Nicolás Dujovne, actual ministro de Hacienda, explicó que la turbulencia de la semana pasada obedece a “una apreciación a nivel mundial sobre el dólar”. Esto es cierto, sin embargo, hará mal el oficialismo en quedarse solo con el factor externo y no mirar hacia adentro.

El Banco Central de la República Argentina perdió alrededor de 5600 millones de dólares en el último mes por elegir una política cambiaria equivocada. Que el Banco Central de una economía pequeña y abierta intente, en un contexto volátil, fijar un tipo de cambio distinto al que quiere el mercado es como que un barco pequeño intente tirar un ancla en medio del océano y bajo fuerte tormenta. La consecuencia lógica es que se dé vuelta el barco.

Afortunadamente el oficialismo interpretó correctamente sus propios errores y viró hacia una política más ortodoxa. Primero, intentó contener el dólar, y cuando observó que el costo en reservas era excesivo, lo dejó flotar, algo que debió permitir mucho antes.

El mundo ya viene avisando que comienza un cambio de ciclo. Las subas de tasas en Estados Unidos ya empezaron y continuarán, lo que reducirá la liquidez y hará cada vez más costoso el endeudamiento.

Para atrás, el oficialismo tendrá que reconocer cara su inacción fiscal. Para adelante, tendrá que implementar recortes en el gasto público en un momento caliente en materia política, con la elección presidencial enfrente.

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