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[Publicado originalmente en inglés el 16 de agosto de 2000. Traducido y publicado en español en Mises Hispano, el 5 de noviembre de 2016.]

“Toda teoría debe aprobar en último término dos exámenes: uno, el de la coherencia interna, el otro, el de la coherencia con la realidad”.

Introducción
En el periodo entre los fundadores de la Escuela Austriaca (Menger, Böhm-Bawerk y Wieser) y su siguiente generación (liderada por Mises y Hayek), Frank Albert Fetter fue el portaestandarte de la tradición austriaca. Su tratado de 1904, Principios de economía, creaba una teoría general de la economía siguiendo la tradición austriaca que no fue superado hasta el tratado de Ludwig von Mises de 1940, Nationaloekonomie. Aun así, Fetter, un austriaco estadounidense mucho antes de la emigración de entreguerras desde Austria, no ha recibido el reconocimiento debido a sus muchas contribuciones a la tradición.

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Utilizando el método axiomático-deductivo, establecía leyes económicas para la acción humana individual y demostraba que igual que el precio de cada bien de consumo está determinado únicamente por su valor subjetivo, el tipo de interés está determinado únicamente por la preferencia temporal. El precio de renta de cada bien de producción se imputa por su demanda empresarial y es igual a su producto de valor marginal descontado. El valor de capital de cada bien duradero es igual al valor descontado de sus futuras rentas. Fetter demostraba cómo esta teoría subjetiva uniforme del valor explicaba el rechazo de las teorías socialistas de la explotación laboral, las teorías ricardianas de la renta y las teorías de la productividad del interés.

A partir de su teoría austriaca del capital, dinero, interés y emprendimiento, Fetter incluso desarrollaba una teoría rudimentaria del ciclo económico, argumentando que el periodo de auge se caracteriza por el aumento artificial de valores de capital al expandirse el dinero y el crédito. Le sigue la crisis cuando cesa la inflación que causa los valores erróneos de capital del auge para corregirse en repentinamente a la baja y a su vez generar la quiebra, desempleo y recorte de la depresión.

Su trabajo sobre capital e interés aun no ha sido sobrepasado o siquiera completamente apreciado, ni siquiera por los austriacos; mucho más que una corrección del lapsus de Eugen von Böhm-Bawerk de una teoría de la productividad del interés, es la base para todo trabajo sobre capitalización y la refutación definitiva de la afirmación de que la productividad tenga algún papel a la hora de determinar el tipo de interés.

Antecedentes
Nacido el 8 de marzo de 1863 en la comunidad agraria de Peru de la Indiana del centro norte, Fetter entró en la Universidad de Indiana con 16 años. Aunque estaba en la clase de 1883, dejó la universidad después de tres años para dirigir la librería de la familia mientras su padre estaba enfermo. Durante estos años, leyó los libros y revistas que recibía en el trabajo, que incluían Progreso y pobreza de Henry George, el libro que influyó en su decisión de elegir la economía como carrera.

Después de ocho años como empresario de éxito, volvió a la Universidad de Indiana, obteniendo su licenciatura en 1891. También a este respecto, el sacrificio de su retraso en sus estudios formales resultó providencial, pues fue capaz de acabar su graduación bajo la influencia de Jeremiah W. Jenks. Al año siguiente, Jenks, que entonces estaba en la Universidad de Cornell, obtuvo una plaza de auxiliar para Fetter, que obtuvo la maestría en filosofía en Cornell ese mismo año. Jenks le animó posteriormente a estudiar con Johannes Conrad, como había hecho él. Después de estudiar con Conrad y recibir lecciones en la Sorbona de París, Fetter se doctoró en 1894 en la Universidad de Halle en Heidelberg. Escribió su tesis sobre teoría de la población a la que veía como parte de una teoría más amplia del bienestar y se dedicó a partir de entonces al desarrollo de una teoría general del valor y el bienestar.[1]

Fetter volvió a sus estudios formales a Cornell como instructor durante un año y luego aceptó un cargo como profesor de economía y ciencias sociales en la Universidad de Indiana hasta 1898. Durante los tres años siguientes, enseñó en la universidad de Stanford y, de 1901 a 1911, se convirtió en colega de Jenks en Cornell como profesor de economía política y finanzas. En 1911 aceptó la presidencia el departamento interdisciplinario, incorporando historia, política y economía en la Universidad de Princeton y, a partir de 1913, ejerció como presidente del recién configurado departamento de economía durante once años. Alcanzó el estatus de emérito en 1931 debido las regulaciones de jubilación forzosa de Princeton, pero su popularidad y productividad eran tan grandes que se mantuvo enseñando cursos de posgrado hasta los setenta años en 1933.

Fetter enseñó en visitas o intercambios en las universidades de Harvard, Columbia, Johns Hopkins y Northwestern, la Universidad de Illinois y las universidades Claremont. En todos sus puestos fue un profesor admirado y un tutor querido. Recibió el doctorado honoris causa en derecho en la Universidad de Colgate en 1909, en el Occidental College en 1930 y en la Universidad de Indiana en 1934. Intelectualmente activo hasta su muerte en 1949, Fetter es autor de ocho libros, más de cien artículos académicos y más de cincuenta reseñas de libros. Dio una docena de discursos importantes y testificó ante el Congreso y las agencias del gobierno federal varias veces en su larga y productiva vida.

La teoría del valor subjetivo
Antes de la llegada de un maduro Ludwig von Mises, Fetter era el principal teórico del valor subjetivo del mundo. Mientras que Mises incluiría la teoría del dinero en una teoría general del valor subjetivo de la economía en 1912, Fetter en 1904 ya había extendido el principio del valor subjetivo para incluir los precios de los factores y el tipo de interés en una teoría unificada.

La peculiaridad de su contribución no se perdió en la profesión en su conjunto y fue ampliamente reconocida como austriaca. En 1905 apareció un artículo de veinte páginas que reseñaba el libro de Fetter en la eminente Quarterly Journal of Economics. El autor, Robert F. Hoxie, escribía que Fetter había eliminado “la falta de armonía (…) en la unión ecléctica de las doctrinas austriacas con la antigua teoría clásica”. Hoxie señalaba que Fetter había rechazado la vuelta de la profesión “ hacia la explicación del coste objetivo” desde la “explicación puramente física de los fenómenos económicos en términos de utilidad”. Por el contrario Fetter indicaba, según Hoxie, “que los austriacos estaban, después de todo, en camino hacia una interpretación real y coherente de la actividad económica. Han fracasado en esto, no porque se hayan alejado demasiado de las concepciones previas clásicas, sino porque no se han podido emancipar completamente de las antiguas nociones económicas”. Hoxie afirmaba que Fetter había recuperado “las concepciones iniciales de los austriacos” y tratado “de impulsar su línea característica de pensamiento hasta sus conclusiones reales y definitivas”. Fetter veía “la economía esencialmente como un estudio del valor y ha visto todos los fenómenos económicos como la expresión concreta, bajo diversas circunstancias, de una teoría uniforme del valor”.[2]

El propio Fetter era tan inflexible acerca de la naturaleza subjetiva del valor en materia económica que se negaba a referirse al punto de inflexión del pensamiento económico de la década de 1880 como la revolución marginalista, prefiriendo los adjetivos “objetiva” o “psicológica” para describir la nueva teoría. Incluso rechazaba a Leon Walras en el trío habitual de revolucionarios porque pensaba que este, al contrario que el otro marginalista matemático, Stanley Jevons, no estaba de acuerdo con que la esencia de la revolución fue en la reintroducción del valor subjetivo en la teoría del valor. En la explicación revisionista de Fetter, el trío correcto es Carl Menger (cuyo “inusual vigor, independencia y originalidad de pensamiento parece haberse sentido y estimado por todos los que estuvieron en contacto con él ”), Jevons (cuya “versatilidad, originalidad y vigor de pensamiento son evidentes en cada página”) y J.B. Clark (que “está clasificado por sus amistosos críticos estadounidenses en la lista de los seis economistas angloamericanos más capaces [y] es reconocido aparentemente por todos los críticos extranjeros como el decano de los teóricos estadounidenses”).[3]

La teoría de los salarios
Fetter también apreciaba la gran importancia que una teoría subjetiva del valor que reemplazara a una teoría objetiva en la historia del pensamiento económico. Decía que: “La teoría del valor trabajo fue adoptada por Adam Smith solo después de una explicación muy superficial”, lo que le llevó a “su confusión de ideas con respecto al trabajo encarnado y el trabajo ordenado, el trabajo como fuente y medida de valor, la renta y los beneficios ahora formando parte del precio y ahora no”. Fetter concluía que “la confusión resultante la sufrió toda la generación siguiente de economistas”.[4]

En particular David Ricardo, al aceptar el concepto de Smith de trabajo encarnado, ejerció “una influencia tremenda y errónea de maneras que no podían preverse entonces. El trabajo es la fuente de valor (…); el trabajo es la causa del valor; el trabajo produce toda la riqueza. De todo esto se sigue naturalmente la conclusión ética y política: si el trabajo produce toda la riqueza, entonces el trabajo debería recibir toda la riqueza”. Una conclusión que los “socialistas ricardianos” estaban demasiado ansiosos por adoptar y que posteriormente usó Karl Marx con mucha eficacia.[5]

La teoría de Ricardo-Mill puso en manos de los marxistas un arma poderosa y estos, al basar su teoría de la explotación en la teoría del valor trabajo, paralizaron a los economistas burgueses cuyas propias teorías favoritas se basaban en la misma concepción del valor. Fetter sabía esto por experiencia personal: “Recuerdo bien la confianza y al gusto con el que esta demostración de la verdad del marxismo seguía siendo presentada por portavoces socialistas en los noventa, ya que la oí de Berlín a San Francisco, cuando se suponía de manera generalizada pero errónea que todos los economistas burgueses seguían siendo ricardianos ortodoxos”.

Sin embargo, no fue solamente el marxismo lo que inspiró a los marginalistas a lanzar un golpe a favor de la razón y el bienestar. “La doctrina semicomunista de Henry George de confiscación de tierras, basada en la teoría del trabajo o la característica de las rentas de esta”, argumentaba Fetter, “impulsó [a los economistas de finales de los sesenta] a reexaminar la teoría del valor”. Fetter sabía que “la evasiva y contradictoria teoría del trabajo tal y como la dejó J.S. Mill (…) era una caña rota contra el ataque del valor de la plusvalía sobre el sistema de industria y propiedad privadas”.[6] La respuesta del valor subjetivo al ataque marxista y georgista iba a encontrarse, decía Fetter, en el concepto de valor de capital de J.B. Clark y “más prominente y explícitamente” en Valor natural de Wieser y en La conclusión del sistema marxiano de Böhm-Bawerk.[7] Una demostración de este proceso de imputación de valor desde los productos hacia el trabajo formaba la primera parte de los Principios de economía de Fetter.

El método de Fetter para explicar estos principios era misesiano. Fetter escribe: “El objetivo (…) ha sido proceder por pasos graduales, como en una serie de proposiciones geométricas, desde las acciones y experiencias sencillas y familiares de la vida cotidiana de la persona, a través de relaciones más complejas, hasta los problemas actuales económicos y prácticos más complejos”.[8] Además de emplear aproximaciones sucesivas, era, como Mises, estrictamente lógico en su método. Tal y como lo veía Fetter, “Toda teoría debe aprobar en último término dos exámenes: uno, el de la coherencia interna, el otro, el de la coherencia con la realidad”. Y esto último no se refería el empirismo, sino al “rudo contacto con el mundo de los eventos [que] es a menudo lo que prueba o refuta una teoría y obliga al pensamiento a salir de las rutas convencionales”.[9] Hoxie, escribiendo acerca de los Principios, decía de Fetter: “ha presentado a los estudiantes de economía un sistema que, en cuanto a coherencia lógica, no tiene precedentes, un sistema que desde la primera concepción fundamental avanza sin interrupciones hasta el fin. (…) La secuencia lógica y la simetría armoniosa de esta obra merecen, al menos, una fuerte presunción de su verdad esencial”.[10]

Fetter empezaba con la proposición “sencilla” y “casi evidente” de que “la fuerza motivadora de la economía se encuentra en los sentimientos de los hombres”. Son los deseos del hombre los que le impulsan a actuar, primero en empeños primitivos, pero este acaba “queriendo desarrollar y transformar el mundo” impulsando al hombre a acumular riqueza y, tras la riqueza, a construir una civilización. Además, los deseos no se limitan al mero “interés propio” del hombre o los objetivos meramente “materiales”, sino que se extiende por todo el rango de deseos “sociales y espirituales” del hombre.

Al estudiar el problema del valor, Fetter veía que se debía “reconocer cualquier motivo que lleve a los hombres para atribuir importancia a actos y cosas”, porque “el valor tiene una relación muy cercana con los deseos” y “de la reunión y comparación de las estimaciones [de valor] de los individuos aparecen los valores o precios del mercado”.[11] La demanda de un bien de consumo de un hombre se forma a partir de la ley de la utilidad decreciente (una proposición cuya verdad se encuentra “en la misma naturaleza del hombre”), que se refiere a la “utilidad marginal” o “gratificación obtenida por la porción añadida del bien”.[12]

Como el término “utilidad marginal” expresa “con una sola frase la idea tanto de la demanda como de la oferta”, los precios “se crean a partir de valoraciones subjetivas” únicamente y “se corresponden muy aproximadamente con las estimaciones subjetivas” del comprador y vendedor marginales, es decir, “el comprador menos dispuesto y el vendedor menos dispuesto”.[13]

Fetter dividía el valor de los bienes de producción en dos categorías: el problema de la renta (que explica el valor del uso temporal) y el problema de la capitalización (que explica el valor del control permanente y la propiedad).[14] La renta de un factor de producción depende del principio universal del rendimiento decreciente.[15] Como la ley de la utilidad marginal decreciente, “El concepto de los rendimientos decrecientes es un aspecto de la gran ley de la proporcionalidad”, que es la “verdad fundamental y axiomática de que hay un ajuste máximo who apropiado de medios y fines” en la acción del hombre. “De ello se derivan las importantes teorías económicas de la renta y la capitalización”.[16]

Como la gratificación es la base de todos los valores, lo que se deduzca acerca de los precios de los bienes de consumo debe ser verdad también para los precios de los factores. El precio de una unidad de “un grupo de bienes de consumo, todos de la misma calidad” está dictado por la utilidad marginal decreciente. También está dictado por la “cantidad de un artículo capaz de atender los deseos del hombre”. Así que una serie de bienes de consumo de distintas calidades diferirán en precio. Si un bien no tiene utilidad marginal será un bien “gratuito” y los bienes de tipos similar, pero de calidad superior tendrán precios “medidos desde cero hacia arriba”. El grado en el que “los grados inferiores adquieren valor” y pasan a usarse depende de “la escasez de los grados superiores”.[17]

La competencia por la mano de obra genera la ley de los salarios, que dice que cualquier trabajo o clase laboral es igual al valor marginal de sus productos. “Cada agente en un sector, ya sea un caballo, un arado o un hombre, se valora en relación con otros agentes”, por tanto, “no es el servicio total que lleve a cabo uno de ellos” lo que determina su paga, sino el valor atribuido a la última unidad de suministro. Para Fetter, su contribución marginal determina su importancia y, por tanto, su precio de renta. Esta “ley de los salarios no es sino la ley general del valor, funcionando con las condiciones especiales que acompañan de la gratificación de deseos por esfuerzo humano”.[18]

Fetter iba más allá de la teoría del producto del valor marginal, argumentando que el precio de renta de un factor sería igual a su producto descontado de valor marginal. Como la aplicación de servicios laborales a diferentes tareas tiene “mucha diversidad en su cercanía a la gratificación a la cual están destinados”, deben pasar intervalos muy distintos de tiempo antes de que madure la gratificación. El valor esperado de todos los productos, salvo los inmediatamente disponibles, se descuenta por adelantado, argumentaba Fetter, ya que todas las gratificaciones dispares en el tiempo “se comparan en un preciso momento” es decir, en el presente.

En el mercado, “el trabajo se distribuye de acuerdo con la tasa prevaleciente de valor temporal, que (…) se expresa aproximadamente en el tipo de interés”. “Por tanto, todos los salarios pagados por ayuda sobre productos que son remotos”, concluía Fetter, “se basan en el valor presente, o valor descontado, de la gratificación futura a la que contribuye el trabajo”. Al tiempo que señalaba la implicación de la teoría para la doctrina socialista de la explotación, Fetter extendía la teoría todos los factores. El valor temporal es un género distinto del problema del valor general: “Debe encontrarse en relación con todo uso que no sea inmediato. (…) Su aplicación a la renta es más frecuente y evidente, ya que sólo se capitalizan los usos de agentes materiales, es decir, los vendidos a perpetuidad”.

Teoría de la capitalización
Pasando a la teoría de la capitalización, Fetter definía al capital como “riqueza económica expresada en términos de la unidad general de valor”. Y aunque el capital, en cualquier momento del tiempo, incluye todos los bienes económicos en existencia, Fetter decía que la mayoría del capital está “compuesto por cosas duraderas”. Por esta razón, “cuando el interés se define como el pago por el uso del capital, está relacionado con toda la riqueza que se expresa en forma de capital”.[19]

Para Fetter, el interés afectaba a toda acción que consuma tiempo y la determinación de su tipo era un requisito previo, no un resultado, del cálculo del valor de capital. Para contabilizar racionalmente el valor de mercado de algo, incluyendo un bien duradero, “debe remontarse su importancia a la ‘gratificación’”. El comprador de riqueza duradera paga una “suma concreta al cambio del derecho a disfrutar de una serie de rentas futuras”. Por tanto se hace imposible que el valor de capital pueda preceder a la renta y por tanto “la mera mención de una suma de capital implica el problema del interés y asume el tipo de interés”.[20]

El interés, no importa cómo se manifieste, se basa fundamentalmente en el valor temporal, que es omnipresente. El valor temporal es “la prima sobre los bienes presentes” y su manifestación como tipo de interés es “distinta del precio normal de mercado de los bienes solo por la naturaleza especial de las utilidades intercambiadas” que derivan de “bienes presentes y futuros”. La capitalización (es decir, “el descuento de rentas futuras en bienes”) es necesaria debido a la escasez de gratificaciones presentes e implica la aparición de un extra o “rendimiento neto, por encima del valor del capital”. Como sus usos futuros se han descontado, los agentes recién producidos tendrán un precio “menor del que tendrán cuando se conviertan en rentas reales”. Esto no solo rebate la teoría socialista de la explotación, sino que demuestra que “explicar el tipo de interés como debido al proceso de ‘producir’ agentes de capital a partir de otros materiales, es plantear la pregunta” de la determinación del tipo de interés.[21]

Nadie ha apreciado más los logros de Fetter sobre capital, renta e interés que Murray N. Rothbard. Fetter, según Rothbard, rellenó las “muchísimas lagunas de las teorías [austriacas] de capital, renta e interés”. Rothbard dijo que Fetter “fue el primer economista que explico los tipos de interés únicamente mediante preferencia temporal”.[22]

Pero las contribuciones de Fetter a una teoría general del valor subjetivo de la economía no acaban con el capital y el interés.

Teoría del dinero y ciclos
Basándose en su opinión de que “el tipo de interés” es “un tipo de cambio entre presente y futuro”, Fetter argumentaba que la preferencia temporal afectaba a la acumulación de riqueza debido a “una relación cercana entre el ahorro y la tasa de descuento temporal”. Los ahorradores dejan de lado deseos presentes solo cuando el bien futuro tiene al menos el valor del bien presente. Al convertir ahorros en agentes indirectos duraderos el hombre consigue acumular riqueza, un proceso que depende de “la competencia con éxito de la previsión con el deseo presente”. “El ahorro”, según Fetter, “levanta a la sociedad de la pobreza a la riqueza mediante el progresivo aumento de las fuentes de utilidades futuras”. En la industria moderna, ahorrar a menudo toma la forma de dinero, que luego es prestado a prestatarios productivos que se ven “así empoderados para aumentar [sus] existencias de agentes productivos en la medida en que el prestamista ha limitado su consumo”. Un tipo más bajo de interés significa una mayor capitalización de todas las rentas, lo que estimula la producción de bienes de capital. Un tipo más bajo también hace “ventajoso aplicar capital recién formado a usos que antes no justificaban la inversión” lo que incluye la expansión de las inversiones presentes y “poner nuevos eslabones en la cadena de la producción técnica”. Los beneficios del ahorro no recaen solo “sobre el propietario de la riqueza ahorrada”, sino que se “difunden a través de la sociedad” porque aumentan la eficiencia de la producción.[23]

Aunque Fetter no extendiera el concepto del valor subjetivo tan completamente como Mises al asunto del dinero, sus opiniones anuncian el análisis del valor subjetivo de este último. Después de distinguir entre “dinero primario”, que eran las monedas de oro y plata, y “sustitutivos del dinero”, que eran los billetes de banco (“redimibles en oro a la vista”) y dinero público o “dinero político” (basado en las leyes de “curso legal” y el “poder político”), Fetter argumentaba que bajo un sistema de “libre acuñación” el dinero no presenta “ningún problema especial de valor”. “El Valor del oro como metálico y dinero está fijado por la demanda marginal” entre “los diversos usos del oro [que] están constantemente compitiendo por él”.

El valor de intercambio de un dólar (para Fetter el término dólar es “un nombre cómodo aplicado a 23 con 22 centésimas de granos de oro fino”) variará en diferentes tiempos y lugares. El dinero “es un bien valioso que se mantiene a mano como la mejor provisión posible frente a emergencias” cuyo “uso está sometido a la ley de la utilidad decreciente”. Por esta razón, “en igualdad de condiciones, el valor del dinero cae al aumentar su cantidad y viceversa”. Cada vez que crecientes suministros de oro crean mayores existencias de dinero, se altera la proporción óptima entre rentas monetarias y dinero. Las personas responden al “exceso de dinero” comprando bienes para reducir sus existencias de dinero; esto impulsa al alza los precios hasta que se restaura la proporción óptima.[24]

Fetter también desarrolló una teoría rudimentaria del ciclo económico. Señalando primero que “una crisis es un momento decisivo o punto de inflexión y por tanto, en la industria, un colapso de la prosperidad”, dividía el ciclo económico en tres fases: prosperidad, crisis y depresión. Toda crisis es financiera en su origen y “una sacudida en los precios que destroza el crédito de algunos bancos intermediarios, mercaderes y fabricantes”. La fase de prosperidad se caracteriza por mayor dinero, confianza y crédito, lo que hace que “se reasuman las empresas más antigua y se inicien otras nuevas”. Durante la prosperidad “los beneficios son aparentemente grandes”, pero “en parte ilusorios”, ya que “solo existen en el papel”. Mayores beneficios estimulan la compra de materiales en mayores cantidades, lo que “causa un aumento en los precios y un incremento en los costes” y el “exceso de mano de obra sobre el margen de eficiencia hace que el empleo y los salarios empiecen a aumentar”. Una inversión de la expansión monetaria y del crédito causada por “una exportación grande y continua de metálico” trae la crisis, que reduce “las reservas de metálico en los bancos” y “el valor de muchas acciones y valores en poder de los bancos”. Los banco se vuelven cautelosos e intermediarios y especuladores se ven obligados convertir recursos en efectivo. Los precios a la baja, el crédito hecho añicos y las pérdidas financieras causan quiebras, desempleo y retraimiento.

Para Fetter, “las crisis deben explicarse esencialmente como el movimiento forzoso y repentino de reajuste en la capitalización errónea de agentes productivos”. Esa “capitalización recorre toda la industria”, unida a la enorme extensión de inversión en “nueva maquinaria y procesos”, implica una perturbación del “equilibrio de los precios tanto en tiempo como en espacio”. “Cuando el equilibrio entre la capitalización de diversas industrias y entre las rentas de diversos periodos resulta ser falso”, concluía Fetter, “el inevitable reajuste causa sufrimiento y pérdidas a muchos, pero especialmente a las industrias infladas”.[25]

Emprendimiento
Fetter entendía la importancia de la “empresa” como organizadora de la división del trabajo. La principal habilidad del empresario era el “juicio”, que se refería a las predicciones apropiadas acerca de acontecimientos futuros. Todos poseen y muestran esta habilidad hasta cierto punto, pero “como los hombres difieren en [habilidades de] juicio” el mercado establecerá una división de trabajo en empresarios mediante “el incesante funcionamiento de la competencia” que asegura que “los lugares más altos son tomados por aquellos más dotados para ocuparlos y así aumenta la eficiencia tanto de los empresarios como de los trabajadores”.

De forma similar, los empresarios disponen la división del trabajo y establecen “métodos de organización” que “se comprueban con sus resultados”. Por sus servicios de “previsión” y “juicio”, los empresarios obtienen un beneficio. El beneficio no es “salarios contractuales, ni se paga por acuerdo (…) sino salarios económicos o ganancias por servicios” que son inciertos. El empresario garantiza al capitalista-prestamista y retorno fijo e igualmente da a los trabajadores una cantidad concreta por servicios aplicados a fines distantes mientras que él “arriesga sus propios servicios y acepta una posibilidad indefinida en lugar de una cantidad indefinida por ellos”. El empresario es “el tomador especializado de riesgos, es el resorte o amortiguador, que asume y distribuye la tensión de la industria” y sus “beneficios no se deben al riesgo, sino a una habilidad superior para tomar riesgos. No se restan de las ganancias del trabajo, sino que se ganan, en el mismo sentido en el que se gana el salario del trabajador cualificado”.[26]

El estado y la sociedad
Fetter se daba cuenta de que igual que un recurso difiere en su capacidad para gratificar deseos, los hombres difieren en sus poderes laborales. Como la “variedad y desigualdad del talento humano” es biológica, Fetter reprendía a Adam Smith por “explicar los salarios a partir de la suposición de que todos los hombres tienen habilidades naturales iguales” y criticaba a “los reformistas sociales radicales” que pensaban que “todas las diferencia en éxito derivan de la injusticia política”. Concluye que “para quienes ignoran la desigualdad de los hombres, todo el problema de la remuneración industrial sigue siendo un misterio. Un socialismo crudo solo es posible para quienes estén ciegos ante las enormes diferencias en capacidad humana”.[9]

La propia división del trabajo es posible debido a las diferencia entre los individuos.[27]

Fetter pensaba que la creencia en la armonía de los intereses económicos debería limitarse. La experiencia ha demostrado que los intereses económicos en el mercado están solo parcialmente en armonía. A partir de esto, Fetter concluía que la “sociedad” está “justificada para actuar” cuando los intereses económicos no estén en armonía y sea posible avanzar en el bienestar social a través de la intervención”. “El estado regula y limita”, según Fetter, con “su objetivo de preservar los beneficios de la competencia sin sus males, de llevar la competencia a un nivel superior y de (…) dar una economía más libre y real”.[28] En la década de 1920, también ofreció lamentablemente palabras amables para la planificación social científica. El papel de los economistas de ánimo científico era proporcionar “sabiduría al arte de usar la riqueza hacia objetivos racionales”, lo que “haría a la economía, no la esclava de la industria”, sino “a la industria la servidora de la humanidad”.[29]

Veinte años después de ofrecer esta visión de la economía política, reiteraba su admiración por el capitalismo en una reseña muy favorable de Burocracia de Mises, en la que también explicaba Camino de servidumbre de F.A. Hayek. Al comparar la Escuela Histórica Alemana liderada por Gustav Schmoller con la escuela teoría austriaca de Carl Menger, Fetter señalaba que el primero “indicaba el camino hacia el estado totalitario” mientras que el segundo llevaba a “un liberalismo mayor y mejor en asuntos económicos y políticos”. Calificó a Mises y Hayek como “dos de los críticos contemporáneos más efectivos del socialismo y los defensores más valientes de la libre empresa” y afirmaba que sus libros son “esencialmente formulaciones armoniosas de asunto actual entre la libertad (política e igualmente económica) y la tendencia hacia el totalitarismo”. De Burocracia, escribió: “la defensa de la libre empresa frente al socialismo nunca ha sido declarada tan hábil y legiblemente con tan pocas palabras”.[30]

Conclusión
Fetter ascendió merecidamente a lo más alto de la profesión económica estadounidense. Su obra fue publicada constantemente en las revistas principales: American Economic Review, Quarterly Journal of Economics, Journal of Political Economy. Ocupó cátedras en varias universidades de prestigio y fue invitado a hablar en importantes eventos llevados a cabo por prominentes asociaciones económicas y a escribir comentarios para la Enciclopedia de las Ciencias Sociales sobre la discipline y para comentaristas europeos sobre pensamiento económico estadounidense. Fue directivo y acabó siendo presidente de la American Economic Association y miembro de la American Philosophical Society. En un homenaje poco habitual, se publicó una nota celebrando su 80º cumpleaños en la American Economic Review y un obituario en la misma revista tras su muerte.[31]

Al cambiar el siglo, Frank A. Fetter estaba levantando el pabellón austriaco hacia mayores alturas que ningún otro intelectual. Fue una de las estrellas más brillantes de la edad de oro de la economía austriaca.

El artículo original se encuentra aquí.

Referencias

[1] Su tesis se publicó como Versuch einer Bevolkerungslehre ausgehend von einer Kritik des Malthus’schen Bevolkerungsprincips [Un ensayo sobre la doctrina de la población basado en una crítica a los principios de la población de Malthus] (Jena: Gustav Fischer, 1894). Después de escribir unos pocos artículos sobre población antes del final del siglo y 1907, hizo de este el tema de su discurso anual del Presidente de la American Economic Association, ver su “Population and Prosperity”, American Economic Review, suplemento, Vol. 3 (marzo de 1913), pp. 5-19. Su tesis era que las civilizaciones nacen y maduran solo al superar el problema maltusiano de la población. Esto se hace por “control volitivo”, que incluye medidas institucionales, como transformar la propiedad comunal en propiedad privada, y motivos “psíquicos” o “sociales”, como preocuparse de la descendencia y alcanzar un nivel de vida más alto o una clase social más alta. Ver Fetter, Principles of Economics (Nueva York: The Century Co., 1904), pp. 184-194. Sus primeros escritos sobre teoría del valor fueron “Theories of Value in Their Application to the Question of the Standard of Deferred Payments”, American Economic Association Publications, suplemento, Vol. 10 (marzo de 1895), pp. 101-103 y “The Exploitation of Theories of Value in the Discussion of the Standard of Deferred Payments”, Annals of the American Academy of Political and Social Science, Vol. 5 (mayo de 1895), pp. 882-896.

[2] Robert F. Hoxie, “Fetter’s Theory of Value”, Quarterly Journal of Economics, Vol. 19 (Febrero de 1905), pp. 210-211.

[3] Acerca de los marginalistas, Fetter escribía: “Los nombres de Jevons, Menger y J.B. Clark son los más representativos de las tres fuentes creativas de la teoría marginal, aunque Böhm-Bawerk y Wieser tienen una importancia primordial y en algunos aspectos son igual de grandes”. Ver Fetter, “Value and the Larger Economics I: Rise of the Marginal Doctrine”, Journal of Political Economy, Vol 31, Oct. 1923, p. 594. Fue la combinación de fidelidad a la lógica y preocupación por la humanidad lo que, según Fetter, llevó a la revolución marginalista. “Cuando tanto el poder intelectual como el interés humanitario se unen en una persona, como en Jevons o en Menger o en J.B. Clark”, decía Fetter, “no es sorprendente que ocurra algo notable en la historia del pensamiento económico”. Ibíd., p. 600. Peter trataba de emular a estos hombres tanto en rigor de pensamiento como en profundidad de preocupación.

[4] Ibíd., p. 596.

[5] Ibíd., pp. 596-597. Ver también Fetter, “Price Economics versus Welfare Economics”, American Economic Review, Vol. 10 (Septiembre de 1920), pp. 483-486.

[6] Ibíd., p. 601. Aunque “profundamente conmovido” por Progreso y pobreza de Henry George, Fetter fue un severo crítico de las teorías y políticas de este. Ver Joseph Dorfman, The Economic Mind in American Civilization, Vol. 3 (Nueva York: Viking Press, 1959), p. 360.

[7] Ibíd., p. 604.

[8] En otro lugar, Fetter decía que su método “empieza con la introspección y busca un análisis de la naturaleza y deseos del hombre observando y comparando las impresiones, las esperanzas y los motivos que determinan las acciones en relación con la gratificación”. Citado en Dorfman, The Economic Mind, Vol. 3, p. 361. Estas declaraciones equivalen a las de Mises sobre el método. Ver Mises, La acción humana, tercera edición revisada (Chicago: Henry Regnery, 1966).

[9] Fetter, “Value and the Larger Economics,” pp. 601-602.”Cada uno de ellos es impersonal, lógico, no partidista y no simplemente un ajuste de creencias afines preconcebidas. Y sería difícil de discutir incluso por sus críticos más severos que la escuela subjetiva en mucha de su obra ha llegado al nivel más alto nunca obtenido en economía en métodos críticos y razonamiento impersonal”, Ibid., p. 602. Sobre su propia opinión más estrictamente praxeológica de la relación entre experiencia y lógica, Mises decía: “El fin de la ciencia es conocer la realidad. (…) por tanto la praxeología restringe sus investigaciones al estudio de la acción bajo aquellas condiciones y presupuestos que vienen dados por la realidad. (…) Sin embargo, esta referencia a la experiencia no impide el carácter apriorístico de la praxeología en la economía. La experiencia se limita a dirigir nuestra curiosidad hacia ciertos problemas y la desvía de otros. Nos dice qué deberíamos explorar, pero no nos dice cómo podríamos proceder en nuestra búsqueda del conocimiento”. Mises, La acción humana, p. 65. Para Fetter, la experiencia era una “verificación de realidad” ex post para una teoría mal concebida que obligaba al economista a volver a la pizarra para revisar su construcción lógica. Para Mises, la experiencia establecía suposiciones que limitaban la construcción lógica de manera que la teoría resultante se conformara con la realidad.

[10] Hoxie, “Fetter’s Theory of Value”, p. 230.

[11] Fetter, Principios, pp. 17-20.

[12] Ibíd., pp. 22-23. La similitud con la visión de Rothbard de la “utilidad marginal ordinal” es sorprendente. VerMurray N. Rothbard, “Hacia una reconstrucción de la economía de la utilidad y del bienestar“, en Mary Sennholz, ed., On Freedom and Free Enterprise: Essays in Honor of Ludwig von Mises (Princeton: D. Van Nostrand, 1956). Fetter también realiza la misma distinción que Rothbard entre bienes de consumo o “inmediatos”, “aquellas cosas que gratifican inmediatamente los deseos del hombre” y bienes de producción o “intermedios”, “aquellas cosas que no están todavía listas para gratificar deseos”. Fetter, Principles, p. 20 y Rothbard, Man, Economy, and State, [El honmbre, la economía y el estado] 2 Vols. (Los Ángeles: Nash Publishing Corp., 1962), I, pp. 6-7.

[13] Fetter, Principios, pp. 32-35.

[14] Ibíd., pp. 53-60.

[15] Ibíd., pp. 62-64.

[16] Ibíd., pp. 71-72.

[17] Ibíd., pp. 73-75.

[18] Ibíd., pp. 213-214.

[19] Ibíd., p. 115.

[20] Ibíd., p. 122-124.

[21] Ibíd., p. 141-155.

[22] Rothbard estuvo tan impresionado por las contribuciones de Fetter al capital e interés que recogió artículos dispersos de Fetter sobre el tema y editó el libro resultante: Capital, Interest, and Rent: Essays in the Theory of Distribution (Kansas City: Sheed Andrews and McMeel, Inc., 1977). Las afirmaciones de Rothbard antes citadas están en su prólogo a la colección, pp. 2-4.

[23] Fetter, Principios, pp. 160-169.

[24] Ibíd., pp. 431-442.

[25] Ibíd., pp. 345-355.

[26] Ibíd., pp., 282-291.

[27] Ibíd., pp. 177-182.

[28] Ibíd., pp. 202-204.

[29] Ibíd., pp. 426-430.

[30] Fetter, “The Economists and the Public,” pp. 24-26. La contribución concreta de Fetter a este respecto fue su teoría antimonopolio. Desempeñó un papel prominente, junto a John R. Commons de la Universidad de Wisconsin y William Z. Ripley de la Universidad de Harvard, en la defensa antitrust del sistema de precios “Pittsburgh-plus” o de punto de base. Sus dos obras teóricas principales sobre este tema son: “The Economic Law of Market Areas”, Quarterly Journal of Economics, Vol. 38 (Mayo de 1924), pp. 520-529 y “Exit Basing Point Pricing”, American Economic Review, Vol. 38 (Diciembre de 1948), pp. 815-827. El papel que sugería para el estado para acabar con el monopolio estaba estrictamente limitado. “Las soluciones a mano” para los males de los monopolios son leyes que obliguen a “un precio indicado” para impedir precios “discriminatorios” y “dumping” antieconómico de bienes entre territorios regionales y la aplicación de estatutos antitrust para impedir fusiones que “perjudiquen a la competencia”. El objetivo de estas medidas “es el estímulo y creación de mercados abiertos, en los que los comerciantes en cada línea de productos pueda comprar y vender y compre y venda bienes justamente en libre competencia”. Asimilaba este papel del estado con “el muy justificado propósito público de las ferias y mercados medievales on su ‘ley mercantil’”. Ver Fetter, The Masquerade of Monopoly (Nueva York: Harcourt, Brace and Co., 1931), pp. 410-425.

[31] Frank A. Fetter, “Economic Systems; Post-War Planning”, American Economic Review, Vol. 35 (Junio de 1945), pp. 445-446. En esta reseña, Fetter tambiéne escribía de John M. Keynes que no era “ningún misterio ni casualidad que (…) encontrara necesario cuando se convirtió en defensor de la planificación nacional abandonar las doctrinas ‘clásicas’ y hacer del estado el árbitro de los precios”.

[32] Howard y Kemmerer, “Frank Albert Fetter, A Birthday Note” y Brown, “Memorial: Frank Albert Fetter, 1863-1949”.