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EA IIGeorge Reisman recibió su Phd en 1963 bajo la dirección de Ludwig von Mises y actualmente enseña economía en la Universidad de Pepperdine. Es autor de El Gobierno Contra la Economía (1979), Capitalismo: Un Tratado de Economía (1996), y varios artículos y ensayos en tópicos de Economía. Fue el traductor al inglés de la obra de Mises Epistemological Problems of Economics (1976). Como presidente de la Jefferson School y escritor del Quarterly Journal of Austrian Economics (QJAE), escribe frecuentemente para la prensa en diferentes temas como la economía de la energía, el ambientalismo, y las políticas antimonopólicas.

AEN: ¿Cómo descubrió que Mises estaba enseñando en Nueva York?

REISMAN: Mi formación en teoría económica era bastante buena cuando ingresé en la Universidad. Tuve mi introducción a la economía cuando tenía once años, allá por 1948. Vi un documental corto en un cine, donde señalaron que EE.UU. tenía 6 por ciento de la población mundial pero producía un 40 por ciento de la riqueza del mundo. Quedé impresionado.

Entretanto, leía una buena revista: The Journal American editada por Westbrook Pegler y George Sokolsky la que me proporcionaba una voz distinguida. Así fui desarrollando mi pensamiento político, pero cada vez era más consciente que pertenecía a la minoría.

AEN: ¿Así que usted no estaba consiguiendo esto en la escuela?

REISMAN: Estaba en séptimo grado de la secundaria Juana de Arco, y mi maestro nos dijo que le hubiera gustado vivir en el distrito representado por Vito Marcantonio, quien era prácticamente un comunista. Así reconocí que estaba siendo educado en la línea del liberalismo de izquierda. Una vez traje a colación aquel punto sobre la productividad americana que había visto en la comentada película. El maestro se acercó a mí y dijo: ¡Sí, pero 10 por ciento de la población posee el 90 por ciento de la riqueza!

Todos mis compañeros de clase eran de izquierda. Nuestras encuestas de clase mostraron un apoyo aplastante por los Demócratas. Al principio pensé que eran simplemente las personas que me rodeaban, o quizá era Nueva York. Pero entonces fui al campamento de verano en Maine, al que asistieron personas de todas partes, y ellos también defendieron la perspectiva de izquierda. Después de eso, comprendí que prácticamente todos eran de izquierda.

Ese verano, en el campamento, recuerdo que me impactó una biografía de Julio César escrita en el siglo XIX. El autor hizo un comentario sobre cuánto el gobierno de César había interferido en las vidas de los ciudadanos romanos. Pero en este país, el autor continuó, las personas comprenden que no importa lo que el gobierno pueda hacer por ellos, sino lo que le haga a ellos. Ese comentario reforzó mi sentido de que había una tradición en pro de la libertad en alguna parte. Yo sólo debía encontrarla.

AEN: Pero a los 11 años de edad usted encontró dificultades para hacerse de la literatura que respaldara sus intuiciones.

REISMAN: Sí, pero seguí buscando. A la edad de trece accedí a la obra de Joseph Schumpeter, Capitalismo, Socialismo, y Democracia. Había allí una declaración de que el socialismo parece ser superior en los papeles, pero que no funciona en la práctica. Quedé pasmado.

Si usted dice “en los papeles”, eso significa hasta donde nosotros podemos saber y podemos entender. Supe que eso no podía ser verdad.

Leí entonces el trabajo de Carl Zinder, Capitalism the Creator. Pero parecía ser simplemente un análisis estadístico. Yo estaba buscando la argumentación lógica.

Así fue que utilicé mi dinero del cumpleaños para comprar La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, libro que se promocionaba ampliamente como una defensa del capitalismo. Pero no llenó mis expectativas. Me sentía sumamente decepcionado.

Mientras tanto seguía rodeado por el Marxismo, y el prefacio del socialista Max Lerner, me hizo comprender que Smith, con su teoría del valor, estaba simplemente preparando el campo para Marx.

En el otoño de 1950, entré en la escuela secundaria de Stuyvesant. George Sokolsky tenía un programa de radio nocturno. En una de estas transmisiones, mencionó una revista titulada The Freeman. La compré, y en ese número estaba el artículo de Mises “Lord Keynes and Say´s Law”.

Ese fue mi primer acercamiento a los escritos de Mises. Por primera vez pude ver que alguien estaba defendiendo, muy enérgicamente, el capitalismo.

AEN: ¿Quién estaba luego en su lista de lectura?

REISMAN: Escogí una historia del pensamiento económico que describió a David Ricardo como un “ferviente defensor del laissez-faire”. Entonces pensé: “¡Bien, tendré que darle una oportunidad!” Pero de nuevo, quedé decepcionado y me concentré en el capítulo de la teoría del valor que parecía de nuevo una teoría pre-Marxista. Su capítulo sobre la renta de la tierra era bastante bueno y había algunos argumentos interesantes. Pero no era suficiente.

Allí aprendí que Jeremy Bentham había escrito una defensa de la usura, la cual quise leer porque parecía encajar con mis intuiciones. Pero resultó ser un libro demasiado caro. Obtuve entonces State in Relation to Labor, de Jevons, el cual es un buen libro. Tenía muchas críticas buenas a los sindicatos lo que me permitió estar en posición de contestar a mis maestros.

Luego leí su Teoría de Economía Política, y tuve entonces mi primera exposición a la utilidad marginal, y así la respuesta a la teoría del valor trabajo.

Entonces volví a Mises, e intenté comprar su libro Socialismo. Esto fue en 1951, y había una edición completamente nueva. Pero aun no pude acceder a él. Un año más tarde, compré el libro y pude leerlo. Fue fascinante.

Recuerdo haber leído ese libro a las escondidas, durante las clases, guardándolo en mi cajón y sacándolo furtivamente para darle una mirada cuando podía. Leer ese libro fue la más brillante experiencia que tuve hasta ese momento. Comprendía un punto detrás del otro. Es un libro dominante.

AEN: ¿Usted todavía leía The Freeman por esos días?

REISMAN: Sí, y entonces Henry Hazlitt escribió mucho de su material editorial. Mientras él fue el editor, la calidad era excelente. Lo leía de punta a punta. Desgraciadamente, tuvo algunos problemas y abandonó el cargo en 1953. La calidad de la revista nunca fue la misma.

En la primavera de 1952, yo había sido transferido a la escuela secundaria de Bronx High School of Science, donde teníamos unos debates políticos simulados. Estaba hablando en nombre de Robert Taft, antes de la convención, induciéndole posiciones que sólo podríamos desear que él realmente hubiera sostenido. Un personaje, con un sombrero llamativo, se acercó a mí. Yo estaba acostumbrado a una hostilidad constante, y entonces le pregunté: “¿Qué hay en su mente pequeña?” ¡Bien, quedé asombrado cuando resultó que él también defendía a Taft! Él también resultó ser el joven Ralph Raico, el historiador que esta semana estará aquí para una conferencia.

Ralph y yo hicimos un buen equipo. Preparábamos una mesa en la calle cerca de la Biblioteca Pública de Nueva York e invitábamos a la gente a debatir con nosotros sobre política. El acostumbraba hacer chistes de que uno de nosotros podría ocupar el lugar del otro en el medio de una discusión. Fue una gran experiencia, y mucha diversión.

AEN: Usted todavía no se había encontrado con Mises.

REISMAN: No, pero él estaba viviendo en Nueva York. Cuando tenía quince años, Ralph y yo decidimos que intentaríamos encontrarlo. Inventamos un plan. Nos presentaríamos como vendedores de la suscripción de The Freeman. La idea era comprometerlo para que hablara con nosotros. Así que caminamos hasta su apartamento y tocamos el timbre. Mises contestó la puerta. Estaba en esmoquin preparándose para salir a cenar. Le comentamos que estábamos vendiendo las suscripciones de The Freeman. Y dijo:

“Yo tengo The Freeman.” ¡Y cerró la puerta!

Por supuesto, nos sentíamos muy mal. Mises debe de haber pensado que la publicación tenía niños alrededor de la ciudad molestando a la gente para que se suscriba.

AEN: Así que tuvo que encontrar alguna otra alternativa para conocerlo.

REISMAN: Sí, y algunos meses después, decidimos hacer las cosas correctamente. Fuimos a la Foundation for Economic Education (FEE), e Ivan Bierly estuvo de acuerdo en arreglar un encuentro. El día fue el 23 de febrero de 1953. Recuerdo esa fecha porque él [Mises] lo escribió en mi ejemplar de La Acción Humana. Tuvimos una extensa conversación, y nos invitó a ambos a participar de su seminario, bajo la única condición de que no hiciéramos ruido.

AEN: ¿Recordó el encuentro anterior?

REISMAN: Afortunadamente no.

AEN: Ustedes dos debieron haber sido los miembros más jóvenes del Seminario de Mises.

REISMAN: Sí, pero había otros jóvenes. Murray Rothbard tenía 26 años y cursaba su doctorado en la Universidad de Columbia. Recuerdo que una vez que ingresé a Columbia, tuve que faltar a unas sesiones del seminario debido a mis trabajos de clase. Murray me llamó por teléfono para alentarme a que regresara.

Asistí al seminario de Mises durante 1960, al que concurrían profesionales y hombres de negocios de distintas ramas, además de los estudiantes de la Universidad de Nueva York, y nuestro grupo del Círculo de Bastiat. Además de Murray, Ralph y yo, estaban Robert Hessen y Leonard Liggio, entre otros.

En cuanto al propio Mises, era un gran caballero, increíblemente erudito. Recuerdo una de las reuniones en la Casa de Gallatin, cuando llegué un poco temprano, y Mises bajó desde el tercer piso. Me sentaba bastante lejos de él. Era muy consciente que estaba en presencia de una de las mentes más brillantes de todos los tiempos.

AEN: ¿Era consciente Ud. que Mises no estaba siendo tratado muy bien?

REISMAN: Todos sabíamos que era injusto que no tuviera una posición académica más importante. Pero la causa era obvia. Mises era el más grande defensor del capitalismo en un tiempo de anti-capitalismo desenfrenado. Todavía vivimos esta injusticia.

A veces Mises se volvía muy pesimista. Recuerdo una conversación que tuvimos en 1960 cuando le dije que pensaba que estábamos aumentando en número. Mises no estaba de acuerdo.

Recuerdo un comentario que hizo de que sus escritos eran como Pergaminos en el Mar Muerto que alguien encontraría mil años después.

No era consciente entonces de su propio dolor personal y su sufrimiento. Recuerdo una discusión que mantuve con él en una parada de colectivo. Le comenté lo mucho que me había gustado su libro Planificación para la Libertad. Dijo que posiblemente el libro necesitara ser actualizado, pero que la mayoría de las personas parecía estar más interesada en lo que Lenín tenía que decir. A pesar de estos momentos de tristeza, él los superó. Para mí, Mises era un ejemplo como maestro y como persona.

AEN: Mientras Mises escribía su Teoría e Historia (1957), ¿discutía su libro en su seminario?

REISMAN: En aquellos días el seminario trató principalmente temas de epistemología, pero normalmente no promovía su propio trabajo. A la pasada mencionó que estaba trabajando en un nuevo libro, pero no que trataría estos temas. Normalmente disertaba durante unos treinta minutos y luego lo abría para las preguntas y la discusión. Las clases empezaban a las 7:25 P.M. y terminaban a las 9:10 P.M. Éste era el formato standard en la Universidad de Nueva York.

AEN: Su tesis de Maestría fue titulada “Los Economistas Clásicos y los austríacos sobre el Valor y el Costo.”

REISMAN: Sí, la presenté en la primavera de 1959. Lo escribí como una respuesta a los tiempos que viví en Columbia. Después de haber leído a Mises, sentía que podía contestarle a todos mis maestros Marxistas del secundario. Pero aun sentía que no estaba preparado para responder a mis maestros de la universidad. Ese era mi nuevo desafío.

Ahora mi objetivo principal era terminar mi doctorado. En tan solo un año y dos veranos pude completar todos los cursos. Obtuve veinte créditos por semestre. También contaba con sesenta unidades de trabajo por la carrera de grado del otoño de 1958. Entonces tuve ciertas diferencias con Murray. Ese episodio produjo un dolor muy personal en mí, y en Murray también.

Mi idea original era escribir mi disertación sobre la teoría de la imputación. En algún momento decidí que debía escoger un tema que me exigiera leer sólo a buenos autores y leer toda la bibliografía en la materia. Quise entonces leer a los economistas clásicos otra vez, incluidos Smith y Ricardo, además de Menger y la mayor parte de Böhm-Bawerk. Así fue que volví a reflexionar sobre los economistas clásicos. Habiendo leído a todos estos autores, sentía que había aprendido mucho, pero en aquel momento aun no estaba preparado para decir qué. Fue como estar intelectualmente embarazado.

AEN: Y éste fue el principio de su trabajo sobre la ganancia.

REISMAN: Sí, porque en julio de 1959, pude repentinamente contestar una serie completa de preguntas que había acumulado. Lo que activó todo fue el libro de Hazlitt, El Fracaso de la Nueva Economía. Allí el autor introdujo una larga cita de John Stuart Mill de por qué la demanda de los productos no representa la demanda de trabajo. Entonces fue que empecé a unir todo.

En el fondo aquí nació una vieja disputa que mantuve con Murray acerca de si la tasa de interés y la tasa de ganancia tenían que tender a caer como consecuencia de la acumulación de capital. Yo me encontraba incómodo con esta idea. Me preguntaba qué sería necesario para obtener una importante acumulación de capital, sin una tasa de ganancia que tienda a caerse. Pude construir un grupo de supuestos y un “modelo”, y finalmente cambié el tema de mi disertación sobre la imputación por lo que se volvió “La Teoría del Interés Originario.”

AEN: ¿Cuán envuelto estaba Mises en este proceso?

REISMAN: Él no se involucraba. Escribí mi disertación completa y la presenté terminada. Eran 640 páginas. Mi tribunal estaba conformado por Mises, Joseph Keiper, William Peterson, y Harvey Segal. Segal la rechazó rotundamente. Quedé aturdido. De hecho, viví ciertos desengaños después de presentar esta tesis. De esperar ser elegido Presidente de la American Economics Association, pasé a dudar en ciertos momentos de que algún día obtendría mi doctorado. Uno de los motivos que me hizo llegar Segal fue haber citado a Böhm-Bawerk en alemán cuando estaba disponible en inglés. Yo sabía entonces que la obra se encontraba traducida al inglés, pero particularmente no me gustaba la traducción. Para darle el gusto revisé la disertación. Agregué treinta páginas al principio y treinta páginas al final, y quité una parte grande del resto. Hice sólo un cambio terminológico: cambié “interés originario” por “ganancia”. Segal regresó entonces y dijo que estaba bien, excepto por las primeras treinta páginas, y que no había leído las últimas treinta. Incluso hoy, tengo el manuscrito original en una caja fuerte.

AEN: ¿Cómo respondió Mises a este episodio?

REISMAN: Mises sabía lo que estaba pasando y me recomendaba que no le preste atención. Recuerdo que hubo un tiempo en que Mises intentaba consolarme, y me decía que pronto me convertiría en el editor de un nuevo journal y no tendría que seguir soportando estos rechazos. Por su parte, Mises consideraba a Segal como un marxista. Eran tiempos difíciles y durante años consumí mi tiempo para contestar a Segal. Murray, también fue tratado muy mal por Arthur Burns, quien luego se puso a la cabeza de la Fed bajo la presidencia de Nixon.

Sé que Mises debe de haber tenido algunas diferencias con mi teoría, pero después de unos años tuve la oportunidad de brindar una conferencia titulada “Una Crítica Ricardiana de la Teoría de Explotación” y Mises estuvo muy entusiasmado por la misma.

Otro capítulo de mi disertación era un artículo al que titulé “la Producción versus el Consumo.” Era una versión moderna de las ideas clásicas. Se lo envié a Henry Hazlitt, quien estuvo sumamente entusiasmado y ansioso para su publicación en The Freeman. A Mises también le gustó, lo cual lo interpreté como la aprobación de mi tesis general.

AEN: ¿Cómo conoció a Ayn Rand?

REISMAN: La conocí a través de Murray. Después del seminario de Mises, a menudo volvíamos al departamento de Murray. En uno de estas ocasiones, él nos comentó sobre sus reuniones con Rand. Ella parecía muy interesante, pero al mismo tiempo prohibitiva. Todos estábamos interesados en conocerla. Murray se rehusaba a concertar una reunión porque de algún modo él temía ese momento.

Finalmente, la conocimos la noche de un sábado de julio de 1954. Fue una larga noche a puro debate. Murray, Ralph Raico, Leonard Liggio, y Ronald Hamowy estaban allí. Discutimos la teoría del valor moral, entre otros temas. Yo fui uno de los que presentaba la mayor parte de la argumentación. Murray encontraba esto muy entretenido porque ya había tenido que pasar por la misma situación un tiempo atrás. Estuvimos allí hasta las 5:00 A.M.

AEN: ¿Cuándo regresó?

REISMAN: La semana siguiente ella nos invitó a todos para un segundo round. Lo encontré muy desagradable. Su posición en la teoría de valor era muy ingenua. Pero también comenzaba a ser consciente de que no podía superarla. Constantemente estaba llevándome hacia puntos donde no quería ir, lo que me dejó profundamente impresionado. Pero alguna hostilidad se desarrolló, y no la volví a ver hasta después de la publicación de La Rebelión de Atlas.

Entretanto, algunos empezaron a asistir a las reuniones de Leonard Peikoff cuando comenzó a disertar sobre el Objetivismo. Esto debió haber sido entre 1955-1957.

Robert Hessen estaba trabajando en una biblioteca en ese momento, y estaba en posición de pedir de antemano algunas copias de Atlas. Tuvimos alrededor de diez copias semanas antes de que llegara las librerías. Creo que no hice otra cosa por los siguientes tres o cuatro días, más que leer Atlas. Fue por lejos el libro de ficción más excitante que había leído jamás. Constantemente Murray y yo hablábamos sobre él. Mises también se impresionó con esta obra. Fue un tiempo muy excitante, y la idea de que un libro pro-capitalismo se convirtiera en un éxito popular nos llevó a rebozar de optimismo.

AEN: ¿Cuándo empezó a escribir su propio tratado, Capitalismo?

REISMAN: Parte del material es de mi disertación, y de mi primer libro, El Gobierno Contra la Economía. Empecé a trabajar conscientemente en él en 1980. Escribí un extenso preliminar, y empecé a escribir el libro en la primavera de 1981. Entonces interactuaban constantemente mi escritura, mi enseñanza, y mis conferencias en la Jefferson School. Estas conferencias fueron sobre Objetivismo y Economía. Siempre consideré importante escribir todas mis conferencias, y haciéndolo, estaba efectivamente escribiendo mi libro. Finalmente tuve un bosquejo terminado en 1990. Editarlo y revisarlo fue un tremendo trabajo.

AEN: ¿Dadas las distintas influencias de su pensamiento dónde se ubicaría dentro de la tradición de la Escuela Austríaca?

REISMAN: Soy parte de esta tradición, pero también veo el mérito en intentar integrar la misma con algunas ideas que encontré en la tradición clásica. Por ejemplo, hay un trabajo importante de Böhm-Bawerk que representa un paso hacia esto. El fue ciertamente el creador de la teoría austríaca de los precios, pero no aceptó un principio general que vino a definir la renombrada ortodoxia austríaca. Él declara claramente que hay muchos casos en que el costo de producción es el determinante de los precios, tal como lo explicaban los economistas clásicos. Pero si usted pregunta luego cómo se determina el costo, entonces nos volvemos hacia la utilidad marginal. No es verdad que en todos los casos, el precio del producto determina los precios de los factores de la producción.

AEN: ¿Dónde explica esto Böhm-Bawerk de la forma más completa?

REISMAN: Ambos en su obra “Capital e Interés” y en su “Valor, Costo, y Utilidad Marginal”, que actualmente estoy traduciendo al inglés. Espero presentar un artículo en la próxima Austrian Scholars Conference sobre este tema. Aplicaré la distinción de Mises entre las doctinas esotérica y exotérica[1], que a veces son diferentes. Creo que es correcta la visión austríaca del costo. La versión típica que se considera -de que el valor del producto es siempre determinado por la oferta y la demanda y nunca directamente por el costo real- corresponde en verdad a Jevons, no a Böhm-Bawerk, y tampoco a Wieser.

AEN: ¿Podría dar un ejemplo?

REISMAN: Si usted abre el capot de un automóvil, verá varias partes individuales que si estuvieran dañadas individualmente impedirían el correcto funcionamiento del mismo. Está la correa del ventilador, un carburador, un encendido, entre muchas otras partes. No hay ninguna forma en que usted pueda independizar el valor de esas partes del valor del automóvil, porque tendría que atribuir el valor entero del automóvil una y otra vez. Cuando usted va a comprar un repuesto, digamos un carburador, usted sólo paga por un fragmento diminuto de la utilidad que se deriva de él. Usted paga $20, pero restaura el valor completo de un automóvil de $20,000. En este caso, el valor del automóvil no se imputa a través de esta parte que lo hace funcionar. Usted está pagando sólo el costo de producción del carburador. Lo que determina el costo de producción es el valor de productos marginales alternativos en cualquier otra parte de la economía.

AEN: En Capitalismo, usted dice que la determinación del precio por el costo es simplemente un caso de la ley de utilidad marginal.

REISMAN: Efectivamente. La utilidad marginal determina el valor de las cosas que constituyen el costo, y entonces el costo determina el valor de los productos supra-marginales. Esto viene a reflejar el valor del producto marginal. De nuevo y de nuevo en la economía de mercado, usted no tiene que pagar un precio que supere su utilidad marginal directa. Usted paga un precio que corresponde a la mucho más baja utilidad marginal de otros productos producidos por los mismos medios de producción. Como mi larga cita a Böhm-Bawerk en Capitalismo (pp. 414-16) demuestra, el costo es lo que comunica al mercado individual el estado de oferta y demanda y la utilidad marginal a lo ancho del mercado del factor.

AEN: ¿Tiene usted una perspectiva crítica de la inconsistencia de Böhm-Bawerk acerca del interés?

REISMAN: En este caso, realmente hay una contradicción en Böhm-Bawerk. Después de establecer que la preferencia temporal es la explicación del interés, él vuelve a la teoría de la productividad que él mismo ya había refutado. De hecho, abandona la preferencia temporal en una nota a pie de página.

Al principio se refiere al valor subjetivo más alto por los bienes presentes. Pero entonces agrega que para las personas que tienen una riqueza abundante y están ahorrando para el futuro, la satisfacción marginal para aprovisionar para el futuro excede la satisfacción marginal adicional para aprovisionar para el presente. Esto suma a una refutación de la teoría de la preferencia temporal.

AEN: ¿Considera usted que la preferencia temporal es el único determinante de la tasa de interés?

REISMAN: Indirectamente es el determinante más importante de la tasa de interés. Pero no de un modo directo. Lo usual es empezar con el valor de los bienes de consumo, y luego aplicar una tasa de descuento al valor de estos bienes para llegar al valor de los factores de la producción. Yo no creo que esto sea realmente así.

La preferencia temporal es la responsable de causar una mayor demanda para los productos, que la demanda para los medios de producción. Esto implica que más dinero sea gastado en los bienes de consumo que en la compra de los medios de producción. Esto a su vez, hace que el precio de los productos sea más alto que los costos de producirlos. A esto lo llamo la teoría del consumo neto, la cual fue inspirada en gran medida en la visión de Mises de su teoría del interés originario. Hay un pasaje en La Acción Humana en que él propone este problema.

Supongamos que las personas esperan el fin del mundo, como de hecho ocurrió alrededor del año 1000 d.C. No tenían futuro, así que consumirían en el presente sin límites. En estas circunstancias, Mises dice, que la tasa de interés originaria subiría a su nivel mas alto. Estoy de acuerdo con eso, pero también con una pequeña diferencia en su formulación. Supongamos que la gente deja de comprar factores de producción porque deciden acumular todos sus ahorros, y su único gasto es la compra de los bienes de consumo. Como no habría gastos en factores de producción para producir bienes de consumo, el costo del dinero sería cero. Toda la venta sería ganancia y la tasa de ganancia sería infinita. Esto destruye la “trampa de la liquidez” keynesiana, la cual postula la acumulación infinita del dinero en efectivo en paralelo a una tasa de retorno mínima o cero. Lo mismo sería cierto en una sociedad en la que no hubiera capitalistas. Sin capitalistas, todo es ganancia; nada sería salarios. Hayek estaría en lo correcto en que son los capitalistas quienes permiten a las personas vivir como asalariados.

AEN: Desde su punto de vista, entonces, la perspectiva clásica, bien entendida, podría utilizarse contra la perspectiva marxista.

REISMAN: Sí, y pienso que es que una tragedia que los austríacos hayan dejado tan prontamente de lado a los clásicos en campos en los cuales los clásicos los guiaban directamente a Marx. Podría hacerse lo opuesto. Cuando Mill manifiesta que la demanda de productos no es una demanda de trabajo, sino que son los capitalistas los que demandan trabajo, entonces la proposición de Ricardo de que las ganancias aumentan cuando los salarios caen, implica que si no hubiera capitalistas, no habría salarios.

Regresaríamos a la fase temprana de la sociedad y contrariamente a Smith y Marx, implicaría cero salario y toda ganancia.

Por otro lado, cuanto más y más grandes son los capitalistas, mas altos son los salarios y mas bajas son las ganancias. Todo esto está implícito en Ricardo y Mill cuando las ideas principales de ambos son planteadas en forma conjunta.

AEN: ¿Su concepción de la teoría del ciclo difiera de la de Mises?

REISMAN: No de una manera fundamental. Pero diría que para tener una depresión, no es suficiente haber cometido errores porque eso implicaría una contradicción de la Ley de Say. Los desequilibrios en la economía no son suficientes para crear una depresión general. La mala-inversión debe ser expuesta como la causa de la suba generalizada de la demanda de dinero. Sin embargo estoy de acuerdo en que sin una expansión crediticia no se generarían ciclos económicos.

AEN: ¿Sería posible un ciclo económico del estilo austríaco sin la existencia de un banco central?

REISMAN: Si tiene bancos comerciales expandiendo el crédito, entonces sí. Si pueden o no hacerlo, o hasta qué punto, está sujeto a debate.

Podemos decir que bajo un sistema de banca libre sin banco central, habría expansión crediticia. Lo único que detiene completamente los ciclos económicos es un 100 por ciento de reservas, bajo un patrón oro.

AEN: ¿Considera su perspectiva del 100 por ciento de encaje compatible con la defendida por Mises?

REISMAN: Él simpatiza explícitamente con esta posición en La Acción Humana. Emplea esa cita de Cernuschi, en la cual defiende la banca libre para que nadie imprima billetes. Sería maravilloso si funcionara de esa manera. Pero yo tengo mis dudas. En La Acción Humana Mises tiene una declaración que podría tomarse como que volvería a imponer un 100 por ciento de encaje. Estoy de acuerdo con Murray en que nada es más fraudulento, aunque en mi caso soy un poco renuente a imponerlo. Realmente sería una cosa muy sencilla de manejar a través del contrato. Sólo necesitamos ser claros sobre lo que es un préstamo y lo que es un depósito.

Establecer un 100 por ciento de reserva bajo un sistema de patrón oro, de la noche a la mañana es una proposición difícil de hacer. Podríamos redefinir el dólar en lo que se refiere a su relación con el oro, como sugiere Rothbard, pero si tuviéramos libre competencia entre oro y el papel moneda, estoy seguro que estaríamos tomando un paso en la dirección correcta. Hay otros pasos menores que pueden tomarse. Debemos quitar todos los impedimentos a la propiedad de oro, y eso incluye los impuestos sobre su venta.

No debería haber ninguna información o identificación. Necesitamos tener una completa legalización de los contratos de oro, y las cortes deberían darles fuerza. Debemos eliminar todos los impuestos a las ganancias que son el resultado del incremento en el precio del oro. Todos estos pasos podrían ayudar a crear un sistema de precios paralelo, lo cual sería muy eficaz bajo inflación. El incremento en los precios se trasladaría completamente al papel.

AEN: Riqueza y Libertad son dos conceptos vinculados que dominan sus escritos.

REISMAN: Este vínculo no es accidental, porque para adquirir la riqueza se requiere de la protección de los derechos de propiedad. De la misma manera, no es accidental que el socialismo sea totalitario.

Podría imaginar que un socialista sea elegido democráticamente. Pero si quiere establecer el socialismo, la primera cosa que tiene que hacer es robar toda la propiedad en el país. En el camino, se encontrará con alguna resistencia. Entonces deberá tomar una decisión. Porque cualquiera que desee establecer el socialismo en serio debe proceder como un ladrón armado que se prepara para cometer un asesinato. En otras palabras, se toma a los comunistas para establecer el socialismo. Un socialista demócrata no tendrá estómago para hacerlo.

AEN: En el tema del ambientalismo, usted parece ir mucho más allá que su maestro.

REISMAN: Mises tiene algunas discusiones relevantes. Por ejemplo, cuando habla sobre el establecimiento de precios monopólicos de recursos muy escasos que actúan como medios de conservación. Pero principalmente, esta ideología política que llamamos el ambientalismo comenzó en la mitad de la década de 1960. Recuerdo que estaba en San Francisco, en 1967, mientras leía una columna por Eric Severeid. Predijo que el ambientalismo sería el principal movimiento político en la próxima década. Recuerdo que pensé: eso es pretencioso.

Parecía tan ridículo, que no podía entender cómo alguien podría tomarlo en serio. El movimiento entero parecía crecer sobre las objeciones de la Señora Bird Johnson a las carteleras en las carreteras interestatales. Comenzó como un tonto programa político para librarse de los terrenos baldíos porque eran indeseados. Recuerdo que Al Capp tenía una solución para este problema. Quería que Andy Warhol pusiera su firma sobre ellos para así poder llamarlos “obras de arte”. Esto estaba sobre el nivel de respuesta que el problema merecía.

AEN: Pero a tiempo, el movimiento crecería.

REISMAN: Es tan grande que es imposible no formar parte. En esta conferencia del Mises Institute, un estudiante me comentó que como niño fue expuesto a toda clase de dibujos animados anticapitalistas. Estos niños están adoctrinándose, no sólo por los dibujos animados, sino también en la escuela y por la cultura toda.

El problema aquí es filosófico. El movimiento es fundamentalmente antihumano. Eso es lo que lo motiva. Este es un fenómeno mucho más profundo del que se supone. Conocemos a los asesinos en serie, pero cada vez más mentalidades similares ganan impulso político, como ha pasado con los comunistas y los Nazis. Hay mucho odio y hostilidad en muchas personas que están buscando algo a lo cual adherirse.

AEN: Un ataque a la vida humana por medios de otro.

REISMAN: Eso es esencialmente lo que el ambientalismo suma. Es el movimiento político donde el impulso destructivo se ha estacionado. Primero llega el odio, entonces usted tiene un vehículo cultural, como un movimiento político totalitario o una religión demente que permiten y animan a expresar el odio. Intelectualmente, el ambientalismo es nada más que la muerte del socialismo y debe ser mucho más fácil de superar. Los socialistas se hacían pasar como defensores de la ciencia y la razón, y ahora ellos son abiertamente anti-ciencia y tecnología, como ocurre hoy con los ambientalistas.

AEN: Además, ellos tampoco prometen mejorar nuestro legado.

REISMAN: Es verdad que los comunistas siempre clamaron que si estuvieran al mando, mejorarían el legado material de la humanidad. Los activistas ecológicos no ofrecen eso; realmente al contrario, ellos dicen que la humanidad es demasiado rica. Quieren el control colectivista para evitar lo que ellos afirman será la inmensa catástrofe.

Pero su idea de éxito está frustrando el éxito humano. En su perspectiva, el ambiente sólo es destruido por los seres humanos. El caribú se alimenta de las plantas, y eso está bien. Los lobos matan al caribú, y eso está bien. Los microbios matan a ambos, y eso está bien. La única cosa con la que no están de acuerdo es si los seres humanos intentan hacer algo. En su perspectiva, sólo entonces se necesita una protección para el ambiente. Podemos concluir de esto que sólo los seres humanos quedan para después.

AEN: ¿Y qué hay sobre los argumentos económicos?

REISMAN: Podemos distinguir entre dos tipos de recursos naturales: lo que la naturaleza provee y aquello que la naturaleza proporciona, y que el hombre ha aprendido a usar y a hacer accesible.

El mundo físico entero y el universo consisten en nada más que recursos naturales. El uso de estos recursos que el hombre puede hacer accesibles pueden crecer progresivamente.

Menger habla de este problema, demostrando que debemos crear la utilidad de cualquier recurso. Si no lo hacemos, entonces no es un bien y no tiene valor. Mientras más conocimiento y más poder físico ejercemos sobre la naturaleza, mayor se vuelve la oferta de recursos naturales accesibles.

Nuestro uso de los recursos naturales -de los elementos químicos y la energía provista por la naturaleza- no reduce la cantidad física global. Tan solo mejora su relación con nuestro bienestar. Mejoran las condiciones materiales externas de nuestras vidas, lo que significa: mejora nuestro ambiente.

A pesar de toda la propaganda, el mercado ha llevado a inmensas mejoras, como por ejemplo la calidad del aire. El hecho de estar sentado aquí en Alabama, en agosto, en un ambiente climatizado con aire acondicionado es un testimonio real de la mejora en la calidad del aire.

Lo mismo podemos decir de la calefacción central en invierno, y los sistemas de ventilación modernos en cocinas y baños.

Lo mismo con el automóvil, que ha eliminado el hedor de estiércol y la orina de caballo en las calles.

Lo mismo con el hierro y la industria siderúrgica, que hicieron posible las cañerías económicas, las cuales permitieron que las calles dejen de servir como cloacas.

AEN: ¿De qué otros problemas son responsables?

REISMAN: La pérdida involucrada en la fuerte imposición de regulaciones medioambientales es incalculable. Pero hay otros problemas además de éstos. Considere por ejemplo a la OPEP, que está acusada de apoyar el terrorismo. Si no tuviéramos las restricciones a la producción de petróleo habría entonces un aumento significativo en el suministro de petróleo. Para sostener el precio alto, la OPEP tendría que reducir su producción por esa cantidad. Si no tuviéramos restricciones en la extracción de minas y el poder nuclear, entonces éstos serían alternativas que llevarían a reducir el precio por una baja en la demanda de petróleo. Los activistas ecológicos han provocado una mayor demanda y una menor oferta de petróleo. Esto significa que han hecho el trabajo de la OPEP, haciendo que el petróleo sea más escaso y más caro incluso sin que la OPEP tuviera que hacer nada. Lo mismo ocurre con el control sobre los precios del petróleo. Cuando usted tiene un cártel que controla la mitad de la industria, al subir el precio, el control les impide a sus competidores conseguir el beneficio del precio más alto. En cambio, todas las ganancias fluyen hacia la OPEP y no a sus competidores, que se ven impedidos a extenderse.

AEN: Usted ha escrito mucho sobre la escasez de energía en California.

REISMAN: Es completamente artificial. En una economía de mercado, no importa cuán restringida se encuentra la oferta, no habrá escasez mientras el precio esté lo suficientemente alto. Hay pocas cosas tan escasas como los diamantes y el oro, pero no hay ninguna escasez de los mismos. Si nos oponemos a la escasez en la energía entonces necesitamos los precios de mercado más altos. En California, tuvimos una situación extraña en que el precio mayorista podía subir pero el precio minorista no. No había ninguna restricción en la cantidad demandada. Esto es lo que se llama desregulación en California. Es duro creer que pueden escaparse con esto. Tenemos que estar alertas contra aquellos que abusan de nuestro lenguaje para avanzar en políticas que sólo extienden el control gubernamental. A lo largo de estas líneas, recuerdo que un grupo de California que promueve los vales educativos quería que me uniera a su campaña como consejero, pero no pude hacerlo. Me parecía que esto simplemente terminaría extendiendo el alcance del gobierno a las escuelas privadas.

AEN: Uno de los eslogans usado por este movimiento es “la igualdad de oportunidades.”

REISMAN: No hay ninguna forma de alcanzar la igualdad de oportunidades, a menos que todos tengamos la misma herencia genética y nos expongamos bajo las mismas condiciones. Incluso entonces, tampoco lo tendríamos porque no existe igualdad en la voluntad de las personas para usar su entorno en sus propios intereses. En realidad, las personas crean sus propias oportunidades. Yo no tengo ninguna oportunidad de convertirme en el próximo CEO de General Motores, pero quienes tienen la oportunidad son aquellos que han trabajado en un nivel alto de dirección.

Lo que necesitamos es la libertad de oportunidades que permite a todos aprovecharse de cualquier oportunidad que aparezca en el momento. Una ley de salario mínimo es un buen ejemplo de algo que restringe la libertad de oportunidades.

En una sociedad libre, nuestros destinos no son determinados. Me influencié en esto por un libro que leí cuando era niño titulado Lives of Poor Boys Who Became Famous (Sarah K. Bolton [Nueva York: Thomas Y. Cromwell, 1885]). Fue una gran inspiración.

AEN: ¿Qué consejo le daría a los estudiantes?

REISMAN: Lean Mises y Böhm-Bawerk y también lean a los economistas clásicos. Una parte importante empezó con Carl Menger, pero no todo. Los hombres de los siglos XVIII y XIX que viajaban en carruajes y usaban pelucas ya estaban pensando en las ideas que crearon la moderna civilización industrial. Los intelectuales de hoy viajan en avión pero están pensando en las ideas que nos destruirán.

Si miramos atrás en la historia de la ciencia, en los siglos XV y XVI, observamos que fue muy difícil afianzar las propuestas de las ciencias naturales. Vemos las conclusiones y los resultados, pero no el proceso. Para que la buena teoría económica prevalezca se requiere que los individuos reconozcan la verdad por ellos mismos y que luchen por ella.

[1] El autor distinguió entre doctrinas “esoteric” y “exoteric”.

* Entrevista realizada por Jeffrey Tucker. Publicada por primera vez en la Austrian Economics Newsletter, volumen 21, número 3, de 2001. Permiso otorgado por el Ludwig von Mises Institute para traducir al español y reproducir en el volumen II del libro “La Escuela Austriaca desde Adentro”. Traducido por Adrián Ravier.