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La_EA_desde_AdentroRoger W. Garrison es profesor de economía en la Auburn University y autor de Tiempo y Dinero: La Macroeconomía de la Estructura del Capital (Unión Editorial, 2005, versión original en inglés en Routledge, 2001). Ha sido uno de los principales contribuyentes a la emergente literatura de la teoría macroeconómica austríaca, y en particular, de la teoría austríaca del ciclo económico. Es profesor visitante del Ludwig von Mises Institute y ha escrito para el Quarterly Journal of Austrian Economics y el Review of Austrian Economics.

AEN: ¿Qué fue lo que lo motivó a creer que necesitamos una exposición gráfica de la macroeconomía austríaca?

GARRISON: Mientras realizaba mis estudios de post-grado, estaba constantemente supeditado a la versión ISLM del Keynesianismo. Recuerdo vivamente un intercambio que tuve con mi hermano en el cual le expliqué cómo los Keynesianos tenían este modelo de interrelaciones que dominaba los libros de texto. Los estudiantes lo aprendían y entonces tenían una gran confianza en que era correcto. Eso me molestaba. Mi hermano, que es diseñador gráfico, me preguntaba si los austríacos tenían algún modelo alternativo, y tuve que decir que no.

Así que comencé a trabajar en uno. Mi primer intento por construir un modelo se basó fuertemente en La Teoría del Dinero y Del Crédito de Mises. Terminé de armarlo en 1973, y se publicó en 1978. Mis gráficos eran tridimensionales: en un plano representé la visión austríaca y en otro plano ortogonal, la visión Keynesiana. Esta construcción me permitió mostrar las conexiones esenciales entre las dos visiones. Mi profesor, que era un Marxista-Institucionalista, me otorgó una alta calificación, probablemente basado en su teoría del valor trabajo. Más tarde, me invitó a presentarlo en un encuentro profesional en Chicago.

AEN: ¿Y fue bien recibido el artículo?

GARRISON: La reacción de algunos austríacos fue mixta. A Murray Rothbard le encantó porque lo vio como derrotar a los Keynesianos en su propio juego. El valor principal, pensó que era su valor polémico: aquí hay una exposición esquemática que compite eficazmente con la mainstream. Murray me invitó a Nueva York a discutirlo. Había una pequeña reunión en su apartamento y todos revisamos el artículo página por página hasta las altas horas de la madrugada.

 

Algunos otros austríacos pensaron que era un sacrilegio a Mises intentar poner sus ideas en un esquema gráfico. Pero Mises, en La Acción Humana, reconoce que podemos visualizar las interacciones de las fuerzas económicas dibujando curvas e incluso expresándolas en símbolos matemáticos. No estaba conforme con los gráficos de la época, ya que decía que eran simplemente algo secundario -sin embargo, tenía en cuenta su utilidad en la enseñanza a estudiantes universitarios. Yo, ciertamente pienso que los gráficos pueden ser útiles. Rothbard los usó bastante en Man, Economy, and State. Por supuesto, no deberíamos confundir los gráficos con la teoría misma, como Mises también advirtió. Me gusta pensar en mis gráficos como un esquema conveniente en el cual podemos conectar ideas mutuamente reforzantes.

 

AEN: ¿Puede darnos su interpretación del ciclo económico en unas pocas palabras?

GARRISON: La teoría austríaca es a veces llamada una teoría de la sobreinversión, o, para capturar la singular visión austríaca, una teoría de la mala inversión. La idea es que durante una expansión crediticia demasiados recursos son destinados a las primeras etapas de la producción, dejando muy pocos para las últimas. En mi exposición gráfica, la producción es empujada más allá de la frontera de posibilidades de producción, lo que ayuda explicar lo que de otra forma sería inexplicable: el lapso entre el momento de auge y la subsecuente corrección del mercado que constituye la recesión. El desajuste intertemporal entre las preferencias de consumo y los planes de inversión, provocados por una baja artificial en la tasa de interés, es lo que produce la depresión económica.

 

 

Para Mises el problema del auge es un problema tanto de sobre-consumo como de mala-inversión. Esto es, es posible, temporalmente, para una economía operar más allá de su frontera de posibilidades de producción, produciendo más bienes de consumo y más etapas tempranas de capital, pero este mix no es sostenible. La teoría no es del todo complicada, sin embargo abarca una fuerte dosis de teoría del capital y posee más dinámica interna que las visiones alternativas del ciclo económico. El contraste entre el crecimiento genuino y el auge artificial es reflejado en mis gráficos. (Ver Figuras 1 y 2)

 

AEN: Entonces las ventajas de su esquema gráfico van más allá de la exposición y pedagogía.

GARRISON: Sí, pero la pedagogía es muy importante. Tener la habilidad de explicar la teoría a los estudiantes y colegas no debería ser subestimada. He encontrado que mi nuevo esquema en Tiempo y Dinero es fácil de enseñar en todos los niveles. Y no está para nada limitado a los asuntos del ciclo económico. Pero los gráficos cumplen otra función: imponen ciertas restricciones a tu forma de teorizar. Esto ayuda a responder a la objeción de Paul Krugman de que la teoría austriaca no cumple con la prueba “adding up”, en la cual se manifiesta que todo tiene que encajar. Típicamente los economistas superan la prueba “adding up” mediante sistemas de ecuaciones. Bueno, los gráficos pueden cumplir con el mismo propósito. Sirven para clarificar tu historia obligándote a llevar cuenta de las interdependencias generales entre los mercados.

AEN: ¿Entonces, lo que empezó como un esfuerzo para explicar el ciclo económico se convirtió en un proyecto más grande?

GARRISON: Mi ambición no es simplemente construir una historia gráfica del ciclo económico, sino también proporcionar un desarrollo gráfico macroeconómico que nos permita observar una gran variedad de temas teoréticos y aplicados. Por ejemplo, puede tratar los problemas de convertir un impuesto a los ingresos, en un impuesto al consumo: el modelo muestra que la sola transición va a crear dilemas y distorsiones inesperadas.

 

Además ilustra el problema que ocasiona el gasto del gobierno en infraestructura: los préstamos que pide el gobierno presionan hacia arriba las tasas de interés, en tanto los fondos prestados son utilizados para asignar recursos a proyectos a largo plazo. Este es un caso claro donde el gobierno va en contra del mercado, obteniendo resultados de mérito cuestionable. Los gráficos también pueden mostrar las distorsiones del gasto deficitario, reflejando las condiciones improbables que se deberían dar para que resulte cierta la equivalencia Ricardiana. Resulta ser una coincidencia poco probable el hecho de que la gente quisiese ahorrar más, simplemente porque el gobierno pida más préstamos. Mi punto es que hay muchas aplicaciones diferentes de la macroeconomía austríaca.

 

 

AEN: ¿Ha pensado expresar sus gráficos en ecuaciones?

GARRISON: Sí, lo hice hace un tiempo con mi modelo anterior. No estuve del todo satisfecho con sus resultados. Lo que nos advierte en contra de esto, es que las ecuaciones atraen indebidamente la atención hacia los posibles estados de equilibrio y estos no son de mucha ayuda a la hora de discutir el proceso del mercado, que es sobre lo que la teoría austríaca realmente trata. Usted no puede escribir una serie de ecuaciones que le dan una teoría de equilibrio del ciclo económico porque el ciclo económico implica desequilibrios esencialmente.

 

Ahora, puede ser preocupante que también los gráficos terminen resultando una distracción. Pero hasta ahora, tanto lectores como estudiantes me han dicho que mis gráficos son útiles para contar correctamente la historia y que para nada distraen su atención.

 

AEN: ¿Cómo encaja su nuevo libro particularmente en la tradición austriaca?

 

GARRISON: Bueno, espero que sea visto como una continuación de Priecios y Producción de Hayek. Ese libro, el cual estuvo basado en conferencias pronunciadas en 1931, nos dio un elemento clave de un esquema austríaco para la macroeconomía, llamado, el triangulo hayekiano. He intentado evitar enredarme en los asuntos que consumieron a Hayek en su Teoría Pura del Capital, a pesar de que el objetivo general de mi trabajo ha sido poner a la teoría del capital nuevamente dentro de la macroeconomía.

 

Usted podría sostener que la Teoría Pura de Hayek sería un mejor punto de partida. El mismo Hayek vio este libro como un intento de completar la tesis de Precios y Producción. Incluso dijo que antes de que podamos hacer mucho con sus triángulos, los cuales eran sólo una simple representación de la estructura de la producción, necesitamos proporcionar una minuciosa explicación del capital durable y los bienes de consumo durables. Y puesto que finalmente abandonó el ambicioso proyecto de reescribir Prrecios y Producción a la luz de la Teoría Pura, muchos creen que el libro de 1941 es el lugar más indicado para alguien que quiera retomar el proyecto.

 

Yo rechazo esa idea. Propongo que comencemos con los anteriores gráficos de Hayek que, aunque minimizan detalles, capturan los rasgos esenciales de la estructura intertemporal del capital de una economía.

El triángulo hayekiano, el cual posee el nivel adecuado de abstracción, encaja muy bien como una pieza – pero una pieza clave- en un esquema macroeconómico global. Para hacer macro austríaca usted no necesita complicar las cosas con todos los intrincados asuntos de la teoría del capital. Necesita algo mucho más simple y directo.

 

AEN: ¿Entonces, no está intentando contribuir a la teoría del capital per se?

 

GARRISON: Una vez que entendemos que el capital es heterogéneo, que la producción tiene lugar en etapas, que los recursos pueden ser asignados entre las etapas en diferentes formas, usted tiene el núcleo de la teoría. Luego puede utilizar los triángulos hayekianos para construir un esquema viable. La Teoría Pura de Hayek desarrolla completamente el problema que necesitamos tratar en las primeras cien páginas: el problema de la coordinación intertemporal. Y ocupándose de ese problema, resulta que ayuda a mantener la teoría anclada a los asuntos del mundo real.

 

Diría algo similar acerca del libro de Israel Kirzner de 1966 An Essay on Capital. Es un buen libro que profundiza en las complicaciones de la teoría del capital. Es un trabajo importante; material profundo.

Pero no es lo que necesitamos para entender como los mercados mantienen a la macroeconomía en buen camino y como la política gubernamental puede descarrilarla.

 

Todo lo que necesitamos es un modelo que reconozca el trade-off fundamental entre usar los recursos para consumo y usarlos para inversión. Necesitamos saber que algo de capital es mejor usado en las etapas tempranas y otro capital es mejor usado en las etapas últimas. Esta heterogeneidad intertemporal es capturada adecuadamente en los triángulos hayekianos.

 

Casualmente, Eugen von Böhm-Bawerk fue el primer economista austríaco en intentar una exposición gráfica de las distintas etapas de la producción. En lugar de usar triángulos para mostrar las etapas, él usó anillos concéntricos. Una vez que usted entiende lo que estaba haciendo, se da cuenta que él estaba haciendo lo mismo que hizo Hayek. Sin embargo, Böhm-Bawerk no agregó consideraciones monetarias. No hay teoría del ciclo económico, ni siquiera un indicio de ella. Por lo tanto, su modelo no puede llevarnos muy lejos.

 

AEN: A veces se dice que los austríacos son demasiado teóricos. ¿Considera que su enfoque es más real y que de alguna manera es más vendible al Mainstream?

 

GARRISON: Me gustaría pensar eso, pero temo que la más certera comparación es justamente la opuesta. La mayoría de los macroeconomistas de la mainstream no están orientados al mundo real. Ellos a veces son persuadidos por teóricos que insisten en que tenemos que examinar las consideraciones prácticas a la luz de teorías simples. Están más interesados en la consistencia y rigor de sus teorizaciones y la elegancia matemática de sus modelos que de sus aplicaciones. Por esta razón, ellos deben ver mi modelo macro como de bajo nivel técnico y no digno de prestarle mucha atención.

 

Sin embargo, cuando hablo sobre ciclos económicos, me refiero a reales ciclos económicos que son materia de registros históricos y ciclos que probablemente experimentemos en el futuro. Muchos teóricos de la mainstream, como los “teóricos del ciclo económico real” no hacen eso. Los austríacos a veces son acusados de no ser empíricos en el sentido de no reunir datos para testear hipótesis, como se ha vuelto habitual, pero los austríacos son empíricos en un sentido diferente: ellos prestan atención a lo esencial de episodios históricos reales. Están buscando explicaciones teóricas que encajen con la interpretación histórica.

 

En este sentido, la macroeconomía mainstream es mucho menos empírica. A Murray Rothbard solía gustarle debatir la pregunta: “¿Cuál es más peligroso: un historiador que no sabe economía o un economista que no sabe historia?” No recuerdo por cuál se decidía finalmente.

 

AEN: Al mismo tiempo, usted es muy crítico de, por ejemplo, Friedman por no tener una teoría causal.

 

GARRISON: En su “plucking model” del ciclo económico Friedman simplemente observa las Estadísticas del Ingreso Nacional, las cuales están construidas sobre una base keynesiana, y describe lo que ve con un modelo que revela como se mueven estas estadísticas a lo largo del tiempo. Pero este modelo está basado en un nivel tan alto de agregación, que es imposible que tenga sentido sin una teoría que opere en un nivel más bajo de agregación. Eso es lo que hace la teoría austríaca. He intercambiado correspondencia con Friedman sobre este asunto. Como era de esperar, él continúa cerrado a la visión austríaca.

 

Esto no significa que no podamos aprender de él. James Tobin una vez dijo que la mejor evidencia empírica que usted puede recolectar para su propia teoría es la que es descubierta por su adversario. Ahora bien, aquí hay un excelente caso de eso. Friedman observó los datos para un período en los años setenta cuando las tasas reales de interés estaban particularmente altas en vísperas de un descenso. Esa fue su observación empírica. Su interpretación de los datos, mencionada en una entrevista luego publicada en Barron’s, fue muy austríaca: atribuyó las altas tasas de interés justo antes de su descenso a un “endeudamiento forzado”.

 

Friedman explicó que los hombres de negocios se habían arrepentido de iniciar proyectos de inversión durante el período anterior de bajas tasas de interés ya que después tuvieron que pedir prestado más para completar esos proyectos a pesar del hecho de que las tasas de interés habían subido. Esa particular secuencia de eventos, por supuesto, es precisamente la teoría austríaca del ciclo económico. Al darme cuenta de esto, le escribí a Friedman, preguntándole si había elaborado este argumento más extensamente en alguno de sus trabajos publicados. Dijo que no, y, además, que sólo había pensado esa explicación para aplicarla a ese ciclo en particular. Todo lo que los austríacos dicen es que este fenómeno de “endeudamiento forzado” es aplicable de forma generalizada y característico de las expansiones motorizadas por el crédito artificial. Dicho sea de paso, una mirada empírica – esto es, histórica, al endeudamiento forzado sería una gran idea para una disertación.

 

AEN: ¿Por qué Friedman no reconoció que su teoría era austríaca?

 

GARRISON: Porque Friedman nunca ha visto la importancia de Precios y Producción de Hayek. En conversaciones personales a puesto a este libro junto con Banking Policy and the Price Level (1932) de Dennis Robertson como de ejemplos de libros que son virtualmente imposibles de entender. Sin embargo, si usted entiende a Hayek, ve que él está explicando cómo las políticas pueden poner al proceso de mercado en un rumbo equivocado y como el subsecuente “endeudamiento forzado” caracteriza la particular fase del proceso justo antes de que las fuerzas del mercado triunfen ante los efectos de la manipulación crediticia.

 

¿Por qué a la mainstream le cuesta tanto entender este mensaje? Porque no tienen una teoría del capital. Especialmente aquellos entrenados en la tradición de Chicago. Todos aprendieron de Frank Knight que no tenían que prestarle atención al capital y por eso lo ignoran. Siempre lo han considerado irrelevante para la macroeconomía.

 

Piensan a la teoría del capital como la relación entre stocks y flujos. Si eso es todo lo que el capital es, simplemente una formal distinción dimensional entre “el stock de esto” y “el flujo de esto”, entonces el capital no tiene mucho que hacer en la macroeconomía. Hay poco lugar para los desequilibrios.

 

Por razones muy diferentes, Keynes, también, desechó la teoría del capital de la macroeconomía. El mismo Keynes lo reconoce en su “sintético artículo” de 1937. Estaba orgulloso de haber encontrado una forma de liberar a la macroeconomía de todos los intrincados asuntos de la teoría del capital. Cuando Friedman emprendió una contrarrevolución contra Keynes años después, un punto que nunca atacó fue el hecho de haber expulsado al capital de la macroeconomía. Eso fue admisible para él, debido a la influencia de Frank Knight.

 

AEN: Y por eso usted afirma que Friedman es un Keynesiano.

 

GARRISON: El propio Friedman dijo eso, y la razón es que creyó en el esquema teórico macroeconómico Keynesiano, el cual no hace referencia a la estructura del capital. El año pasado en un artículo publicado en el New York Times, Friedman expresó algunos arrepentimientos por exponer ideas monetaristas en el esquema keynesiano ISLM[1]. Dijo que fue un error estratégico. Con el paso de los años, las diferencias entre el Keynesianismo y el Monetarismo recayeron en una disputa sobre elasticidades y las formas de curvas, y la relativa velocidad de ajuste de precios y salarios. No es que Friedman ahora piensa que hubiera estado mejor posicionado expresando las ideas monetaristas en un esquema hayekiano. Simplemente piensa que existe una mayor diferencia entre su punto de vista y el de Keynes: los monetaristas creen que los mercados funcionan y los keynesianos creen que no.

 

Pero para demostrar exactamente cómo funcionan los mercados es que usted necesita una teoría del capital y una estructura del capital que tenga en cuenta modelos intertemporales de la producción con los recursos asignados entre las diferentes etapas de la producción en concordancia con la tasa de interés.

 

AEN: En apoyo a la teoría austríaca y su exposición de la misma, usted cita al libro de Lord Robbins de 1933 The Great Depresión. ¿Qué le pasó a Robbins?

 

GARRISON: Su trabajo sobre la Gran Depresión es excelente. Expuso la teoría austríaca y proporcionó evidencia empírica para esta. Pero eventualmente fue convencido de que las políticas keynesianas de manejo de la demanda son la medicina apropiada para una economía que sufre una depresión. Es decir, el plan para salir de la depresión debería tener prioridad sobre las preocupaciones acerca de cómo llegamos a esta situación. Este particular ranking de prioridades, por supuesto, es muy poco hayekiano. Robbins vio que las fuerzas deflacionarias por toda la economía durante los años 1930 agobiaban todas las posibles consideraciones de malas asignaciones verticales que sucedieron en los años 1920. Con el paso del tiempo se volvió hostil hacia la teoría austríaca hasta el punto de rehusarse a autografiar su libro, y dijo en su autobiografía que nunca debería haberlo escrito.

Esta es la razón por la que es admisible hablar de una Revolución Keynesiana. Vemos en la Teoría General el primer modelo macro que incorpora tales distorsiones que no es posible que el mercado pueda funcionar correctamente. La distorsión clave es la noción de que la inversión y el consumo se mueven en la misma dirección. Si esto es así, usted nunca puede intercambiar uno por el otro en respuesta a un incremento en el ahorro. Esa característica implica casi trivialmente la paradoja del ahorro de Keynes: si la gente ahorra más, su ahorro no le permite un mayor consumo en el futuro. Esto causa que la producción y los ingresos deban caer en el presente. Y si el gobierno no interviene, los ingresos y el consumo se reducirán también en el futuro. No hay otra forma en la que pueda funcionar el modelo. Entonces, las prescripciones políticas se vuelven esenciales.

 

Todo esto en violación del precepto metodológico articulado por Hayek: antes de que usted pueda explicar cómo las cosas pueden funcionar mal, primero usted debe ser capaz de explicar como las cosas alguna vez pueden funcionar bien. En el modelo macro keynesiano simplemente no hay forma de que las cosas funcionen. En el modelo austríaco, una caída en el consumo presente permite un incremento de la inversión de largo plazo lo que provoca que la economía crezca más rápidamente y produzca los bienes por los que la gente está ahorrando.

 

AEN: ¿Cómo emplea la teoría de Keynes en su modelo?

 

GARRISON: Utilizo su esquema teorético en contraste con el esquema austríaco, y lo hago de una manera más fiel a la Teoría General que la mayoría de las modernas interpretaciones del Keynesianismo. Pongo de relieve un aspecto de Keynes que suele pasarse por alto, especialmente cuando se discute su teoría del ciclo económico. Él empieza con una economía que está plagada de las distorsiones que he mencionado, pero una en la cual (de alguna manera) el nivel de los salarios está en el nivel correcto. El mercado de trabajo se limpia. Pero el patrón de las expectativas de negocios es un “castillo de naipes”, y por lo tanto la economía es propensa a colapsar. Son los “espíritus animales” (animal spirits) que, según Keynes, conducen el mundo de los negocios. Cuando los espíritus decaen, los inversores se vuelven pesimistas. Cuando eso sucede, la economía se hunde en una depresión, y el desempleo se vuelve generalizado.

 

Pero al contrario de lo que la mayoría de los libros de texto explica, Keynes no se lamenta de que los salarios sean rígidos a la baja. No hay nada malo con el nivel de los salarios según su criterio. No debería permitirse que caigan porque este es- o sería, podría ser- el nivel de salarios que limpia al mercado. Axel Leijonhufvud enfatiza este punto en su libro de 1968, On Keynesian Economics and the Economics of Keynes: en la visión Keynesiana, el nivel de los salarios no está atascado en un punto demasiado alto; está atascado en el nivel adecuado.

 

En los años 1930, los gobernantes no querían que cayesen los salarios. Tampoco lo quería Keynes. Explícitamente recomendó una política de fijación de salarios. Estoy de acuerdo aquí también con Leijonhufvud en que Keynes argumentó como un abogado, es decir, hizo argumentos mutuamente inconsistentes todos dirigidos hacia la misma conclusión. Argumentó que los salarios no caen, que la caída de los salarios tiene efectos distorsivos, y que no se debería permitir que bajen los salarios. Su punto era que los salarios no eran el problema; el problema, en su opinión, era una falta de confianza en los negocios y una resultante inadecuada inversión. Si el gobierno puede, de alguna forma, estimular la inversión, luego los salarios serán los adecuados nuevamente. Desde ese punto de vista, las políticas perseguidas durante la Gran Depresión estaban bastante acertadas para Keynes.

 

AEN: ¿Usted considera que los salarios son más fijos que los precios?

 

GARRISON: Hay una variedad de razones por las que podrían serlo, algunas de las cuales se deben a la intervención gubernamental. Pero el punto importante es que en el declive de un ciclo económico, lo que es crucial no es un cambio global en el nivel de salarios sino un cambio relativo entre los niveles de salarios que reasignará a la mano de obra. Esta necesita trasladarse desde las tempranas etapas de la producción hacia las últimas.

 

El modelo macro austríaco muestra que no se necesita que todos los salarios desciendan. Algunos necesitan bajar y otros necesitan subir. Por supuesto, si la caída cíclica es agravada por un colapso en la oferta monetaria, los salarios y los precios en general estarán todos demasiado altos. Esta es la “contracción secundaria” de Hayek. Pero el problema en el momento previo a la recesión no es que los salarios están demasiado altos o demasiado bajos sino que el patrón de salarios entre las diferentes etapas de la producción es inconsistente con la demanda de consumo a lo largo del tiempo.

 

AEN: Durante años, ha hecho que sus estudiantes lean la Teoría General. ¿Por qué es eso?

 

GARRISON: Aquí encuentra el corazón de la macroeconomía. Si usted quiere entender de qué se trata la macro, tiene que entender este libro. Además ayuda a los estudiantes a ver las falacias del Keynesianismo porque éstas están mucho más claras en la Teoría General que en las perfeccionadas versiones de los libros de texto que salieron años después.

 

Hay mucha literatura sobre Keynes y los clásicos, pero lo que es tomado como el modelo clásico es una fraudulenta invención de la industria de los libros de texto. Este modelo, no aceptado por ningún economista clásico real, comprende la homogeneidad del capital y una entrada de capitales constante. Incluye una presentación muy estática de la teoría cuantitativa del dinero. Ignora las etapas de la producción. Esta confusión de ideas hace que la teoría keynesiana, en comparación, se vea más sofisticada y esclarecedora.

 

Pero si usted va hacia atrás hasta Keynes, encuentra que éste usa el término “clásico” muy ampliamente para incluir a todo aquel que creía que los mercados funcionaban, incluido Hayek. De hecho, fue con Hayek con quien estaba batallando. Entonces destacar las diferencias entre estos dos ayuda a los estudiantes a entender las cuestiones reales. Es por eso que me gusta enfocarme en ese debate. Keynes no se ve muy bien en comparación con Hayek.

 

AEN: ¿Usted piensa que su uso de Keynes en contraste con la visión austríaca podría ser considerado anacrónico, dado que Keynes es tan impopular en la mainstream?

 

GARRISON: El desarrollo de la economía austríaca dejó pasar una etapa importante la interpretación de la teoría macro en un esquema gráfico y la creación de lo que es a veces llamado una “heurística positiva”. Entonces, el punto no es sólo proveer un contraste sino hacer un nuevo planteamiento de la teoría austríaca.

 

Además, a nivel de políticas, el keynesianismo está muy lejos de ser impopular, a pesar de no estar en la vanguardia de los journals del mainstream. Si usted se pone al tanto de los asuntos de las políticas leyendo el Wall Street Journal, encuentra que lo más nuevo, las teorías supuestamente más rigurosas virtualmente no tienen un rol que jugar en los debates que acontecen. Lo que guía el pensamiento de los hacedores de políticas es el estilo de pensamiento keynesiano de los años 1960, y nunca hemos tenido una oposición del todo efectiva hacia esto.

 

AEN: ¿Entonces cómo encaja su libro en el mundo de las políticas?

 

GARRISON: Hay un libro escrito por Sherryl Kasper que se publicará el año que viene llamado The Revival of Laissez-Faire in American Macroeconomic Theory. Tengo ganas de leerlo, pero no estoy seguro si el título permite el tipo de resurgimiento o revival que necesita la Escuela Austríaca. Los macroeconomistas del mainstream, al menos aquellos que están realmente interesados en los asuntos de políticas, tienden a ser intervencionistas. Sería bueno verlos moverse hacia una posición de laissez-faire. Los economistas austríacos tienden a ser completamente partidarios del laissez-faire, pero lo que se necesita en ellos es su interés en cuestiones macroeconómicas.

 

Tenemos toneladas de libros escritos sobre problemas micro y cómo los mercados responden en ausencia de intervención. Sin embargo hay mucho menos escrito sobre problemas macroeconómicos y respuestas basadas en el mercado. Una de las razones, considero, es que no hemos tenido realmente un esquema macroeconómico viable que compita con el esquema intervencionista y amigable de la mainstream.

 

AEN: ¿Le preocupa que la estructura de su modelo pueda tentar a los hacedores de políticas públicas a utilizarlo con propósitos contracíclicos?

 

GARRISON: No, no realmente, debido a la pura complejidad de la estructura del capital, y las implicaciones sobre la necesaria reasignación de recursos laborales durante la depresión. Ninguna política macroeconómica proactiva concebible podría orquestar una recuperación.

 

Ahora, Lachmann, en su libro de 1956 Capital and its Structure, a veces sonaba como un activista keynesiano porque especulaba sobre algunos de estos temas. Mi lectura, sin embargo, es que Lachmann estaba confrontando el keynesianismo en su propio terreno. Dijo que lo que se necesita es alguna clase de control del crédito, a través de lo cual quiso significar una reducción del crédito que se extendía para la producción de largo plazo e incrementar el crédito para la producción de corto plazo. Esto tenía el mismo efecto de reasignar los recursos laborales fuera de las tempranas etapas y sobre las etapas últimas. No estaba realmente abogando que los hacedores de políticas públicas intenten hacer esto. Sólo intentaba mostrar lo desalentador que sería este trabajo de intentar utilizar la teoría austríaca del ciclo como una base para un plan de recuperación.

Y Hayek, pienso, se alejó un poco de la senda cuando trató de explicar exactamente lo que el banco central tendría que hacer para mantener en el tiempo un boom artificial. Presuntamente, la oferta monetaria debería ser incrementada a una tasa creciente. Lo que Hayek llamó “aceleracionismo” es a veces visto como anticiparse al análisis de la Curva de Phillips de corto/largo plazo. Pero el punto más importante de Hayek es que acelerar la tasa de expansión de la oferta monetaria no tendrá el resultado esperado. La Reserva Federal puede llevar a la economía a un problema, pero no puede sacarla de ese problema. Lo que se necesita es alguna liquidación y reasignación.

 

AEN: Su taxonomía al final de su libro tiene un tremendo poder explicativo. (Véase Figura 3)

 

GARRISON: Originalmente tenía esa matriz al frente de mi libro. Pero luego comprendí que esta era una manera bastante buena de resumir. Intenté explicar por qué el debate entre Austríacos, Monetaristas y Keynesianos se ha desarrollado de esa manera. Propuse una respuesta en la que los representantes de estas escuelas intentan tratar al mismo tiempo con dos problemas distintos. Un problema es si el mercado funciona o no. El otro problema es si, resolviéndose el primer problema, el enfoque debe estar en el trabajo o en el capital. Es decir, ¿cuáles son los rasgos principales de los mecanismos de mercado (aquéllos que involucran el capital o aquéllos que involucran el trabajo) para evaluar la habilidad del mercado para trabajar en un sentido macroeconómico relevante?

 

En el curso de preparar y discutir la matriz 2×2 hablo de compañeros de celda, compañeros de filas y compañeros de columnas. En mi taxonomía, tenemos a Friedman y Keynes focalizados en los mercados de trabajo, excluyendo los mercados de capitales. Y luego tenemos a Keynes y Lachmann asumiendo –o temiendo- que los mercados no funcionan lo suficientemente bien para sacar a la economía de una recesión. Hayek, desde mi punto de vista, tiene razón: los mercados funcionan mientras las políticas activas no distorsionen las tasas de interés, y nuestro análisis de la estructura intertemporal del capital muestra justamente cómo los mercados funcionan.

 

La matriz nos ayuda a separar algunos problemas viejos. Por ejemplo, tanto Milton Friedman como Richard Nixon se les reconoce por decir, “Ahora somos todos keynesianos”. Friedman, sin embargo, se quejó de haber sido mal interpretado. Cuando Friedman lo dijo, quiso decir que ambos, él y Keynes trabajaban con el mismo marco analítico –que se concentra en mercados de trabajo. Pero cuando Nixon lo dijo, quería significar que nadie creía que se podía confiar en los mercados para que las cosas funcionan por sí mismas; en consecuencia necesitamos un gobierno que ofrezca políticas de estímulo y estabilización. Mi matriz muestra a Friedman como compañero de fila de Keynes y a Nixon como compañero de celda de Keynes.

 

AEN: ¿Cuáles son los mitos más comunes sobre la Teoría Austríaca del Ciclo Económico?

 

GARRISON: Un mito común es que los Austríacos creen que todas las subas y bajas en la economía necesariamente están involucradas con desequilibrios intertemporales que fueron causados por la expansión monetaria. Esto simplemente no es verdad. La teoría va por otro camino. De acuerdo a la teoría austríaca, los booms artificiales que son causados por una expansión crediticia son insostenibles. La teoría no intenta explicar cada depresión. Un episodio notable que no involucró directamente un boom artificial fue la depresión de los últimos años de la década de 1930 –la Reserva Federal subió los requerimientos de reserva justo cuando la economía estaba en un proceso de recuperación. Eso causó un colapso en la oferta monetaria y extendió la depresión por dos años más.

 

 

AEN: ¿Citaría a Japón como un caso en que se intenta salir de la recesión por sí mismo?

 

GARRISON: Sí, y también incluiría a algunas de los llamados “países emergentes”. Algunos de esos booms fueron causados por crédito barato artificial. Y algunos fueron causados por préstamos artificialmente seguros –donde el riesgo no proviene de quien toma el crédito, sino de quien lo otorga, y en última instancia del gobierno. Paul Krugman ha enfatizado esta molesta discrepancia entre la toma de riesgo y la presión de riesgo, pero no observó el fuerte parecido familiar de su propia teoría y la teoría austríaca.

 

Krugman denigra la teoría austríaca como una “teoría de la resaca”, pero no hay nada objetable sobre esta frase. Es sólo una manera de decir que un estímulo artificial sitúa a la economía en una etapa de crisis, lo cual es correcto. Pero él también observa que los austríacos moralizan sobre este tema, como si la economía debiera sufrir una crisis y depresión dolorosa para reparar la borrachera de crecimiento previo. La teoría austríaca, por supuesto, no se vincula con este tipo de moralidad simplista.

 

La teoría alternativa de Krugman es una teoría pura de la demanda monetaria. Si, por alguna razón, existiera un aumento general en la demanda de dinero, el gasto disminuiría. Esto presiona los precios hacia abajo, al extremo de que si no se ajustan inmediatamente, el rendimiento cae. Sostiene que ésta es la explicación de Keynes a los ciclos económicos, pero de hecho, no lo es. Keynes creía que la depresión provenía de un colapso en la demanda de inversión. Se daba cuenta que hacia el fin del colapso, habría una lucha por la liquidez. Pero no consideró al incremento en la demanda de dinero como si fuera la causa fundamental.

 

AEN: Krugman pareciera tomar algunos argumentos anti-austríacos del último trabajo de Gottfried Haberler.

 

GARRISON: Sí, dice que los Austríacos necesitan alguna clase de simetría en su historia de auges y depresiones. La depresión involucra reasignación de capital desde las etapas tempranas a las últimas y esto puede involucrar altas dosis de desempleo. Así que Haberler pregunta: ¿por qué no volvemos al mismo nivel de desempleo mientras el capital se reasigna durante el boom entre las últimas etapas y las etapas más tempranas?

 

La respuesta es que esa demanda global es más fuerte durante el auge, precisamente porque está apoyándose en préstamos fuertes del sistema bancario. Esto generalmente da un empujón a la demanda de trabajo, pero la demanda es especialmente fuerte en etapas tempranas de la producción. Se trasladan trabajadores de las etapas últimas del proceso productivo hacia las etapas tempranas. Cuando la depresión llega, hay una reducción abrupta en la demanda de trabajo en las etapas tempranas que lleva a los trabajadores al desempleo. Estos trabajadores pueden eventualmente ser empleados, pero esto toma tiempo.

 

Un argumento relacionado que toma Krugman de Haberler cuestiona la base para el desempleo en la teoría austríaca. ¿Por qué, preguntan Haberler y Krugman, las malas inversiones deben ser la causa de desempleo del buen trabajo? La respuesta, desde luego, se sigue de la complementariedad entre las diferentes partes de la estructura del capital y la escasez –debidas a la mala inversión- de los tipos de capital que son complementarios del trabajo.

 

AEN: ¿Quiere decir algo sobre algunos de los argumentos críticos que Tyler Cowen expone en su libro sobre la Teoría Austríaca del Ciclo Económico?

 

GARRISON: Bien, Cowen presenta una larga lista de argumentos, pero permítame señalar uno en particular. Explica que, de acuerdo a los austríacos, las tasas de ahorro deben estar sujetas a cambios frecuentes y dramáticos. De lo contrario, los entrepreneurs no tomarían una expansión del crédito por un incremento en el ahorro. Este argumento confunde pedagogía con una aplicación histórica. Los austríacos no presentan ningún reclamo de que las tasas de ahorro sean volátiles; sólo necesitan reconocer que las tasas de ahorro pueden cambiar y de hecho cambian. La idea es que la tasa de interés debe reflejar incluso los cambios pequeños y graduales si la economía no es expuesta dentro de un camino de crecimiento insostenible.

 

Los austríacos, a propósito, no son ni pro-ahorros como los economistas del lado de la oferta (supply-siders), ni tampoco anti-ahorros como los keynesianos. Sólo se preocupan en que las actividades de inversión sean consistentes con la disponibilidad de ahorros, que a su vez, es consistente con la preferencia temporal de las personas. Una declaración similar puede hacerse en general sobre el crecimiento económico. No hay ninguna razón para estar a favor o en contra del crecimiento como tal. Lo que es importante es que la tasa de crecimiento de la economía se corresponda con las preferencias intertemporales de consumo.

 

AEN: Otra objeción que a menudo se plantea es que el mercado de crédito para consumo cambia dramáticamente la historia austríaca, ¿Es ese correcto?

 

GARRISON: Es cierto que cuando Hayek desarrolló la teoría por primera vez, simplemente no había mucho sobre créditos al consumidor. La mayor proporción de préstamos era destinada a la comunidad empresaria. Esta circunstancia constituyó una sincera aplicación de la teoría. Pero incluso considerando un volumen grande de préstamos al consumidor, la teoría todavía se sostiene, aunque con algunas particularidades. La mayoría de los préstamos al consumidor son destinados a comprar bienes durables -aparatos, automóviles, y piscinas-. Estos tipos de bienes, sin embargo, tienen muchas de las características del capital.

 

Harry Browne una vez escribió sobre uno de sus clientes que compró una piscina durante un período de tasas de interés bajas, pero más tarde se encontró en la situación de no poder permitirse el lujo de mantenerla. Aquí tenemos un ejemplo en que la teoría del ciclo económico austríaca juega un rol importante dentro del mercado de créditos al consumidor.

 

AEN: ¿Cómo encaja la historia austríaca con el llamado ciclo político?

GARRISON: Es un buen ataque: La teoría austríaca explica el mecanismo, pero no el timing del boom o la duración del período entre los auges. En sus comienzos Mises aceptaba la explicación de Knut Wicksell de que los factores tecnológicos causaron una suba en la tasa natural de interés y que el sistema bancario, sólo tardíamente, ajustó la tasa bancaria. Pero por los años veinte, Mises no culpó al avance tecnológico por el auge, sino a la “ideología inflacionista”.

 

No fue sino hasta los años 1960 que Hayek explicó en sus Fundamentos de la Libertad que el crédito creado es motivado políticamente. Hayek usó un argumento explícito de Elección Pública (Public Choice) -dos años antes de la publicación de Calculus of Consent de Buchanan y Tullock, para explicar los beneficios políticos de expandir el crédito antes de una elección.

 

AEN: ¿Cómo afecta la internacionalización del mercado de capitales al modelo?

GARRISON: Con los mercados de capitales internacionales en juego, los cambios en las tasas de interés son menos pronunciados. En su lugar, tenemos cambios en los flujos de capital, mientras los inversores extranjeros aprovechan incluso un aumento pequeño en las tasas de interés. Así, las tasas de interés no son tan altas en la víspera de una depresión, pero los flujos de capitales son fuertes y los mercados de exportación débiles. En efecto, el acceso a los mercados de capitales mundiales permite al auge continuar por mucho más tiempo que el que habría en su ausencia.

 

Debemos recordar, sin embargo, que originalmente Mises creó su teoría del ciclo económico tomando una idea de la Escuela Monetaria Británica (British Currency School). Esa escuela había partido de que el proceso se auto-revierte estrictamente en términos de cambio de patrones de comercio entre naciones. Mises mostró que incluso en una economía cerrada, existe aún un proceso auto-reversible –uno que se auto-regula cuando cambia la tasa de interés y se reasigna el capital.

 

AEN: Todo este tiempo que ha estado trabajando en este libro, la economía ha estado bajo una etapa de prosperidad y los problemas convencionales de la macro como el desempleo y los déficits se han vuelto menos relevantes. ¿Se sintió alguna vez desalentado por estar tratando con problemas que ya no son relevantes?

 

GARRISON: No, mi principal objetivo es desarrollar una macroeconomía basada en el capital que pueda tratar con muchos problemas diferentes en muchas circunstancias diferentes. Pero no creo ni por un minuto, como la profesión frecuentemente parece creer, que el ciclo económico está muerto. De hecho, es probablemente justo decir que la popularidad de la teoría del ciclo económico está en su punto más bajo cuando el auge está en su punto máximo.

 

Hemos escuchado mucho últimamente sobre la “nueva economía” –internet, la revolución digital, y los inventarios justo a tiempo (just in time). No niego que las cosas han cambiado, pero dudo que los cambios de algún modo alcancen una prosperidad perpetua. Justo antes de la recesión de Bush en los años 1990, la tasa de desempleo alcanzó el 5.5 por ciento. Nadie sugirió que esta tasa era inaceptablemente alta. Fue vista en cambio como la “tasa natural”, la marca de la macroeconomía saludable. ¿Podemos ahora creer que tras un período de auge, la tasa natural ha caído del 5.5 por ciento al 4.0 por ciento?

 

Los Macroeconomistas –especialmente los macroeconomistas austríacos- deben tener cuidado al hacer predicciones. Pero creo que el rol de la Reserva Federal al expandir la oferta monetaria durante el gobierno de Clinton debiera ponerse en duda. ¿Estamos ahora en la etapa previa a una depresión al estilo Austríaco? Bien, permítame sólo predecir que si tenemos una, el valor de mi libro subirá.

[1] M. Weinstein, “Milton Friedman: My Biggest Mistake,” New York Times, July 4, 1999, sec. 3, p. 2.

* Publicado originalmente en la Austrian Economics Newsletter, volumen 20, número 4, invierno de 2000. Permiso otorgado por el Ludwig von Mises Institute para traducir al español y reproducir en el volumen I del libro “La Escuela Austriaca desde Adentro”. Traducido por Matías Spelta y Adrián Ravier.