Charly, mi amor, te voy a extrañar. Lo nuestro fue amor a primera vista: aceptaste prestarle un libro a alguien que no conocías y desde entonces hemos compartido alegrías, amigos y toda una vida. Siempre pensé que tratándose de vos, haberte conocido gracias  a un libro de facultad era la forma más lógica de hacerlo.

Quiero agradecerte estos 36 años de felicidad. Lo diste todo por nosotros.  Supiste dejar los problemas en la oficina y brindarte por entero a tu familia. No sé cómo lo hiciste, pero sembraste una  semilla de unidad entre nosotros que tus viajes (y fueron muchos) parecían paréntesis breves en los que el chat, mail y luego skype te acercaban aún a la distancia.

Más de una vez me he preguntado qué hice yo para merecerte. Para tener la suerte de haber elegido el compañero ideal en mi vida. Siento que una cuota inmensa de fortuna cruzó nuestros caminos.

Hoy me reconforta saber que tu partida te encontró haciendo lo que más amabas, con tus libros de economía, con tu música preferida y que no sufriste. Estás presente cada vez que nos reunimos con Nico, Iván o Ale. Al mirarnos, al hablar, te siento a mi lado. Tu espíritu sigue vivo en esa unidad que supiste sembrar.

Adiós, Charly querido, me despido a mi manera, con estas palabras que brotaron desde mi profundo dolor:

Te fuiste, mi amor,

Así, de repente…

Sin decirme adiós,

Sin besar mi frente.

 

36 años compartimos nuestras vidas.

Fuimos felices como habíamos soñado

Hoy tu ausencia es una inmensa herida

Que no logra suavizar mi llanto.

 

No te vayas lejos.

Espérame unos años.

Tus hijos y yo te extrañaremos

Esposo y padre amado.

Beatriz

Mama y Papa