Etiquetas

,

[The Independent Review, Primavera de 1997]

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo clásico estaba en su peor momento. Europa estaba en ruinas, una mitad aherrojada bajo la dominación soviética, la otra ahogándose en el dirigismo. En Gran Bretaña, el gobierno laborista se hizo con el poder, nacionalizando industrias básicas y creando un completo estado de bienestar. En Francia e Italia, los comunistas y sus aliados políticos amenazaban con hacerse con el poder. En Escandinavia y los Países Bajos, florecían los estados del bienestar mientras se marchitaban los mercados libres. España y Portugal soportaban dictaduras fascistas.

Alemania languidecía bajo la ocupación aliada, con controles que ahogaban la recuperación de su economía y la población luchando por evitar el hambre. En Estados Unidos, la mayoría de la gente había perdido su vieja fe en el libre mercado y abrazado la nueva fe en la capacidad del gobierno de resolver los problemas económicos y garantizar una seguridad social. En todos los lugares de occidente tanto las masas como las élites, especialmente los intelectuales, se embarcaban inesperadamente en lo que Friedrich A. Hayek acababa de calificar como “el camino de servidumbre”.

Viendo el abismo que tenía delante, Hayek decidió crear una sociedad dedicada a persuadir a los intelectuales, y por tanto a las masas y sus líderes políticos, de que cambiaran el rumbo. Esta sociedad aunaría para conocimiento y ánimo a las principales figuras del liberalismo clásico. Incluiría a ingleses como Lionel Robbins, John Jewkes, y Michael Polanyi; emigrados austriacos como Ludwig von Mises, Fritz Machlup, Karl Popper y por supuesto el propio Hayek; estadounidenses como Henry Hazlitt, Frank Knight, Milton Friedman, Aaron Director y George Stigler; alemanes como Wilhelm Röpke y Walter Eucken; franceses como Maurice Allais y Bertrand de Jouvenel y otros europeos occidentales.

En abril de 1947, los hombres anteriormente mencionados y otros (39 personas en total, de 17 países) se reunieron en Suiza y crearon la Sociedad Mont Pèlerin. Adoptaron una declaración de objetivos que describía brevemente su opinión de la crisis reinante:

En grandes áreas de la superficie de la tierra ya han desaparecido las condiciones esenciales de la dignidad y libertad humanas. En otras están bajo una constante amenaza por el desarrollo de las actuales tendencias políticas. La posición del individuo y el grupo voluntario se ven socavadas progresivamente por extensiones del poder arbitrario.

La declaración confesaba que “lo que es esencialmente un movimiento ideológico debe afrontarse con argumentos intelectuales y una reafirmación de ideas válidas” e identificaba seis amplias áreas en las que merecería la pena más estudio y debate para combatir las tendencias intelectuales que prevalecían. La declaración concluía:

El grupo aspira a realizar propaganda. No busca establecer una ortodoxia meticulosa y obstaculizadora. No se alinea con ningún partido concreto. Su objetivo es solamente, al facilitar el intercambio de opiniones entre mentes inspiradas por ciertos ideales y concepciones generales sostenidas en común, contribuir a la preservación y mejora de la sociedad libre.

Cincuenta años después parece que, a pesar de desacuerdos individuales y rivalidades, choques de personalidades y dificultades administrativas, la sociedad ha prosperado y se mantiene firme en seguir su declaración inicial de principios. Ha servido esencialmente como un club internacional en cuyas reuniones los principales liberales clásicos pueden intercambiar y debatir ideas en la comodidad de un entorno solidario.

Desde su reunión de fundación en 1947, la sociedad ha tenido 30 reuniones plenarias y más de 20 reuniones regionales, la mayoría en Europa, pero algunas en Estados Unidos y otras tan lejos como en Hong Kong, Tokyo, Caracas, Sydney y Rio de Janeiro. De los 37 participantes originales, los miembros han crecido hasta más de 500, principalmente europeos y estadounidenses, pero incluyendo ahora también a muchos asiáticos y latinoamericanos. Para incorporarse, los nuevos miembros han de ser elegidos por la sociedad y el ser miembro se ha convertido en una insignia de honor entre los liberales clásicos.

De 1948 a 1960, Hayek ejerció como presidente. Los siguientes presidentes tuvieron periodos más cortos en el cargo; a finales de la década de 1960, estar dos años en el cargo se había convertido en regla. Los presidentes han incluido a luminarias como Röpke, Jewkes, Friedman, Stigler, James Buchanan, Gary Becker, Max Hartwell y Pascal Salin. La mayoría de los miembros han sido profesores universitarios, abrumadoramente economistas, incluyendo a siete receptores del Premio Nobel de Economía, pero también se han incluido periodistas, empresarios, juristas, funcionarios y otros. Los hombres de negocios que han pertenecido a éste incluyen a Luigi Einaudi, presidente de Italia, Ludwig Erhard, canciller de Alemania Occidental y Vaclav Klaus, primer ministro de la República Checa.

¿Tuvo éxito la sociedad Mont Pèlerin en atajar la marea de estatismo en occidente? Indudablemente la posición intelectual de las ideas liberales clásicas ha mejorado, especialmente durante los últimos 20 años. El socialismo, la bête noire de Hayek, ha sido más o menos desacreditado, excepto en los enclaves alojados en la universidad. Los políticos occidentales hablan hoy abiertamente de privatizaciones y desregulaciones y de vez en cuando actúan consecuentemente. En el momento más oscuro del liberalismo clásico, la sociedad Mont Pèlerin buscaba, en apropiada metáfora militar de Max Hartwell, “salvar la bandera” y “renovar el ataque”.

Su influencia fue probablemente más significativa en la época oscura que va de su fundación a mediados de la década de 1970, cuando las ideas liberales clásicas empezaron a verse sofocadas por la dominación del colectivismo entre los intelectuales occidentales. Hartwell, miembro veterano de la sociedad, presidente de la misma de 1992 a 1994 y más recientemente su historiador, concluye que “la Sociedad fue importante para cambiar la agenda política, primero, sosteniendo ideas liberales cuando eran ignorada e impopulares, y segundo, circulándolas y aumentando su influencia”. El si los miembros de la sociedad habrían sido igualmente eficaces en ausencia de éste es algo imposible de decir, pero sin duda la sociedad les ayudó aplacar la desesperación y mantener su espíritu combativo cuando todo parecía estar contra su causa.

La información aquí ofrecida, así como muchos detalles de la fundación, actividades y miembros de la sociedad, pueden encontrarse en la History of the Mont Pèlerin Society (Indianapolis: Liberty Fund, 1995), de R.M. Hartwell, un relato juicioso y bien escrito de 250 páginas. (Los pasajes antes citados aparecen en las pp. 41-42, 203 y 215-216). A los lectores a quienes no les importe conocer todos los entresijos de la administración de la sociedad (parte 2), encontrarán que las partes 1 y 3 contienen excelentes análisis de los acontecimientos políticos y económicos que llevaron a la formación de la sociedad y de la relación entre la sociedad y el curso de los acontecimientos durante el pasado medio siglo. Dieciséis páginas de fotografías y un excelente índice complementan el libro.


Publicado el 31 de mayo de 2011. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

Anuncios