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Los modelos formales Keynesianos presentan varias curiosidades. Una de ellas, sin embargo, es apelar de manera implícita a la “mano invisible” del libre mercado, es decir, al mismo sistema que se critica por ser inestable gracias a los “animal spirits” (o algún otro tipo de irracionalidad).

¿Cuál es el problema? De manera imprevisible (irracionalidad) la demanda agregada (PBI) cae. Esto puede suceder en principio por caída de inversiones (I) o consumo privado (C). El gasto público (G), sin embargo, se puede administrar de manera centralizada desde el gobierno, por lo que este componente permite estabilizar la demanda agregada.

Es decir, sin sector externo: PBI = C + I + G. El gasto público bien administrado es aquel que en momentos de crisis compensa el comportamiento errático de C y de I.

En una crisis, por lo tanto, es necesario estimular la economía para llevarla nuevamente a  un nivel de pleno empleo. En qué se gaste no importa (recordar la defensa de dar empleo cavando y tapado pozos). No es que la asignación de recursos no importe en absoluto, sino que una vez que se comienza a gastar la economía se encarga de asignarlos de manera relativamente eficiente. Es decir, la política Keynesiana (al menos la original) parece recurrir a la misma mano invisible que critica por generar un persistente alto desempleo para que su política funcione.

Este recurso implícito se debe justamente a pensar en términos agregados y no de individuos con distintas preferencias y capacidades (es decir, en lo opuesto a lo que hace el “agente representativo” de modelos más modernos.)