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El Ex Ministro de Economía Domingo Cavallo ofreció en su blog personal algunas referencias positivas al trabajo de Iván Carrino, y otras referencias negativas a los cuatro comentarios que expuse en el Congreso de Economía, organizado por la Fundación Bases. Aquí mi post, referido por el Dr. Cavallo (y que incluye un enlace al trabajo de Iván Carrino). Aquí la respuesta del Dr. Cavallo.

Vuelvo a comentar sobre el mismo tema, porque me parece que este comentario crítico del Dr. Cavallo deja mucha tela para cortar.

En primer lugar, es mi deber reconocer que el trabajo académico difiere del trabajo del político. Muchas veces los modelos teóricos “de pizarrón” se permiten dejar a un lado las restricciones u obstáculos que presenta la opinión pública, aspecto que no puede ser ignorado por el político. Dados los roles distintivos que el mismo Cavallo define, me parece que debe quedar claro como punto de partida que Alberto Benegas Lynch (h) juega el rol del académico, mientras Domingo Cavallo juega el rol del político. Que actores que juegan ambos roles dialoguen, me parece necesario, pero ambos deben conocer sus limitaciones. (Aquí traté el tema con más detenimiento, precisamente en un homenaje al Dr. Benegas Lynch).

Dicho esto, me parece que los primeros años de la convertibilidad fueron acompañados de casi nulos obstáculos para la implementación de reformas económicas. La privatización de los servicios públicos, la misma ley de convertibilidad o la privatización del sistema de pensiones, jamás se habrían podido implementar en un contexto diferente. Si pudo avanzarse en todo ello, me parece que es suficiente para argumentar que los errores de política económica comentados, no fueron propios de restricciones que impone la opinión pública, sino de simples descuidos de quienes llevaban adelante las reformas de mercado que el país necesitaba y necesita.

En segundo lugar, el Dr. Cavallo demuestra en sus comentarios sus diferencias con las ideas básicas de la Escuela Austriaca en el campo monetario, tradición de autores que me parece desconoce, independientemente de que haya puntos en común (cuya identificación fue el objetivo del trabajo de Iván Carrino) o de que haya leído algún artículo aislado de Hayek. Los errores conceptuales que incluye cada vez que referencia a los austriacos en su blog son muestra suficiente de ello, aunque no vale la pena aquí entrar en detalles. Quizás sea diferente –es mi impresión- la propuesta de dolarización y banca off shore que ofrece Jorge Avila, con una formación más profunda en Hayek y el free banking, que bien puede distinguirse también de otros autores de la tradición.

En tercer lugar, y quizás una novedad para quienes no seguimos de cerca sus libros, es que el Dr. Cavallo descree de la convertibilidad como medio para atar las manos de la autoridad monetaria en lo que concierne a la política monetaria. Más bien, entiende el Dr. Cavallo que esta Ley o regla fue la herramienta indicada para salir de la hiperinflación, pero ya no resultaba útil en 1997, una vez que la economía se encontraba recuperada y alcanzando cierta normalidad en su funcionamiento.

Dice el Dr. Cavallo:

La caja de conversión y el tipo de cambio fijo fueron instrumentos apropiados para quebrar la inercia inflacionaria y lograr una baja drástica de la inflación esperada por la gente, pero debieron haberse abandonado en 1997, cuando por el éxito que habíamos logrado al superar la Crisis Tequila, los capitales que dejaron de ir, o simplemente salían de Asia a causa del clima de crisis por el que atravesaba esa región, vinieron en grandes cantidades a la Argentina. En ese momento habría que haber dejado flotar, algo que la ley de convertibilidad había previsto al no poner piso a la eventual flotación del Peso. Si se hubiera ido a la libre flotación, hubiéramos conseguido más convertibilidad: libre elección de la moneda con total flexibilidad cambiaria, tal como ha funcionado muy bien en Perú. Su sistema monetario  pone al Sol en competencia con el Dólar, como explico en detalle en mi libro “Camino a la Estabilidad”.

Resulta curioso que el Dr. Cavallo critique nuestra incapacidad de ofrecer un correcto análisis histórico e ignore al mismo tiempo el desmanejo monetario del BCRA desde su fundación en 1935. Como sostuvimos junto a Nicolás Cachanosky en nuestra propuesta de reforma monetaria:

Since its foundation in 1935 until 2013, Argentina had a compounded equivalent yearly inflation rate of 52%. This means that 4.58 x 1014 ARS in 2012 had the same purchasing power as 1 ARS in 1934. This is the result of years of remarkable hyperinflation and is indicative of a chronic inflationary problem. During the 77 years of monetary management by the BCRA, Argentina’s inflation rate was below 10% in only 23 years and below 5% in only 17 years. A total of 21 years inflation was more than 52%. An inflation rate below the 2% level – which any serious central bank would consider to be an acceptable benchmark – was achieved in only 11 years.4 Argentina has removed 13 zeros from its unit of account through various currency denomination exchanges since the foundation of the BCRA.

Pensar en una flotación del tipo de cambio en la Argentina para evitar shocks externos es desconocer la historia económica y política de nuestro país, pero además ignorar una porción importante de la literatura, ya no de la propia Escuela Austriaca, sino también de Milton Friedman y otros prominentes autores de la Escuela de Chicago.

Por supuesto que la competencia de monedas o la eliminación del curso forzoso ayudaría -en la medida que la moneda buena, tenderá a desplazar a la moneda mala-, pero la dolarización encarece el costo de volver al sistema actual, mientras que el caso de Perú o lo que propone el Dr. Cavallo, tan sólo implica formular una ley para retornar a los procesos inflacionarios. Es esta la razón por la cual -junto a Nicolás Cachanosky- hemos enfatizado en cerrar el Banco Central como medida fundamental de la propuesta de reforma bancaria.

Al margen, me permito recomendar al Dr. Cavallo el breve artículo de Lawrence H. White donde ofrece una recapitulación de la banca central.

Si hemos propuesto una dolarización flexible y banca libre para Argentina, esto surge precisamente de tomar consciencia de los mencionados desmanejos, y advertir -tras nuestra lectura histórica- que Argentina jamás alcanzará la estabilidad monetaria mientras la moneda permanezca monopólicamente en manos oficiales.

En cuarto lugar, resulta curioso también que el Dr. Cavallo se moleste en que los austriacos -como el Dr. Alberto Benegas Lynch (h)- no lo consideren a él mismo un autor a la altura de sus figuras más representativas como lo han sido desde hace décadas Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Podría extenderme en este sentido, pero me limito a remarcar mi sorpresa ante dicha reflexión.

En quinto lugar, y ya entrando en los puntos más polémicos, el Dr. Cavallo sostiene que:

No es cierto que una “caja de conversión ortodoxa y fuerte” hubiera permitido enfrentar mejor los shocks externos. Por el contrario, el carácter heterodoxo y débil que Adrián atribuye a nuestra caja de conversión es, precisamente, la que permitió que en  1995 pudiéramos superar la crisis bancaria. De no haber tenido ningún margen para actuar como prestamista de última instancia, hubiera quebrado el grueso del sistema bancario argentino.

La crítica, sin embargo, no es mía, ni de Nicolás Cachanosky, sino de Steve Hanke en Why Argentina did not have a Currency Board?, artículo que se complemente con What went wrong in Argentina, del propio Steve Hanke y Kurt Schuller. Resumiendo, la Caja de Conversión “a lo Cavallo” mantenía al Banco Central como prestamista de última instancia, siguió regulando los encajes de los bancos comerciales y permitió que se mantengan hasta el 30 % de las reservas en títulos del gobierno argentino, todos aspectos indeseables en una verdadera caja de conversión.

Pero al margen, el Dr. Cavallo debería responder por qué la Caja de Conversión de Hong Kong no sufrió los vaivenes que sí sufrió Argentina, si es que la ortodoxia de este instrumento resulta ineficaz para proteger a la economía de los shocks externos. Un aspecto similar lo constituye la dolarización panameña, la que carece de Banca Central como prestamista de última instancia.

En sexto lugar, debo corregir al Dr. Cavallo cuando afirma que:

quienes proponen un sistema de caja de conversión ortodoxa y fuerte, siempre lo hacen acompañada de la propuesta austriaca, de veto absoluto al sistema de banca con encaje fraccionario.”

El estudio de la literatura austriaca en el campo monetario, desmiente esta crítica a las reservas fraccionarias.

En séptimo lugar, el Dr. Cavallo se intenta alejar del aumento del gasto público y el déficit fiscal.

“Atribuirme ese aumento significa no haber mirado las estadísticas o no haberlas entendido.”

Pues miremos las estadísticas oficiales para analizar el punto (el gráfico fue realizado por Nicolás Cachanosky).

Deficit Financiero (1981-2013)

El único año en que se acercó a equilibrar las cuentas fiscales fue en 1993, año que coincidió con el ingreso de divisas por la privatización de las empresas públicas. Eso fue más bien un aspecto coyuntural, pero muy rápido la economía derivó en la acumulación de déficit fiscales que ni el Dr. Cavallo ni sus sucesores en el Ministerio de Economía pudieron o supieron evitar. Se puede observar en el gráfico cómo tras las privatizaciones el déficit fiscal fue en aumento, hasta el año 1997 en que abandona el cargo. Tras la gestión de Roque Fernández y López Murphy, su retorno fue también bastante negativo. El hiper-endeudamiento que comenzó bajo su gestión y que sólo tuvo descanso con el arreglo del plan Brady generó intereses que fueron minando la situación fiscal una vez que terminó el menemismo. Echar culpas a sus sucesores y negar el rol negativo que jugó él mismo durante su gestión, parece ser un error de lectura o falta de modestia.

Finalmente, dice el Dr. Cavallo que

es asombroso constatar que ningún economista austriaco señala a la pesificación compulsiva, dispuesta por Duhalde, como la verdadera destrucción de la más austriaca característica de la convertibilidad: la libre elección de la moneda.

Los daños que Duhalde y sus sucesores han generado a las instituciones argentinas son notables y han sido remarcados una y otra vez en una extensa literatura austriaca que el Dr. Cavallo desconoce. Me permito tan solo recomendar el artículo de Pablo Guido y Gustavo Lazzari, como una posible representación austriaca de lo que ocurrió en esta década.

Que la Argentina retorne en el siglo XXI a los procesos inflacionarios es consecuencia de que el mismo Dr. Cavallo evitó cerrar las puertas del BCRA cuando pudo hacerlo, y la opinión pública lo hubiera avalado. Esperemos que el tren no pase sólo una vez, y las propuestas pro-mercado encuentren una nueva oportunidad en el futuro, bajo la bendición de la opinión pública. Para eso trabajamos en este blog, pero es necesario desmantelar mitos como el de los 90 para que esto se haga realidad.

Cierro con una excelente entrevista a Alberto Benegas Lynch (h) en el diario La Nación donde explica que “Menem fue un modelo de antiliberalismo.