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Escuchaba ayer en vivo a Gustavo Lazzari (@Lacha en Twitter) y a Agustín D’Attellis (@adattellis en Twitter) debatir en C5N. Se tocaron varios puntos interesantes. Pero hay uno que creo vale le pena resaltar: El aumento del precio de las tarifas de servicios como la luz. Que el precio de estos servicios suba no quiere decir que el costo económico total también suba.

En el típico gráfico de demanda y oferta el costo económico total coincide con el precio que se paga por el bien o servicio en cuestión. El precio captura toda la relevante sobre la escasez relativa de estos bienes y servicios. Pero cuando el precio está fuera de equilibrio el mismo no captura toda la información disponible. Ejemplo de esto es el caso de cualquier manual de texto escrito por cualquier autor en cualquier país del mundo sobre el efecto de salarios mínimos. Otros ejemplos son los precios máximos, por ejemplo en el alquiler de propiedades.

En el caso de la energía lo que hay es un preció máximo por debajo de equilibrio. Esto hace que el costo total de adquirir energía sea mayor al costo con un precio de equilibrio. Esto se ve claramente con un gráfico de demanda y oferta.

Energia

El punto (p*; q*) denota la hipotética situación de equilibrio. La línea horizontal roja marca el precio máximo pM donde la cantidad ofrecida disminuye al nivel qO y la cantidad demandada aumenta a qD. De allí que se produzcan cortes de luz.

Pero dado que la cantidad de energía disponible es qO, el precio que el mercado está dispuesto a pagar por esa cantidad es cT (costo total). El costo total de la energía se distribuye en el precio pM (precio máximo) y otros costos asociados a estar en desequilibrio y asegurarse tener energía. Como ejemplificaba Lacha, por tener que alquilar generadores eléctricos, que ubican al costo energético no sólo por encima de pM, sino también por encima de p*.

Hay otros costos que se pueden mencionar como la perdida de mercadería (por ejemplo en frigoríficos, supermercados, o en las heladeras de las viviendas). También se podrían agregar costos de planificación y transacción dado que los cortes energéticos (al menos hasta ahora), en general no han sido anunciados. O actividades industriales que requieren tiempo poner su maquinaria en funcionamiento (costo por caída de producción y por lo tanto de ventas). El listado podría seguir con numerosos ejemplos.

Ahora bien, es cierto que un aumento de tarifas no resulta en un aumento de cantidad ofrecida de manera inmediata, pero sí es un primer paso necesario. Lo que no se puede es tener la ilusión de tener un mercado equilibrado con un precio fuera de equilibrio. Que los procesos económicos llevan tiempo ya era noticia vieja en la época de Adam Smith.

Nótese, primero, que este análisis es similar al de otros mercados con precios intervenidos o no libres en Argentina como el dólar durante el cepo cambiario o las universidades pública gratuitas (precio cero). En segundo lugar, aumentar el precio de pM a p* hace desaparecer el costo que se paga por fuera del precio (cT – pM). En tercer lugar, este simple gráfico es también un marco teórico simple para otros aumentos que vendrán (por ejemplo transporte público.)

Cuando el precio se encuentra por debajo de equilibrio, la pregunta a responder es de qué forma el consumidor paga la diferencia entre pM y cT. ¿Baja calidad del transporte público? ¿Accidentes de tren? ¿Teniendo que operar en el mercado ilegal decambios? ¿Baja calidad edilicia y educativa? Etc… De lo contrario el análisis de costo-beneficio se encuentra sesgado.

Otra manera de interpretar este gráfico es que el famoso “ajuste salvaje”, como le gusta llamarlo a los heterodoxos en Argentina, de hecho ya ocurre. Lo que sucede es que el mismo se encuentra camuflado fuera del precio y se sufre por otros costos asociados como los mencionados arriba. En lugar de aumentar el costo de la energía, se lo pone al productor en la necesidad de alquilar generadores eléctricos de emergencia o cerrar su negocio.