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La_EA_desde_AdentroEl profesor Ludwig M. Lachmann, uno de los más destacados miembros de la Escuela Austríaca, ha centrado su larga y productiva carrera alrededor de la importancia del subjetivismo en la economía. Desde sus primeras obras sobre el rol de las expectativas hasta sus más recientes trabajos en teoría del capital y el proceso del mercado, Lachmann ha sido un defensor incansable del subjetivismo y el individualismo metodológico.

Una colección de sus ensayos, Capital, Expectations, and the Market Process, fue recientemente publicada, y su Capital and Its Structure será reeditado dentro de poco. Otras distinguidas contribuciones son las discusiones sobre metodología y la importancia de las instituciones en The Legacy of Max Weber y su mordaz ataque a la macroeconomía moderna en su Macroeconomic Thinking and the Market Economy.

El profesor Lachmann fue entrevistado el 18 de noviembre de 1977, poco antes de su retorno a Sudáfrica y cerca del final de sus tres años de nombramiento como Profesor Visitante de Economía en NYU.

AEN: Profesor Lachmann, usted ha sido uno de los principales contribuyentes a la tradición austríaca por cuarenta años. ¿Cómo llegó a interesarse por la Escuela Austríaca?

Lachmann: Bien, crecí en la Berlín de la República de Weimar donde el credo oficial era un tipo de socialismo revolucionario. No me gustaba. Entonces, naturalmente, buscaba algo diferente. Había leído a Schumpeter y me había impresionado mucho. Un día, realmente no sé por qué evento fortuito, me encontré con un artículo de Mises, quien, como usted recordará, empezó a publicar ensayos metodológicos en los journals alemanes a finales de los años 1920. No recuerdo la primera ocasión en la que me topé con uno de estos artículos, pero lo leí, y lo encontré de lo más interesante. Particularmente, la economía austríaca que propugnaba Mises parecía ser una cosa bastante diferente de la que conocía de los libros de texto. Me interesé y leí más de Mises y así es como me convertí en un austríaco.

AEN: ¿Conoció a Mises mientras vivía en Alemania?

 Lachmann: Me encontré con él, una vez, en junio de 1932, el año anterior a que Hitler llegara al poder. Hubo una conferencia en Berlín, una “conferencia económica mundial”, organizada por uno de los diarios más liberales de Berlín. Mises había sido invitado y yo convencí a alguien del staff financiero del editor de ese diario para que me lo presente. El encuentro, por supuesto, no duro más de dos minutos, pero sí conocí a Mises de esa forma.

 

AEN: Después de que se mudó a Inglaterra en 1933 usted se convirtió en asistente de investigación de Hayek. ¿Qué tipos de temas eran usualmente de interés en el famoso seminario de Hayek/Robbins?

 

Lachmann: En general, problemas del ciclo económico y teoría del capital. De hecho, yo trabajé sobre las depresiones secundarias. Es decir, lo que Hayek llamó originalmente el proceso de deflación secundaria, una palabra que había sido acuñada por un economista alemán para denotar la parte del proceso de deflación que va más allá de cualquier tipo de desajuste primario. Es decir, el tipo de depresión que no sería un proceso de ajuste en el sentido Hayekiano. En aquel entonces (1933) era reconocido que una depresión de este tipo podría desarrollarse y pienso que todos reconocieron que para 1933 el mundo estaba en un proceso de depresión secundaria.

 

AEN: Usted ha hablado muchas veces sobre la importancia de las expectativas en la teoría del ciclo económico. ¿Qué fue lo primero que lo llevó a interesarse por las expectativas en lo que concierne al ciclo económico?

 

Lachmann: Hablando con Paul Rosenstein-Rodan, quien era en ese entonces un conferencista en la Universidad de Londres -técnicamente no en la London School of Economics-. Sin embargo dio un curso de historia del pensamiento económico en el que participamos todos los que entonces éramos estudiantes y jóvenes investigadores. Fue Rosenstein-Rodan quien discutiendo conmigo sobre la teoría austríaca del ciclo económico dijo, “Ah si, pero cualquier cosa que pase en el ciclo económico está en primer lugar determinado por las expectativas”. Luego me contó sobre el trabajo que había hecho en Suecia.

 

AEN: Cuando llegó a Inglaterra usted obviamente debe haber visto la gran preocupación que muchos economistas ingleses tenían sobre el problema de la Gran Depresión. ¿Cómo percibió la interpretación inglesa de la Gran Depresión?

 

Lachmann: Bueno, no había tal cosa como una interpretación inglesa. Estaba la interpretación de la London School of Economics la cual, por supuesto, era la interpretación de Hayek y que además se encuentra reflejada en el libro de Lionel Robbins, The Great Depression, publicado en 1934. Esa era la interpretación de Londres. Luego me di cuenta que en Cambridge había una interpretación de otro tipo. Pero al principio era algo muy difícil de encontrar. Luego percibí que en cierta medida era algo con lo que ya estaba familiarizado. Fui a Inglaterra por primera vez por el semestre de verano en 1931 y había estado en Cambridge por unos pocos días, y gracias a una presentación de Schumpeter, conocí a R. F. Kahn, quien me contó sobre el multiplicador que recién se había descubierto. De hecho, fue justo antes de conocerlo a él que el famoso artículo de Kahn apareció en el Economic Journal. Por lo que, en cierta forma, ya sabía del multiplicador, pero no mucho.

 

AEN: ¿Estaba usted muy involucrado en los debates entre Cambridge y Londres? ¿Había contacto constante entre las partes, o estaban aislados y no hablaban entre ellos?

 

Lachmann: No. De ninguna manera estaban aislados. Sí hablábamos entre nosotros. Debo recordarle que la Review of Economic Studies fue inaugurada en el otoño de 1933 como una empresa conjunta por estudiantes de Londres, Cambridge y Oxford. Por lo que había contacto. Y el contacto se volvió incluso más íntimo cuando en 1935 Abba Lerner, un producto de la London School, fue a Cambridge. Después de eso, hubo por algunos años un seminario conjunto de Londres, Cambridge y Oxford, es decir, un seminario conjunto de estudiantes y jóvenes investigadores en economía en estas tres universidades. Por supuesto, cualquier interesado perteneciente a estas universidades podía unirse, y se reunían un domingo por mes en una de estas tres ciudades, a discutir más o menos, sobre economía keynesiana.

 

AEN: ¿Qué tipo de recepción notó usted entre los economistas cuando apareció la Teoría General?  

 

Lachmann: Fue un gran éxito, e incluso inmediatamente; es lo que puedo decir. Naturalmente, hubo algunas discusiones, no todos la entendieron completamente al principio. Tuve algo de ventaja o mejor dicho, nosotros en Londres tuvimos algo de ventaja porque teníamos a Lerner explicándonos qué significaba cada cosa. Ciertamente fue una muy buena enseñanza.

 

AEN: En 1938 usted escribió un artículo llamado “Inversión y el costo de producción” en el cual plantea la cuestión de la “complementariedad del capital” para entender las políticas monetarias expansionistas: que, de hecho, las políticas expansionistas pueden no traer en el futuro más producción si algunos factores complementarios son escasos. ¿Qué fue lo primero que le atrajo la atención sobre la importancia de la complementariedad y la sustituibilidad del capital?

 

Lachmann: Mi atención fue dirigida hacia estos temas por un artículo de Hayek, Investment that Raise the Demand for Capital publicado en 1937, en el Review of Economic Statistics. Me impresionó y me intrigó escuchar de Hayek que Keynes le había dicho, “usted sabe que esta es realmente una muy interesante idea, nunca se me había ocurrido”.

 

AEN: A principios de los años 1930 había gran interés en la profesión sobre la teoría austríaca o hayekiana del ciclo económico. Sin embargo, a medida que fue pasando la década, incluso aquellos que habían sido partidarios parecían haber abandonado su creencia. ¿Qué razones piensa que hubo detrás de esto?

 

Lachmann: Bueno, supongo que conoce sobre las dos diferentes cartas enviadas al London Times que aparecieron en octubre de 1932. Esto, por supuesto, fue antes de que llegara a Londres. En una de ellas, Keynes y algunos economistas de Cambridge que no eran, en general, sus amigos, como Pigou y Dennis Robertson, demandaron que el gobierno tomara acciones en contra del desempleo. Y tres días después, Hayek, Robbins y Arnold Plant enviaron otra carta diciendo que cualquier cosa que el gobierno hiciera, ya sea mediante obras públicas o similares métodos, sólo haría que las cosas empeoraran y no tendrían el efecto que Keynes afirmaba.

 

Es decir, los “austríacos” parecían estar comprometidos a una política de continua deflación sin importar qué pasara. Si, estoy muy seguro que la aparente insistencia de los “austríacos” de que la depresión debe seguir su curso en el sentido de que tanto precios como salarios en general deben caer parecía hacer cada vez más difícil el apoyo de la mayoría de los otros economistas, porque para ese entonces era obvio que los salarios no caían, ni siquiera en la Gran Bretaña de 1930. Es decir, había una diferencia obvia entre el punto de vista expresado por Hayek, Robbins y su carta de octubre de 1932, y su buena voluntad para admitir al año siguiente que una depresión secundaria era posible.

 

AEN: Además de su trabajo en teoría del capital, usted también ha escrito un libro sobre Max Weber. ¿Qué lo llevó a interesarse en hacer un trabajo sobre él?

 

Lachmann: Bueno, cualquiera que esté interesado en la metodología de las ciencias sociales debe tener un interés en Max Weber. Había escuchado sobre Weber por primera vez en la Universidad de Berlín por mi profesor Werner Sombert, quien incluso había conocido a Weber personalmente, por supuesto. Me sorprendió que el pensamiento de Weber y lo que los austríacos decían era más o menos la misma cosa. Como usted sabe, Mises admitió que un impulso para su propia interpretación neokantiana de la parte lógica de la economía vino de Max Weber. En los primeros años en Johannesburgo leí bastante sobre Max Weber. Y me sorprendió que su metodología fuera obviamente la metodología austríaca.

 

AEN: Usted ha estado en la Universidad de Nueva York por tres años. En ese período se ha tendido a un resurgimiento de la Escuela Austríaca y ahora hay más estudiantes de licenciatura que están interesados en la tradición austríaca. ¿Qué futuro ve para los austríacos en este momento?

 

Lachmann: Bueno, los primeros pasos en el resurgimiento austríaco ya se han dado. Que tan rápido tendremos éxito ahora depende de los mismos austríacos. Pienso que hemos quebrado la barrera de la ignorancia, es decir, esa situación en la que muy pocos economistas alguna vez han escuchado sobre la economía austríaca. Creo que somos mucho más conocidos que lo que éramos tres años atrás. De ahora en adelante todo dependerá de lo bueno que sean los economistas austríacos, i.e., qué tan rápidamente o qué tan bien los austríacos aborden los problemas con los que tratan.

 

AEN: ¿Qué tipo de problemas piensa que los austríacos tendrán que afrontar y cuáles son las importantes cuestiones que pueden hacer posible que los austríacos tomen la iniciativa en el terreno de las ideas?

 

Lachmann: Estoy de acuerdo con un punto de vista de Hicks expresado en su artículo, Some Questions of Time in Economics, en los ensayos de Georgescu-Roegen. Los problemas más importantes son problemas de estructura del mercado y ciertos problemas del efecto del progreso técnico en la estructura del capital y en la estructura de la economía en su totalidad. Supongo que no necesita enfatizarse demasiado que si los austríacos destacan el proceso del mercado como el proceso económico central ellos deberían tener interés en la manera en que el mercado funciona en varias partes del sistema y en particular en la forma en que diferentes mercados funcionan. Hemos aprendido por ejemplo que existe una diferencia entre los mercados de activos y los de commodities y que en algunos mercados las expectativas son más importantes que en otros. Todo esto pienso que debería desarrollarse aún más profundamente, incluyendo, por supuesto, el problema de los mercados de futuros, los cuales nos han echado en cara ciertas destacadas figuras neoclásicas.

 

El otro es el problema que Hicks ha estado tratando de resolver, cuestiones sobre el progreso técnico en una economía en la cual la mayoría de los bienes de capital son duraderos y donde los efectos del progreso técnico sólo empiezan a manifestarse gradualmente y sólo al principio en algunos sectores del sistema pero no en otros. Esto podría llevar a cierta revisión de la teoría austríaca del ciclo económico, un tema sobre el cual me he vuelto de alguna manera escéptico. Sigue pareciéndome que la insistencia de Wicksell de que el ciclo económico tiene algo que ver con la asimétrica tasa del progreso técnico en diferentes partes del sistema fue fundamentalmente algo acertado. Y espero que los economistas austríacos de alguna forma encuentren la manera de incorporar estas visiones en la teoría austríaca del ciclo económico. Como están las cosas en este momento, por supuesto, no hay ninguna referencia al progreso técnico. Pero es ciertamente claro que en el mundo real sí importa.

 

Otro problema que los austríacos deberían abordar es un examen crítico de ciertos conceptos que son utilizados por otros economistas. El otro día escuchando al Profesor Tobin uno se entera que él pensaba que existía una gran cantidad de capacidad ociosa en la economía americana. Ahora, ¿exactamente de qué forma uno puede medir eso? Me parece que los economistas que tienen interés en problemas del capital deberían interesarse en asuntos tales como el exceso de capacidad.

 

AEN: ¿Cómo piensa que los austríacos debieran reaccionar frente a los recientes trabajos en Chicago?

 

Lachmann: En primer lugar deberíamos distinguir entre asuntos prácticos, asuntos teóricos y asuntos filosóficos. Ahora, en asuntos prácticos, entiendo que podemos estar de acuerdo. Personalmente, estoy contento de aceptar buena parte de las recomendaciones prácticas de Milton Friedman -cómo combatir la inflación, por ejemplo-. Y me parece que acerca de lo que él llama la “tasa natural de desempleo”, ha dicho cosas excelentes que para mi tienen mucho sentido. Pero esto no significa que debemos estar de acuerdo necesariamente en el nivel teórico. Por ejemplo, ¿es la tasa natural de desempleo un mínimo, el cual todos podemos aceptar, o es, como me parece a mi, tanto un mínimo como un máximo? Y hay ciertamente otras cuestiones. Pero pienso que en el nivel filosófico nos separa un real abismo entre al menos algunos pensadores de Chicago y nosotros.

 

Mi impresión después de leer ciertas publicaciones recientes de Chicago como el famoso artículo, “De Gustibus Non Est Disputandum” [Sobre gustos no hay disputa] (AER, Marzo, 1977), es que estos economistas no entienden la diferencia entre acción y reacción. Parecen no estar dispuestos a admitir que existe tal cosa como una acción espontánea en el mundo. Puesto que si existe tal cosa como una acción espontánea, luego tendrá lugar además en el campo económico. Y si tiene lugar en el campo económico, entonces evidentemente no puede ser predicha. Los economistas de Chicago parecen estar casados con la noción de que la predicción hará que todo resulte verdadero, es por medio de la predicción y test de predicción que somos capaces de distinguir entre lo que es verdadero a la postre de lo que no lo es. Pero en un mundo donde la acción espontánea existe, dicha acción evidentemente no puede ser predicha. Por lo tanto, sí siento que es muy difícil ver de que manera posiblemente podemos estar de acuerdo con ellos en dichos asuntos.

 

Me parece que como consecuencia del rechazo austríaco de la predicción como test de las teorías, nuevamente, contrariamente a los chicaguenses, tenemos que ser muy cuidadosos acerca de los supuestos que utilizamos porque si usamos supuestos que son irreales, obtendremos resultados irreales. En Chicago no parecen estar interesados en los supuestos utilizados siempre y cuando tengan la posibilidad de predicción. Me parece que tenemos que ser muy cuidadosos del realismo de nuestros supuestos y los austríacos deberían en general insistir precisamente en esto.

 

AEN: ¿Cómo ve la relación entre los keynesianos y los austríacos?

 

Lachmann: Ahora, esto es un poco más difícil porque surge la pregunta, “¿quienes son ahora los keynesianos?” He notado que cierto economista acerca del cual siempre pensé que era keynesiano se ha descrito como un no monetarista. Por lo tanto, me parece, que los austríacos y los keynesianos tienen ciertas cosas en común. Tienen una metodología en común, que en el caso de los austríacos está formulada en la Acción Humana de Mises. Y diría que en lo que respecta a Keynes esto está expresado sucintamente como usted sabe en la famosa carta a Roy Harrod del 16 de julio de 1938, que he citado numerosas veces: “La Economía no es una ciencia natural. Esta trata sobre propósitos humanos”. Este subjetivismo es lo que nos une a los keynesianos en contra de ciertos otros economistas. Lo que además tomo en común es un general interés por los hechos. Después de todo, estamos viviendo en el mismo mundo, y está asumido que aceptamos que los hechos importan, esta es una proposición que en Chicago no parece ser tan fácilmente aceptada. Pero si admitimos que los hechos importan, entonces deberíamos ser capaces de establecer dichos hechos.

 

AEN: Usted menciona el comentario de Keynes en el cual hace una afirmación metodológica. De hecho la mayoría de los keynesianos, al menos en los Estados Unidos, siguen una metodología que se limita al estudio de promedios y agregados. ¿Es posible ver esta relación cuando, de hecho, la mayor parte del tiempo ellos trabajan con un holismo metodológico?

 

Lachmann: No se qué tiene usted en mente, y entonces por supuesto la pregunta nuevamente surge, ¿quién es keynesiano? Yo señalaría que, por ejemplo, en un libro como el de Paul Davidson Money and the Real World, el subjetivismo está presente al fin y al cabo. No sabría ningún buen ejemplo de lo que usted llama holismo metodológico. El mero hecho de que alguien trabaje con macro agregados no significa necesariamente que metodológicamente no sea un individualista. Pienso que esto fue resaltado muy bien por Frank Hahn, en su famosa crítica a Friedman. Yo diría que el mero hecho de que algunos economistas estén interesados en macro agregados no necesariamente afecta su subjetivismo metodológico. Todavía deja la posibilidad abierta de explicar el fenómeno refiriéndose a los macro agregados a fin de cuentas en términos de motivos humanos, como, por ejemplo, hizo el mismo Keynes cuando trató de separar la demanda de dinero (dinero como un macro agregado) en sus famosos motivos. Eso fue un intento hacia el subjetivismo, como mínimo.

 

AEN: Un teórico que ha dicho que viene de la tradición keynesiana es Shackle, y él dice que está tratando de desarrollar el subjetivismo que ve en Keynes, en particular los pensamientos de Keynes sobre las expectativas. ¿Qué relación usted ve entre el trabajo de Shackle y el de los austríacos?

 

Lachmann: No puedo pensar en alguien más destacado o importante para las ideas fundamentales austríacas que Shackle. Si él desea identificarse con la economía austríaca o no, o si prefiere en su lugar no ser asociado con ninguna escuela particular, es una actitud que uno ciertamente puede valorar. Yo considero a Shackle, de hecho, un austríaco.

 

AEN: ¿Tuvo la oportunidad de llegar a conocer bien a Shackle en sus días en la London School?

 

Lachmann: Razonablemente bien, yo diría. Ambos fuimos estudiantes y jóvenes investigadores bajo la tutela de Hayek, por dos años, entre 1935 y 1937. Desde luego hablábamos muy seguido. Además, estos años incluyen el año crucial 1936, en el que fue publicada La Teoría General.

 

AEN: Profesor Lachmann, los austríacos siempre han enfatizado la importancia del mecanismo de precios en transmitir información y como una herramienta asignativa para la eficiente utilización de los recursos en una economía. El mundo occidental está ahora enfrentando la situación en la cual un precio importante es cada vez más inflexible a la baja; i.e, salarios, particularmente en Inglaterra. ¿Qué tipo de recomendaciones políticas o que tipos de visiones teóricas puede dar un austríaco en un mundo en el cual los salarios son rígidos a la baja?

 

Lachmann: Todo lo que uno puede decir, por supuesto, es que sería mejor que los salarios no fueran tan rígidos como lo son, y pienso que los economistas austríacos deberían decirle a todo el que esté dispuesto a escucharlos que los salarios que son inflexibles a la baja no son de interés para la sociedad y tampoco son de interés para los trabajadores afectados; que en una economía de mercado no es el camino de la sabiduría reducir el precio de lo que uno tiene que vender.

 

AEN: Recientemente se ha publicado una colección de sus ensayos. Quizás usted quisiera decir una o dos palabras sobre esto.

 

Lachmann: La colección de ensayos, Capital, Expectations and the Market Process es, por supuesto, una selección de artículos que he escrito, el más antiguo de 1940, A Reconsideration of the Austrian Theory of Industrial Fluctuations. Pienso que en general estos artículos reflejan tanto mi reacción a la economía keynesiana como mi creciente desencanto con lo que fue llamado ortodoxia o economía mainstream. Me enorgullezco de un artículo que será incluido que originalmente salió en febrero de 1943, The Role of Expectations in Economics as a Social Science. Antes de 1942 cuando escribí el artículo no era claro para mí que la introducción de las expectativas en la economía significaría una gran revisión de la teoría económica. Y este ha sido uno de los temas en los cuales he trabajado desde 1943. Es decir, fundamentalmente, la incompatibilidad de un mundo en el que la acción espontánea existe y las expectativas son tan subjetivas como lo son las preferencias.

AEN: ¿Qué planes tiene para el futuro próximo? ¿Tiene algunos libros en particular sobre los que está trabajando o simplemente continuará escribiendo por este camino?

 

Lachmann: No, sencillamente intentaré escribir por este camino en tanto y en cuanto me sea permitido.

* Entrevistado por Richard Ebeling y Gary G. Short el 18 de noviembre de 1977. Publicado en la Austrian Economic Newsleteter, Vol. 1, No. 3, Otoño de 1978. Permiso otorgado por el Ludwig von Mises Institute para traducir al español y reproducir en el volumen I del libro “La Escuela Austriaca desde Adentro”. Traducido al español por Matías Spelta. Revisión técnica de Adrián Ravier.