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Dejamos a continuación la respuesta y reflexiones de J. C. Cachanosky a los posts de Astarita en torno al debate online sobre teorias del valor.


Teoría del Valor de Karl Marx (J. C. Cachanosky)

El 5 de marzo el profesor Rolando Astarita y yo debatimos acerca de la Teoría del Valor en Marx. Se puede ver la grabación del debate haciendo click aquí.

En primer lugar quiero agradecer al profesor Astarita por la calidad y cordialidad en todo momento del debate. El intercambio de ideas nunca fue de carácter personal, siempre estuvo basado en las “ideas”.

En segundo lugar el profesor Astarita ha escrito cuatro largas repuestas a los temas surgidos en el debate. Aquí van los links a las cuatro respuestas:

  1. Respuesta 1
  2. Respuesta 2
  3. Respuesta 3
  4. Respuesta 4

Como ser verá el profesor Astarita ha invertido mucho tiempo en estos largos comentarios sobre el debate. El presente artículo va a ser mucho más reducido en espacio. Una de mis frases favoritas es la de Albet Einstein: “If you can´t explain it simply, you don’t understand it well enough”. De manera que voy a ser lo más simple posible y voy a dar respuesta en este único documento.

Karl Marx fue una persona muy prolífica, ha escrito muchos artículos y ensayos y una obra monumental de tres volúmenes: El Capital, que aparentemente pocos se han tomado el trabajo de leer libre de apasionamientos. Como el debate era estrictamente sobre la teoría del valor de Marx me voy a concentrar en este tema y para evitar errores de interpretación voy a citar directamente a Marx. Lo voy a citar en ingles porque tomé la mala costumbre de usar un producto “capitalista” que me resulta muy cómodo: Kindle. De manera que tengo El Capital y los otros escritos de Marx en inglés. Luego voy a hacer referencia a los comentarios del Profesor Astarita.

Espero mostrar lo más claramente posible que Marx incurrió en serias imprecisiones y contradicciones que en gran medida ya fueron señaladas por Eugen von Böhm-Bawer en Karl Marx and the close of his system. También se puede ver el interesante libro de Marxism: Philosophy and Economnics.

Valor

Siguiendo a Aristóteles los economistas clásicos distinguieron entre “Valor de Uso” y “Valor de Cambio”. El primero hace referencia al placer o utilidad del bien, para qué sirve. El segundo hace referencia a “precio”, que cantidad de un bien hay que entregar a cambio de otro. El problema es que muchas veces usaron la palabra valor sola sin especificar el sentido. Pero la mayoría de las veces “valor” es sinónimo de “precio de largo plazo”.

Para Adam Smith el “valor” o “precio natural” de bienes está dado por el costo de producción que tiene tres componentes: salario, renta de la tierra y una ganancia “normal” (promedio). La oferta y demanda fijan el “precio de mercado” de los bienes. Si el precio de mercado está por encima del precio natural se produce una ganancia “extraordinaria” que atrae nuevos capitales, la producción aumenta y, en consecuencia, el precio de mercado baja acercándose al “precio natural” (costo de producción). Por el contrario, si la oferta y demanda fijan un “precio de mercado” por debajo del “precio natural” se generar una pérdida, la producción baja y el precio de mercado tiende a subir acercándose al precio natural.

La conclusión de los clásicos fue que el “precio natural” (costo de producción) es el centro de gravedad hacia el cual los precios tienden continuamente. Por lo tanto en el largo plazo los precios relativos están determinados por los costos de producción.

Un punto no menor de los clásicos es que los precios relativos (el precio de un bien en relación con otro) sin los que dirigen a los capitalistas a asignar eficientemente los recursos productivos. Los capitalistas solo persiguen maximizar las ganancias pero, al hacer esto, son guiados por una “mano invisible” a promover el bienestar general. No es por la benevolencia del panadero o el carnicero que tenemos pan o carne sino porque quieren obtener ganancias. Las fluctuaciones de los precios son las que generan ganancias y pérdidas. Es por este motivo que los precios relativos son tan importantes.

¿Qué dijo Marx? En realidad siguió a los clásicos pero no los entendió. Veamos.

Igual que los clásicos, Marx distinguió entre “valor de uso” y “valor de cambio” de la siguiente manera (El Capital, V1, Penguing Books, Location 2084 y 2092):

The usefulness of a thing makes it a use-value.”

“Exchange-value appears first of all as the quantitative relation, the proportion, in which use-value of one kind exchange for use-value of other kind

Hasta aquí no hay diferencia con lo que los clásicos (y Aristóteles) habían dicho.

Marx, igual que los clásicos, afirma que ningún bien puede tener valor en cambio si no tiene valor en uso. En otras palabras para que un bien tenga “valor en cambio” tiene que tener ser útil (El Capital, V1, location 2178):

…nothing can be a value without being an object of utility. If the thing is useless, so is the labour contained in it; the labour does not count as labour, and therefore creates no value.

Para explicar el “valor en cambio” cae presa del error cometido por Aristóteles. Busca una “equivalencia” que haga igual lo que se recibe que lo que se entrega (El Capital, V1, location 2102):

Let us now take two commodities, for example, corn and iron. Whatever their exchange relation maybe, it can always be represented by an equation, in which a given quantity of corn is equated to some quantity of iron, for instance 1 quarter of corn = x cwet of iron

El paso siguiente es buscar que es lo que iguala el valor en cambio de los dos bienes. Tiene que haber algo en “común” a los dos bienes y sostiene que hay dos posibilidades: (1) todos los bienes tienen valor de uso y (2) todos los bienes requieren de trabajo. Va a descartar la primera y se queda con la segunda alternativa (El Capital, location 2119):

“If we disregard the use-value of commodities, only one property remains, that of being products of labour

Hace la misma afirmación en su ensayo Valor, Precios y Ganancias (Value, Prices and Profits, location 468).

… we must first ask, what is the common social substance of all commodities? It is labour. To produce a commodity a certain amount of labour must be bestowed upon it, or worked upon it.

Habiendo descartado la utilidad, que es lo que sí explica el precio, procede a afirmar que es la cantidad de trabajo “socialmente necesario” el que determina el “valor” (valor en cambio de largo plazo) de los bienes.

Es importante tener en claro que por “valor” Marx significa, en vocabulario común, precios relativos de largo plazo (El Capital, location 2144).

Commodities which contains equal quantities of labour, or which can be produced in the same time, have therefore the same value.

También (Value, Prices and Profits, location 497 y 889):

The relative values of commodities are, therefore, determined by the respective quantities or amounts of labour, worked upon, realized, fixed in them.”

“The value of a commodity is determined by the total quantity of labour contained in it.

Es interesante que Marx haya descartado la utilidad (valor de uso) del bien como factor común porque los valores en uso de los distintos bienes difieren en “calidad” y no en cantidad y por lo tanto no pueden considerarse como un factor de “medida” común. Sin embargo no tiene problema afirmar que se puede “medir” los distintos tipos de trabajo reduciéndolos a una unidad de medida. Los trabajos en realidad tienen distintos tipos de “utilidad”, sirven para producir distintos bienes y requieren de distintas habilidades y capacidades que también son “cualitativas” y no “cuantitativas”. Obviamente, igual que los clásicos, no consideraba que los servicios fuesen riqueza (El Capital, location 2234):

More complex labour counts only as intensified, or rather multiplied simple labour, so that a smaller quantity of complex labour is considered equal to a larger quantity of simple labour.

Hoy en día los economistas matemáticos hacen algo parecido, “miden” el valor de uso (utilidad) en “útiles”, algo tan disparatado como tratar de tener una unidad de medida de trabajo. Marx no tiene respuesta a esto más que una abstracción inventada para salir del paso. No puede responder como se puede medir la hora de trabajo de un agricultor, con las de un obrero manufacturero, como entra la hora de los trabajos gerenciales, o compararlas con las de un médico o ingeniero. Marx recurre a una escapatoria insólita. Hay que ignorar la desigualdad real!!! (El Capital, V1, location, 2763):

Equality in the full sense between different kinds of labour can be arrived at if we abstract from their real inequality, if we reduce them to the characteristic they have in common, that of being the expenditures of human labour-power, of human labour in abstract.

También podría haber “abstraído” en el caso del valor de uso y haber inventado (como los economistas matemáticos) una unidad abstracta de “utilidad”. La microeconomía moderna llega a la conclusión que a precios iguales el óptimo se logra cuando se igualan las utilidades marginales.

Haber recurrido al trabajo para “medir” o explicar el “valor” (precio de largo plazo( es totalmente arbitrario. Hay muchas otras cosas en común a todos los bienes, tienen color, ocupan espacio, tienen átomos, son materiales, etc.

Que el trabajo sea un factor común a la producción de todos los bienes no implica “lógicamente” que genere valor. La teoría no explica por qué las cosas de la naturaleza que no fueron producidas por trabajo tienen valor, o por qué bienes como el vino adquieren más valor con el paso del tiempo. Los granos que produce la agricultura por ejemplo requieren de lluvia. La teoría es tan débil que tiene que buscar continuamente parches para explicar lo que la teoría no explica.

Es interesante como Marx puede contradecirse sin notarlo o ignorando la contradicción. Por un lado Marx dice si un bien no tiene valor de uso no puede tener valor de cambio y al mismo tiempo afirmar que los dos valores son independientes (El Caital, V1, location 4450):

Value is independent of the particular use-value.

O que (El Capital, locaiton 4676):

If therefore an article loses its use-value, it also loses its value.

Y al mismo tiempo afirmar que el trabajo es “exclusivamente” el factor que genera “valor” (precio de largo plazo) (El Capital, location 2143):

What exclusively determines the magnitude of the value of any article is therefore the amount of labour socially necessary, or the labour-time socially necessary for its production

Es increíble como Marx y los marxistas pueden sentirse cómodos con estas contradicciones (tal vez sea para ellos una virtud del método dialéctico). Por un lado dice Marx que el trabajo socialmente necesario es el único factor que determina el valor pero al mismo tiempo afirma que si la cosa no tiene valor en uso no tiene valor. La más elementar de las lógicas nos dice que, entonces, el trabajo no puede ser el determinante “exclusivo” del valor.

Aplicando puro sentido común es fácil ver que las cosas no tienen valor porque cuestan o se las trabaja sino que es al revés, se incurre en costo y trabajo porque las cosas tienen valor. Nos esforzamos por hacer cosas que “previamente” valoramos. Un empresario incurre en costos y contrata gente porque “espera” que los consumidores les paguen un precio determinado.

En conclusión, Marx comete la primera gran contradicción en el comienzo mismo de El Capital. Va contra toda lógica decir que el trabajo socialmente necesario es lo que genera valor pero que si una cosa no tiene valor en uso el trabajo no genera valor. En el mejor de los casos debería haber concluido que el valor es una combinación de valoración subjetiva (valor en uso) y el trabajo.

Marx no entendió el punto central de Adam Smith y los clásicos que los precios son los que coordinan la producción y hacen posible asignar eficientemente los recursos productivos. Obviamente una asignación eficiente de los recursos es lo que permite maximizar el bienestar de las personas.

Marx estaba preocupado con otro tema. Tenía que demostrar que el capitalismo se autodestruye basando la teoría en la explotación y acumulación de capital en pocas manos. El capitalismo tiende a autodestruirse. En sus propias palabras (El Capital, V1, location 13284):

What is now to be expropriated is not the self-employed worker, but the capitalist who exploits a larger number of workers.

This expropriation is accomplished through the action of the immanent laws of capitalist production itself, through the centralization of capitals. One capitalist always strikes down many others…

Along with the constant decrease in the number of capitalist magnates, who usurp and monopolized all the advantages of this process of transformation, the mass of misery, oppression, slavery, degradation and exploitation grows; but with this there also grows the revolt of the working class, a class constantly increasing in numbers, and trained, united and organized by the very mechanism of the capitalist process of production. The monopoly of capital becomes a fetter upon the mode of production which has flourished alongside and under it. The centralization of the means of production and the socialization of labour reach a point at which they become incompatible with their capitalist integument. This integument is burst asunder. The knell of capitalist private property sounds. The expropriators are expropriated.

Nada de estas predicciones de Marx han ocurrido, más bien ocurre todo al revés. Los marxistas siguen esperando que esta revolución ocurra como la llegada de un Dios redentor. Las revoluciones llamadas “comunistas” terminaron explotando a los trabajadores de la manera más salvaje que se pueda concebir. Cubo no ha sido otra cosa que la cárcel con un explotador “privado” de primer nivel, Fidel Castro. Prohibiendo salir a los cubanos que siguen arriesgando su vida para escapar de la cárcel. Rusia “comunista” tuvo que levantar murallas para que la gente no se escape. Un marxista puro podrá decir que esto no fue comunismo. Pero entonces la teoría de Marx no ha podido explicar las “leyes inexorables de la historia”.

Este problema lo vio Marx desde un mismo comienzo.

La Evidencia en Contra

Como dije Marx quería usar su teoría del valor para explicar la caída inexorable del capitalismo. La conexión es que el capital se divide en dos partes: (a) capital variable, que es el pago de salarios o lo que él llamaba “fuerza de trabajo” (labour-power) y (2) capital fijo consistente en materias primas, maquinarias, instalaciones, etc.

La teoría del valor de Marx es importante porque la “plusvalía” del capitalista se debe a que no se le paga al trabajador el total del “valor” generado. El trabajador recibe compensación por su “fuerza de trabajo” que es lo que necesita para mantenerse él, su familia e inclusive procrear (crear fuerza laboral para el futuro). La diferencia entre el “valor” creado por el trabajador y la compensación percibida por vender su fuerza laboral es la plusvalía. Entonces Marx concluye que solamente el capital variable es el que genera plusvalía. Por ejemplo si el capital total es de 100 y se compone de 30 de capital variable y 70 de capital fijo. Solo los 30 van a generar plusvalía. Para lo cual hay, según Marx, que definir una tasa de explotación. Si esta tasa es del 100% entonces la plusvalía en este ejemplo es de 30, o el 100% del capital variable 30 (El Capital, V1, 6221):

The law demonstrated above therefor takes this form: the masses of value and of surplus-value produced by different capitalists –the value of labour-power being given and its degree of exploitation being equal- vary directly as the amounts of the variable components of these capitals, i.e. the parts which have been turned into living-power.

Esta conclusión estaba y sigue estando en contradicción con toda evidencia empírica: las empresas que más ganancias obtienen son las que emplean una proporción mayor de capital fijo. Nuevamente la teoría de Marx está muy lejos de explicar el mundo. Todo ocurre al revés, todo basándose en una teoría del valor a todas luces inconsistente desde el punto de vista de rigurosidad lógica.

Marx se da cuenta de este problema y, como se diría en football, patea la pelota fuera. En vez de explicar por qué la evidencia empírica muestra lo contario a su teoría, nos dice que esta es una “aparente” contradicción nos pide paciencia y que esperemos, es como demostrar un largo teorema algebraico. Claro, no parece darse cuenta que los pasos de un teorema algebraico no son contradictorios, y mucho menos con la realidad. En sus palabras (El Capital, V1, location 6221):

“This law clearly contradicts all experience based on immediate appearance. Everyone knows that a cotton spinner, who, if we consider the percentage over the whole of his applied capital, employs much constant capital and little variable capital, does not, on account of this, pocket less profit or surplus-value than a baker, who sets in motion relatively much variable capital and little constant capital. For the solution of this apparent contradiction, many intermediate terms are still needed before we can understand that 0/0 may represent an actual magnitude.

Si Marx hubiese entendido bien a Adam Smith hubiese podido entender que la acumulación de capital es justamente la que eleva los salarios reales. Sin capital no hay demanda. Cualquier producción de cualquier tipo consiste en combinar distintos factores productivos en las proporciones adecuadas. El trabajo es uno de los tantos factores productivos que interviene en la producción. Su teoría del valor lo enceguece y no puede ver la realidad, por eso la niega y cualquier diferencias entre sus conclusiones y el mundo se debe a que el la observación está mal, no se le ocurre que el problema es “su” teoría del valor, que es de una inconsistencia asombrosa.

La Contradicción Fatal en el Volumen 3 de El Capital

El primer volumen de El Capital fue publicado en 1867. Marx muere en el 14 de marzo de 1883, o sea 12 años después de los libros de William S. Jevons, Leon Walras y Carl Menger, que revolucionaron la teoría del valor introduciendo el concepto de utilidad marginal. El segundo volumen fue publicado en 1885 y el tercer volumen en 1894 ambos después de la muerte de Marx.

O bien Marx no leyó estos libros, dado que no cita a ninguno de los autores, o los leyó y se dio cuenta de su gran error en la teoría del valor. Cualquiera de las dos alternativas deja a Marx en una situación incómoda. Engels, que publicó los dos últimos tomos tampoco habla de los economistas marginalistas. Engels hace una referencia casi inexistente en el prefacio del volumen 3, no guarda relación la magnitud de la naciente teoría de la utilidad marginal con el párrafo que le dedica Engels. A pesar de que cita a Jevons y Menger (no a Walras) parecería que no los leyó o no los entendió (escribe Karl Menger con K y con con C, concedamos que puede haber sido un error de composición de la página).

El Volumen 3 de El Capital está destinado a describir la formación de precios, salarios, tasa de interés a un mercado competitivo. El Volumen 3 es realmente interesante porque empieza a tener sentido lo que dice, pero, al tener sentido se contradice con los sinsentidos del Volumen 1. La contradicción es clarísima y Marx busca una salida desconcertante.

La contradicción se puede ver en las tablas que Marx elabora en este tercer volumen. Para hacerlo más simple voy a poner en dos tablas todos los valores que da Marx. De todas maneras el lector puede verificar los números en el capítulo.

La primera columna muestra distintos sectores. La segunda columna muestra las distintas “composiciones orgánicas” del capital, o sea el porcentaje de capital constante y variable. Marx supone que el capital total es de 100 en los 5 sectores para poder hacer las comparaciones. La tercera columna muestra la tasa de plusvalía (o explotación), es el porcentaje de ganancia sobre el capital variable que es el único que genera plusvalía. Se supone que es del 100% en lo cinco sectores. La cuarta columna simplemente calcula la plusvalía sobre las dos columnas anteriores. La quinta columna calcula el retorno del capital la tasa de ganancia sobre el capital. La sexta columna supone el desgaste del capital que va a requerir de tiempo de trabajo socialmente necesario para reponerlo. La séptima columna es el valor de la mercancía determinado por el trabajo socialmente necesario. En el caso del Sector I este valor es la suma de 20 capital variable (trabajo socialmente necesario) más 20 de plusvalía (trabajo socialmente necesario apropiado por el capitalista) más 50 de desgaste (trabajo socialmente necesario para reponer capital). Total 90.

2014. Respuesta a Astarita. Tabla 1Pero esta tabla refleja distintas tasas de ganancia sobre el capital. En un mercado de libre competencia, como bien explica Marx, el capital tenderá a dirigirse a los sectores que ofrecen mayor tasa de ganancia y a irse de los que ofrecen menor tasa de ganancia. Punto explicado por todos los clásicos y resumido por Adam Smith en su famosa frase de la mano invisible.

La producción aumenta en los sectores con mayor retorno del capital y baja en los sectores con menor retorno del capital. Los precios de mercado tienden a bajar en los sectores donde la producción se expande y tienen a subir donde la producción se reduce.

El retorno del capital tiende  a ser igual en todos los sectores, según Marx se igualan en la tasa promedio que, en este caso es del 22% (última línea de la tabla).

En la siguiente tabla agregamos la columna de precios que igualan los retornos de capital en todos los sectores. La diferencia entre la última columna y la penúltima (precios y costos) es siempre 22, esto hace que el retorno del capital sea del 22% para todos los sectores.
2014. Respuesta a Astarita. Tabla 2En el Volumen 1 sostenía que el valor en cambio de un bien respecto de otro está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario. Pero ahora en el Volumen 3 sostiene que los precios están determinados por la competencia en el mercado que iguala los retornos del capital. Los “precios” de largo plazo difieren de los “valores” a los cuales Marx decía que tendía el mercado en el largo plazo. Recordemos que dice en el Volumen 1 (location 3232):

The price of the commodity, therefore, is merely the money-name of the quantity of social labour objectified in it

Entonces es el trabajo socialmente necesario o la competencia en el mercado el que determina en el largo plazo el valor en cambio de los bienes (agreguemos servicio).

¿Qué salida da Marx a esta evidente contradicción? Que si sumamos la columna de “Valor de la mercancía” y la columna de “Precio de la mercancía” el resultado es el mismo, 422. Con lo cual el valor “total” de la producción sigue estando determinado por el trabajo socialmente necesario. Esto es otro ejemplo de razonamiento inconsistente de Marx. En el Volumen 1 su teoría del valor trata de explicar qué cantidad de un bien hay que entregar a cambio de otro (precios relativos o si se quiere “valores” relativos para respetar el vocabulario de Marx). Pero en el Volumen 3 tira esto por la borda y pasa a hablar del valor “total” de la producción.

Uno de los principales problemas para entender a Marx es que usa las palabras en sentido distinto al que la usaban los economistas clásicos e introduce definiciones “arbitrarias” como si fuesen declaraciones “ex cathedra”. Afirmar que el valor en cambio de las mercancías está determinado por el trabajo socialmente necesario es un paso “mágico” sin sustento alguno. Que algo sea común a todas las cosas no implica “lógicamente” que determine el valor. Sino podríamos decir que los átomos determinan el valor de todas las cosas y buscar alguna medida también arbitraria que diga que ciertos átomos equivalen a cierta cantidad de otros átomos de la misma manera que Marx dice que un tipo de trabajo calificado equivale a tantas horas de trabajo de otro tipo de trabajo. Estas afirmaciones no tienen el menor sustento lógico.

Comentarios a las Críticas de Rolando Astarita

En su Respuesta 1 a nuestro debate el profesor Astarita mezcla conceptos. Por un lado afirma que para los austríacos “el valor deriva de la utilidad que el consumidor asigna al bien que compra” y sigue razonando en esta línea. Luego contrapone a la teoría de Marx afirmando que para este economista “el valor es generado por el trabajo humano”.

La teoría de la utilidad marginal de los austriacos es una teoría del “valor en uso”. La teoría del “valor” de Marx es una teoría del valor en cambio. Es muy común entre los marxistas confundir estos conceptos. La teoría de la utilidad marginal explica los intercambios. Tema que Marx tocó tangencialmente. Las personas intercambien bienes cuando valoran más lo que reciben que lo que entregan. Y cuanto más “dispar” es la valoración más fuerte es el intercambio. Cuanto más valora lo que cada uno va a recibir respecto de lo que va a entregar mayor es el beneficio para ambas partes. Marx señaló esto, pero su objetivo de mostrar que el capitalismo provoca una concentración de la propiedad privada lo llevo por otro camino.

Astarita obviamente se embarca en el mismo error de Marx: (El Capital, V1, location 3987):

If, then, as regards the use-values exchanged, both buyers and sellers may possible gain something, this is not the case as regards exchange-values”, … the exchange of commodities is an exchange of equivalents, and thus it is not a method of increasing value

Que error de Marx!! y, claro, de Astarita. Las utilidades marginales fijan el “techo” del precio que las personas están dispuestas a pagar. Nadie paga por una mercancía un precio que implique renunciar a la compra de otra mercancía que valora más. En un ejemplo simple si A no está dispuesto a pagar más de $100 por un bien y B no está dispuesto a vender a menos de $80 entonces el precio puede fijarse entre $100 y $80. Si por ejemplo ambas partes acuerdan la transacción en $90 los dos estarán contentos. A estará pagando $10 menos de lo que está dispuesto a pagar y B estará recibiendo $10 más de lo que estaba dispuesto a vender. No hay “igualdad” alguna. El precio acordado podría ser $95 u $85. Y ambos seguirían contentos. También el precio podría ser $100 y A también saldría ganando porque valora más lo que recibe que lo que entrega. Sino no haría la transacción.

Esto es lo que los marxistas no logran comprender: que el precio lo determinan las utilidades marginales o, las valoraciones subjetivas. Por lo tanto la conclusión de Astarita que:

Y aquí es donde a Rothbard, y al resto de los teóricos del valor utilidad, se les presenta un problema insoluble, porque deben demostrar que la utilidad es valor.

Aquí hay un problema semántico. Para los austriacos la palabra “valor” es valor en uso. Astarita la usa como sinónimo de valor en cambio y se confunde a sí mismo. Lo que los austríacos demostraron es que la utilidad determina la formación de precios. Astaríta no entendió esto y por eso no puede refutar a los austríacos. Está cometiendo errores conceptuales mezclados con semánticos.

Si seguimos la terminología de Marx los valores en uso determinan los rangos dentro de los cuales se van a determinar los valores en cambio. La teoría de la utilidad marginal hizo definiciones más exactas de estos términos. El problema es que Marx o no conoció esta teoría o la ignoró. Sus seguidores siguieron con la antigua terminología y confundieron conceptos.

Los precios no “igualan” nada, Aristóteles indujo al error a Marx. En todo intercambio ambas partes ganan. No hay igualación de “valores” o equivalencias. Hay mucha gente que paga un precio muy inferior por un bien del que estaría dispuesto a pagar y hay gente que recibe un precio muy superior al que estaría dispuesto a vender. Solo los compradores y vendedores marginales “tienden” igualar utilidades marginales en el intercambio.

En el debate yo manifesté que los costos son historia en el sentido que son “anteriores” a la formación del precio. El empresario primero produce, por lo tanto primero incurre en costos y una vez terminada la producción sale a vender. Al consumidor no le importa cuánto le costó al empresario producir. El consumidor va a pagar un precio de acuerdo a su valoración “subjetiva”. Sin embargo Astarita sostiene que:

…los defensores de la teoría del valor utilidad se empeñan en negarlo. ¿Por qué? ¿Por qué esa idea tan irrealista de “llegado al mercado el costo es historia”? Pues porque el escenario es de agentes que llegan al mercado con bienes (caídos como maná del cielo) y todo se reduce a la cuestión de cómo se asignan de manera óptima esos bienes (son “bienes” no mercancías) a fin de satisfacer los deseos y necesidades de los individuos.

¿Es “irrealista” que los costos son historia? ¿Cómo hará Astarita para vender sin producir? Si bien se puede pactar un precio antes de comenzar a producir la generalidad de los casos es al revés. El productor de automóviles tiene que “estimar” cuantas unidades va a vender y a qué precio “cree” que las podrá vender. Es en base a esta “creencia” que decide incurrir en costos o no. Entonces primero tiene que producir, por lo tanto incurrir en costos y luego verá si el consumidor le paga lo que él pretende. Si comete un error tendrá que volver a “estimar” los precios futuros y decidir si va por otra tanda de producción o no. La producción es continua en base a lo que se espera. Un estudiante universitario, por ejemplo, estudia porque “espera” tener un mayor ingreso cuando se gradúe. Un productor de trigo, siembra, incurriendo en costos, porque “espera” poder vender el trigo a cierto precio dentro de algunos meses. Iniciar una empresa implica una gran cantidad de costos y tiempo “antes” de poder vender. Todos estos costos, o si se quiere “trabajo socialmente necesario”, nada importan al consumidor, el consumidor paga por el bien lo que él quiere, “valora”.

¿Acaso el consumidor va a pagar algo por un bien en el que se ha invertido trabajo socialmente necesario si el consumidor no quiere ese producto? Que dilema para los marxistas. Lo que los marxistas no logran comprender es que las cosas no valen porque se las trabaja, sino que se las trabaja porque valen.

Por eso Marx se enreda y contradice cuando afirma que el valor está dado por el trabajo socialmente necesario pero al mismo tiempo tiene que admitir que si se produce algo que no tiene valor en uso, entonces el bien no tiene valor. No entiendo cómo pueden sentirse cómodos con semejante contradicción.

Hay otra “afirmación” verdaderamente “sorprendente” de Astarita:

La incapacidad de la teoría del valor utilidad para explicar los precios que actúan como centros de gravitación de los precios de mercado se pone en evidencia en los problemas lógicos en que incurre el razonamiento de Menger cuando intentar explicar el intercambio. Es que Menger distingue entre el fundamento del valor y el precio, pero fracasa en establecer la conexión entre ambos. Para ver por qué, examinemos el razonamiento que presenta en los Principios de la economía política.

Hubiese sido mucho más transparente que Astaríta explicara la incoherencia de Menger en vez de “afirmar”. Es muy superficial esta afirmación cuando Menger le dedicó casi todo el libro a explicar este punto. Afirmar sin citar las contradicciones, como me tomé el trabajo con Marx. Es muy fácil hacer “afirmaciones” en el aire sin demostrarlas. Creo que Astarita nos está debiendo la correspondiente demostración del fracaso en establecer la conexión entre valor subjetivo y precio. Pero si Astarita quiere señalar los errores de los Austríacos se debería haber concentrado más en Eugen von Böhm-Bawerk que dedicó una buena cantidad de páginas a refutar a Karl Marx.

Sólo a modo de simple ejemplo veamos cómo se determinan los precios por utilidades marginales. La utilidad marginal es la teoría que explica por qué las personas valoran más o menos un determinado bien. No es una explicación psicológica sino “praxeológica”. A medida que tenemos más unidades de un mismo bien lo valoramos menos porque lo destinamos a satisfacer necesidades menos importantes. ¿Podrá Astarita refutar esto? La utilidad marginal determina el valor (valor en uso) que las personas les dan a los bienes. Los motivos “psicológicos”, la cultura, etc., hace que algunas personas prefieran determinados bienes o servicios y otras personas prefieran otros bienes y servicios. Algunas personas valoran más ciertos bienes y servicios y otras los valoran menos. Teniendo en cuenta esto se puede “deducir” dos maneras de formar los precios a partir de las valoraciones subjetivas.

Si las personas valoran de distintas maneras un determinado bien entonces podemos ordenar su disposición a comprar de mayor a menor y su disposición a vender de menor a mayor. La siguiente tabla muestra una “maqueta” de mercado donde hay ocho compradores y ocho vendedores. Obviamente en el mundo real hay miles o millones de compradores y miles o millones de unidades a vender. Y suponemos para simplificar que cada comprador y vendedor quieren comprar 1 unidad. Se puede cambiar este supuesto pero en nada cambia la conclusión (por ejemplo podríamos suponer que el Comprador 7 vuelve a ser el Comprador 1 que por la segunda unidad está dispuesto a pagar $410)

2014. Respuesta a Astarita. Tabla 3Se pueden armar distintos escenarios para reflejar distintas situaciones. De la tabla anterior se puede “deducir” que el precio que iguala oferta y demanda está entre $440 y $430. Fuera de estos rangos las cantidades ofrecidas y demandadas difieren. Hasta el mismo Marx comprendía que entonces el precio debe bajar o subir hasta igualar las cantidades ofrecidas y demandas. Si el precio es $440 se quiere comprar (demandar) 5 unidades y se quieren vender 5 unidades. Los compradores y vendedores 6, 7 y 8 no compran ni venden a $440. Si el precio estuviese por encima de $440, digamos $441 el Comprador 5 se retira y habría exceso de oferta.

Si el precio es $430, a este precio compran los 5 primero compradores, pero no compran los compradores 6, 7 y 8. A $430 venden los primeros 5 vendedores pero no venden los vendedores 6, 7 y 8. Si el precio fuese más bajo, digamos $429, entonces el Vendedor 5 se retira y habría exceso de demanda.

Como Astarita solo afirma y no demuestra, no entiendo como refuta esta formación de precio basada únicamente en utilidades marginales. Refutar con “afirmaciones” (y complicarlo con significados de palabas distintas a lo que los economistas usan) dista mucho de respetar las reglas de la lógica y el análisis científico. Tal vez sea este el motivo por el cual el marxismo es una escuela que no haya tenido mucho éxito dentro de los economistas.

Vale la pena agregar que luego del debate acerca del cálculo económico en el socialismo provocado especialmente por Ludwig von Mises, los mismos marxistas abandonaron los dogmas de Marx y recurrieron a los “marginalistas” para tratar de responderle a Mises y Hayek. Los marxistas más ortodoxos como Nikolai Bukharin (vease The ABC of Comunism escrito junto con Evgenli Preobrazhensky, vale la pena leerlo para ver el nivel de intolerancia de los autores para con quien piensa distinto), Otto Neurath y Otto Bauer. Los marxistas tuvieron que ceder ante la evidencia contundente del marginalismo. Una nueva generación de economistas marxistas incorporaron la teoría de la utilidad marginal. Mises, como dice Oskar Lange, los hizo dar cuenta, por primera vez, que tenían un problema con el tema del valor y el precio, y en forma sarcástica agradece a Mises (Oskar Lange, On the Economic Theory of Socialism: Part 1, The Review of Economic Studies, (4).1:53-71):

Socialist have certainly good reasons to be grateful to Professor Mises, the great advocatus diabolic of their cause. For it was his powerful challenge that forced the socialists to recognise the importance of an adequate system of economic accounting to guide the allocations of resources in a socialist economy. Even more, it was chiefly due to Professor Mises´ challenge that many socialists became aware of the very existence of such a problem.

Como se puede ver el mismo Lange admite que los socialistas tenían un problema con la teoría de Marx del “valor”. Así se abrió una nueva generación de economistas socialistas o comunistas que incorporó el análisis marginal (incluida la “utilidad” marginal). Tenemos en este grupo a Harold J. Laski, Joan Robinson., Abba P. Lerrner, H. D. Dickinson, Paul Sweezy y Oskar Lange. Estos economistas socialistas no sólo adhirieron a la teoría de la utilidad marginal y al análisis marginal en general sino que comprendieron que se debía respetar la libertad de las personas para elegir qué quieren consumir y en qué quieren trabajar. El comunismo a la Bukharin, Rosa de Luxemburgo y lo que estaban mostrando Lenin y Stalin en Rusia implica tratar a los “proletarios” como esclavos. Es un grupo de burócratas en el gobierno el que les dice al resto de la población qué va a consumir, en qué cantidad y dónde va a trabajar y de qué. Se les prohíbe elegir entre otras ideas y la libertad de expresión. Este sí es un sistema de explotación despiadado de los proletarios. Pero cabe aclarar que Marx nunca dijo que esto debía ser así.

El profesor Astariata sigue defendiendo la idea de los viejos marxistas. Es interesante su posición. Casi diría, con todo respeto, que es como defender la física de Aristóteles.

El siguiente párrafo muestra la confusión de Astarita cuando trata de refutar a Rothbard y a mí en su segunda parte de refutaciones:

Sin embargo, desde el punto de vista del valor, ninguno ha ganado. A, que poseía X, valuado en $100, luego del intercambio posee Y, también valuado en $100. Lo mismo sucede con B. Ambos ganaron en utilidad, pero no en valor. Pero si esto es así, la utilidad no puede ser valor. Y aquí es donde a Rothbard, y al resto de los teóricos del valor utilidad, se les presenta un problema insoluble, porque deben demostrar que la utilidad es valor. Este sencillísimo ejemplo desbarata el intento. Las ganancias en utilidad de A y B no dicen nada acerca del valor de X e Y. Por eso, no hay forma de establecer relación cuantitativa alguna entre utilidad y precio. Los precios de X e Y permanecen invariables, a pesar de las ganancias en utilidad, que además son disímiles, y apenas comparables (Robbins diría que incomparables). ¿Cómo puede ser que las utilidades expliquen entonces la determinación cuantitativa que se expresa en el intercambio, esto es, los precios? ¿Cómo pueden explicar las utilidades el hecho de que X e Y se hayan intercambiado en la proporción exacta de 1:1? Ésta es una pregunta clave que el teórico de la utilidad no puede responder.

Astarita no comprende que acordar un precio de $100 (en su ejemplo) no se está igualando nada. Los $100 reflejan que la persona A valora más la mercancía Y que compra que la mercancía X que entrega y que con la persona B pasa lo contrario, valora más la mercancía X que recibe que la B que entrega. Los autríacos demostraron que la utilidad “es” valor (valor en uso, aclaro) y que el precio se forma por “disparidad” en esas valoraciones. Nuevamente, el intercambio se realizas cuando cada una de las partes valora más lo que recibe que lo que entrega (o si se quiere, cuando la utilidad marginal de lo que se recibe es mayor de la utilidad marginal de lo que se entrega). El precio (valor en cambio) puede estar dentro de los límites de utilidades marginales como mostré en el ejemplo de arriba. Astarita debería “demostrar” dónde está el error, pero se queda en simples afirmaciones. Las preguntas de Astarita al final de la cita parecen reflejar que no entendió a los austríacos. Para ser convincente tendría que haber expuesto lo que dijeron los austríacos, para mostrar que los conoce y los entendió y luego proceder a refutarlos.

Esto fue lo que hizo Eugen von Böhm-Bawerk con Marx, expuso las ideas de Marx y las refutó muy claramente. Por eso en la primera parte de esta respuesta seleccioné y cité Marx para evitar confusiones y reflexionar sobre sus propias palabras.

Para refutar que la utilidad no puede ser el factor común del valor dice Astarita en su respuesta 3:

Marx presenta la ley económica que gobierna los intercambios en un pasaje muy conocido, en el que se pregunta qué es lo que tienen en común dos mercancías para que puedan compararse cuantitativamente. Afirma que para comparar cuantitativamente, tiene que encontrarse algo en común en las mercancías (es imposible comparar, por ejemplo, el color amarillo con el logaritmo natural del número 37). Además, el elemento en común que haga comparable a las mercancías debe ser determinable cuantitativamente. Por eso, no puede tratarse de las características físicas, ya que éstas no son reducibles a alguna proporción en común. Tampoco el valor de uso puede ser el elemento común que haga comparable a las mercancías. Si, por ejemplo, la utilidad que el productor A obtiene de Y es distinta de la que B obtiene de X, y si X e Y se intercambian en la proporción de 1:1, la utilidad no puede ser el elemento en común que se iguala en el intercambio.

Astarita (siguiendo a Marx) comete el error de querer “igualar” valores de lo que se entrega con lo que se recibe. Esto está “MAL”. El precio no iguala, costos, ni trabajo socialmente necesario, solo iguala cantidades ofrecidas y demandadas. Astarita tampoco puede salir de la contradicción de decir que el trabajo socialmente necesario determina el valor (valor en cambio) pero que si una mercancía no tiene valor en uso entonces no tiene valor en cambio. Decir que la utilidad que obtiene el productor A es distinta de la que obtiene el productor B y que por esto la utilidad no sirve para comparar valores es perder justamente el punto que explica el intercambio y la formación de los precios. La obsesión por “igualar” valores es como estar obsesionado con que la Tierra tiene una órbita circular (como de hecho ocurrió). La teoría del precio justo de Aristótles sin duda encegueció a Marx y sus seguidores.

Pero resulta sorprendente que descarten a las valores en uso por ser distintos y acepten el trabajo porque les parece que si son iguales o equivalentes. Los economistas matemáticos encontraron la unidad “útil” para comparar utilidades y trazar absurdas curvas de indiferencia, los marxistas encontraron la unidad de trabajo simple para comparar distintos tipos de trabajo. Las dos unidades son absurdas. Solamente la Escuela Austríaca de Economía logró dar una explicación racional de la determinación del valor y del precio, respetando las normas científicas de razonamiento.

El marxismo ortodoxo ha quedado relegado en la ciencia a unos muy pocos seguidores. Si bien esto no significa que estén equivocados, si puede ser un llamado de atención para revisar el motivo.