-Luego del pico inflacionario de abril, producto del aumento en las tarifas de los servicios, ¿cómo evalúas las estrategias del Gobierno para frenar la suba de precios durante la segunda mitad del año?, ¿crees que podrá lograrlo?
El primer semestre de este 2016 tuvo un reacomodamiento de precios lógico, dado el cambio de modelo. La expansión de la base monetaria de los últimos meses de 2015, el sinceramiento del tipo de cambio y la quita de subsidios en los servicios públicos alimentaron una inflación que ya era elevada, reconociendo una inflación reprimida que es parte de la herencia del gobierno anterior. La proyección del gobierno de que observaremos en el segundo semestre una inflación en baja me parece acertada. Los elementos que lo explican son: 1) la reducción en el ritmo de expansión de la base monetaria; 2) la suba en la tasa de interés; 3) el estancamiento económico, o incluso la leve recesión en la que estamos sumergidos.

-Mantener elevadas las tasas de interés es una de las estrategias, ¿hasta qué punto esto le puede jugar en contra?
Elevar las tasas de interés ayuda a absorber parte del circulante, y eso contribuye en desacelerar la inflación. Por otro lado, es cierto que reducir la inflación tiene inicialmente un costo económico, político y social, ya que se contrae la actividad económica. Les puede jugar en contra, pero es una medida necesaria en busca de la estabilidad monetaria. Lo que no se puede dejar de señalar es que el problema madre de la inflación en el caso actual de la economía argentina, está en el déficit fiscal. El gobierno busca reemplazar su monetización por endeudamiento externo, y si bien esto contribuye a desacelerar la inflación en el corto plazo, surgen otros problemas que deberán ser tratados en el futuro.

-La reactivación paulatina del nivel de actividad económica, a partir del estímulo a la obra obra pública, también es otra promesa del Gobierno para el segundo semestre, ¿te parece que es realmente posible?, ¿de qué depende el éxito de esta iniciativa?
La obra pública se puede encarar de muchas maneras. Si ésta proviene de concesiones a capitales privados, éstos tendrán un retorno como compensación pero ayudarán a resolver un problema de infraestructura que hoy hace de cuello de botella para el desarrollo económico del país. Me parece que el gobierno fracasó en fomentar este tipo de soluciones, desde el momento en que ignoró que el problema fundamental de la economía argentina está en el exceso de gasto público y el elevado déficit fiscal. Nadie quiere invertir en un país con estos desequilibrios, empezando por este nivel de déficit fiscal y estanflación (inflación + recesión).
Paliar la estanflación con obra pública financiada con impuestos, es doblemente grave. Por un lado, es un error conceptual, porque los gastos que se destinan a obra pública en cierto sector, se detraen necesariamente de otro sector sobre el que se impone la carga tributaria, lo que nos permite observar que en el agregado no hay ninguna reactivación. Esto es lo que los economistas llamamos efecto crowding out o desplazamiento. Pero además, la obra pública viene a representar un mayor gasto público que eleva el ya excesivo déficit fiscal, sin profundizar además en las ineficiencias del sector público en administrar este tipo de inversiones, asociadas generalmente a burocracia y corrupción.
Finalmente, si la obra pública se financia con deuda externa, entonces sí hay una inyección exógena de capital que puede contribuir a reactivar en el corto plazo la economía, lo que puede contribuir a su vez a mejorar la recaudación tributaria, para en última instancia reducir el déficit fiscal. Pero esta solución tampoco escapa a la lógica señalada más arriba en asociarse a ineficiencias, burocracia y corrupción, con la particularidad que se reemplazan impuestos presentes por impuestos futuros, y que es asociada también a un problema moral, ya que estos impuestos futuros necesarios para cancelar la deuda recaerán sobre generaciones que ni siquiera participaron de la elección del presente gobierno.
Resumiendo, me parece que primero debe encararse el equilibrio fiscal, y sólo como consecuencia de ello, llegará la reactivación de la economía. Intervenir para reactivar la economía, y sólo como consecuencia de ello esperar una recuperación de la recaudación tributaria, no suele ser una política exitosa en la historia económica.
Se ha señalado como caso exitoso el de EEUU en los últimos años, donde una política activa permitió evitar una nueva crisis del treinta, fomentando empleo y reactivando la economía. El caso en sí mismo requiere una extensa discusión. Pero nótese brevemente que EEUU no estaba enfrentando después de la crisis subprime de 2008 un proceso de estanflación, sino de deflación. Me parece que aquí hay muchos economistas que están partiendo de un diagnóstico equivocado que sólo puede comprometer aun más la situación del país, que ya es por sí misma muy delicada.

-Por último, la llegada de inversiones es otra expectativa que manifiesta el Gobierno como argumento para recuperar la economía,  ¿crees que el Estado tendrá que impulsar la reactivación con recursos propios para que se concreten inversiones privadas?

Como decía más arriba, nadie invertirá en un país con estos desequilibrios (déficit fiscal, alta inflación y recesión). Descreo, sin embargo, que el Estado pueda ser eficaz en impulsar la reactivación. Lo que debe hacer el Estado es atacar el desequilibrio fiscal con clara convicción, y sólo después, llegarán los capitales para contribuir en la corrección. En definitiva, hay un triángulo con tres opciones para el gobierno: 1) seguir haciendo lo que se hacía, monetizando el déficit fiscal y admitiendo la consecuente alta inflación; 2) reemplazar esta monetización por deuda externa, lo que puede permitir una solución de corto plazo a algunos problemas, pero en el fondo agrava la situación para el futuro; 3) Si realmente queremos evitar repetir el error del kirchnerismo (déficit fiscal e inflación) y del menemismo (déficit fiscal y deuda externa), debemos avanzar en eliminar el déficit fiscal con un claro recorte del gasto público. Los argentinos debemos reconocer que no hay otra salida de esta situación que equilibrar el gasto público con la recaudación tributaria. Gastar en exceso es populismo. En el largo plazo, las cuentas hay que pagarlas.

Extractos de esta entrevista fueron publicados en “Un año de transición económica“, Suplemento Dinero, La Gaceta, domingo 15 de mayo de 2016.