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Baumol-KirznerDesde que Thomson Reuters predijo que Israel M. Kirzner y William Baumol son serios candidatos a quedarse con el Premio Nobel de Economía 2015 por sus aportes a la empresarialidad, muchos medios y blogs se hicieron eco de la noticia. Las notas de Todd Zywicki en el Washington Post o la de Art Carden en Forbes, así como el post de Peter Boettke en el famoso blog de economía Coordination Problem, son sólo una muestra de ello.
 
Desde lo esencial de la nominación podemos decir que es innegable que vivimos en tiempos en que la cultura del emprendedor ha tomado gran relevancia pública, donde incluso diversos gobiernos apoyaron activamente los semilleros de innovación, carreras con enfoques al respecto y para muchos la consideración del emprender, no ya como sueños de trasnoche, sino como una alternativa válida y seria a los trabajos tradicionales.

 
Por otro lado, en Economía, una ciencia donde a veces pareciera que quien estudió o sigue A, no le interesa, no puede o no sabe dialogar e intercambiar ideas con quien estudio o siguió B, es muy positivo ver como en una nominación se recogen temáticas abordadas desde distintas visiones igual de importantes.
 
Kirzner en particular rememora para mí mucho de mis trabajos finales de carrera, donde tuve el gusto de poder navegar por sus abordajes sobre procesos de mercado y la función empresarial, “Competition & Entrepreneurship” siendo un claro ejemplo, con una visión orgánica  y dinámica de la Economía y Baumol siempre siendo una recurrente referencia dentro de todo un trayecto recorrido, parado más bien desde el paradigma tradicional neoclásico, con sus aportes sobre la función y el rol del emprendedor (ej.“Entrepreneurship in Economic Theory”) entre otros y; con la riqueza intrínseca entonces, de estar parados estos autores en orígenes, y paradigmas distintos.
 
Es muy auspicioso ver intercambios entre cuerpos teóricos que por tiempo rivalizaron, se mantuvieron aislados o no dialogaron, sin ánimos de aburrir lectores, la analogía de su importancia, se traduce en algo más local a la analogía de la frustración de la ausencia de un diálogo sensato en la política, aun cuando se parta desde visiones divergentes o encontradas. La falta de diálogo atrasa y detiene, ya sea entre personas o paradigmas.
 
Sin caer en reduccionismos hegelianos, si bien la verdad no tiene por que estar en el medio, sí es posible que desde ambas orillas de un río de conocimiento se puedan aportar conceptos que ayuden al avance en la navegación del saber. Y es por ello que desde ese punto un premio compartido de este modo, se alinea con los anhelos de diálogo de muchos economistas, y es algo muy positivo para todos.

Gonzalo Macera es Licenciado en Economía por la Universidad de Belgrano