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Año 57. Mayo de 2017. N.o 1,072

Más que terminar con las instituciones monetarias, Guatemala necesita desarrollar instituciones y reglas fiscales

Por: Adrián Ravier

En un artículo titulado “World Hyperinflation”, escrito por Steve Hanke y Nicholas Krus (2012), los autores compilan 56 casos de hiperinflación en la historia económica mundial. Entre los países de nuestro Continente incluidos en el ranking destacan Argentina, Brasil, Chile, Perú, Bolivia o Nicargua, pero también aparecen algunos países desarrollados europeos como Alemania o Francia. Un informe más actualizado (2017) incluye a la Venezuela de Maduro en el ranking mundial de hiperinflación -duplicando sus precios cada 17 días-, mientras la Argentina se salvó por poco de repetir la vergüenza en la administración del dinero, gracias a un cambio de política económica con el gobierno de Mauricio Macri que revirtió un proceso inflacionario que había llegado a más del 40 % anual.

Se sabe que en la política económica hay escasos consensos entre los economistas, pero la causa de este tipo de fenómenos suele tener para los historiadores y analistas un único responsable: el Banco Central como monopolio de emisión y el curso forzoso que le impide a los habitantes del país huir hacia otras monedas.

Existen varios países de los cuales podemos tomar lecciones para evitar el flagelo, pero no hay muchos casos en los cuales existan iniciativas locales que apunten a eliminar las instituciones que mantienen a sus naciones con estabilidad monetaria. Un caso para analizar en otra oportunidad serían aquellas economías dolarizadas que pretenden recuperar sus monedas locales. En nuestra región es el caso de Ecuador y El Salvador. En Europa, son muchos los países que se han planteado abandonar el Euro para evitar ajustar sus déficits, y en su lugar, monetizarlos. Por el momento, estas instituciones resisten, pero todavía resta ver el fin de la historia. Otro caso, al que sí queremos atender aquí, es el de Guatemala, país que ha mostrado una buena performance en materia de estabilidad de precios, con la excepción de un solo año, en 1990, en que la inflación llegó al 60 %.

¿Por qué Guatemala –siendo hoy un país caracterizado con altos niveles de corrupción política- pertenece a la élite económica en la administración de la emisión de dinero? Y si es un país de élite en estabilidad monetaria, ¿por qué entonces están surgiendo iniciativas locales para revertir estas instituciones?

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