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Leopoldo Ferfusson, en el blog Foco económico, reabre un viejo debate por el que los austriacos han luchado durante décadas. No se trata de criticar el uso de la matemática en economía, sino el abuso de la matemática en economía, lo que hoy domina entre los profesionals de nuestra ciencia.

Fergusson referencia un trabajo reciente de Paul Romer en el que éste manifiesta preocupación “de que los eruditos usan las matemáticas (y, a veces abusan de ellas) no como una herramienta para explorar las abstracciones e  investigar rigurosamente las respuestas a las preguntas pertinentes, sino como una manera de disfrazar como ciencia una defensa de sus teorías preferidas. Estemathiness’ [o abuso de la matemática], temo, puede ser tan frecuente que el mercado de las ideas puede colapsar: será imposible separar el ‘mathiness’ de la teoría matemática.

Romer concluye:

Quedará sólomathiness’. Valdrá poco la pena, pero el costo de producirla es bajo, por lo que podría sobrevivir como entretenimiento (…) La presentación de un modelo es como hacer un truco de cartas. Todo el mundo sabe que habrá un poco de juego de manos. (…) Tal vez nuestras leyes serán pronto como las de magia profesional; será de mala educación, tal vez incluso una violación ética, revelar cómo funciona el truco de alguien.

Es curioso que algunas veces las ideas viejas y conocidas, sólo se vuelven relevantes en boca de figuras reconocidas del pensamiento económico. Ya pasó antes con las “asimetrías de información” en boca de Stiglitz, o hace poco con el desarrollo de las “expectativas racionales heterogéneas”. De cualquier forma, este reconocimiento de Romer le hace mucho bien a la ciencia económica, pues le ha dado voz a miles de economistas heterodoxos que vienen señalando este punto hace décadas.