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La_EA_desde_AdentroGabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA, 1984) y Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina (UCA, 1990). Su campo de especialización es la metodología de la economía, y en particular la epistemología de la economía de la Escuela Austríaca. Sus trabajos de investigación han sido publicados en español e inglés en diversas revistas académicas de Argentina, Chile, España y Estados Unidos, ocupando el cargo de Director del Departamento de Investigaciones de ESEADE en el período 2003 a 2006. Su trayectoria docente incluye a diversas universidades de la Argentina y el exterior como la Universidad Austral, la UCEMA, la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), la UNSTA y la Universidad Francisco Marroquín (UFM). En la actualidad es Director Académico del Instituto Acton Argentina. Ha publicado alrededor de veinte libros, entre los que se destacan “El método de la economía política” (1997), “Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la praxeología” (2004) y “La economía de la acción humana” (2009).

AR: Para los que no lo conocen… ¿Quién es Gabriel Zanotti?

ZANOTTI: ¿Quién soy yo? Bueno!, es una pregunta complicadísima para un filósofo. Tal vez lo más importante del propio yo rodea a lo inefable e incognoscible, así que vamos a hacer algo que a Wittgenstein le gustaría: hablar de lo que se puede hablar, de algunas cositas visibles que hacen vislumbrar lo invisible.

En mi infancia fui un niño terrible. Mi padre sólo tenía vagas esperanzas en que yo terminara la secundaria. Luego, Dios sabrá por qué, a los 13 años le pregunté a mi padre por el tema de la pobreza. Me explicó muchas cosas y me dio para leer un librito excelente de J. Fourastié, “Por qué trabajamos”. Pero yo le seguí preguntando infinidad de cosas y entonces me recomendó visitar a Enrique Loncán. Papá no sabía que Loncán había estudiado con Mises en 1964 en la Foundation for Economic Education. Y así, 10 años después, en 1974, yo, cada 15 días, iba al estudio de Loncán a preguntarle mil cosas de economía y, por supuesto, lo primero que leí fueron libros de Rothbard, Hazlitt, Curtiss… Alberto Benegas Lynch (h)… Y aunque no entendía nada, comencé a acariciar las primeras páginas de “La Acción Humana” de Mises.

A los 16 años tuve filosofía como materia en el secundario y me deslumbró. El deslumbramiento no se apagó nunca. En ese mismo año comenzamos a reunirnos con unos amigos en la Cámara de Comercio -ayudados por Armando Braun y Alberto Benegas Lynch (Padre)-[1] una vez por semana para estudiar a los economistas austríacos y al liberalismo clásico. Eso duró unos 6 años.

En 1979 comencé a estudiar filosofía con los dominicos, en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, con lo cual comenzaron a fusionarse dos ADN que en la Argentina no se comunicaban nunca: Santo Tomás de Aquino y Ludwig von Mises. Después llegarían otros autores: Popper, Husserl… Pero siempre alrededor de esos ADN originarios, de cuya cruza Dios sabrá si salió un híbrido, una síntesis o un monstruo, como dicen algunos.

¿Pero quién soy? Creo que soy un filósofo, fundamentalmente, pero eso no responde mucho, porque las imágenes que se tienen de ello son muy engañosas.

Soy alguien cuya vida gira en torno a los problemas existenciales del ser humano: Dios, el alma, la libertad: a partir de ello filosofo y enseño y estructuro toda mi vida personal.

Creo que soy ese. Espero ser ese. Muy curioso, en latín el infinitivo del verbo ser es “esse” (de allí esse, esste y aqquel :-)) ). Por eso, ESSE seguro que no soy. Soy alguien cuya esperanza es el ESSE, pero ese no soy…

AR: Si siendo tan joven lo deslumbraron tantos “economistas”, ¿por qué decidió estudiar filosofía y no economía?

ZANOTTI: Porque el enfoque de estos “economistas” era, como debe ser, filosófico. Ellos hablaban de los principios permanentes de la teoría económica, de los fundamentos últimos de la economía, de su método, de su relación con la ética… Todo o casi todo lo que Adam Smith había hecho que, no de casualidad, era filósofo, profesor de filosofía moral… La separación entre una supuesta “economía” de sus fundamentos filosóficos es fruto de un positivismo teorético y cultural que, precisamente como filósofo, nunca seguí… por supuesto, de los 13 a los 16 yo no podía darme cuenta de estas cosas. Estudiaba “esa” economía y cuando algunos amigos se enteraban de que me gustaba “la economía” me daban revistas llenas de datos, cifras, estadísticas, yZanotti yo obviamente decía “gracias, pero a mí me gusta la economía”, y del otro lado por supuesto me miraban muy extrañados. O sea que yo estudiaba una economía fundada filosóficamente, como debía ser.

Cuando a los 16 tuve mi primer contacto con la filosofía teorética, en un manual para el secundario, me di cuenta de ello… Inmediatamente las cuestiones de las que Mises hablaba comenzaron, no a entenderse perfectamente, pero sí a ubicarse en su lugar, o sea, la filosofía…

AR: ¿Estaríamos diciendo entonces que la “Economía” que se enseña en casi todas las Universidades no aporta mucho para entender el mundo social en el que vivimos?

ZANOTTI: Ante todo quiero decir que tengo gran respeto por toda la historia del pensamiento económico, y por ende también por el paradigma neoclásico no austríaco. A lo cual hay que agregar que estoy de acuerdo con Kirzner en que los austríacos tomaron una progresiva y tardía conciencia de lo que los separaba de los otros neoclásicos, sobre todo con el desarrollo del debate sobre el cálculo económico.

Y hay que tener en cuenta que, como ya he dicho una vez, si Kuhn tiene razón en su teoría de la articulación de paradigmas diferentes, no se va a dar una sustitución del paradigma neoclásico por el austríaco, sino una progresiva “austrianización” del paradigma neoclásico, sobre todo cuando se vaya abandonando cada vez más el presupuesto, aunque sea hipotético, del conocimiento perfecto.

El diálogo entre institucionalistas y austríacos, donde Hayek es un institucionalista más, y el diálogo entre Law and Economics, Public Choice y los austríacos, son síntomas alentadores.

En ese sentido no creo que haya que sustituir drásticamente planes de estudio neoclásicos por austríacos en el medio de las carreras de economía como ya están hechas. Hay que “barajar y dar de nuevo” en el modo en el cual se concibe una carrera de economía. Hay que volver a la tradición de las moral sciences de los anglosajones, de la Historia y la “verstehen” en el pensamiento alemán. Así estudiaron “economía” Menger, Mises y Hayek: estudiaban derecho y ciencias sociales y luego, como una especie de especialización (perdón la redundancia) estudiaban “economía”, o sea, el pensamiento de ciertos autores (Menger, Böhm-Bawerk, Mill, Ricardo, etc). Y para eso estudiaban, también, filosofía. En ese sentido, todos los planes de estudio están mal concebidos, fruto de este positivismo cultural que mata al intelecto y lo convierte en una máquina de cálculo.

Hay que hacer un bachelor de 4 años donde se estudie filosofía, filosofía de las ciencias, historia del pensamiento económico, y por ende, autores neoclásicos, y, por supuesto, los austríacos, directamente de las fuentes, en profundidad. Luego sí, un master, donde se puedan ver ciertas cuestiones más técnicas, incluidos entonces los paradigmas neoclásicos de macro y micro. Pero la carrera de economía, como hoy está concebida, es sólo una memorización de paradigmas prácticos y técnicos, sin historia, ni filosofía, ni nada. Constituye la monstruosa fabricación de técnicos y funcionarios de gobiernos, empresas y organismos internacionales. Por eso, además, el mundo sigue igual.

Efectivamente, nadie que haya sido mentalmente anulado por esos paradigmas puede concebir al mundo sino como esos paradigmas le dicen que es. Creen que el mercado libre sólo sirve para pequeñas cosas, pero como sería intrínsecamente ineficiente en bienes públicos, externalidades y distribución de la renta, entones los gobiernos deben intervenir con todo tipo de políticas: monetarias, crediticias, fiscales, de comercio exterior, etc., etc., etc. Justamente, cuanto más compleja es la realidad social, más se necesita que funcione el orden espontáneo, incompatible con todo tipo de “políticas” denunciadas con precisión por Hayek como constructivismo. Una vez, dando un pequeño curso de Escuela Austríaca, alguien me preguntó, “¿y por qué los universitarios no la conocen?”, y mi contestación fue: precisamente porque son universitarios. Correa, el actual presidente de Ecuador, que va a estatizar y conducir a su país al desastre más absoluto, pero en francés si es necesario, es un perfecto ejemplo de esta situación.

No sé si con esto está contestada la pregunta.

AR: Creo que sí. Pero profundicemos un poco más en su explicación. Considerando que se ha especializado en temas epistemológicos, ¿qué podría decirnos respecto a las diferencias metodológicas de los paradigmas neoclásico y austríaco que recién citó? Y al mismo tiempo, ¿Podemos decir que estas diferencias son la base de las disidencias entre los dos enfoques?

ZANOTTI: En primer lugar, no hablemos de las diferencias epistemológicas entre austríacos y neoclásicos sin antes recordar que hay muchas diferencias epistemológicas entre los austríacos mismos. Comenzando, por supuesto, por un Hayek más abierto al método hipotético-deductivo, para ciencias naturales y sociales, y un Mises aparentemente intransigente con ello. Digo aparentemente porque, como siempre digo, los textos de Mises dejan algunas dudas al respecto, y, por otro lado, la versión más difundida de apriorismo de Mises es la de Rothbard.

Se ha olvidado totalmente, por ejemplo, que Machlup defendió el apriorismo de Mises de un modo que Rothbard explícitamente no aceptó (un modo más cercano a Hayek y a Weber).

Estos debates parecen haber aburrido a los austríacos hoy en día pero, obviamente, no es mi caso.

Pero, por otro lado, yo soy partidario, siguiendo a Kirzner, de un paradigma más unificado de la teoría del proceso de mercado, donde Mises y Hayek brindan ambos la carga genética de un mercado concebido como adecuación progresiva y espontánea de expectativas, bajo un marco de racionalidad limitada, falible, dispersa. Ello genera, a su vez, un enfoque más unificado de los presupuestos filosóficos, tanto en teoría del conocimiento como en epistemología, porque esa teoría económica tiene que incorporar, como supuesto básico, y no como hipótesis auxiliar, el conocimiento disperso de los “decision makers” en el mercado. La dificultad se concentra, empero, en el fundamento filosófico de ese conocimiento disperso, y yo estoy ahora investigando sobre todo un fundamento fenomenológico, rescatando la olvidada figura de A. Schutz y también la de L. Lachmann. Pero esto, a su vez, da en la clave de la distinción epistemológica con el paradigma neoclásico. Aún en las versiones austríacas más cercanas al método hipotético-deductivo (me refiero a Hayek y Machlup) lo que las diferenciaba específicamente de Friedman era su adhesión a la importancia de una fundamentación filosófica de la acción humana “intencional”. Machlup la veía nuevamente en Weber; Mises en Kant; Hayek, de algún modo, tenía la suya propia en “The Sensory Order”; Rothbard y sus seguidores en Aristóteles, pero todos ellos, de ese modo, se separaban totalmente del neopositivismo que consideraba a esas cuestiones como pérdidas de tiempo metafísicas. Esto es lo central: el economista formado en el paradigma neoclásico tiene gran respeto, muchas veces -no siempre, claro- por el libre mercado defendido por los austríacos, pero en el mejor de los casos tiene una imagen extraña y lejana de esa necesidad de fundamentación filosófica de la acción humana. Por algo Friedman confesó una vez que nunca pudo entender las preocupaciones epistemológicas de su admirado amigo Hayek.

Efectivamente, es el neopositivismo, practicado, más que teorizado, remanente en el paradigma neoclásico, lo que separa e impide entender a los austríacos. Estos últimos, sin embargo, -y me refiero a las nuevas generaciones- tienen que retomar el camino de la fenomenología que habían iniciado Lavoie y Ebeling, entre otros, porque tanto Mises como Hayek, por su acentuado neokantismo, tienen una coincidencia paradójica con el neopositivismo en sus críticas al pensamiento metafísico. Por ello es una esperanza que el debate epistemológico actual, desde Popper hasta Feyerabend, esté conduciendo a un criterio de racionalidad científica más amplia, que coincide con ese criterio de racionalidad más elástico, típico de la acción humana intencional de los austríacos. Esto fue advertido claramente por McCloskey en su artículo del 83.

Hay mucho que hacer en todo esto, porque de esto depende la auto-comprensión de los austríacos y, por ende, de su supervivencia como escuela diferente a las demás.

AR: En su libro “El método de la economía política” recuerdo haberme fascinado con la adaptación que Ud. hace de las obras de dos filósofos como Popper y Lakatos, y luego tres economistas como Mises, Hayek y Machlup, llegando finalmente a lo que podríamos denominar “un programa de investigación en economía política”. Podría, en primer lugar, sintetizar qué ha tomado de cada uno de estos intelectuales.

Luego, considerando la crítica que los economistas austríacos suelen recibir en cuanto a la carencia de estudios empíricos, ¿cree Ud. que sería posible introducir en este programa de investigación el pensamiento metodológico de Milton Friedman?

ZANOTTI: Si, ningún problema en sintetizar qué he tomado de esos autores, que sea relevante para el método de la Escuela Austríaca. Con respecto a Popper no he sido nada original. He tomado sobre todo su noción del método hipotético-deductivo, sobre todo porque ello era necesario para entender a Lakatos. Lo original es que la racionalidad que tomo de Popper no es cuantitativa, sino cualitativa, lo cual permite entender su articulación entre teoría e historia y ello permite, a su vez, entender la noción de predicción que usaba Hayek (pattern prediction) que con la econometría no tenía nada que ver, desde luego.

De Lakatos tomo su noción de programa de investigación, que es fundamental para poder integrar las nociones totalmente a priori (como la praxeología de Mises) con aquellas que no sean deducibles de dicha praxeología (como el aprendizaje en Hayek, el alertness en Kirzner, etc). Además, su noción de “progresividad empírica” tiene mucho que ver con ese tipo de predicción cualitativa que es esencial para el tipo de predicción que hacían los austríacos (Mises las hacía todo el tiempo) pero que teorizó Hayek como dije en su noción de pattern predictions.

Lo que destaco de Machlup es que de un modo que no se termina de valorizar, él adelantó el esquema de Lakatos y lo aplicó directamente a economía. Fue sorprendente y aún hoy su ensayo sobre la verificación en ciencias sociales, del año 55, es un clásico para cualquier curso de epistemología de la economía, austríaca o no. Integra lo a priori de los austríacos y neoclásicos como fundamental assumptions y se distingue del positivismo de Hutchison al aclararle que ningún supuesto del sistema económico puede ser testeado aisladamente con independencia de la visión global del sistema, que es lo que coincide con la noción de programa de investigación de Lakatos.

Rothbard por supuesto le contesta en el 56, con lo cual Machlup quedó sanamente en el medio de positivistas y “misianos practicantes”. Su interpretación de Mises, además, no es la de Rothbard. Ello es interesante porque Machlup y Mises eran contemporáneos, amigos, se conocieron muy bien. No era la mirada que admira del discípulo, que no mira del todo bien. No sé si me explico.

De Mises y Hayek tomo por supuesto su noción de racionalidad amplia, limitada, destacando la praxeología del primero y el orden espontáneo del segundo. Cito mucho también a Kirzner como una versión unificada (como ya dije) de ambos autores. Y tomo de ellos sobre todo el contenido de lo que va a ser el programa de investigación de la Escuela Austríaca. No hay que olvidar que ese libro termina con el tema fenomenológico y hermenéutico, que yo pongo hoy en primer lugar en estos temas.

Friedman no tendría ningún problema con el método hipotético-deductivo de Popper y Lakatos, aunque hay que recordar que Popper difiere radicalmente del instrumentalismo científico, y aún hoy se discute si Friedman cae o no en esa visión de la ciencia.

Lo más importante, creo yo, es que Friedman, como ya he dicho, no podía, desde su propio paradigma, entender las preocupaciones filosóficas de sus amigos austríacos.

Por lo tanto, “este” programa de investigación, no cabe en la metodología propuesta por Friedman. Cabe aclarar, sin embargo, que cuando dialogamos con los chicaguenses, partidarios del mercado libre, desde Popper, Lakatos, Hayek y Machlup, la conversación se encamina más rápido. Desde el paradigma Rothbard-Hoppe, en cambio, la conversación se torna completamente imposible.

AR: Aun teniendo en claro que los economistas austríacos no necesitan verificar o confirmar sus hipótesis empíricamente, ¿Cuál considera Ud. es la causa fundamental por la cual los economistas de esta Escuela, salvo escasas excepciones, no “aplican” sus teorías a los hechos reales?

ZANOTTI: Bueno, hay que aclarar algo muy importante. Los austríacos no utilizan econometría, ni estadística, ni como fuente de sus teorías, ni como corroboración de las mismas. Ok, pero eso no significa que no tengan contacto y-o aplicación con y-o en “la realidad”. Porque lo que está nada más ni nada menos en juego aquí es qué entendemos por “realidad”. Mises, por ejemplo, utilizó como fuente de sus teorías la realidad de la acción humana intencional y falible, y a partir de ello predijo permanentemente ciertos eventos futuros de la Europa de su tiempo, mientras explicaba los presentes y los pasados. Sus predicciones, además, que no eran cuantitativas, se cumplieron siempre, para enojo de los intervencionistas y de los socialistas de su época.

Todos los “lost papers” de Mises, publicados ahora por el heroico y paciente de Richard y Ana Ebeling, muestran a un Mises totalmente empapado en la realidad de su tiempo, explicándola, prediciéndola y acertando siempre.

Lo que ocurre es que para los positivistas, “realidad” es igual a estadísticas, índices, etc. Para los austríacos, realidad es lo que las inter-acciones económicas son. Los austríacos no miden la tasa de interés: la definen en función de la acción humana, que es real en cada ser humano. Y por ello pueden “predecir” que si no hay ahorro no hay inversión. La “aplicación” de ello a cada circunstancia concreta puede implicar, sí, el uso de ciertos instrumentos de medición, pero ellos no son fuente de la teoría ni definen su verdad. O sea, lo que está detrás de este tema es la concepción fenomenológica y hermenéutica que los austríacos tienen de los fenómenos sociales. Nada más ni nada menos.

AR: Pero si un economista austríaco utilizara la herramienta econométrica para mostrar alguna relación de historia económica, ¿estaría éste violando algún principio de su marco teórico? Si la respuesta es negativa, ¿Cuál cree Ud. es la razón por la cual los economistas austríacos no han intentado introducir en sus estudios una herramienta que les ha podido ser útil (como la econometría), por supuesto sabiendo que traspasan la línea del marco teórico, para pasar al estudio de la historia económica?

ZANOTTI: Bueno, creo que el principal problema aquí es la carga de teoría que tiene la base empírica en las ciencias, ya naturales, ya sociales. Es un tema clave en Popper, en Lakatos, en Feyerabend. Cuando yo mido la temperatura de un gas, estoy presuponiendo (carga de teoría) lo que es un gas de acuerdo a la teoría cinética de los gases. Esa presuposición implica que no conocemos los hechos desnudos de carga teorética. Si eso es así en ciencias naturales, mucho más en ciencias sociales. Por lo tanto, si un austríaco dice “hubo inflación”, está diciendo una cosa, pero si eso lo dice un chicaguense, está diciendo otra cosa. Si el austríaco usa el mismo índice (para medir) que un chicaguense o un keynesiano, tiene que tener en cuenta que está presuponiendo la teoría que ellos tienen de la inflación para medirla. El austríaco puede adoptar, de modo espontáneo, lo que Musgrave llamó “neglectible assumptions”, o sea, el supuesto de que ello no tiene mucha importancia, pero puede llegar a tenerla, dependiendo del caso.

Por ejemplo, ¿hubo inflación antes de la crisis del 29 en los EEUU? ¿Si, y cuánto? Pues de esas discusiones depende lo que podría ser una “muestra empírica” de la teoría del ciclo de los austríacos. Esto es muy importante. Creo que habría que desarrollar un modo austríaco de índices de medición. Hasta entonces, usar los que hay con cuidado y prudencia. Por último, en el programa de investigación de la economía puede haber ciencias auxiliares, y los instrumentos de medición pueden ser uno de ellos.

AR: Nos comentaba antes sobre las predicciones cualitativas, o pattern predictions, que Ludwig von Mises, entre otros, ha sabido aplicar en su tiempo “acertando siempre”.  Si tomamos como ejemplo la economía argentina hoy, ¿Qué predicción podemos hacer de los próximos años? Guiado por la teoría económica que enseña, ¿es posible que este crecimiento fuerte de la economía argentina se haga sostenible en el tiempo?

ZANOTTI: Una aclaración importante: Mises acertaba siempre no sólo porque el núcleo central de su sistema era correcto, sino porque sabía tener una adecuada hermenéutica de la complejidad de circunstancias concretas que entran en juego. Era verdaderamente un economista de coyuntura, cosa de la cual se olvidan las generaciones jóvenes que leyeron sólo su monumental Acción Humana. Es importante destacar esto porque puede haber un austríaco que prediga mal, si no sabe ver qué circunstancias específicas son las relevantes o no. Eso no se lo va a decir el tratado de economía de Mises.

Hay cosas que son fáciles, desde luego. Que el “experimento Kirchner” va a salir mal, y MUY mal, es obvio. ¿Pero cómo, de qué modo, cuándo?

Juan Carlos Cachanosky, en 1991, apenas instaurada la convertibilidad, dijo: “no va a funcionar”. Eso es ahora una medalla en su haber (mientras tuvo que soportar la burla o el desinterés de muchos). Pero en 1991 no pudo prever, obviamente, los detalles del desastre del 2001. Yo mismo sabía que iba a haber una devaluación y que iba a haber una corrida bancaria, lo que no preví fue el paroxismo del estatismo que llevó al llamado corralito.

Una circunstancia que ahora hay que tener en cuenta es que muchas empresas multinacionales están acostumbradas, en estos momentos, a invertir en condición de riesgo. Invierten en países de instituciones jurídicas dudosas sabiendo el riesgo que corren. Cuidado con eso, porque es una eventual falsación de la necesidad de instituciones jurídicas estables para el desarrollo.

Creo que la hipótesis sigue siendo correcta, pero su corroboración, en casos como Argentina y Venezuela, se retrasa en años, y no sólo por las condiciones favorables aleatorias de su comercio exterior (soja y petróleo respectivamente).

Como conclusión: hay que tener muy en cuenta lo que Machlup llamó assumed conditions (tipo de mercado, tipo de instituciones, tipo de política económica) en cada caso concreto, y ello no es nada fácil…

AR: Ya que comentaba la predicción de Juan Carlos Cachanosky de 1991, también debemos destacar que su hermano, Roberto Cachanosky, en un artículo de 1999 publicado en el diario La Nación (de Argentina) titulado “¿Qué pasaría si se devaluara?”, sí supo prever lo que sobrevendría en 2001.

Ahora, si los Austríacos en general suelen defender los principios de libre mercado, ¿por qué previeron que “el modelo” de la década del ´90 no sería acertado? ¿Acaso aquel modelo no es un fiel reflejo de lo que los neo-liberales proponen en materia de política económica?

ZANOTTI: Si, estaba a punto de citarte el caso de Roberto pero no me acordaba la referencia. El es un caso importante de un economista de coyuntura que usa las fundamental assumptions austríacas al mismo tiempo que un gran manejo de las herramientas cotidianas de índices y mediciones, junto con un excelente manejo de las assumed conditions. Es un buen ejemplo del método hipotético-deductivo para ciencias sociales según Popper:  conjeturas generales (en este caso Mises, aunque sé que a “Lu” no le hubiera gustado el término “conjetura”….), más condiciones iniciales (equivalentes a las assumed conditions) = predicción y-o explicación de una situación específica. Por otra parte, hay que tener en cuenta que ya en 1999 las circunstancias eran más cercanas para el análisis hermenéutico (fijate que NO dije que “había más datos”). Pero no todos pudieron darse cuenta: precisamente, las predicciones en ciencias sociales (y en naturales también) no tienen nada que ver con máquinas de calcular.

Con respecto a la otra parte de la pregunta, los pocos economistas austríacos que había en Argentina (Alberto Benegas Lynch (h), Cachanosky) estaban más capacitados para advertir las condiciones institucionales que se requieren para la economía de mercado, que los chicaguenses. Por eso se dieron cuenta tan rápido de que las reformas de Menem iban hacia el fracaso. Claro, en 1995 ya más voces se sumaron a las advertencias, pero en 1991 la cosa era más difícil.

Pero es una característica de la Escuela Austríaca la visión global de los problemas. Para esta escuela, los temas jurídicos no son adicionales a la economía, sino que forman parte de ella.

De todos modos la cuestión es delicada. Lo que digo no obsta a distinguir entre medidas de corto, mediano y largo plazo, y que en determinadas circunstancias no se puede elegir entre todo y nada. Pero la cuestión es que en general, en los 90, aún aquellos que hablaban de corto y mediano plazo no veían claramente el largo plazo, o no creían firmemente en él, y por ello fracasaban por cuanto eternizaban las medidas de corto y mediano plazo.

Ejemplo delicado: alguno me podría haber dicho en el 91 que la convertibilidad era sólo de emergencia y que, después de un año o dos, eliminado el déficit y habiendo hecho todas las reformas jurídicas e institucionales de fondo, se sacaba. Aún así hubiera sido discutible pero, ¿fue ese el caso? Creo que no…

En fin, no quiero seguir porque me salgo de “mis” temas. Pero, como ejemplos, son interesantes…

AR: Volvamos entonces a “sus” temas… En septiembre del año pasado tuvo la oportunidad de dar cierre al “Congreso Internacional: La Escuela Austríaca en el siglo XXI”, organizado por las Fundaciones Friedrich A. von Hayek y Bases, en Rosario, y al que acudieron más de un centenar de intelectuales entre expositores y asistentes de todo Latinoamérica y Estados Unidos. ¿Qué podemos esperar de la Escuela Austríaca a futuro? ¿Es posible una contrarrevolución austríaca semejante a la monetarista de los años 70?

ZANOTTI: En esa oportunidad dije que el futuro de la EA dependía de departamentos de investigación, pagos, en temas estrictamente académicos. Ello, en los países desarrollados, sucede naturalmente con los profesores que hacen carrera docente en departamentos de la universidad. En países como los nuestros, es muy difícil. Las fundaciones habitualmente dan dinero para public policy y sencillamente he visto muy poco convencimiento de que el estudio y la investigación sean necesarios para el progreso. Es lamentable que ello sea así. Escuelas no afines al liberalismo clásico o a la EA tienen muy claro que el dinero es necesario para la investigación; en cambio, no parece así del otro lado. Es una paradoja realmente interesante en personas que declaman luego los incentivos, el mercado libre, no depender del estado, etc.

Por otro lado, aún en lugares con universidades estables, no creo que se de una conversión de los neoclásicos a los austríacos, sino una progresiva austrianización, lenta, del paradigma neoclásico. En eso soy optimista pero va a llevar tiempo. Por otra parte, la “contrarrevolución” monetarista compartía con los otros paradigmas el neopositivismo y cierto constructivismo de base. Con la EA todo es más difícil: aún los economistas austríacos más respetados sufren una radical incomprensión de sus bases epistemológicas. A su vez, por este lado cabe cierto optimismo porque actualmente hay muchas propuestas alternativas en epistemología de la economía. En el Journal of Economic Methodology ello se nota, aunque sus editores están muy influidos por un remanente cultural del neopositivismo, aunque ello no se quiera admitir. En ese Journal, que es uno de los más importantes a nivel mundial, los austríacos no aparecen nunca, excepto por artículos de economía institucional que nombran a Hayek, o por otros artículos donde la EA está citada dentro de los paradigmas alternativos. Una cosa importante fue, hace poco, una crítica de Mark Blaug al libro de Caldwell sobre Hayek, donde lo elogiaba (ello es sencillamente increíble). En fin, son pequeñas cosas, es imposible saber cómo evolucionará o involucionará este tema. Paradójicamente, creo que la mejor manera de contribuir a la supervivencia de la EA es ser medio alarmista, a ver si sus defensores toman conciencia de que una escuela de pensamiento puede convertirse totalmente en historia muy rápidamente. Ello, casi, ya sucedió.

Kirzner recuerda explícitamente que en los 50 no había EA: estaba sólo Mises, olvidado, exiliado, en New York, (sin los bombos y platillos con los que fueron recibidos otros exiliados y socialistas, desde luego) y Hayek, confinado al Comité de Estudios Sociales de la Universidad de Chicago.

Sólo por la heroica templanza de ambos se produjo el revival austríaco a partir del año 74, con los pocos discípulos que ellos formaron (en ese heroísmo hay que incluir a Lachmann). Pero ello es difícil que se repita. Lamento concluir con el chiste de un amigo ateo: que Dios nos ayude. Yo soy creyente, pero sé que Dios tolera los males, por motivos que sólo él conoce. De nuestro lado, sólo queda seguir estudiando.

AR: Hablemos un poco de religión: ¿Qué rol cree Ud. la religión ha jugado dentro de la Escuela Austríaca de Economía? Y considerando que pocos economistas conocen tan bien como Ud. el pensamiento aristotélico, ¿es posible relacionar de forma consistente estas ideas?

ZANOTTI: Creo que de modo directo, no fue mucha la influencia. El aristotelismo de Menger (del cual mucho se debate en cuanto forma y grado) no parece haber tenido relación con ideas religiosas de Menger, aunque en general se admite que también tuvo influencia de economistas italianos que sí parecen haber recibido cierta influencia del pensamiento escolástico, pero no estoy seguro de esto. Böhm Bawerk y Wieser, por otra parte, no parecen haber tenido inquietudes religiosas y sobre Mises y Hayek huelga todo lo que yo pueda decir, su pensamiento es harto conocido como para que mis intentos de relacionar ciertas tesis de ellos con el tomismo haya aparecido como muy insólita.

Pero eso es así, si el enfoque es la relación directa de los fundadores de la EA con el pensamiento religioso. Indirectamente, es muy conocido ahora que ciertos autores escolásticos católicos adelantaron ciertas tesis subjetivistas austríacas. Hayek fue el director de tesis de M. Grice-Hutchison sobre la escuela de Salamanca, y sobre esa misma cuestión han escrito mucho Schumpeter y Rothbard, y, más contemporáneamente, Alejandro Chafuen, M. Novak y Huerta de Soto. De todos modos, que la EA se haya originado históricamente allí es algo que yo no me atrevería a afirmar. Lo que sí yo puedo afirmar es que la praxeología de Mises y el orden espontáneo de Hayek pueden ser perfectamente fundamentados en el pensamiento de Santo Tomás.

Pero ese tema, en el cual he trabajado siempre, no es una tesis histórica, sino teorética. O sea, yo no afirmo que el pensamiento de Santo Tomás haya dado origen a la segunda escolástica y ésta, a su vez, a la EA. Lo que sí afirmo es que se pueden relacionar ambos pensamientos.

Que se puede hacer de modo consistente, si, lo creo, pero no de modo apurado. Hay que hacer una delicada cirugía intelectual. El núcleo neokantiano de Mises y Hayek debe reemplazarse por un ADN tomista, y éste debe ser insertado en el protoplasma de la célula remanente de la praxeología y el orden espontáneo. El bisturí debe ser muy fino, casi electrónico, y Dios sabrá si lo hice bien. La crítica más importante que he recibido, la de Ricardo Crespo, dice que en ese caso no queda nada de Mises ni de Hayek, sino que eso es Zanotti. Es curioso porque es la crítica más elogiosa que he recibido, pero yo debo defender mi NO originalidad: yo no soy el autor ni de la praxeología ni del orden espontáneo.

Y estoy convencido de que un fundamento epistemológico tomista y husserliano es el mejor fundamento para la subjetividad de la EA. De eso estoy convencido y sobre ese tema ha sido mi último ensayo sobre estos temas.

AR: Hace poco he leído un trabajo suyo sobre la “intersubjetividad”, que tradujo al inglés y que entiendo será publicado en el Journal of Markets and Morality. ¿Podría sintetizarnos cuál es la tesis que allí defiende?

ZANOTTI: Bien, es el cap. 4 de “El método de la economía política” ahora convertido en una especie de punto de partida y teoría unificada de mis preocupaciones epistemológicas.

No es fácil de resumir pero lo intentaré. Los austríacos han hablado siempre de la teoría subjetiva, y cómo todo ello “unifica” la teoría de los precios, el valor de los bienes de consumo y de producción, la moneda, etc. Pero muchas veces se ve ello como un fenómeno “particular” de la economía, sin que afecte a otras ciencias sociales o a otras ciencias o a la teoría del conocimiento en general. Ahora bien, el gran aporte de Husserl fue que las interacciones sociales conforman el mundo “intersubjetivo”, o sea, relaciones entre sujetos, entre personas. Schutz, discípulo de Husserl y Mises, aclaró que cada una de esas interacciones puede ser analizada en sí misma (en su esencia, diría Husserl) en función de los “fines” de los sujetos interactuantes, no arbitrarios, sino que definen la naturaleza de la interacción en cuestión: la moneda, por ejemplo, es una mercancía que se utiliza “para”….. Y así con todos los fenómenos sociales. Ello es lo que permite el análisis teorético del “mundo de la vida”: el mundo intersubjetivo, mundo donde ya no hay sujeto en frente de un objeto, sino “persona y mundo”: una persona que vive en el mundo, porque el mundo ya no es algo físico, sino que mundo es el conjunto de las relaciones intersubjetivas que constituyen la realidad en la cual habitamos. Este mundo de vida es la base del tema de los “horizontes” culturales e históricos de los que habla Gadamer, y que constituyen la base de la hermenéutica (interpretación). Y esto es muy importante porque dentro de la EA, Schutz y Lachmann vieron claramente la importancia de la “comprensión” como clave epistemológica de la EA (más claramente que Mises), y debo aquí decir que el que trató de llevar adelante este programa de investigación fue Don Lavoie (fallecido en el 2001), de modo constante, pero le faltaba algo para evitar el sesgo relativista que había tomado la hermenéutica continental, que causó la alarma de I. Kirzner (ni qué hablar de los miseanos-rothbarianos). En cambio, creo que esto puede ser llevado nuevamente adelante volviendo a insertar los horizontes de Gadamer en el mundo de vida de Husserl, que de relativista no tiene nada, sobre la base, también, de la acción intencional en Santo Tomás. Esto implica tres cosas más: una, que en principio se supera la dialéctica entre lo cultural y lo universal, porque, así como toda naturaleza humana no se reduce a cada ser humano en particular, pero está totalmente en cada ser humano (esto es de Santo Tomás), la naturaleza de cada interacción social (“la” moneda) no se reduce a cada moneda en particular (la moneda romana del s. I o el dólar de EEUU del siglo XX) pero está totalmente en cada situación histórica (el oro norteamericano del s. XIX es totalmente moneda). Segundo, esto se extiende también a las ciencias naturales, porque las cosas físicas son vistas en y desde el mundo de vida, con lo cual no hay un mundo social por un lado y un mundo físico por el otro, lo cual implica que el dualismo metodológico debe ser replanteado. Tercero, este análisis fenomenológico de las esencias de las interacciones sociales no se contradice con el método hipotético-deductivo popperiano-hayekiano, porque ese análisis fenomenológico forma parte del núcleo central que luego queda abierto a las pattern predictions en un proceso de corroboración “hermenéutica” (no de imposibles datos empíricos) con las situaciones históricas.

Es mucho más largo, pero para dar la idea central: la subjetividad del valor no es más que un capítulo de la intersubjetividad de todos los procesos sociales, lo cual puede llevar nuevamente adelante el programa de investigación de Don Lavoie sobre EA y hemenéutica, pero quitado ahora todo peligro de relativismo histórico, al basar la cuestión en Santo Tomás, Husserl y Schutz.

AR: Y ya para ir terminando… retrocedamos varios años en su historia.

Nos comentaba al inicio de esta entrevista sobre su contacto inicial con la EA, en la que tuvieron mucho que ver su padre, Enrique Loncan y Alberto Benegas Lynch (padre). Pero hasta ahora no nos ha contado nada sobre aquel grupo que ESEADE supo conformar en sus inicios, dirigido por el Dr. Ezequiel Gallo, y en el que compartía investigaciones junto a los citados Dr. Alberto Benegas Lynch (h) y Dr. Juan Carlos Cachanosky. ¿Qué recuerda de aquellos años? ¿Cuál fue la clave para que surgieran tan importantes intelectuales?

ZANOTTI: Bueno, haber estado en ese departamento de investigaciones fue un regalo de Dios, cuyo valor comprendo cada día más, retrospectivamente mirado.

Eseade, Alberto, Ezequel, todo ello era una isla flotante cultural, o una verdadera contra-cultura en una Argentina autoritaria en lo político y socialista en lo económico. Era como vivir en una especie de embajada del Mises Institute o del NYU en Buenos Aires sin darse cuenta.

A Ezequiel Gallo debo mi introducción a Hayek, a Popper y al debate epistemológico contemporáneo, y gracias a esos años pude terminar el doctorado. En su momento pensé que las cosas podían seguir así, y creo que eso me produjo desilusiones innecesarias. Creo que recién el año pasado he llegado a la conclusión firme de que sostener esos institutos en la Argentina es culturalmente imposible. Quienes estaban allí, por otra parte, eran brillantes. Juan Carlos Cachanosky, con historia del pensamiento económico; Fredy Thomsen y Alfredo Irigoin con teoría de la empresarialidad y el desarrollo; hasta 1985 estaba además Alejandro Chafuén. Todos habían estudiado con Sennholz o con I. Kirzner. Ellos habían sido fruto, a su vez, de Centro de Estudios sobre la Libertad, dirigido por Alberto Benegas Lynch Padre, quien les consiguió las becas para estudiar ya sea en Grove City o en NYU con Kirzner. Por allí pasó también Ivo Sarjanovic.

Más adelante se incorporaron Ricardo Rojas y, tiempo después, Enrique Aguilar. Ezequiel seguía estando, pero el grupo inicial ya se había disgregado.

¿Por qué se disgregó el grupo? Bueno, esa es la mala noticia. Ninguno de ellos tuvo (especialmente a partir de los 90) los incentivos normales que se requieren para dedicarse a la vida académica. Algunos de ellos siguieron adelante como pudieron pero obviamente la historia hubiera sido muy distinta con otros incentivos. Creo que es una severa advertencia para los que se dedican a poner y buscar fondos para nuestras ideas en Argentina. No han logrado un departamento de investigaciones sostenido en el tiempo, a largo plazo. Y no lo han logrado no por falta de fondos sino porque sencillamente no lo ven. Trágico como es, es así.

AR: Creo que esas mismas sensaciones que Ud. describe, son las que hemos experimentado los investigadores que hasta hace unos pocos meses supo dirigir en el ESEADE, y que hoy se concentran en el Departamento de Investigaciones de la Fundación Friedrich A. von Hayek. Creo que la semejanza entre aquel Ezequiel Gallo y de este Gabriel Zanotti es enorme, fundamentalmente por la transmisión de un estudio multidisciplinar del proceso social, donde cada intelectual se ve enriquecido de los aportes que los otros investigadores aportan de sus respectivas materias. ¿Qué opina al respecto?

ZANOTTI: Creo que la similitud consiste en que Ezequiel es historiador y yo soy filósofo, y por ende, ambos estamos en condiciones de ver a la EA desde su lugar: la filosofía y las ciencias sociales. Esa es la clave de la interdisciplinariedad, tan declamada pero imposible de practicar por otros paradigmas, debido al positivismo remanente en el positivismo dominante.

Un gran maestro que tuve, el P. Francisco Leocata, me decía que muchos cursos de filosofía que se piden en ciertos ambientes son vistos como un lujo, como una especie de decoración que cubre las paredes de otro gran edificio, pero de ningún modo la filosofía es vista como los cimientos de ese edificio.

Ello es así obviamente en el núcleo central de la economía neoclásica dominante. En la EA, en cambio, la filosofía es el cimiento, la base del edificio, y por ello los temas metodológicos y epistemológicos son sencillamente centrales en Mises y Hayek.

De todos modos me gustaría aclarar algo… Te agradezco enormemente la comparación con Ezequiel Gallo, pero… No llego a su altura de ningún modo. Pemitime contarte una pequeña anécdota intelectual de esos años.

Cuando entré al Dpto de Investigaciones, yo había estudiado mucho a Mises y Rothbard, pero muy poco a Hayek. Ahora bien, a mí me gustaba escribir, y Ezequiel lo estimulaba todo el tiempo. Así que, lleno de inventivos, escribí un pequeño paper sobre Hayek. Por suerte no queda de él ni siquiera una copia impresa. Una de sus “geniales” frases era “un disparate total”. El paper no llegó ni siquiera a la etapa de discusión. Sencillamente Ezequiel, en silencio, vino con un lápiz rojo, me señaló la frase y me dejó el lápiz en la mano, y se retiró, también en silencio, con una sonrisa pícara. Eso fue todo.

Así me puse a estudiar Hayek…

AR: Y ahora sí… como última pregunta: ¿encuentra similitudes entre aquel grupo de investigadores que dirigió Ezequiel Gallo y el grupo que Ud. supo dirigir en el Departamento de Investigadores del ESEADE? ¿Es posible que de este grupo de jóvenes surja un nuevo Mises, un nuevo Hayek, que le de el vuelco de tuerca que le está faltando a la Escuela para hacerse reconocida por todo estudioso del proceso social?

ZANOTTI: Esta vez te voy a contestar de manera corta pero sustanciosa: esa es mi esperanza. No me pongo ansioso si no sucede: esta cuestión, como todas, trato de dejarlas en la Providencia, pero uno de los sentidos de mi existencia es formar gente para que sigan adelante con la EA. Es mi voluntad: roguemos que sea la voluntad de Dios.

[1] He nombrado personas que ya han fallecido: mi padre (Luis Jorge), Enrique Loncán, Armando Braun, Alberto Benegas Lynch (padre). Que Dios las tenga en su Gloria.

* Entrevista desarrollada por Adrián Ravier, en Buenos Aires, en febrero de 2007. Publicada originalmente en el Volumen I del libro “La Escuela Austriaca desde Adentro”, Unión Editorial, Madrid.