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El presupuesto en términos generales es un instrumento que:

1) cuantifica y estima los ingresos y gastos que se van a ejecutar en un ejercicio definido;

2) define objetivos a alcanzar en ese año;

3) comunica a analistas y a la población en general cuál es el rumbo definido por el equipo económico.

En este caso, el presupuesto 2018 que aprobó el Congreso nos ofrece algunos mensajes útiles que vale la pena conocer:

1) Todo presupuesto tiene margen de error, pero en estos dos años los lineamientos generales que planteó el equipo económico se han cumplido, al menos en su patrón y tendencia. En el gobierno de Mauricio Macri el presupuesto es una herramienta creíble.

2) El presupuesto 2018 deja claro que continúa con el gradualismo en el objetivo de resolver los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios heredados.

3) También el gobierno sigue trabajando con metas. En lo que refiere a las metas fiscales, el gobierno avanza según lo propuesto al inicio del gobierno, reduciendo el déficit fiscal primario de 4,8 % del PIB en 2016, a 4,2 % en 2017, 3,2 % en 2018 y 2,2 % en 2019. Luego de un posible sobre-cumplimiento en 2017 reduciendo el déficit a 4,0 %, el gobierno ha decidido mantener el sendero en el presupuesto de 2018 e insistir con una meta fiscal del 3,2 %.

4) Esta reducción del déficit fiscal primario que rondaría un 1 % del PIB surgiría de un aumento en los ingresos del 19 % y un incremento de los gastos primarios del 14,8 %. En otros términos, se prevé que los gastos prácticamente se congelen en términos reales y la mejora en la recaudación sea consecuencia de un mayor crecimiento económico.

5) El único ajuste que el gobierno plantea en este presupuesto 2018 es una nueva baja en subsidios económicos del orden del 16,2 %, lo que implica nuevos incrementos en tarifas de servicios públicos.

6) En lo que refiere a metas de inflación y tras alcanzar una tasa de 41 % en 2016, la autoridad monetaria se fijó reducirla a 17 % en 2017, 12 % en 2018 y 5 % en 2019. Luego de reconocer el BCRA que no podrá cumplir con el 17 % y estimarla apenas por encima del 20 % para este ejercicio 2017, el nuevo presupuesto define unnivel de inflación esperado para 2018 de 15,7 %. El problema de la inflación se corrige gradualmente. No significa esto que en 2019 se incumpla el objetivo de una inflación de un dígito, pero se está corrigiendo el sendero.

7) La baja de la inflación no se consigue a través de un programa de ajustes (con la excepción de tarifas), sino vía mayor endeudamiento. El presupuesto 2018 incluye una toma de deuda de 30.000 millones de dólares para financiar el déficit fiscal.

8) El principal fundamento de este presupuesto 2018 consisten en mantener un crecimiento económico del 3,5 %. Esto implicaría romper con la dinámica cíclica que la Argentina ha mostrado en los últimos años.

9) Para lograr este crecimiento el gobierno propone incrementar gradualmente la inversión, que alcanzaría en 2018 un 17 % del PIB, aun lejos de nuestros vecinos Brasil en 19 %, Colombia en 21 % y Chile en 23 %.

10) Por último, el Presupuesto 2018 se construye con un tipo de cambio promedio de 19.30 pesos. Dado que este incremento en la cotización del dólar estaría por debajo de la inflación esperada, se puede afirmar que se aceleraría el atraso cambiario, que responde desde luego a la mayor oferta de dólares que produce el endeudamiento.

Análisis del Presupuesto 2018

Brevemente, el presupuesto resulta creíble en términos generales. Las metas fiscales, sin embargo, son engañosas pues el gobierno insiste en observar el déficit fiscal primario sin atender al déficit fiscal consolidado. Al tener en cuenta el déficit de las provincias y los intereses que se van sumando con la nueva deuda, el déficit fiscal resulta elevado, al punto de poner dudas sobre la sustentabilidad del modelo económico. No sólo eso, además asume que el contexto macroeconómico seguirá ofreciendo crédito externo a tasas bajas, lo que implica asumir riesgos innecesarios.

La inflación cae, pero no por la vía del ajuste del sector público que sigue sobredimensionado, sino por reemplazar su monetización por endeudamiento.

La apuesta por mantener el crecimiento vía mayor inversión es demasiado optimista dado el nivel de déficit fiscal, inflación, presión tributaria y deuda que sostiene Argentina, y la poca o más bien gradual voluntad del gobierno de corregirlos en el corto plazo. Tampoco es un problema menor el atraso cambiario que Argentina presenta como consecuencia de su política de endeudamiento. Es factible que este atraso se corrija parcialmente durante el verano (diciembre-febrero), pero seguramente el BCRA intervendrá si el incremento excede las expectativas.

Adrián Ravier es director del Observatorio Universitario de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam)

El artículo surge del primer Informe de Coyuntura Económica Argentina elaborado en el Observatorio Económico de la FCEyJ de la UNLPam

Publicado originalmente en El Cronista, sábado 23 de diciembre de 2017.

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