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El Dr. Cavallo se tomó la molestia y el tiempo de responder a los puntos que señalé en mi anterior post. A continuación copio textual la suya completa que es parte de los comentarios de un post en su blog personal:

Muchas gracias Adrián. Si me enviás tu dirección te voy a enviar mi libro “Camino a la Estabilidad”. Ahí verás que mi análisis nunca es teórico sino totalmente empírico. Yo utilizo a la teoría, venga de la escuela que venga, siempre que me parezca apropiada para iluminar un problema a resolver, con un sentido instrumental.
Creo que resulta mucho más útil hacer economía positiva que normativa, al decir de Friedman. Por supuesto no soy un especialista en el pensamiento de la Escuela Austriaca, como no lo soy de ninguna otra escuela. Sí creo tener la formación profesional y el conocimiento de nuestra historia que se necesitan para opinar y actuar en la economía argentina. Dediqué toda mi vida al estudio y a la investigación económica e histórica. Antes de ingresar a la política dirigí durante diez años al IERAL de la Fundación Mediterránea, institución en la que se formaron más de 100 economistas que me acompañaron en el equipo económico. La reforma energética, por poner sólo un ejemplo, que al decir del Profesor Arnold Haberger fue la mejor que conoció en toda su vida profesional, fue planeada por Carlos Givogri y Carlos Bastos en ese ámbito.
No tendré las credenciales académicas de Alberto Benegas Lynch en materia del pensamiento económico de los autores de la escuela austríaca, pero creo tener también credenciales académicas suficientes como para sostener un debate con él. Además el debate no sería sobre las ideas de la escuela austriaca sino sobre cómo mejor organizar a la economía Argentina. Al menos éso es lo que a mi me interesa discutir.

Con respecto a tu comentario de que las cosas que no hicimos no fueron por obstáculos que imponía la realidad sino por errores conceptuales nuestros, creo que parte de la subestimación que normalmente hacen quienes sólo actúan en ámbitos académicos de las dificultades que presenta la acción política y la gestión gubernamental. Vos, por ejemplo, mencionás al pasar la reforma previsional, como si hubiera sido fácil conseguirla. Ni te imaginás las horas de debate en el Senado y en Diputados, a lo largo de tres años, para lograr que se aprobara, con modificaciones que la tornaron bastante imperfecta. Y qué decirte de la ley de Solidaridad previsional, sin la cual las erogaciones previsionales hubieran aumentado entre 1 y 2 % del PBI, como ya habían comenzado a hacerlo en 1994, a causa de la ligazón que las leyes todavía en vigencia establecían entre los beneficios de quienes se habían jubilado luego de ser altos funcionarios de las empresas del Estado y las remuneraciones, mucho más elevadas, que comenzaron a pagar las empresas privatizadas a sus gerentes.
Con respecto a la propuesta de Hanke, de eliminación del Banco Central y dolarizar, siempre me pareció un sinsentido. Hanke se daba corte con la convertibilidad argentina cuando todo iba bien, y decía en todo el mundo que él se la había sugerido a Menem a través de María Julia Alsogaray. Cuando precisamente, por las restricciones que la convertibilidad con tipo de cambio fijo nos puso para enfrentar las presiones deflacionarias originadas en la fortaleza del dólar y el deterioro de los términos del intercambio, La convertibilidad con tipo de cambio fijo entró en crisis, él comenzó a despegarse de nuestro sistema alegando que era la causa de la crisis. Yo estoy absolutamente convencido que lo que nos impidió manejar con éxito la crisis bancaria del 2001, siendo que habíamos logrado superar muy bien la de 1995, fue que no teníamos prestamista de última instancia, ni de adentro, como tampoco la habíamos tenido en 1995, ni de afuera, como si la tuvimos en 1995. Imaginá que hubiera ocurrido con Irlanda, Grecia, Portugal y España si el Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión Europea no hubieran actuado como prestamistas de última instancia.
Con respecto a las cifras sobre déficit fiscal que maneja Nicolás Cachanoski, me gustaría revisarlas con él. No se cuál es la fuente, pero si mirás las sifras de la Secreatría de Hacienda, vas a ver que entre 1991 y 1994 sólo hubo déficit en el último año y tuvo su origen en el aumento de las erogaciones previsionales que sólo pudimos detener a partir de 1995 con la sanción de la ley de Solidaridad Previsional.
En fin, Adrián, me gustaría mucho conversar con ustedes con datos y papeles en la mano. Con el espíritu liberal que muy bien describe Mario Vargas Llosas en un artículo publicado ayer por La Nación. Un fuerte abrazo.

Comienzo aclarando que nunca dudé de las credenciales académicas del Dr. Cavallo, y pienso que sería un enorme aporte un debate con el Dr. Benegas Lynch (ahora mismo intentaré impulsarlo). Cuando me referí a él como un político, lo hice desde otro plano. Alberto Benegas Lynch (h) suele decir que el rol del académico es el de correr el eje de debate, imaginando nuevos mundos posibles, sin pensar concretamente en la viabilidad de las propuestas. Al rol del político, por el contrario, se lo conoce como el arte de lo posible, por lo que debe necesariamente atender a la opinión pública y lo que ésta puede digerir. El Dr. Cavallo piensa y escribe como un político, atendiendo a estas diferencias.

Quiero ilustrar este tema crucial con una anécdota que me relató Benegas Lynch (h) hace un tiempo. La misma ocurrió en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en St. Andrews.

Estaba exponiendo Friedman sobre su estudio de la moneda y Enoch Powell, entonces miembro de la Cámara de los Comunes en Londres, le preguntó si en su exposición había tenido en cuenta los factores políticos, a lo que Friedman se apresuró a contestar por la afirmativa. Powell dijo: “Entonces su paper no me sirve, pensaba que recibiría reflexiones de un académico, déjenos a nosotros la negociación política.” (extraído de este artículo)

Aclarado esto, me parece inapropiado colocar el análisis positivo por encima de lo normativo. Ambos análisis tienen utilidad según sea el objetivo del estudio que se desea realizar.

Tampoco quise dar a entender que las reformas impulsadas fueron fáciles de implementar. Sólo quise señalar que los “descuidos” señalados fueron ajenos a esas dificultades, y que de haberse incluido en las propuestas, también habrían sido aprobadas. El debate aquí no es sobre lo políticamente incorrectos que eran esos “descuidos”, sino el hecho de que el Dr. Cavallo los considera irrelevantes o incluso problemáticos desde un análisis positivo.

Esto precisamente está en el foco del debate que abrió Iván Carrino. El Dr. Cavallo es un economista pragmático que no adhiere a la Escuela Austriaca, ni a ninguna escuela de pensamiento. Vale recordar que él mismo se definió ante los medios como keynesiano en su retorno a la política bajo la presidencia de De la Rúa.

El viraje de su política económica es muy claro hacia la heterodoxia, porque su lectura histórica lo condujo a pensar que esas eran las medidas que debían implementarse. Esta nota de Mariano Grondona del domingo 8 de abril de 2001 deja claro lo que estoy comentando. Tomo dos párrafos para resumir el punto, que me parece guarda relación con los comentarios del propio Cavallo y su comprensión del mundo:

¿Qué hay que hacer en tal caso? Reactivar la demanda, ya sea mediante el aumento del gasto público (ésta fue la receta de Keynes), ya sea mediante la protección aduanera y la eliminación de impuestos distorsivos a la actividad productiva, sin preocuparse demasiado, en lo inmediato, por el gasto público. Esta es la fórmula de Cavallo. Sólo cuando la economía se reactive, las preocupaciones fiscales serán bienvenidas. […]

¿Cómo funciona la “razón” de Cavallo? Los que ahora se asombran por su nuevo rumbo se preguntan: si hace diez años abrió y privatizó la economía, ¿cómo es que ahora apela a medidas heterodoxas como la manipulación de los aranceles aduaneros, la rebaja selectiva de los impuestos y el apoyo a determinadas industrias, políticas todas ellas “activas” por las que recibió hasta el elogio de Alfonsín? ¿Es que Cavallo ha dejado de ser liberal? Muchas de las medidas que tomó Cavallo en 1991 como la disciplina monetaria de la convertibilidad, el descenso de los aranceles aduaneros y la privatización de las empresas del Estado podían ser tomadas, en efecto, por liberales. Pero Cavallo no es liberal porque las haya tomado ni es dirigista porque ahora tome otras de signo contrario. Al revés que López Murphy, Cavallo no adhiere a un sistema de pensamiento. No es sistemático, sino pragmático. No se fija principios, sino metas .

Mi crítica al Dr. Cavallo es precisamente el no adherir a estos principios que tan claramente han sido expuestos por los autores de la tradición austriaca, y en particular Mises y Hayek. Cuando afirmé en mi primer post que fue desafortunada la imagen del Dr. Cavallo al lado de estos dos autores en la presentación de Iván Carrino, me refería precisamente a esto.

La propia convertibilidad no fue una medida que adoptó por el convencimiento de que se debían atar las manos de la autoridad monetaria, sino por una cuestión coyuntural, como herramienta para detener el proceso hiperinflacionario. Que el Dr. Cavallo diga en este intercambio que Argentina debió recuperar su banco central en particular con su rol de prestamista de última instancia y que una caja de conversión ortodoxa habría sido más dañina, es el fiel reflejo de la falta de comprensión del Dr. Cavallo sobre las bondades del proyecto que él mismo ayudó a construir.

Respeto, por supuesto, su opinión, pero esto invalida precisamente el punto que quiso hacer Iván Carrino en su ponencia.

Lo mismo se puede decir de las privatizaciones. Los economistas de las escuelas a las que adhiero como la Escuela Austriaca, la Escuela de Chicago (un poco menos), el Public Choice o la Nueva Economía Institucional, que tienen como representantes a Hayek, Friedman, Buchanan y Douglass North adhieren a las privatizaciones de los servicios públicos para ampliar la esfera del mercado y por comprender que el Estado burocrático es incapaz de gestionar estas empresas eficientemente (para enunciarlo sintéticamente). El menemismo avanzó en las privatizaciones por otras razones, porque entendió quizás que no había otra forma de salir de la hiperinflación sin la aplicación de estas medidas. Ese convencimiento es fundamental que sea parte de la formación de los dirigentes políticos si queremos un modelo pro mercado exitoso. El retorno a la heterodoxia no fue el mensaje adecuado en los años más difíciles del modelo.

Me animo a conjeturar, aunque admito que es fácil decirlo ex post, que la historia pudo ser muy distinta si se soportaban los años difíciles de 2001 y 2002, y ya en 2003, con un dólar más débil y un contexto internacional más favorable, la Argentina profundizaba el camino pro mercado que había iniciado en 1991. Lo que se necesitó entonces fue la dolarización acompañada de un “déficit cero” real y una apertura económica tipo ALCA que sólo quedó en los papeles, mientras nos encerrábamos en el proteccionismo del Mercosur. Obviamente esto está muy lejos de la heterodoxia que caracterizó la gestión de Cavallo bajo el gobierno de De la Rúa.

Respecto a la dolarización y las opiniones de Hanke, personalmente coincido con él. El problema no fue el tipo de cambio fijo y la convertibilidad, sino el creciente gasto público y el déficit fiscal acumulado en toda la década. Todo lo dicho por el propio Cavallo en este comentario deja claro, insisto, que jamás creyó en las bondades de la convertibilidad o una potencial dolarización.

Tampoco puedo dejar de mencionar que el éxito en salir de la crisis de 1995 es relativo, pues toda la región cayó en ese año y se recuperó rápidamente en el año siguiente, en el caso argentino apoyada sobre un creciente endeudamiento del FMI y otros organismos.

También hay que insistir que durante el período del Dr. Cavallo como Ministro de Economía, entre marzo de 1991 y agosto de 1996, sólo hubo un shock externo que fue el Tequila. Su sucesor, a quien el Dr. Cavallo parece culpar por la monumental deuda pública de los 90, debió sufrir un contexto mucho más desfavorable en lo que refiere a shocks externos.

La historia de la deuda pública externa merece un cuidadoso estudio, que yo apenas pude diagramar, y en el que he concluido que el Dr. Cavallo ha tenido cierta responsabilidad. Admito un aspecto de mi propia nota sobre la cual hoy dudo que es la responsabilidad del Dr. Cavallo en la nacionalización de las deudas privadas durante el gobierno militar, aspecto sobre el que deseo profundizar en el futuro, pero desligarse completamente del fallido modelo de los 90 y de la lamentable evolución de la deuda hasta el año 2002 resulta cuestionable.

Mi pregunta al Dr. Cavallo es si hay al menos alguna política que haya tomado en sus varias participaciones en varios gobiernos, sobre la que desee hacer un mea culpa y reconocer su error, empezando por abrazar la heterodoxia en los años más difíciles de la convertibilidad, lo que de nuevo, minó la confianza en el modelo, y dejó la puerta abierta a lo que vino después (incluyendo lógicamente la lamentable labor de Duhalde).

Lamento que el Dr. Cavallo me acuse de leer la historia con “anteojeras ideológicas”, pues mi esfuerzo por entender los fallos de los 90 han sido totalmente sinceros.

Volviendo ahora sobre los países europeos, ¿se imagina el Dr. Cavallo lo que habría pasado o lo que pasaría hoy si no existiera el euro y en su lugar los países volvieran a lo que Hayek denominó el nacionalismo monetario (al estilo Perú)? No me cabe duda que el retorno a la peseta en España, implicaría una rápida devaluación de la moneda y un retorno a los períodos inflacionarios. La función que el euro está jugando hoy en Europa es similar a lo que jugaría la dolarización en Argentina. Es la única forma de decirle a nuestros políticos gasto-maníacos que pongan atención al frente fiscal, y que encuentren obstáculos para monetizar los déficits.

Claro que hay una diferencia, y es que en Europa el BCE juega este rol de prestamista de última instancia, pero esto es lo lamentable del modelo actual. Si los austriacos como Jesús Huerta de Soto desean mantener el Euro no es precisamente por la ayuda monetaria que ofrecen, sino por entender que históricamente el Banco Central Español, y lo mismo aplica a los otros bancos centrales, han sido bastante más perniciosos que lo que hoy es el BCE.

Para cerrar, vuelvo a los datos fiscales. Sería deseable que el Dr. Cavallo cite su propia fuente, pero si miramos al menos los datos del buen libro de Orlando Ferreres “Dos Siglos de Economía Argentina”, el déficit fiscal como porcentaje del PIB fueron los siguientes:

-1,42 1991
-0,45 1992
-0,01 1993
-1,67 1994
-2,89 1995
-3,16 1996
-0,82 1997
-2,42 1998
-4,51 1999
-3,30 2000
-7,03 2001

Desde luego, me encantaría recibir su libro para profundizar en estos temas, aunque necesito una dirección de correo electrónico para enviarle mi dirección postal. Aquí mi correo electrónico: aravier@ufm.edu

Atentamente,

Adrian Ravier