Tal vez lo primero que deba consignarse es que con el progreso se le otorga mucho más valor al ser humano que a lo material. Hay quienes se quejan al comprobar que se tratan como desperdicios a tantas cosas que se dice no tienen arreglo y deben ser descartadas.

Antes esto no tenía lugar simplemente porque los salarios eran muy bajos en relación al valor de los materiales. Hoy día, a pesar de las barrabasadas de los gobiernos que indefectiblemente conducen al empobrecimiento, los islotes de libertad han producido explosiones en el mejoramiento en el nivel de vida, aunque en no pocas regiones la pobreza y hasta la miseria continúan (donde el recauchutaje sigue su curso). Y aquello no solo en cuanto a la medicina y a procedimientos para la agricultura sino en todos los órdenes de la producción los progresos han sido vertiginosos en la media en que se ha dejado en paz a los emprendedores.

Antes a la materia se le otorgaba mayor valor que a las personas por eso es que se componían una y otra vez debido a que quienes trabajaban en esos menesteres eran retribuidos con bajos salarios. Hoy en día todo lo que demanda trabajo manual e intelectual resulta caro y, por ende,  no se justifica remendar las cosas ya que sale más barato adquirir lo nuevo.

Debe subrayarse que este aparente descarte en lo sustancial se recicla, tal es el caso de las computadoras con el metal y el  plástico y con este último material también se fabrican actualmente suelas de zapatillas deportivas de gran rendimiento y así sucesivamente con una serie de materiales que antes se consideraban inútiles.

Este resultado de la valorización de lo humano frente a lo material ha sido el resultado de los procesos de mercados competitivos que al aprovechar los siempre escasos recursos permiten incrementar las tasas de capitalización como único factor que hace que los salarios e ingresos en términos reales se eleven. Y cuando se dice que los salarios son bajos en algunos lugares, por una parte, debe siempre compararse con los que se pagaban antes en esas mismas regiones, y por otra, comprender que la economía de escala permite que salarios más elevados se amorticen en la producción masiva, lo cual, a su turno, permite que el precio unitario del bien sea menor.

Alentar artificialmente el consumo como si fuera la panacea pierde de vista que nada puede consumirse si antes no se produjo y esto último se lleva a cabo si se ha ahorrado cuya contracara es la inversión. La tasa de interés libre de manipulaciones estatales muestra la relación consumo presente-consumo futuro.

Por supuesto que el consumismo entendido como la prioridad de comprar bienes en detrimento del alimento del alma conduce a la degradación del hombre. Pero también hay que tener en cuenta que el empleo desaprensivo del llamado consumismo es utilizado por demagogos que usan a los pobres como carne de cañón para sus recetas trasnochadas siempre contrarias a la libertad de mercados y al consiguiente progreso.

Publicado en la edición impresa de El Cronista, miércoles 2 de mayo de 2018.

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