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Gary_BeckerAlfredo Bullard es un reconocido arbitrador latinoamericano y autor de Derecho y economía: El análisis económico de las instituciones legales. Bullard es socio del estudio Bullard Falla y Ezcurra Abogados.

La gente se casa porque está enamorada (al menos eso cree). Y se divorcia por qué cree que se ha desenamorado. Parecería que la economía puede decir poco del amor y de por qué nos enamoramos. Pero alguien demostró que en realidad nos casamos o nos divorciamos en base a cálculos de costos y beneficios marginales. Resulta que los hombres de altos ingresos tienden a ser más polígamos que los de bajos ingresos. Y que las parejas de ingresos diferentes suelen divorciarse más que las de ingresos similares. Y el aumento de oportunidades laborales de las mujeres generará tendencia a que las leyes antidivorcios desaparezcan. Las parejas deciden cuántos hijos tener, entre otras razones, porque se maximiza su bienestar agregado. ¿Estamos ante una explicación económica del amor?

Se suele creer que los delincuentes cometen crímenes porque sufren una suerte de enfermedad mental o han sido condicionados socialmente a cometer delitos. Pero alguien demostró que buena parte de los crímenes se producen porque los delincuentes calculan los beneficios de delinquir y los comparan con los costos, en especial la magnitud de la pena multiplicada con la posibilidad de ser detectado. La gente se pasa la luz roja con más frecuencia a las 3 de la mañana que a las 12 del día porque, si bien la multa es la misma a ambas horas, la posibilidad de ser detectado por la policía cae durante la madrugada porque hay menos policías, con lo que en los hechos la multa en realidad es menor. Los delincuentes hacen cálculos parecidos. La prevención del delito puede usar herramientas económicas.

Si los prejuiciosos dueños de una empresa deciden no contratar personas de raza negra, pero estas son igualmente eficientes y trabajadoras que las personas de otros grupos raciales, las empresas discriminadoras sufrirán pérdidas económicas de contratar mano de obra más cara y menos efectiva. Alguien descubrió que los mercados castigan a los racistas en el largo plazo. El racismo no es una buena estrategia competitiva.

Ese mismo alguien descubrió que la descriminalización de las drogas puede reducir el consumo o contribuir a mejorar el tratamiento a los drogadictos. Y quien lo dijo no fue un ‘pastrulo’, sino un premio Nobel.

Y así descubrió muchas cosas más. Los ricos se suicidan más que los pobres, decidir fumar o no hacer ejercicio equivale a un cálculo similar al que hace un suicida. Permitir la venta de órganos mejorará la salud y expectativa de vida de la gente.

Gary Becker, el economista sin fronteras, nos dejó hace solo unos días a los 83 años. Es considerado por muchos el economista más brillante e influyente de los últimos tiempos, título que quizás pueda disputar con Ronald Coase, quien también falleció hace pocos meses.

Convirtió una ciencia distante en una ciencia de la vida diaria, capaz de explicar lo que nos pasa cada día, desde que nos levantamos hasta cuando nos acostamos. Becker desdibujó la típica definición de manual (“la economía es la ciencia que explica el uso adecuado de los recursos escasos”) por una más realista y útil: “La economía es una ciencia que explica la conducta humana”.

Casi ningún aspecto de lo que los seres humanos hacemos escapó a su agudo escrutinio y a su explicación lógica y contundente. Motivador de una serie de trabajos posteriores que aprovecharon su descubrimiento de que la economía puede ser usada para entender casi cualquier cosa (como el Freakoconomics de Levitt y Dubner o El economista camuflado de Hardford, expresiones más panfletarias de la forma de pensar beckeriana), Becker bajó la economía de las nubes de la inflación y el producto bruto interno y la trajo a la vida del ciudadano de carne y hueso. Nos regaló una economía más divertida y, a la vez, más útil.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 10 de mayo de 2014.