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El día de hoy Mauricio Macri anunció un recorte del estado, que consiste en recorte de gastos, congelamiento de sueldos, y la prohibición (retroactiva) de contratar a familiares de ministros. En números fiscales, el ahorros fiscal es mínimo (en las redes vi estimaciones en torno al 0.008% del PBI.)

Hay dos críticas parecidas que se la han hecho a Cambiemos, pero con una diferencia sutil. La primera consiste en no llevar adelante la baja del gasto necesaria para equilibrar la economía argentina. La segunda es la falta de la política de gestos que muestren que al menos los funcionarios públicos tienen consciencia del problema. Es fácil interpretar como una falta de respeto al contribuyente que mientras el déficit fiscal se encuentra en niveles récord y el contribuyente sufre una presión fiscal asfixiante, la clase política despilfarra los recursos que tanto le han costado al ciudadano pagar el estado.

Podría decirse que congelar sueldos y no contratar familiares era prácticamente una cuestión de sentido común dada la herencia recibida. Tomar esta medida a medio mandato suena más a necesidad política que a verdadera convicción institucional por parte de Cambiemos. Para Cambiemos parece ser que el nivel de gasto es irrelevante, lo único que importa es la eficiencia del gasto público. Me pregunto como funcionaría una economía con 100% del PBI en gasto público.

No obstante, bienvenido es el gesto. Sin embargo, reconocer el gesto no implica que esta medida deba ser confundida con algo que no es. Este tipo de medidas no son (1) ni relevantes en términos de desequilibrio fiscal ni (2) reformas o soluciones. Son lo que son, gestos políticos que deben hacerse pero no deben confundirse con las medidas que el gradualismo nos sigue haciendo esperar. Una analogía que utilicé hace algunos meses era ver a Argentina como el Titanic y a Cambiemos preocupado por limpiar los muebles y ventanas del barco en lugar de tapar el agujero por el que entra agua, como si ese agujero se fuese a solucionar sólo con el paso del tiempo (congelar gasto y esperar a que crezca la economía.)

Sobre el gradualismo, una aclaración. No son pocos los defensores del gradualismo que argumentan que no es (políticamente) posible hacer más. Sin entrar a discutir en este post si ese es el caso, el punto es que no poder hacer más de ninguna manera transforma medidas insuficientes mágicamente en medidas suficientes. A Cambiemos lo veo más preocupado por justificas sus límites políticos que por expandirlos, es decir, trabajar en hacer que lo necesario y políticamente imposible sea políticamente posible.

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