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De no acatar el fallo del Juez Griesa, Argentina entraría en default a fin de julio. Recordemos que el fallo de Griesa sostiene que Argentina debe pagar el 100% (más punitorios) de lo correspondiente a los bonistas que no entraron al canje de deuda en el 2005. En la noche de ayer comenzaron a circular rumores de que el gobierno de Argentina estaría seriamente considerando entrar en default utilizando un discurso político para asignar culpas, por supuesto, a terceros.

Por un lado, para el país que defaultea su deuda, el default implica una transferencia del costo de la deuda a sus acreedores. Es como sacarse de encima del balance un pedazo de los pasivos. ¿Quién se hace cargo? Los acreedores en tenencia de los bonos. Sin embargo, al reestructurar las deudas estos costos se comparte entre acreedor y deudor.

La carga mayor de costos, sin embargo, se hace presente inmediatamente luego de esta transferencia de parte del pasivo del deudor la acreedor. Las economías modernas se encuentra en el rincón opuesto al de los intercambios con trueque. Las economías modernas funcionan en base créditos. Nuestras cuentas bancarias, sin ir más lejos, implican transacciones de crédito. Al prestar nuestro dinero al banco (depósito), recibimos un crédito por el monto del depósito que es utilizado para intercambios. En la práctica no los diferenciamos, dado que este tipo de crédito es normal en la vida cotidiana y cotiza a la par con el dinero en efectivo. Tenemos, entonces, que al caer en default y cortar el crédito se corre el riesgo de producir un “paro cardíaco” al sistema de pagos de un país. Cuanto más bancarizado el país, mayor el efecto sobre el mercado. Cuánto más abierto al mundo, mayor el efecto al cortarse el acceso a los mercados de crédito internacionales.

Pero el otro costo que, al menos el gobierno actual de Argentina no parece estar mirando, es el de la caída en el precio (valor) de los bonos. Estos bonos se encuentran en los balances de bancos, fondos de inversión (por ejemplo pensiones y jubilaciones), etc. Esto afecta la solvencia del sistema financiero por dos lados. En primer lugar, el efecto en el balance. Al perder valor, los bonos (portfolio) puede no ser suficiente para obtener la liquidez necesaria (al venderlos en el mercado) para honrar los depósitos. En segundo lugar, al percibir el deterioro del balance del sistema financiero, es posible que los clientes se apuren a retirar sus depósitos, poniendo a los bancos bajo mayor presión. Dado que esto es un efecto externo sobre el sistema financiero, todos los bancos se encuentran en la necesidad de vender activos para hacerse de liquidez produciendo caída de precios (acciones, bonos, etc. -cae el Merval) por un efecto de “fire sales.”

Esperemos que los rumores sean eso, sólo rumores, y que por una vez la cordura reine en el gobierno Kirchnerista y se evite un nuevo default. Argentina podría coronarse como uno de los pocos, sino el único, país en entrar en default estando aún en default (recordemos que los pagos a bonistas que hizo Argentina fue gracias al “stay” del juez Griesa, no gracias a la reestructuración de deuda del 2005 -a pesar de que algunos insisten en llamarla la “más exitosa en la historia”.)