Etiquetas

, , , , , , ,

Kicillof_Nahon_CostaComparto aquí un artículo escrito en abril de 2004 por Axel Kicillof, Augusto Costa y Cecilia Nahón, donde estos tres economistas analizan críticamente el fin de la convertibilidad y el primer año del plan Lavagna. Vale recordar que Augusto Costa fue el reemplazante de Guillermo Moreno como Secretario de Comercio Interior, mientras Cecilia Nahón ocupa el cargo de Embajadora Argentina ante Estados Unidos.

El artículo lleva como título “Las consecuencias económicas del Sr. Lavagna“, en clara alusión a la nota de J. M. Keynes de 1925 que llevaba el título “Consecuencias económicas de Mr. Churchill”, donde expone sus consideraciones acerca de la sobrevaluación de la moneda británica y su impacto en el comercio exterior, los salarios y el empleo.

El artículo es extenso, pero me interesa arrojar una serie de citas y reflexiones que imagino pueden interesarles a los lectores de nuestros blog por sus aplicaciones a la coyuntura actual.

Véase por ejemplo el análisis que ofrecen estos tres autores sobre la sobrevaluación cambiaria, que aplica también a la sobrevaluación actual, con Kicillof como Ministro de Economía:

Aunque el gobierno -cualquiera de los cinco que se sucedieron en rápida secuencia en el convulsionado verano de 2001/2002- hubiera querido sostener el tipo de cambio fijo a la paridad convertible no hubiera podido hacerlo por mucho tiempo. Así, más allá de que el ministro sea un declarado enemigo de la antigua moneda sobrevaluada, lo cierto es que nadie podía, sea por ley, por decreto o por designio, mantenerla.

Esto es precisamente lo que decimos hoy los críticos del gobierno. Aunque el próximo candidato a Presidente por el oficialismo, Daniel Scioli, deseara mantener las cosas como están, y evitar una devaluación, no podrá hacerlo. Nótese que la sobrevaluación cambiaria actual es aun mayor que aquella de fines de la convertibilidad.

Pasemos ahora a analizar su lectura del contexto internacional único que favoreció a Lavagna y luego a los gobiernos kirchneristas, pero que curiosamente entendían no debía considerarse “necesariamente sostenibles”.

En los últimos años las condiciones internacionales también ayudaron a la economía local, y a la recaudación, ya que los precios mundiales de los productos primarios -luego de una brusca caída entre 1998 y 2001- experimentaron una notable recuperación. Adicionalmente, las tasas de interés en el mercado internacional se encuentran en la actualidad en un nivel particularmente bajo, lo cual también beneficia a las cuentas públicas al disminuir la carga de intereses de la deuda externa. Estas favorables condiciones internacionales, no son, sin embargo, necesariamente sostenibles.

Prácticamente todos los economistas apuntan hoy su preocupación por un posible cambio de ciclo de la política de tipos de interés en Estados Unidos. La dependencia argentina respecto de la continuidad de aquella política, sin embargo, es mayor que nunca.

Ademas, el artículo muestra anticipadamente la estrategia keynesiana que aplicará Kicillof al frente del área económica. Luego de describir la debilidad de la estructura productiva argentina post 90s, confía en que el Ministerio de Economía diseñe o planifique inversiones en industrias estatégicas que permitan un desarrollo interno con inclusión.

La otra opción que se abre para la Argentina es la de encarar una activa política de desarrollo con altos niveles de inversión con financiación pública, orientada a industrias estratégicas y acompañada por un progreso sostenido de los niveles salariales. Este camino no es necesariamente un producto automático del nivel de tipo de cambio, sino que debe estar enmarcado en un plan orgánico de desarrollo que impulse la acumulación en el país. Dicha alternativa requiere de una agresiva política encarada por un Estado activo en manos de la sociedad que reasigne los recursos hacia la producción y el desarrollo tecnológico.

Esa estrategia, dice el documento, distaba mucho de ser aplicada por Lavagna, al punto que cierran la nota con una fuerte crítica al gobierno de Néstor Kirchner, y su ministro Lavagna, con una predicción que muy lejos estuvo de cumplirse.

En definitiva, esto no es más que un modelo tradicional de inserción en el mercado mundial como proveedor de materias primas con salarios diminutos. Al mismo tiempo, el superávit fiscal se destinará -según lo acordado y más allá de toda retórica y buenas intenciones- prácticamente en su totalidad al pago de la monumental deuda externa. Ese superávit destinado a los pagos externos sólo se mantiene sobre la base de renta de la tierra y salarios bajos.

Resulta curioso que sea hoy el propio Kicillof el que aplaude las negociaciones de Néstor Kirchner ante los fondos buitres.