Como enseñara Milton Friedman, la inflación tiene siempre -en todo tiempo y lugar- causas monetarias. En este sentido, la gestión en el Banco Central por Federico Sturzenegger viene mostrando resultados relativamente exitosos en la lucha contra la inflación, en la medida que la inflación núcleo evidencia una baja contundente respecto de 2016.

¿Por qué es relativamente exitosa? Porque el último dato de Indec arrojó una suba de la inflación núcleo del 2,3%, lo que sigue siendo elevada, aunque bastante más baja que la suba de los precios regulados en 3,7%. Mientras que el IPC Núcleo mostró una suba de 25,9% en el último año, la del regulado fue del 35,6%. El nivel general acumuló 27,5%. La baja, sin embargo, no parece ser suficiente para cumplir con las metas comprometidas por la autoridad monetaria. El 17% de inflación anual parece hoy lejano y los analistas pronostican para 2017 una inflación entre 22% y 26%.

¿Qué es lo que separa la inflación núcleo del IPC? Los “precios regulados”. Hay cierto consenso en la sociedad en que las tarifas de los servicios tenían niveles demasiado bajos lo que implicaba una importante suma en subsidios para sostener un mínimo de inversión. En la medida que el gobierno se comprometió a normalizar esta situación, los distintos tarifazos elevan el resultado mensual del IPC, si bien esto no es técnicamente inflación.

¿Por qué no es inflación? Porque la definición de este proceso es una suba sostenida y generalizada en los precios, mientras los tarifazos son esporádicos y aislados. Lo que el Central está observando -y hace bien en hacerlo- es la inflación núcleo, la que si bien está bajando lo hace tímidamente en función del gradualismo que adoptó este gobierno como modelo. Preocupa que la baja en la inflación núcleo de enero y febrero no se haya sostenido en marzo y abril, pero pensamos que los próximos meses retomará la fase descendente.

La pregunta que sigue es ¿qué tan efectiva es la lucha que el gobierno está generando contra la inflación? Si bien monetiza menos que el gobierno anterior, sigue haciéndolo, y lo que ya no monetiza lo financia a través de deuda.

Esto tiene dos problemas centrales. En el presente, al absorber el gobierno el crédito disponible, reduce la posibilidad de que el sector privado financie sus proyectos de inversión, lo que se traduce en altas tasas de interés. Por otro lado, de cara al futuro, Argentina está comprometiendo sus finanzas como ocurrió en tiempos pasados. Hay versiones sólidas de que el gobierno apuntará sus fuerzas al déficit fiscal una vez que pasen las elecciones de octubre, lo que puede ser políticamente deseable, pero posterga la solución de un problema urgente.

¿Qué impacto puede tener una exitosa lucha contra la inflación en la actividad económica? En el corto plazo, ganar la batalla contra la inflación puede contraer la actividad económica, pero esto es saludable si el objetivo es tener después un crecimiento genuino. Es como enviar a un jugador de fútbol lesionado a la cancha, cuando lo que se necesita es detenerse, recuperarse, y volver a la cancha con más fuerza. En esta gestión, Mauricio Macri está apostando a una corrección de desequilibrios acumulados en décadas. Podía haberse hecho a modo de shock, o con este gradualismo. La opción tomada fue la última, y eso nos deja ver que sólo podremos ver brotes verdes y crecimiento si el electorado comprende la naturaleza de los problemas y decide darle más tiempo en un segundo gobierno pos 2019.

Publicado originalmente en La Gaceta de Tucumán, domingo 14 de mayo de 2017.

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