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Buenos Aires, Setiembre de 2016.

Gabriel Zanotti. (2016). ¿Qué agregan la fenomenología y la hermenéutica al debate sobre las matemáticas en economía?. En Libertad y convicciones. Ensayos en honor al Dr. Juan Carlos Cachanosky (221-232). Guatemala/Miami: Editorial Episteme.

  1. Introducción.

En su libro y tesis doctoral sobre las matemáticas y la economía[1], Juan Carlos Cachanosky sostiene razones matemáticas para una crítica del uso y abuso extendido de las matemáticas en la ciencia económica. En resumen, demuestra que no necesariamente el lenguaje matemático es más claro que el lenguaje semántico en prosa[2], que no necesariamente es más riguroso[3], que no necesariamente es más consistente[4]. Es más, él me diría que lo estoy expresando mal. Que dado que el objeto de estudio de la ciencia económica, a saber, la acción humana intencional en el mercado como proceso, no puede ser expresado por la matemática, entonces todo intento al respecto es menos preciso, menos riguroso y menos consistente que lo contrario.

Hay que destacar que hemos dicho “en el mercado como proceso”, porque Cachanosky también demuestra que la economía matemática sí es el lenguaje ideal para los modelos de competencia perfecta y sus hipótesis ad hoc[5], pero no precisamente para el mercado como proceso. En eso viene bien recordar a Israel Kirzner: el conocimiento disperso en el proceso de mercado no es un costo cuyas pérdidas se puedan calcular[6]. Es una ignorancia ignorada que precisamente por ignorada no se puede introducir como variable en un modelo matemático[7].

Ahora bien, esto en cuanto al debate intra-matemático. Pero otra cuestión, creemos que decisiva, es qué tienen que aportar la fenomenología de Husserl y la hermenéutica de Gadamer a esta cuestión.

  1. Fenomenología y hermenéutica.

Ante todo, permítaseme recordar cómo las interpretamos y por qué las consideramos importantes.

Lo que tomamos de la fenomenología de Husserl es su noción de intersubjetividad asociada a la noción de mundo de la vida.

Una interpretación habitual de la intersubjetividad –sostenida por autores de la talla de un Ricoeur[8]– la coloca como el puente entre el sujeto y el mundo real externo, como Descartes había utilizado a Dios en su sistema.  Y, a la luz de la gran obra de Husserl de 1927[9], esta interpretación es válida. Husserl habría quedado encerrado en su noción de idealismo trascendental, donde la objetividad del conocimiento depende de “lo que algo es en sí mismo” captado en la conciencia. Con lo cual no saldríamos del sujeto y el mundo real externo queda en un paréntesis existencial. Pero ese mismo sujeto, al captar al otro en tanto otro, sale de sí y capta como objetivo al otro ante mí, con lo cual queda superado el solipsismo y se accede a una nueva noción de mundo: mundo como relación entre sujetos en la cual y desde la cual se da su “mundo de la vida”, espontáneo, a partir del cual A. Schutz –discípulo de Mises y Husserl- elabora su fenomenología del mundo de la vida[10].

Pero mi interpretación es otra. Mi interpretación es que Husserl había distinguido claramente entre idealismo trascendental e idealismo psicológico[11]: este último sería la mera negación de la realidad de un mundo extra-mental, tesis que Husserl no sólo niega sino que incluso lamenta con cierto dolor que semejante cosa se le haya atribuido. Al contrario, la afirmación de la realidad externa de otros sujetos es obvia, sólo que el yo trascendental es lo que garantiza que los conceptos en sí mismos (noema) capten la esencia objetiva en sí misma, precisamente para lo cual hay que poner entre paréntesis metódico al mundo externo, cuya “realidad” NO es el acto de ser de Sto. Tomás, al cual, por ende, Husserl no estaba negando en absoluto. No es extraño que luego Edith Stein vea cierta similitud[12] entre la reducción eidética (el poner entre paréntesis lo que está fuera del yo trascendental) y la distinción entre esencia y accidentes que Sto. Tomás pone no sólo en lo real sino en el intelecto agente, aunque luego ella misma se desprendió muy fuertemente de Husserl en esta tema[13].

Por lo demás, la noción de mundo e intersubjetividad no es un invento repentino de Husserl en 1927. Su noción de mundo como mundo circundante e intersubjetividad la venía trabajando desde sus lecciones de 1910 en adelante[14], y su propio acceso al realismo como la realidad del mundo de la vida era algo que ya tenía in mente desde entonces. En ese sentido se puede considerar su noción de mundo de la vida como un eje central clave de su sistema, porque no habría “captación del sentido” sino en el mundo de la vida[15].

En ese sentido es que Gadamer cita a Husserl[16]. Más allá de las interpretaciones de Ricoeur sobre la relación de Husserl con la hermenéutica[17], la relación más directa es que el horizonte gadameriano no es sino el mismo mundo de la vida pero enfatizando su historicidad. Por supuesto que no es esta una interpretación de la intento auctoris de Gadamer, para la cual habría que reseñar su paso por Heidegger, pero sí puede ser una intento lectoris legítima, porque horizonte sin mundo no se entiende, y horizonte sin historicidad es inconcebible. La historicidad es precisamente ese conjunto de tradiciones de intersubjetividad que están presentes y vivas en un determinado mundo de la vida, son el pasado humano como vivo en el presente, conciencia histórica que no termina en un relativismo histórico en Gadamer porque este último destaca siempre “lo humano” en todo horizonte histórico[18].

  1. Fenomenología, hermenéutica y Escuela Austríaca.

Ahora, ¿qué tiene que ver todo esto con la Escuela Austríaca (EA)?

Por tres motivos.

Uno, tengamos en cuenta que históricamente la tradición de la “comprensión” que viene de Dilthey y Weber está presente en Mises y eso es lo que siempre han destacado Lachmann[19], Machlup[20] y Lavoie[21]. Los más aristotélicos –rothbardianos y randianos- rechazan todo esto pero no se puede negar que esa línea está allí históricamente y que por ende no se puede hablar de “una” EA aristotélica como si la otra línea no existiera. Por lo demás, tampoco se puede negar que esta línea, a través de Lachmann, tuvo una importancia clave en el revival de la EA[22] desde los 70 y los 80, siendo Lachmann junto con Kirzner los que hicieron posible ese revival generando sucesivamente a Lavoie y a Boettke. Por supuesto que Rothbard también colaboró, pero rechazando tan violentamente lo anterior[23] que generó una división en el programa de investigación de la EA que nosotros siempre hemos negado, precisamente porque puede haber varias escuelas de pensamiento en UN programa de investigación.

Ello desde un punto de vista histórico.

Dos, gnoseológicamente, o epistemológicamente, como dirían los anglosajones, Mises y Hayek siempre han procedido hermenéuticamente aunque sin citar a la hermenéutica continental a su favor (Husserl, Heidegger, Gadamer, Ricoeur). Mises considera claramente que la praxeología es el elemento de entendimiento de un mundo social, sin la cual la historia sería un caos tal cual las intuiciones sensibles en Kant sin las categorías a priori[24]. Hayek, a su vez, considera lo mismo respecto a la noción de orden espontáneo, noción sin la cual no habría ciencia social posible[25]. Por lo tanto ambos autores tienen clara conciencia de una inter-fase de interpretación para el conocimiento científico del mundo social. Ello, claro, no termina de ser hermenéutica gadameriana, por varios motivos: a), Mises se refiere a Weber[26] y Hayek a la psicología evolucionista y a las neurociencias[27]. b), Su herencia neokantiana no les permite ver el giro ontológico de la hermenéutica, sólo la consideran –y sin ese nombre- como un método para las ciencias sociales y no como una concepción del mundo. c), Su fuerte adhesión de un individualismo ontológico con resabios de Hume les hace imposible dialogar con Husserl y con todo autor que nombrara la palabra “esencia” (por eso el esfuerzo de Schutz es tan importante).

Tres, la clave de la cuestión. Tanto Mises como Hayek captan la intersubjetividad como clave ontológica del mundo social, aunque no se den cuenta. Por ende esta es una intentio auctoris, pero legítima. Para Mises, la inter-acción humana intencional da origen a la praxeología, a la economía como ciencia y a la interpretación de la historia[28]. La separación de la praxeología del mundo social es metódica, no real: la intencionalidad de la acción racional no es aislada, sino con otros[29]. En Hayek, son precisamente las “ideas, intenciones” las que dan origen al mundo social[30]. La moneda –su famoso ejemplo[31]– como tema social emerge de los atributos que las ideas de los individuos le dan a un elemento material; ese mismo elemento material como objeto de la física o química no tendría nada que ver con las ideas e intenciones de las gentes. Por ello la teoría subjetiva del valor y todas sus implicaciones que tanto cuestan entender a quienes vienen de las ciencias naturales o del positivismo que haya afectado a  las ciencias sociales. Son las valoraciones inter-subjetivas las que dan valor a las cosas físicas, son las intenciones inter-subjetivas las que originan las expectativas y las diferencias entre valor presente y futuro; son las valoraciones inter-subjetivas las que establecen la imputación de los bienes de consumo a los de producción, son esas mismas valoraciones lo que hacen distinguir entre bienes de consumo, de producción y entre trabajo, capital y naturaleza. En última instancia, todos los elementos de la ciencia económica tan caros a la EA –precio, oferta, demanda, valor, bien presente, bien futuro, moneda, etc- son relaciones intersubjetivas que, como todas, se definen por la finalidad mutua de los agentes, y se encuentran históricamente situadas (horizontes) aunque sin reducirse a tal o cual situación histórica en particular.

  1. El resultado de lo anterior para la matemática en economía.
    • Las definiciones fenomenológicas de la EA.

Mises tiene un párrafo clave, justamente cuando está analizando la cataláctica lógica frente a la cataléctica matemática:

“…In praxeology the first fact we know is that men are purposively intent upon bringing about some changes. It is this knowledge that integrates the subject matter of praxeology and differentiates it from the subject matter of the natural sciences. We know the forces behind the changes, and this aprioristic knowledge leads us to a cognition of the praxeological processes. The physicist does not know what electricity “is.” He knows only phenomena attributed to something called electricity. But the economist knows what actuates the market process. It is only thanks to this knowledge that he is in a position to distinguish market phenomena from other phenomena and to describe the market process.[32]

Observemos que Mises dice “el físico desconoce qué “es” la electricidad”. En términos popperianos, podemos acercarnos a cierta conjetura, pero no a una “reducción eidética de la esencia”, esto es, no a una descripción fenomenológica. Esto sí se logra en ciencias sociales, donde logramos captar la “esencia” de lo que es un precio, precisamente porque sabemos –dado que somos humanos-  cuáles son las interacciones intencionales que entran en juego. El precio “es”, precisamente, el encuentro, a efectos de intercambio, de una oferta y una demanda, esto es, de dos valoraciones subjetivas. Nunca podríamos lograr algo similar en ciencias naturales porque en ellas sus agentes no actúan, no hay finalidades libres, sino que hay reacciones, y si hay finalidad en el universo físico, ello corresponde a una filosofía de la Física pero no a las conjeturas de la Física.

Pero entonces –y esto es clave- no podemos ni debemos intentar una definición matemática de esa relación intersubjetiva –el precio o lo que fuere- porque es imposible. Las fórmulas de la Física-matemática actual responden a una Física-matemática neopitagorista que considera que la matemática es la esencia de un mundo físico cuya intención última está en Dios y no en él mismo[33]. Por eso los físicos cuando “definen” dan la fórmula, porque la fórmula “es” la naturaleza misma de lo que están buscando. Cuando los físicos debaten sobre la Física Cuántica, no debaten sobre la mecánica cuántica, sino sobre las interpretaciones filosóficas de la misma, y esos debates no se pueden resolver con la sola matemática, sino con filosofías de la física elaboradas en términos semánticos-conceptuales.  Allí se cumple precisamente todo lo que Juan Carlos Cachanosky establecía: si esos debates intentaran ser llevados a cabo con matemática, serían nada claros, nada precisos, nada suficientes, para lo que se intenta.

  • El juego de lenguaje de las definiciones fenomenológicas de la EA.

La hermenéutica de Gadamer[34], así también como la fenomenología de Francisco Leocata[35], han incorporado sin problema la noción de juego de lenguaje de Wittgenstein[36] a las nociones de mundo de la vida y horizonte. Si el horizonte es el mundo de la vida en tanto destacada su historicidad, el juego de lenguaje no es más que el mismo horizonte en tanto a sus implicaciones linguísticas. El lenguaje no puede ser comprendido sino en el contexto de un horizonte, que se alimentan recíprocamente: un horizonte produce su propio lenguaje y el lenguaje re-constituye al horizonte. Esto lo vio también el propio Mises, tema que habitualmente no se ha destacado: “…A language is not simply a collection of phonetic  signs. It is an instrument of thinking and acting. Its vocabulary and grammar are adjusted to the mentality of the individuals whom it serves. A living languagespoken, written, and read by living men—changes continually in conformity with changes occurring in the minds of those who use it. A language fallen into desuetude is dead because it no longer changes. It mirrors the mentality of people long since passed away. It is useless to the people of another age no matter whether these people are biologically the scions of those who once used it or merely believe themselves to be their descendants. The trouble is not with the terms signifying tangible things. Such terms could be supplemented by neologisms. It is the abstract terms that provide insoluble problems. The precipitate of a people’s ideological controversies, of their ideas concerning issues of pure knowledge and religion, legal institutions, political organization, and economic activities, these terms reflect all the vicissitudes of their history. In learning thenmeaning the rising generation are initiated into the mental environment in which they have to live and to work. This meaning of the various words is in continual flux in response to changes in ideas and conditions[37].”

Por lo tanto, cuando la EA da una descripción fenomenológica de una relación intersubjetiva, como, por ejemplo, cambio indirecto (“…A medium of exchange is a good which people acquire neither for their own consumption nor for employment in their own production activities, but with the intention of exchanging it at a later date against those goods which they want to use either for consumption or for production”[38]) no podemos esperar que, a) la definición sea cerrada, completa, agotando la esencia de la relación intersubjetiva que se quiere describir; b) que NO sea históricamente situada “de algún modo”. Ambas cosas se relacionan íntimamente.

Las definiciones de las relaciones intersubjetivas son siempre abiertas porque el intelecto humano va siempre rodeando, despejando aspectos, de una realidad humana rica en matices ontológicas[39]. Una definición no puede ser cerrada porque si así fuera nuestro intelecto habría conocido totalmente la esencia de lo intersubjetivo, cosa que es imposible. Y es imposible no sólo porque tanto el sujeto actuante como el economista tienen conocimiento disperso, sino porque los horizontes históricos sin potencialmente infinitos. La definición tiene un grado de abstracción que intenta ser la analogía principal que conecta situaciones históricas diversas[40], con lo cual se rompe la dialéctica entre relativismo histórico y racionalismo abstracto. La definición de moneda que vimos la da Mises. Abarca la moneda romana como la norteamericana, pero es abierta porque puede aplicarse con mejores matices y aclaraciones a otras situaciones históricas. Para comprender la definición, por lo demás, es indispensable conocer el contexto del autor: los problemas monetarios de la Europa de ppios. de s. XX, que fue escrita en 1949, treinta y siete años más tarde que su obra de 1912, etc. Por ende dicha definición es “algo de la esencia de la moneda”, pero no lo es todo, y por eso es habitual que los economistas de la EA tengan muchos debates de términos. Porque su ventaja –trabajar sobre la intersubjetividad- les acarrea su desventaja –olvidar los marices históricos de la intersubjetividad-.

Por eso insistíamos en nuestro trabajo La economía de la acción humana: “…Pero este juego de lenguaje se corresponde con una cuestión muy importante de la fenomenología de las ciencias sociales que estamos teniendo en cuenta: la realidad social, intersubjetiva, tiene una complejidad tal que escapa a las “definiciones unívocas” que pretendan definir con una claridad y distinción tal que parecen establecer un círculo cruzado el cual claramente se distinga entre un fenómeno y otro. Creemos que muchos de los debates en ciencias sociales y en Escuela Austríaca tienen que ver con esta pretensión de definición precisa, y en varias notas a pie de página y en el texto el lector podrá ver que nos manejamos con descripciones fenomenológicas “abiertas” a que la multiplicidad de “capas” ontológicas de los fenómenos sociales puedan ser evolutivamente (para nuestro conocimiento) integrados a esa descripción. Esto no tiene que ver con ningún tipo de nominalismo, sino que al contrario, se ajusta a lo que nosotros consideramos una interpretación plausible de lo que Husserl establece sobre el mundo de la vida en Ideas II y en La Crisis de las Ciencias Europeas (ver nota 13). La relación de este tema con los aludidos juegos del lenguaje de Wittgenstein ya ha sido justificada en nuestro libro Hacia una hermenéutica realista (op.cit).[41]

Pero esto, ¿qué tiene que ver con el uso de las matemáticas en economía? Tiene todo que ver. Porque estas definiciones, estas descripciones fenomenológicas abiertas, históricamente situadas, no pueden expresarse en fórmulas matemáticas por definición imposibles (como lenguaje) para ese tipo de descripciones. O sea, el juego de lenguaje matemático no corresponde al juego de lenguaje de la intersubjetividad de los fenómenos sociales. Los matices semánticos de las definiciones de las relaciones intersubjetivas, comprensibles, corregibles y abiertas a progreso sólo en el contexto de la sucesión de horizontes, sólo pueden expresarse en lenguaje NO matemático. Por supuesto, al ignorar esto es que los economistas de la EA se fanatizan por cada definición y arman tormentas en vasos de agua. Pero la solución NO es adoptar un lenguaje matemático de por sí imposible de trasladar a la fenomenología. La solución consiste en una mejor formación epistemológica, filosófica e histórica de los economistas de la EA.

Los tomistas tuvieron este mismo problema. Hubo toda una línea de tomismo analítico que intentó trasladar el juego de lenguaje de la lógica matemática a la metafísica de Santo Tomás[42]. El programa de investigación tuvo logros importantes porque, por supuesto, se mejoraron lo más posible los matices del lenguaje de Santo Tomás y se inició un fructífero diálogo con la filosofía analítica. Pero finalmente los límites del juego de lenguaje de una lógica matemática clásica para el juego de lenguaje de la metafísica de Santo Tomás, se hace evidente. Llano, por ejemplo, dijo en su momento[43] que el final de las vías de la “existencia” de Dios de Santo Tomás se podían expresar en lógica de funciones, “(Ex) Fx” (existe el menos un x tal que x es primer motor, es causa eficiente, etc.). Ello es en principio muy fiel al espíritu de las vías, en las cuales Santo Tomás no parte de la esencia de Dios, sino de una característica de sus efectos (moverse, por ejemplo) para luego remitirse a Dios como causa, sin que ello signifique conocer la esencia de Dios, cuestión importantísima, porque Santo Tomás estaba debatiendo con San Anselmo, que en ppio. sí partía de la “esencia”. Por eso Santo Tomás concluye “…y a esto llamamos Dios”, o sea, esa “x”, quedando el “esto” desconocido. Hasta ahí, muy bien. Pero, oh problema, la noción de “ser” que utiliza Santo Tomás en las vías no es la misma que la de la lógica matemática de funciones. Santo Tomás sí concluye que “a esto” llamamos Dios, pero no, en realidad, que “existe al menos un x” tal que x es Dios, porque “existe al menos uno” implica que puede haber más de uno, lo cual no es precisamente coherente con el monoteísmo. La noción de “existencia” que usa Santo Tomás no es la existencia cuantitativa, que se da en la lógica de funciones cuando se la traslada a la lógica de clases. No se refiere Santo Tomás a que exista el menos un x como negación de una clase vacía. De refiere al acto de ser dado por Dios. Qué sea eso es el debate de todos los tomistas, pero lo que es claro es que la lógica matemática es insuficiente para resolverlo. La metafísica de Santo Tomás es sencillamente otro juego de lenguaje. Se puede precisar lo más que se pueda a efectos de la deducción, pero siempre dentro de los límites de su contexto. Que, por lo demás, no es algo ajeno a la matemática que se utiliza en la Física: es una matemática pasada ya por el teorema de Godel, esto es, limitada, para la expresión de lo que no pasan de ser conjeturas (Popper).

  • Conocimiento versus información.

Finalmente, como afirmé en otra oportunidad[44], la distinción entre conocimiento e información es clave para toda la EA y en este tema tiene consecuencias fundamentales.

No es raro que el tema sea confuso en la misma EA, no sólo porque Hayek usaba los términos knowledge e information indistintamente[45], sino porque sus adherentes y economistas no pueden siempre desprenderse del juego de lenguaje positivista que se usa cotidianamente.

Para distinguirlos volvamos a la hermenéutica.

La información es mundo 1 (Popper)[46]. Es el canal físico donde un mensaje se graba. Roca, papiro, papel, silicio, el ADN de las células: son cosas físicas concretas donde un determinado ordenamiento, ordenable en algo físico, espera a ser decodificado.

La decodificación (interpretación) del mensaje (o sea el lenguaje en el contexto de un horizonte) es mundo 3: es “lo que” el mensaje significa una vez que un ser humano es capaz de comprender su contenido. Ese contenido “en sí mismo” no corresponde al mundo 1: como dice Popper, “la” teoría de la relatividad no es algo físico, sino un significado que sólo existe en el mundo de los seres humanos que la comprenden.

Por ende, todo el conocimiento humano es, en ese sentido, interpretación. Los “datos” son mundo 1, “encerrados”, grabados, guardados, en un canal físico, y en ese sentido son cuantificables.

La comprensión humana que los decodifica, en cambio, es una acción humana que comprende que “alguien dice algo para algo y para alguien”.

En economía, esto es fundamental, porque el “algo” es una valoración subjetiva, expresada en un mercado, con una expectativa (“para algo”) y para alguien (una demanda).

En ese sentido los mensajes de los mercados (los precios) son síntesis de conocimiento, que, al no ser información, implican conocimiento que siempre es disperso, dado con conlleva la ignorancia ignorada (Israel Kirzner[47]) de oportunidades y las expectativas falibles de los que actúan en el mercado.

Y eso es lo que lleva a que el modelo del proceso de mercado, expresado en lenguaje no matemático, sea más acorde con la intersubjetividad que describe que los modelos matemáticos. Aunque ambos son aproximaciones, desde luego, porque ningún modelo agota la realidad.

 

  1. Conclusión.

Si no se agregan estos elementos a la epistemología de la EA, el debate sobre la matemática quedará siempre flotando en este malentendido: que en el futuro habrá herramientas matemáticas que la EA pueda usar. Vamos a arriesgarnos entonces a quedar muy mal en el futuro: creemos que no. Es una cuestión cualitativa, hermenéutica. Es un juego de lenguaje versus otro, para dos áreas diferentes: la física-matemática por un lado, y la intersubjetividad, el mundo de la vida, por el otro. Fue esa la visión de Mises, Lachmann, Lavoie y sus discípulos. Y fue también la visión de Juan Carlos Cachanosky:

“…Al analizar el proceso de mercado estamos analizando la acción humana y sus implicancias lógicas y esto no es traducible a ecuaciones matemáticas sino que debe necesariamente ser explicados en palabras, o sea en símbolos con significado. Como vimos en la primera parte la conducta humana no está  determinada por ningún  factor externo. Obviamente los factores externos influyen en la conducta de los hombres pero no en forma mecánica o determinista. Por lo tanto la acción humana no está en función matemática de nada, como tampoco lo están las consecuencias lógicas de dichas acciones[48]

[1] Cachanosky, J.C.: “La ciencia económica vs. la economía matemática” (1) y “La ciencia económica vs. la economía matemática (II)”, en Libertas 3 y 4, 1885 y 1986 respectivamente.

[2] Op. Cit, Libertas (4),  punto 4.

[3] Op. Cit., punto 5

[4] Op.cit., punto 6.

[5] Nos referimos a los modelos de competencia monopolística y a la economía de la información.

[6] Kirzner, I.: The Meaning of Market Process, Routledge, 1992,  part. 1.

 

[7] Hubo un intento de hacerlo en Littlechild, S. C., “Equilibrium and the Market Process”, en Method, Process, and Austrian Economics. Essays in Honor of Ludwig  von Mises, Israel M. Kirzner (comp.), Lexington Books, 1982, y, del mismo autor,  “An Austrian Model of the Entrepreneurial Market Process”, en Journal o/ Eco­ nomic Theory 23 (19801: 361-379.

[8] Ricoeur, P.: Del texto a la acción, FCE, 2010.

[9] Husserl, E.: Meditaciones cartesianas, Tecnos, Madrid, 1986 [1931]

[10] Schutz, A.: Las estructuras del mundo de la vida (junto con Luckmann), Amorrortu, Buenos Aires, 2003; Estudios sobre Teoría Social II, Amorrortu, Buenos Aires, 2003.

[11] Husserl, E.: Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica [1913];  Fondo de Cultura, México, 1986. Epílogo.

 

[12] Stein, E. La pasión por la verdad, Bonum, Buenos Aires, 1994; Introducción, traducción y notas del Dr. Andrés Bejas

 

[13] Stein, E.: Excurso sobre el idealismo trascendental, Ediciones Encuentro, Madrid, 2005.

[14] Husserl, E.: Problemas fundamentales de la fenomenología, Alianza, Madrid, 1994

[15] Hemos desarrollado este tema en Zanotti, G.: Hacia una hermenéutica realista, Austral, Buenos Aires, 2005, cap. II, punto 6.

[16] Gadamer, H.G.: Verdad y método, I, Sígueme, Salamanca, 1991. P. 309.

[17] Ricoeur, op.cit., I, II.

[18] Gadamer, H.G.: Arte y verdad de la palabra, Paidós, Barcelona, 1998.

[19] Lachmann, L.: Capital, Expectations, and The Market Process (Sheed Andrews and McMeel, Inc., 1977).

[20] Machlup, F.: “The Problem of Verification in Economics”, SEJ (1955), vol. 22, 1.

[21] Lavoie, D.: Economics and Hermenutics, Routledge, 1991: Introduction.

[22] Véanse los ensayos de Lachmann en The Foundations of Modern Austrian Economics, Edited with an Introduction by Edwin G. Dolan, Institute for Humane Studies, 1976.

[23] Rothbard, M.: “The Hermeneutical Invasion of Philosophy and Economics”, en The Review of Austrian Economics, Vo.l. 1-10, 1987,97, https://mises.org/library/hermeneutical-invasion-philosophy-and-economics-0

 

[24] Mises, L. von: Human Action, (Henry Regnery Company, 1966), cap. II.

[25] Hayek, F. A. von: “The Theory of Complex Phenomena”,  Studies in Philosophy, Politics, and Economics, University of Chicago Press, 1967.

[26] Op.cit.

[27] Hayek, F. A. von: The Sensory Order, University of Chicado Press, 1976.

[28] Op.cit., cap. I.

[29] Op.cit., cap. XIV, punto 4.

[30] Hayek, F. A. von: “Scientism and the Study of Society”, en The Counter-Revolution of Science, Liberty Press, 1979.

[31] Op.cit., p. p. 53.

[32] Mises, L. von: Human Action, cap. XVI, punto 3.

[33] Ver al respecto Koyré, A.: Del universo cerrado al universo infinito, S. XXI, 1979, Estudios de historia del pensamiento científico, S. XXI, 1977, Estudios Galileanos, S. XXI, 1966, Pensar la ciencia, Paidós, 1994.

 

[34] Gadamer, H.G.: Verdad y Método, op.cit, parte III.

[35] Leocata, F.; Persona, Lenguaje, Realidad, Educa, Buenos Aires, 2003.

[36] Wittgenstein, L.: Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988.

 

[37] Mises, L. von: Theory and History, Mises Insitute, 2007. Cap. X, punto 6.

[38] Mises, L. von: Human Action, op.cit., cap. XVII punto 3.

[39] Zanotti, G.: Hacia una hemenéutica realista, op.cit., cap. II.

[40] Op.cit., caps. II y IV.

[41] Zanotti, G. J.: La economía de la acción humana, Unión Editorial, Madrid, 2009, cap. 1.

[42] En español, este línea fue tratada especialmente por Llano, A.: Metafísica y lenguaje, Eunsa, Pamplona, 1984

 

[43] Op.cit., p. 206

[44] Zanotti, G.J.: Conocimiento versus información, Unión Editorial, Madrid, 2011.

[45] Hayek, F. A. von: Economics and Knowledge, en Individualism and Economic Order, University of Chicaco Press, 1948.

[46] Popper, K.: Sobre la teoría de la mente objetiva, en Conocimiento objetivo, Tecnos, Madrid, 1988.

[47] Kirzner, I.: op.cit.

[48] Cachanosky, J.C. op.cit., (II), p. 100.

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