− podría reemplazar satisfactoriamente al viejo paradigma neoclásico de la maximización de la utilidad, severamente cuestionado por el autor de Psychonomics.

La diferencia entre “maximización” e “incremento marginal” de la utilidad radica en que la maximización supone la existencia de un óptimo objetivo predeterminado al cual el agente económico procurará alcanzar, en tanto que el incremento marginal supone la existencia de una situación determinada subjetivamente, a la cual el agente procurará reemplazar por otra situación a la que considere comparativamente mejor.

El problema que queda planteado, a partir de ahora, es cómo compatibilizar las ideas contenidas en Psychonomics con el concepto de “incremento marginal de la utilidad”. En ese sentido, el libro es muy valioso porque aporta la “materia prima” con la cual cabe abrir nuevas y muy promisorias líneas de investigación en el campo de la teoría económica. Un camino posible para el desarrollo de tales abordajes consiste en conectar los estudios basados en psicología cognitiva −y eventualmente incorporando también conceptos del conductismo− con principios de la Escuela Austriaca de Economía, entre ellos el cálculo económico y la praxeología desarrollados por Mises, el proceso de descubrimiento propuesto por Hayek, el concepto de empresarialidad de Kirzner y, en el terreno filosófico, la metodología falsacionista de Popper.

Anuncios