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Comparto el acceso a una nueva nota en La Gaceta de Tucumán.

En los últimos meses, la cotización del dólar ha mostrado fuertes signos de debilitamiento frente a la moneda argentina, el peso. El fuerte retroceso del valor del tipo de cambio se debe al poco atractivo que genera la divisa estadounidense, que desde que comenzó el año ya cayó un 4,2%. Y si se tiene en cuenta que la inflación es de 6,1% en 2017, el atraso cambiario real se amplió. Incluso, economistas de distintas vertientes reflotaron la idea de tener, actualmente, en la Argentina, una moneda que se fortaleció artificialmente frente a la divisa estadounidense: el “súperpeso”.

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Quienes sostienen que hoy en la Argentina hay atraso cambiario, lo dicen porque observan tasas de inflación acumuladas que superan los incrementos en la cotización del dólar. Los defensores de esta política cambiaria, tienen tres líneas de respuesta, según enumera Adrián Ravier, doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid:

• Afirman que el mercado cambiario es flexible, y el nivel del tipo de cambio nominal actual es el que se corresponde con lo que ocurre en la oferta y la demanda.

• Que el tipo de cambio no está más apreciado de lo que ya estaba a fines de 2015, antes de levantar el cepo cambiario.

• Que si observamos el tipo de cambio de otras economías emergentes, las monedas locales tienen una dinámica similar a la que presenta la Argentina en los últimos meses respecto del dólar.

Ravier abona estas observaciones y añade sus respuestas para los tres argumentos:

• Sí, el mercado es relativamente flexible, pero la oferta de dólares que tuvo Argentina en este último año y medio no proviene de inversión extranjera directa, sino de una acumulación de deuda feroz para financiar al Tesoro. Quizás por el efecto Trump, que provocó mayor incertidumbre a nivel global, Argentina adelantó tomar deuda para cubrir los vencimientos de todo el año. También juega aquí un rol importante el exitoso blanqueo, pero la entrada de dólares consecuente fue un fenómeno de única vez, lo que debería interrumpirse en este mismo mes de abril. A medida que se vayan pagando los vencimientos de deuda, la salida de divisas iría reduciendo la oferta, y con ello debería subir la cotización del dólar. Podría revertirse esto, si la política económica del gobierno tuviera un exitoso impacto en atraer capitales, pero eso por ahora está en duda.

• Es cierto que el tipo de cambio real está en un nivel similar al que se recibió. Pero esto obedece a la necesidad, a principios de 2016, de reconocer que el cepo cambiario generaba atraso en la cotización del dólar. El problema parcialmente se resolvió quitando el cepo, pero después de una inflación en 2016 en torno al 40 % y un dólar casi congelado, el problema volvió a emerger. En otros términos, sí, tenemos el mismo problema de atraso cambiario que antes de que Macri asumiera.

• También es cierto que la dinámica de las economías emergentes es similar a la que tiene Argentina, pero una cosa es partir de una economía normalizada, y otra es partir de un atraso cambiario como el que recién explicamos. Podrá argumentarse que el problema no es peor que antes, pero tampoco se ha solucionado.

Ravier, también docente de Introducción a la Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa, sostiene que la Argentina eligió un camino arduo, complejo y difícil con el gradualismo. “Se festeja no seguir encaminándonos hacia el modelo venezolano y tomar ciertos pasos en la buena dirección, pero la transición es demasiado dolorosa y acostumbrará al gobierno a dar malas noticias permanentemente”, observa. Donde se toman medidas correctas, señala, el gradualismo hace la transición demasiado lenta, pero hay que agregar que en ciertas áreas no hay ningún avance. Particularmente, el economista apunta principalmente al ámbito fiscal. “Está claro que reducir el tamaño del gasto público es costoso en términos sociales, pero no hacerlo es más costoso aun”, finaliza.

incidencia en la industria
La pérdida de ciertos beneficios
La coyuntura nos deja con un súper-peso artificial, producto de ciertas medidas que tomó el gobierno como la acumulación de deuda, que tiene impacto sobre diversas áreas de la economía argentina. La primera en sufrirlo es la industria, aunque esto requiere un análisis mucho más complejo que sólo estudiar la cotización del dólar, advierte el economista Adrián Ravier. Sintéticamente, en los 12 años del gobierno anterior la política económica “favoreció” al sector industrial vía políticas proteccionistas. No se trata sólo de múltiples aranceles que evitaron o encarecieron la importación, sino también de subsidios sobre electricidad o combustibles que abaratan los costos de su operatoria, indica. Esto generó una sobre expansión de la industria manufacturera local en detrimento de la agroindustria o los servicios que debería llamar la atención de los analistas locales e internacionales. Ravier dice que el país tiene hoy una participación de producción manufacturera en relación con el PBI más alta que EEUU, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, países de estructura económica similar. “Esto benefició a pseudo-empresarios que trabajaron en industrias protegidas, así como a algunos trabajadores, pero está claro que no contribuyó a reducir la pobreza estructural o a mejorar el ingreso real de los argentinos”, dice. Al contrario, el hecho de que los consumidores debamos pagar sumar más altas por productos de peor calidad, perjudicó el poder adquisitivo de los ingresos de los argentinos e incrementó la pobreza, acota.
El proceso de normalización que Argentina emprendió con Macri, agrega Ravier, implica entre otras cosas desindustrializar el exceso de industrialización de los 12 años anteriores. Es el fin, en otros términos, de ciertos beneficios para sectores protegidos de la Unión Industrial Argentina. Para verlo claro, si se aceptan -por ejemplo- que la electricidad tiene que costar más de lo que costaba, eso encarece el costo de operar en la industria manufacturera, perdiendo rentabilidad, y quizás con el cierre de algunas empresas.
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efecto en la población
el tipo de cambio real es el que importa
El impacto del súper peso en los ingresos de los trabajadores puede observarse fácilmente con un ejemplo, plantea el economista Adrián Ravier. “Si un trabajador ganaba 10.000 pesos en diciembre de 2015, cuando el tipo de cambio nominal oficial estaba a 10 pesos por dólar, esto implicaba que su ingreso era de 1000 dólares. Al levantar el cepo, el tipo de cambio subió a 14 pesos por dólar, lo que redujo el salario en dólares de este supuesto trabajador a 714 dólares. Poco después el tipo de cambio llegó a 16 pesos, y el salario se redujo a 625 dólares”, indica.
Y expresa: si esto fuera todo, no podríamos explicar por qué los argentinos encontramos los productos en Chile o Miami cada vez más baratos. Es que los ingresos en dólares estarían cayendo. “Pero este análisis es falaz si no agregamos qué ocurrió con los precios internos, es decir si no tomamos en cuenta la inflación”, puntualiza. A su criterio, el tipo de cambio real es el que importa, y ahí es donde notamos que los precios internos suben más rápido que la actualización de la cotización del dólar. No sólo ello, sino que además, el ingreso de divisas vía endeudamiento y blanqueo redujo la cotización del dólar abajo de 15,50 pesos.
Brevemente, señala Ravier, el súper peso de transición que hoy tenemos, producto de un enorme endeudamiento en 2016/2017 y de un exitoso proceso de blanqueo, incrementa la cantidad de divisas y su abundancia relativo reduce la cotización del dólar. “Que los argentinos vacacionen en el exterior -Miami o Santiago de Chile por citar la moda- y compren todo tipo de mercancías a precios mucho más bajos de lo que pagarían si los compraran en la Argentina es un fiel reflejo de que Argentina está cara en dólares en relación a los países vecinos, y que cambiarlo, implica un difícil proceso de normalización”, afirma. Según el economista, una apertura real de la economía, con baja de aranceles contribuiría a contener la inflación y a incrementar el poder adquisitivo de los consumidores argentinos.
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millones de dólares se estima que será la reducción de la deuda pública al finalizar el día.
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Universidad austral
sugieren moderar el ritmo del endeudamiento para contrarrestar la volatilidad externa
Economistas de la Universidad Austral consideraron que el gobierno debería moderar el ritmo de endeudamiento, debido a que un aumento en las tasas de interés externas o del tipo de cambio, encarecerá los compromisos que debe asumir el país frente a los acreedores. Según el banco JP Morgan, el conjunto de la deuda externa emitida en Argentina el año pasado representó el 20% del total de deuda de países emergentes. “Si bien la Argentina tenía una situación de endeudamiento moderado o bajo a fines de 2015, el acelerado incremento del endeudamiento en moneda extranjera va erosionando poco a poco los indicadores de deuda”, indicó el economista jefe de la Universidad Austral, Federico De Cristo, quien estimó que “de mantenerse el ritmo actual, la Argentina se expone a llegar al 2018 con indicadores de deuda deteriorados”. (Télam)
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Ecolatina
La consultora advierte que puede demorarse la recuperación del crédito
La consultora Ecolatina sostuvo en su último informe de coyuntura que la reciente suba de 150 puntos básicos en la tasa de referencia de política monetaria del Banco Central “prioriza la lucha contra la inflación”, pero estimó que “sería otro escollo para la recuperación del crédito”. “El alza de tasas prioriza la lucha contra la inflación por sobre la reactivación de la actividad y la necesidad de revertir el creciente atraso cambiario presente en nuestra economía”, afirmó Ecolatina. Puntualizó que “las señales mixtas que dominaron la economía durante el primer trimestre no estuvieron ausentes en el mercado de créditos”. “Pese a que los préstamos al sector privado en términos reales retomaron la senda positiva en la comparación interanual, el repunte de este mercado se asemejó más a un rebote que a un crecimiento genuino”, afirmó. (Télam)

Incidencia en la industria
La pérdida de ciertos beneficios
La coyuntura nos deja con un súper-peso artificial, producto de ciertas medidas que tomó el gobierno como la acumulación de deuda, que tiene impacto sobre diversas áreas de la economía argentina. La primera en sufrirlo es la industria, aunque esto requiere un análisis mucho más complejo que sólo estudiar la cotización del dólar, advierte el economista Adrián Ravier. Sintéticamente, en los 12 años del gobierno anterior la política económica “favoreció” al sector industrial vía políticas proteccionistas. No se trata sólo de múltiples aranceles que evitaron o encarecieron la importación, sino también de subsidios sobre electricidad o combustibles que abaratan los costos de su operatoria, indica. Esto generó una sobre expansión de la industria manufacturera local en detrimento de la agroindustria o los servicios que debería llamar la atención de los analistas locales e internacionales. Ravier dice que el país tiene hoy una participación de producción manufacturera en relación con el PBI más alta que EEUU, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, países de estructura económica similar. “Esto benefició a pseudo-empresarios que trabajaron en industrias protegidas, así como a algunos trabajadores, pero está claro que no contribuyó a reducir la pobreza estructural o a mejorar el ingreso real de los argentinos”, dice. Al contrario, el hecho de que los consumidores debamos pagar sumar más altas por productos de peor calidad, perjudicó el poder adquisitivo de los ingresos de los argentinos e incrementó la pobreza, acota.
El proceso de normalización que Argentina emprendió con Macri, agrega Ravier, implica entre otras cosas desindustrializar el exceso de industrialización de los 12 años anteriores. Es el fin, en otros términos, de ciertos beneficios para sectores protegidos de la Unión Industrial Argentina. Para verlo claro, si se aceptan -por ejemplo- que la electricidad tiene que costar más de lo que costaba, eso encarece el costo de operar en la industria manufacturera, perdiendo rentabilidad, y quizás con el cierre de algunas empresas.

Efecto en la población
El tipo de cambio real es el que importa
El impacto del súper peso en los ingresos de los trabajadores puede observarse fácilmente con un ejemplo, plantea el economista Adrián Ravier. “Si un trabajador ganaba 10.000 pesos en diciembre de 2015, cuando el tipo de cambio nominal oficial estaba a 10 pesos por dólar, esto implicaba que su ingreso era de 1000 dólares. Al levantar el cepo, el tipo de cambio subió a 14 pesos por dólar, lo que redujo el salario en dólares de este supuesto trabajador a 714 dólares. Poco después el tipo de cambio llegó a 16 pesos, y el salario se redujo a 625 dólares”, indica.
Y expresa: si esto fuera todo, no podríamos explicar por qué los argentinos encontramos los productos en Chile o Miami cada vez más baratos. Es que los ingresos en dólares estarían cayendo. “Pero este análisis es falaz si no agregamos qué ocurrió con los precios internos, es decir si no tomamos en cuenta la inflación”, puntualiza. A su criterio, el tipo de cambio real es el que importa, y ahí es donde notamos que los precios internos suben más rápido que la actualización de la cotización del dólar. No sólo ello, sino que además, el ingreso de divisas vía endeudamiento y blanqueo redujo la cotización del dólar abajo de 15,50 pesos.
Brevemente, señala Ravier, el súper peso de transición que hoy tenemos, producto de un enorme endeudamiento en 2016/2017 y de un exitoso proceso de blanqueo, incrementa la cantidad de divisas y su abundancia relativo reduce la cotización del dólar. “Que los argentinos vacacionen en el exterior -Miami o Santiago de Chile por citar la moda- y compren todo tipo de mercancías a precios mucho más bajos de lo que pagarían si los compraran en la Argentina es un fiel reflejo de que Argentina está cara en dólares en relación a los países vecinos, y que cambiarlo, implica un difícil proceso de normalización”, afirma. Según el economista, una apertura real de la economía, con baja de aranceles contribuiría a contener la inflación y a incrementar el poder adquisitivo de los consumidores argentinos.

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