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Ha circulado en distintos medios en estos días que la actual gestión gubernamental tiene el propósito de establecer una nueva agencia de estadísticas en reemplazo de la existente.

Las intenciones son buenas porque intenta una mayor independencia para que no vuelvan a ocurrir las arbitrariedades y  las falsificaciones que son del dominio público perpetradas por la anterior administración. Esto por más que se pretenda eximirla de cierta responsabilidad a los efectos de no cargar con nuevos y pesados endeudamientos al vincularlos con algunos indicadores, según convenidos oportunamente establecidos.

Recuerdo que cuando resultaron claros los atropellos al INDEC, mi colega en la Academia Nacional de Ciencias Económicas, Alfredo Canavese, se comunicó conmigo para invitarme a firmar una declaración que ponía de manifiesto ese despropósito.

En ese intercambio le dije al referido invitante que aceptaba que se incluya mi nombre en la antedicha manifestación pública pero que me parecía de rigor comentarle a nivel personal que la crisis aludida nos debiera hacer pensar en el sentido de contar con una entidad estatal de estadística.

En esta dirección manifesté que se presentaba la oportunidad de poner de relieve que el desguace de facto de la entidad, con  todos sus problemas y efectos dañinos, simultáneamente abría la posibilidad e incentivaba a que distintas expresiones académicas y profesionales se pusieran a trabajar en la confección de estadísticas.

Este proceso también consideraba que haría posible la competencia entre las referidas instituciones, lo cual significaría una auditoría cruzada para lograr los mayores niveles de excelencia, lo cual ocurrió con creces.

Esta idea fue originalmente propuesta por el premio Nobel en economía James M. Buchanan en su visita a Buenos Aires, lo cual fue tomado a mal por los apegados al status quo de siempre.

Confieso que ahora no propongo esto con demasiado optimismo en cuanto al deseo de los actuales gobernantes para ejecutar  la idea ya que no en todos los  casos cambiemos cambia. De todos modos reitero que sería de gran interés que zafen de la letanía de copiar lo que hacen otros y se decidan  por abrir rumbos imaginativos, no solo para reducir el gasto público monumental que padecemos sino  para contar con una real independencia y calidad estadística. Mientras la entidad se encuentre en la órbita política nunca habrá una real independencia de las tentaciones del poder.

En este contexto, cierro con un pensamiento que he citado en  otras ocasiones pero es del caso reiterarlo. Se trata del jeffersionano y doctor en leyes Leandro N. Alem quien en la legislatura de la provincia de Buenos  Aires, en 1880, expresó: “Gobernad lo menos posible. Si, gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

Publicado originalmente en El Cronista, en la edición impresa del 27 de marzo de 2018.

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