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Como dicen los autores de este reporte del Cato Institute, a 25 años de la caída de la URSS, podemos comparar (en lugar de especular) el desempeño de aquellos países que hicieron reformas de fondo rápidas (shock o Big Bang) y aquellos países que siguieron un proceso de reforma gradual.

Vale enfatizar que estos países, al ser todos ex-URSS, ofrecen el mismo contexto o punto de partida, por lo que la diferencia de resultado y desempeño no se explica por distintas situaciones iniciales.


Los resultados son claros. Aquellos países que no fueron tibios ni en la extensión ni en la velocidad de las reformas obtuvieron (1) mejor desempeño económico y (2) un menor costo social. Este segundo punto es la preocupación de quienes defienden reformas graduales. Sin embargo, como este estudio muestra, sí es posible tener políticas de “shock” socialmente menos costosas que el gradualismo.

Un punto de confusión, en lo que respecta a esta zona geográfica, es el caso de Rusia. Las reformas, se dice, no trajeron los resultados prometidos. Rusia no es un buen ejemplo no sólo porque dejó las reformas a medias, sino que retrocedió en varias de ellas.

En Argentina este es un tema relevante dado el cambio de gobierno, bajo un lema no menos entusiasta que Cambiemos al canto de “Sí, se puede.” El gobierno se ha expresado en repetidas ocasiones en favor de reformas graduales. Sin embargo, tanto personas del gobierno como gente que los apoya lo hacen “ridiculizando” la propuesta de shock o señalando los pobres resultados de un shock mal aplicado (por ejemplo, de manera improvisada luego de lo que falla es el gradualismo anterior.) Para tener una discusión productiva, los defensores del gradualismo deberían tener mejor conocimientos de casos como el de los países ex-URSS y discutir con la mejor versión de las políticas de shock, no con una versión simplificada al ridículo que es en definitiva una manera indirecta de evitar el debate.

Me imagino la reacción de más de uno. En Argentina no se puede. Con todos los problemas económicos y sociales que tiene Argentina, si los pequeños países satélite de la ex-URSS pudieron, Argentina no debería tener excusa. Los políticos argentinos deberían aplicar su creatividad al momento de justificar nuevas regulaciones e impuestos en defender reformas de fondo, momento al cual la “restricción política” es la excusa eterna. No es que no se pueda, es que no se quiere o no se sabe cómo. Más que un shock de gestión, Argentina necesita un shock de liderazgo.