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HidrocarburosLa Constitución Nacional Argentina define al país como una nación democrática, republicana y federal. Federal, en el sentido de que cada provincia sea autónoma, se rija por su propia constitución, pero respete a la vez la constitución nacional.
Hace tiempo que se observa en Argentina un reclamo hacia la clase política. Necesitamos recuperar el federalismo. Necesitamos que nuestros gobernadores dejen de ser pasivos, alineados al poder central, y más bien jueguen un rol activo para atender los problemas locales.
El gobierno federal, central, es quien cobra todos los impuestos y coparticipa algunos, dejando luego una enorme discreción en el manejo de fondos para asistir a aquellos gobernadores alineados al poder, o bien, invertir en aquellas provincias donde el caudal de votos apoyó la elección del candidato vencedor. El poder legislativo no queda exento de estas formas, lo que se manifiesta en el actuar de los senadores provinciales quienes muchas veces se ven obligados a votar por leyes que jamás habrían apoyado si no fuera porque el bienestar de sus representados está en juego en ese manejo discrecional de los fondos. A casi nadie en la clase política de esta “década ganada”, le pareció conveniente ser calificado como “oposición”.
La Ley de Hidrocarburos, que ofrece un nuevo régimen petrolero y que fuera recientemente aprobada por Diputados, habrá que analizarla con detenimiento, pero puede concluirse que es un nuevo golpe a la necesaria descentralización de poder y al federalismo.
Es cierto que reconoce el dominio del subsuelo a las provincias, pero define un marco regulatorio único para todo el país y reduce las regalías a un máximo del 12 % por la explotación de recursos en sus propios subsuelos.
Se sabe que la Ley no apunta a otra cosa que a regular las explotaciones futuras de Vaca Muerta, lo que podría garantizarle al poder central de próximos gobiernos una cantidad de recursos y de poder exento de límites y propenso a seguir alineando a la clase política.
Ya en otra nota expliqué este peligro, considerando a “Vaca Muerta” como una posible “Enfermedad Holandesa”. No olvidemos que el petróleo en los países árabes o en Venezuela está lejos de ser una bendición para el pueblo, y más bien, enrqiuece a unos pocos. Los peligros se incrementan con la aprobación de esta Ley, ya que lamentablemente Argentina está tomando un camino similar al de aquellos países. Argentina se merece  un debate profundo acerca de qué hacer con “nuestro” petróleo, y Noruega puede ofrecernos algunas lecciones.