harbergerppl-1024x682Mientras el debate en Chile se acalora en medio de definiciones políticas y cuestionamientos al sistema económico, el padre de los Chicago boys lo defiende, repasa su relación con el gobierno militar y no pierde la esperanza de que un eventual gobierno de la Concertación siga el derrotero de sus predecesores de centroizquierda, cuando optaron por continuar y reforzar el modelo.

Por Catalina Allendes E. Fotos por Alejandro Barruel

Fuente: Capital on line

La primera vez que el economista Arnold Harberger (viudo, 89 años) aceptó venir a Chile financiado por el gobierno militar, fue siete años después del golpe, cuando el entonces director de Odeplán, Álvaro Donoso, lo invitó a dictar una conferencia sobre política fiscal. Antes de eso, nunca accedió si quiera a ser consultor, y todas las veces que vino en ese período lo hizo “auspiciado”, como dice él, por privados.

El llamado padre de los Chicago boys, profesor de varias camadas de economistas chilenos que han brillado aquí y en el exterior desde la década del 60, sigue defendiendo a rajatabla el modelo económico implementado por Pinochet, pero en entrevista con Capital reconoce, por primera vez, que en esos años enfrentó una “situación delicada”.

En un perfecto español relata que conocía de sobra la honradez de sus ex alumnos que participaban en el gobierno militar. “Sabía que estaban trabajando por mejorar la vida de todos los chilenos, pero al mismo tiempo respeté la posición de otros ex alumnos que no estuvieron de acuerdo con el gobierno”, sentencia.

En esta entrevista su condición fue no hablar ni de economía ni de política contingente local, pero está tan al corriente de lo que ocurre aquí que algo se tentó. Esta vez vino por tres semanas a trabajar con el Ministerio de Hacienda en un programa de evaluación de políticas
públicas.

Le encanta Chile. Y no se cansa de tirarle flores al país y alabar lo que siempre ha calificado como el “milagro económico chileno”. Se enamoró de este país cuando vino por primera vez en 1955 a generar el famoso acuerdo entre las universidades de Chicago y Católica, alianza de la cual nacieron los conocidos Chicago boys locales, los economistas que acudieron a hacer postgrados a esa casa de estudios norteamericana y que volvieron, cual laboratorio, a implementar lo aprendido a Chile.

Las cosas de la vida y la estrecha relación que forjó a partir de esos años con sus entrañables amigos Sergio de Castro y Ernesto Fontaine, lo llevaron a unir aún más los lazos con este país, cuando se casó con la chilena Anita Valjalo, de quien enviudó en 2011.

A sus casi 90 años se sigue paseando por el mundo dando conferencias, investigando y realizando asesorías, pero confi esa que ya está pensando en su retiro. Por lo pronto, dice que la Universidad de California, adonde emigró hace 30 años (en Chicago estuvo 38), le
debe varios trimestres de licencia “que permiten investigar sin hacer clases y me los voy a empezar a tomar”, anticipa.

-¿Cuál es la verdadera influencia de Arnold Harberger en la economía chilena?
-En un 90% vía ex alumnos, por las clases que recibieron de mí. Ése ha sido el vínculo real. No he sido una persona a la que los chilenos buscan todo el tiempo para tener respuestas.

-Pero sus alumnos dicen que usted siempre ha dicho que Harberger está a un teléfono de distancia
-(Se ríe) Eso puede ser un poco exagerado. Las llamadas, cartas y emails con mis ex alumnos siempre son bienvenidos. Pero tengo un sesgo fuerte en contra de lo que llamo el experto instantáneo. Si hay un grave problema en un país y llaman a una persona esperando una respuesta dentro de diez minutos, en el 90% de los casos esa respuesta no vale nada.

– Chile no es cualquier país para usted ¿ O eso también es mito?
-Aquí vine por primera vez en 1955, aterricé en Cerrillos, me estaban esperando Sergio de Castro y Ernesto Fontaine, quienes fueron mis guías e intérpretes. De ahí para adelante he venido a lo menos una vez al año, sólo en tres ocasiones me he saltado esa visita anual.

– Un Chile bien distinto este al del 55. ¿Qué le parece el país en que nos convertimos?
-No tengo la menor duda de que Chile ha tenido la política económica de mejor calidad del hemisferio. El primer milagro chileno fueron las reformas que se hicieron a partir del cambio de gobierno en 1973, pero el segundo fue la sabiduría de la Concertación de seguir con las mismas políticas y reforzarlas. Cuando llegó la Concertación el arancel uniforme estaba en 15%, después se bajó a 11% y después a 6%… Con los tratados de libre comercio, el arancel promedio hoy es menos a 2%.

-¿Y no hay un tercer milagro?
-(Se ríe)… No sé. Ni podría imaginar qué forma tomaría.

-¿Le sigue gustando la evolución del modelo chileno? Porque las quejas aquí abundan…
-Las quejas son un problema del mundo. La gente piensa que los gobiernos pueden resolver todas las cosas y eso no es así. El descontento está en todas partes y mi teoría es que el origen de todo eso es el despertar de las economías de Asia (ver recuadro).

Esperanza puesta

-En América Latina hay varios países que han despertado y seguido un camino similar al de Chile, Perú y Colombia, por de pronto. ¿Cree que Chile se mantiene en la vía correcta como para seguir avanzando o en cualquier momento nos pillan los vecinos?
-Chile ha sido ejemplar. En muchos aspectos de política económica uno espera que tenga más imitadores.

-En este período de elecciones ha habido fuertes cuestionamientos a las propuestas económicas de la Nueva Mayoría por parte de la centroderecha, ¿le preocupa el rumbo que pueda tomar la economía chilena post Sebastián Piñera?
-No quiero comentar eso. Mi esperanza es que el nuevo gobierno de la Concertación siga el ejemplo de los anteriores, que se mantenga fiel a los principios fundamentales de economía.

-¿No le asusta que el descontento en Chile y en general en el mundo, se convierta en una bola de nieve difícil de parar?
-Cuando converso con gente que se queja, le digo: denme tres o cuatro o cinco sugerencias de cambios detallados de política social o económica que podría hacer un gobierno, cómo l va a financiar y cuál va a ser su trayectoria en el tiempo…

-La queja directa es al modelo económico, acusan que deja fuera a los menos capacitados y eso ha provocado un aumento de la brecha entre ricos y pobres.
-Es exactamente eso. ¿Qué cambiaría usted?, pregunto yo.

-Una de las propuestas de Michelle Bachelet ha sido educación gratuita para todos, por ejemplo…
-En Chile existe educación gratis hasta secundaria y para la universidad hay becas para pobres. Entonces, ésa no es la solución. El costo de educación gratuita para un país es demasiado alto, hay que encontrar los recursos para financiar eso.

-El próximo gobierno propone una reforma tributaria bastante profunda
-Pero hay limitaciones… Las reformas tributarias frecuentemente no producen mayor recaudación. Educación gratis es un perfecto ejemplo de lo que postulo, la gente la apoya, pero no han pensado bien cómo financiarla. Si piensan que va a fi nanciarse fácilmente, no
tienen razón.

Mecanismo económico

-¿No le preocupa que en una sociedad exista una brecha grande entre ricos y pobres?
-Lo primero que hay que hacer es pensar en la trayectoria de vida del 20% más pobre de la población, partiendo del año 50 hasta ahora. Ahí va a ver que ha sido muy positiva. Los pobres también han participado del progreso de la economía.

-Todos tienen más, es cierto, se agrandó la torta, pero la diferencia entre unos y otros a la larga trae problemas sociales…
-Yo no sé cómo crear una situación en que esa brecha se reduzca a la mitad. Simplemente no veo el mecanismo económico sano par hacer eso. Uno podría hacerlo con una economía muy centralizada, con órdenes de arriba para abajo, con límites en sueldos y todo eso, sacrificando crecimiento económico, pero la experiencia de eso ha sido un fracaso. Si tuviésemos cinco o seis alternativas que hayan tenido éxito, sería otra cosa. Pero no las hay.

-El modelo de libre mercado sigue siendo el mejor, ¿No hay otro camino entonces?
-En cada país hay espacios para reformas. Un proceso de reformas concretas, bien diseñadas, bien implementadas, sin corrupción, sin los errores fundamentales como controles de precios, de sueldos y salarios, sin aranceles de aduanas súper grandes, llevan a una mejor calidad de vida de los ciudadanos.

Tres veces con Pinochet

-¿ Cuál fue su relación con el General Pinochet?
-Estuve sólo tres veces con él. La primera cuando acompañé a Chile al secretario del Tesoro, George Shultz, después cuando vine con Milton Friedmann y una tercera vez cuando, estando Sergio de Castro en el Ministerio de Hacienda, me pidió que le mostrara un informe sobre costos y beneficios de ayudar a zonas extremas que yo había hecho en Brasil y aquí los militares querían hacer algo parecido.

Recuerda que llegó con su paper en la mano, pero durante la media hora que estuvo en la oficina de Pinochet, éste le agradeció la influencia que tuvo como profesor de economistas chilenos y alabó a Sergio de Castro. “Nunca le mostré mi trabajo, pero después supe que no adoptó las medidas que había pensado, así es que supongo que lo leyó”, recuerda.

Harberger2-¿Hubiese sido posible hacer las reformas económicas que se hicieron en Chile en democracia y no en dictadura?
-Hay una respuesta muy clara a eso. No hay reforma chilena que no haya sido imitada en dos o tres países democráticos de América Latina. Si la reforma de por sí requería de un gobierno militar, la respuesta es no. Hay ejemplos en la región que no es así. Otra cosa es si el ambiente intelectual de Latinoamérica de comienzos de la década de los 70 lo hubiese permitido y creo que en ningún país hubiese sido posible.

-¿Cual es su visión de lo que ocurrió políticamente en el gobierno de Pinochet?
-Tuve mis razones para cuidarme de no hacer consultoría durante los primeros años. Pero déjeme decirle una cosa, creo que en el ambiente chileno no hay un adecuado reconocimiento del grado de apoyo que tenía el golpe militar cuando sucedió. No tengo ninguna duda que tenía mucho apoyo, la gente estaba cansada de lo que estaba sucediendo.

Recuerde usted que en un momento dado, Chile tenía como 11, 12 o 13 tipos de cambio, desde 25 escudos por dólar a 1.300 escudos por dólar. Los precios del mercado negro eran siete veces el ofi cial, cosas casi nunca observadas en otra parte. Si no me equivoco, una
mayoría de los democratacristianos apoyaron el golpe y se alejaron un año después. En la mente de hoy, esos elementos no reciben un adecuado reconocimiento.

-¿Ha cambiado el perfil de los economistas chilenos que recibe hoy en EE.UU?
-Hay un cambio. Mi impresión es que en los años 50, 60, 70, los problemas económicos de Chile eran tan grandes, que la carrera de economista atraía a los jóvenes más listos, más despiertos, a los líderes naturales de sus generaciones, pero cuando la economía dejó
de ser el gran problema y el orgullo de la sociedad pasó a ser el crecimiento económico, los más listos, los más inteligentes, se cambiaron a las escuelas de negocios. En todo caso, siempre hay excepciones, En los últimas décadas tuve alumnos como Harald Beyer, Sebastián Claro o Carlos Antonio Díaz

Resfrío mayor

-¿Cuál es su evaluación de la economía mundial? ¿Estamos efectivamente saliendo de la crisis que empezó en 2008 en EE.UU?
-Estamos saliendo, pero déjeme decirle que esta crisis podría haber sido cinco veces peor. Lo que podría haber sido una pulmonía doble, terminó siendo un resfrío severo gracias a la acción de la Reserva Federal, del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y otros bancos y políticas en Europa y en China.

– Ahora el mundo, sobre todo las economías emergentes, están nerviosas con lo que pueda ocurrir en el tapering o retiro de estímulo monetario por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, ¿Cree que pueda provocar una nueva crisis?
-Hasta el momento no me preocupa. El apoyo que ha hecho la Fed a la economía ha sido muy bueno. El dinero base se ha triplicado, pero lo que cuenta para el funcionamiento de la economía es un concepto más amplio, que es lo que llamamos el M2 y ha estado en un ritmo normal. Pero que la Fed tenga pasivos tan grandes genera encajes de los bancos, los que podrían prestar de la noche a la mañana y aumentaría el M2, lo que podría generar un enorme problema. Claro que la Reserva Federal tiene la respuesta. Creó ese dinero base comprando bonos e hipotecas y lo puede aniquilar vendiéndolas, pero aumentaría la tasa de interés y no sería popular. Ésa es mi una única preocupación, que la Fed, teniendo las herramientas a mano, no las use.

-¿Qué impresión tiene de Janet Jellen, la sucesora de Ben Bernanke?
-La conozco muy poco. He estado sólo una vez con ella, en una cena donde conversamos durante una hora y media, pero no tengo ninguna razón para pensar que no será buena en su nuevo cargo. Hubiese preferido que Bernanke se quedara, porque es un héroe de banco central para generaciones. No creo que aun una persona que saque A en el próximo curso, vaya a ser tan buena como Bernanke. Le tocó un momento crítico de la historia y actuó en beneficio de todo el mundo.

-En medio de la abundancia de dinero en el mundo, hay algunos analistas que han empezado a hablar de posibles burbujas mobiliarias en algunos países. ¿Cree que podría estar incubándose una situación de este tipo?
-No he estudiado el detalle para opinar realmente, pero no cabe duda que con la crisis los precios de los bienes raíces se fueron súper abajo y tuvimos un superávit de todo. Con el crecimiento gradual, con la depreciación de viejos activos, ese exceso de oferta ha disminuido.

-¿Cuándo llegaremos a una situación normal?
Me parece que en muchas partes del mundo no hemos llegado todavía, ha ido disminuyendo el problema, nada más.

Milagro de gran tamaño

Para Arnold Harberger, la situación económica de China y el apoyo decisivo que dio el último congreso del Partido Comunista al libre mercado es un “milagro de gran tamaño”. “Ver cómo 200 millones de personas han salido de la pobreza en estos últimos 20 años es increíble”, sentencia.

-¿Que los comunistas en China hayan adoptado el modelo de libre mercado, es la mejor validación que ha tenido el sistema capitalista?
-Entender la economía de mercado y mantener una política favorable para los negocios ha sido el gran milagro de China. Hay problemas legales, de equidad, pero el gran cambio es que pasó de una economía sin fuerzas de mercado, a una con fuerzas de mercado.

– Se ha visto con preocupación la desaceleración que está teniendo China y los efectos que eso puede tener en el resto del mundo, ¿A usted le preocupa?
-Vamos a ver una merma en el crecimiento, China no puede seguir creciendo a 10% anual para siempre, pero no veo ningún problema. Es de esperar que sea así, que vaya de 10% a 7% y después a 5% de crecimiento a medida que madure su economía. •••