(Suplemento a la entrega Nº 1.500; 7 de mayo de 2018)

CONTEXTO; suplemento a la entrega N° 1.500; 7 de mayo de 2018.

REFLEXIONES  A  PROPOSITO  DE  MIS  PRIMEROS  75  AÑOS

Juan Carlos de Pablo[1]

El 25 de noviembre próximo, si estoy vivo, cumpliré 75 años. Mis primeros 75 años.

La ocasión es un buen pretexto para compartir con el lector algunas cosas que aprendí por experiencia. No trato de “exportar” nada, más bien exponer ideas para que las “importen” quienes crean que les pueden servir[2].

  1. Cobrá la jubilación pero no te retires. Desde que en 2008 cumplí 65 años integro el “club” de los jubilados. Lo cual quiere decir que cobro la jubilación (puse poco, cobro poco, así que todo bien). Pero no concibo mi vida sin hacer algo, todos los días. Las tareas no sólo no me agobian sino que me alivian, por lo cual enero, mes de pocas obligaciones profesionales, en cierto modo para mi es el peor mes de cada año.

Al respecto estoy en buena compañía, como muestran los siguientes testimonios.

Raymond Frech Mikesell. “Mi consejo sobre el retiro de la vida laboral es… ¡no te retires! [Tenía 87 años cuando escribió esto. Falleció a los 93 años]. La actividad productiva contribuye a la salud física y mental. Hay que trabajar hasta el día de la muerte. El retiro sólo debe consistir en un cambio de actividades. La clave no está en el objetivo, el camino hacia los logros es lo gratificante” (Mikesell, 2000).

Anna Jacobson Schwartz. “No tengo ningún interés en retirarme [Tenía 89 años cuando dijo esto. Falleció a los 97 años], y menos ahora. Me dicen que así tendría más tiempo para mis nietos, pero no me consta que estos quieran tener a sus abuelos dando vueltas a su alrededor. Claro que estoy en contacto con ellos, pero tener también algo en qué pensar mejora la calidad de vida” (entrevista realizada por Nelson, 2004).

David Brown. “2 años después de jubilarse, los pilotos de líneas aéreas registran un índice de mortalidad más elevado que el de la población en su conjunto, lo cual resulta especialmente significativo porque, dada la frecuencia con la cual son chequeados, se jubilan en perfecto estado de salud… La Gran Divisoria no está entre la vida y la muerte sino entre el trabajo y el ocio… Los infantes de Marina no suelen deprimirse durante los combates, porque están demasiado ocupados procurando conservar la vida. Ahí está la clave… Después de los 70, si te despiertas sin dolores, es que estás muerto… La buena salud es hermosamente aburrida… El dinero es más importante a medida que uno se hace mayor, no tanto por lo que con él se puede adquirir, cuanto por los temores que puede disipar” (Brown, 1992)[3].

Sidney Weintraub. “Mi vida fue una de enseñar, escribir, música de fondo, tenis, golf, viajes, postres y muchas cosas asociadas con esto, incluyendo un matrimonio feliz. ¿Qué hubiera hecho diferente? Pasar más tiempo con Joan Violet Robinson y Nicholas Kaldor, en vez de trabajar por mi cuenta en los mismos temas. Ahora, en mi retiro, me reconforto pensando que mi próximo libro va a ser el mejor de los míos, independientemente de lo que eventualmente piensen mis lectores. El optimismo no cuesta más, y es psicológicamente mucho mejor que el pesimismo” (Weintraub, 1983).

b. Si me quejara sería un ingrato. Gozo de más que razonable salud, armamos con Any una familia maravillosa, nunca estuve desocupado y encima me pagan por trabajar en lo que me gusta. Como digo, si me quejara sería un desagradecido.

Hay gente que afirma que “soy sano porque no tengo tiempo para estar enfermo”. Una estupidez, supongo que dirán los médicos. Sólo parcialmente agregarían los psicólogos, sugiriendo que la falta de objetivos, o de actividades, probablemente induzca la aparición y/o el desarrollo de ciertas dolencias.

  1. c. Tuve suerte pero también colaboré. “Match point”, la notable película dirigida por Woody Allen, ejemplificó que a veces pequeñísimas diferencias pueden generar resultados muy diferentes. Ni todos los éxitos, ni todos los fracasos, se deben exclusivamente a sus protagonistas; porque también la suerte juega su rol.

Tuve suerte en la vida. Casarme con Any; graduarme cuando la carrera de economía recién comenzaba, y por consiguiente la demanda superaba a la oferta (de trabajos, de becas, de cátedras, etc.); no sufrir accidentes de tránsito; ser genéticamente sano, etc.

No soy el único que tuvo suerte, y que aprecia su importancia, como muestran los siguientes testimonios:

Paul Anthony Samuelson. “Consejos para conseguir un premio Nobel: 1) tenga buenos profesores; 2) tenga buenos colegas, colaboradores y compañeros de clase; 3) tenga buenos estudiantes; 4) lea los trabajos de los grandes maestros; y 5) tenga suerte” (Samuelson, 1970).

Milton Friedman. “Me ha impresionado enormemente el rol que la pura chance juega en la determinación de nuestras historias personales. En mi caso resultaron relevantes los siguientes accidentes: nací en los Estados Unidos; tuve en la escuela secundaria un profesor de ciencia política, pero al que le gustaba la geometría; pude conseguir una beca para estudiar en la universidad Rutgers; tomé cursos de economía con Arthur Burns y Homer Jones (si no hubiera sido por estas 2 personas, mi vida hubiera sido bien diferente, lo cual me lleva al próximo accidente con suerte); tuve la oportunidad de estudiar en Brown University o en la Universidad de Chicago. Tomé la decisión casi como si hubiera tirado una moneda al aire… Como Viner ubicaba a los estudiantes por orden alfabético, me tocó sentarme al lado de una hermosa joven, Rose Director. Nos casamos varios años después, y 45 años más tarde todavía somos felices[4]. Otra vez la buena suerte: Rose nació en Oregon, yo en New Jersey, y nos fuimos a conocer en un aula en Chicago” (Friedman, en Breit y Spencer, 1986).

Franco Modigliani. “Para ganar el Nobel hay que tener mucha suerte, yo la tuve. Por empezar, me casé con Serena [Calabi] en mayo de 1939… Después de 62 años de estar juntos, sigue siendo mi mejor crítica y amiga” (Modigliani, en Breit y Spencer, 1995).

Tuve suerte pero también colaboré, porque como le escuché decir a Horacio de Dios, que había dicho un tenista, “más practico, más suerte tengo”. O como le dijo Dios al feligrés que insistía en que le hiciera ganar la lotería, para zafar de sus penurias económicas: “dame un respiro, comprá un billete”.

¿Qué quiere decir ayudarle a la suerte? Primero y principal, aprovechar todas las oportunidades. Quien se queda en su casa esperando la llegada de la oportunidad, terminará soltero, desocupado y profesionalmente oxidado.

¿Le ofrecen ser ayudante de cátedra de una materia que no es su preferida? No importa, zambúllase en la tarea, aprenderá muchas cosas y quién le dice, hasta se convierte en su materia preferida. ¿Le piden que dicte conferencias en sábado, de madrugada o a medianoche, o en lugares apartados? Acéptelas todas, ya vendrá el tiempo de elegir (a propósito: a mí todavía no me llegó).

No se trata de ser profesionalmente irresponsable (no acepto hablar sobre “América Latina”, por más dinero que me ofrezcan, porque no me siento capaz de hablar de Perú delante de peruanos), sino de orientar las energías según se van presentando las oportunidades.

  1. Hacer las cosas “a mi manera” tuvo costos, pero valió la pena. “Regrets, I have a few, but then again, too few to mention” (lamentos tengo unos pocos, pero demasiado pocos para mencionarlos) cantaba Frank Sinatra en A mi manera.

Frankie no fue el único que hizo las cosas a su manera[5]. Fui pionero en incursionar en el periodismo económico (para ganarme la vida), en no usar corbata (porque me molesta la ropa ajustada), en explicar utilizando ejemplos universales (como los del médico, el dentista, la suegra, el fútbol, etc.), en alejarme del mecanicismo y basar mis análisis en los procesos decisorios, etc.

Pagué algunos precios por ello. Durante mucho tiempo fui considerado “poco técnico”, por no usar el lenguaje que utilizamos los economistas cuando hablamos entre nosotros. Ejemplo: prefiero decir que a veces es imposible aumentar la producción de un bien sin disminuir la de otro, a decir que a veces las economías satisfacen el óptimo enunciado por Vilfredo Pareto; porque no hablo o escribo para impresionar sino que estoy interesado en que mi tía Carlota entienda lo que estoy diciendo[6]. ¿Será por eso que recién desde 2011 soy miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas?

Pero los precios que pagué no fueron nada, comparados con los que hubiera tenido que pagar por comportarme de manera “correcta” según los cánones profesionales de cada momento.

Me considero genuinamente serio pero no solemne. A propósito: la diferencia conceptual la supe siempre, Daniel Muchnik me la indicó en el plano terminológico.

  1. Se hace camino al andar. La feliz expresión de Antonio Machado, que con tanta frecuencia utilizo para explicar el funcionamiento de la economía argentina, también resulta relevante para encarar la actividad profesional.

Arnold Toynbee es, desde este punto de vista, el contraejemplo de mi experiencia, y de la de tantos otros. Porque al parecer el célebre historiador inglés, cuando era joven, trazó la línea principal de la obra que desarrolló a lo largo de toda su vida. En la enorme mayoría de las biografías que leí de los economistas, de ninguna manera “estaba escrito” que terminaron haciendo lo que imaginaron al comienzo de su actividad profesional.

La clave está en encarar lo que te toca hacer, con muchas ganas. En una escena de Carmen, de Carlos Saura, el bailarín detiene la música y le dice a su pareja: “si tu no te crees que eres Carmen, ¿quién se lo va a creer?”. Creérsela o no tiene que ser una cuestión de equilibrio, porque es cierto que con enorme frecuencia quien se la cree termina pisando el palito, pero un poco hay que creérsela. Lo importante es tener con qué sostener, desde el punto de vista profesional, el creérsela.

Esto quiere decir volcarse con toda la fuerza a la actividad que haya que encarar, particularmente al comienzo de la carrera profesional, donde se aprenden muchísimas cosas, más allá de la cuestión que se está analizando.

  1. ¿Trabajar sólo, o formar parte de una organización? Desde que en setiembre de 1978 dejé de trabajar en el Instituto para el desarrollo de empresarios –en aquel momento, ejecutivos- en Argentina (IDEA), literalmente vivo haciendo “changas” (situación que describí en de Pablo, 1996).

Con esto quiero decir que con ninguno de mis “empleadores”, las universidades donde dicto clases, las organizaciones que contratan mis servicios profesionales, o los medios de comunicación en los cuales me desempeño, firmé contratos, y mucho menos onerosas cláusulas de rescisión. En otros términos, vivo “sin red”.

El costo de encarar mi actividad de esta manera es que trabajo solo, es decir, no integro ninguna “barra” (más allá de que tengo intensa interacción, principalmente escrita, con muchos de mis colegas); el beneficio es que no tengo jefe a quien rendirle cuentas, aunque rindo examen permanentemente, delante de mis demandantes.

La vida es problema contra problema, y muchas veces las alternativas se idealizan. Pero en mi caso, en este sentido, no cambiaría la que elegí.

  1. La “mágica” relación que se desarrolla con los ex profesores y con los ex alumnos. En el momento de escribir esta porción del trabajo, todavía viven algunos profesores que me enseñaron economía en la UCA, durante la primera mitad de la década de 1960. Por orden alfabético, José María Dagnino Pastore, Alieto Aldo Guadagni, Clemente Panzone, Felipe Santino Tami y Javier Villanueva.

Al mismo tiempo, y como consecuencia de casi medio siglo de enseñanza universitaria, principalmente en la Universidad de El Salvador, en la de Buenos Aires, y últimamente en la de San Andrés y en la del CEMA, tengo varios miles de ex alumnos.

En ambos casos y a pesar del tiempo transcurrido, con cada uno de ellos mantengo una relación “mágica”. Claro que a muchos de mis ex profesores los superé, del mismo modo que obvio que algunos ex alumnos míos me superaron, al menos en campos específicos. Pero debido a la magia se mantienen las relaciones originales, tanto con los ex profesores como con los ex alumnos.

Hasta que nos ponemos a hablar, y entonces dejamos la magia a un lado, para concentrarnos en la realidad. Una de las cosas que más me fascinan del ámbito académico es que no hay ni generales ni soldados; hay ideas que se presentan, discusiones que se generan y materia prima que emerge para seguir reflexionando. “Toreo” a mis ex profesores cada vez que lo considero necesario, e invito a mis ex alumnos a que hagan lo mismo conmigo. Sin que en caso alguno se afecten las relaciones personales[7].

  1. Si no querés que te saluden, o que te puteen, no hagas nada. “Qué daría yo por el anonimato”, le escuché decir a más de un actor o actriz. ¡Nada!, respondo para mis adentros, porque quien se desenvuelve en medios masivos de comunicación, lo único que no desea es el anonimato. Un periodista se “banca” que lo confundan con otro, cuando alguien lo encuentra en un ascensor; lo que no se puede bancar es que no lo reconozcan.

Ahora bien, ningún autor, periodista o actriz, puede pretender que todo el mundo esté de acuerdo con sus opiniones o sus interpretaciones. Ergo, quien no está dispuesto a bancarse que le digan barbaridades, muchas veces sin el más mínimo fundamento, que se dedique a otra cosa.

La televisión es el medio de comunicación más irracional que existe. Me han felicitado por libros que no escribí, por mi intervención en programas de radio o TV en los cuales sé que no participé, y hasta juran haber sido alumnos míos personas que dicen haber cursado materias donde sé que nunca fui profesor.

“¿Cómo anda la economía?” me dicen por la calle, en los cafés o en los cines. Antes, cuando pensaba que estaban interesados en mi opinión, me detenía y les explicaba. Hasta que descubrí que no me están consultando, sino que me están saludando. Tengo a mano frases del tipo “todo perfecto”, para seguir mi camino sin pasar por maleducado.

Los entusiastas de la economía del comportamiento señalan que no es lo mismo enfrentar un beneficio de $ 100, con una probabilidad de 50%, que una pérdida de 100, con igual probabilidad. En la repercusión pública ocurre lo mismo. Quien a raíz de una columna recibe igual número de elogios y de críticas (o de insultos), no empata sino que pierde. Pero no recomiendo cerrarse por completo a los comentarios; porque uno se queda sin datos valiosos que le pasan algunos de los lectores o escuchas.

  1. El buen humor es clave. Los profesionales nunca tenemos buenas noticias para dar, porque las personas nos consultan cuando “ya no dan más”. No es nada personal ni específico de los economistas. Nadie concurre al dentista para mostrarle una dentadura en perfectas condiciones, sino que va cuando no aguanta más el dolor. Al paciente el odontólogo lo reprende (muchos caramelos, poco cepillado, etc.), le hace doler y encima le cobra.

Con los economistas ocurre algo parecido: nadie nos consulta cuando tiene trabajo, su empresa está ganando mucho dinero, o cómo salir de una recesión. Nos consultan cuando están desocupados, quebrados o cuando el equipo económico quiere prolongar todo lo que sea posible, la reactivación económica, que como se sabe es una etapa del ciclo.

Pues bien, el humor es una formidable herramienta para decir lo que hay que decir, y que no parezca tan dramático. No estoy diciendo suavizar el contenido del mensaje, me refiero a la forma en que se trasmite lo que hay que decir.

Una condición necesaria para utilizar eficazmente el humor, es no tener sentido del ridículo, porque éste paraliza o le hace perder efecto al mensaje. Además de lo cual, como bien dice Neil Simon, el guionista de Extraña pareja, hay que decir cosas graciosas pero no de manera graciosa, porque es el público quien tiene que descubrir el toque humorístico. Sobre esto en Argentina Juan Verdaguer es el mejor ejemplo que conozco.

Uso el humor de manera intensiva. A veces se me va la mano, cosa que advierto cuando al terminar una conferencia, alguien se me acerca y me dice: “me divertí mucho”. Se me fue la mano porque, como le escuché a un sacerdote español que hace varias décadas participaba en programas de TV para ridiculizar a los falsificadores de la parapsicología, “el show tiene que estar al servicio del contenido”.

Me han recomendado que también me dedique al humor. Agradezco pero rechazo la sugerencia, por 2 razones. Primera, porque si como economista que utiliza el humor puedo ser único o casi único, como humorista sería uno más, y no precisamente de los mejores; y segunda, porque debido a que “el show tiene que estar al servicio del contenido”, mi humor es más difícil, porque no es totalmente libre. Un humorista puro se puede dar el lujo de decir que 2 + 2 es igual a 9, para que rime con “llueve”, o que no se sabe qué pendiente tiene la curva de la demanda; yo no.

Como este escrito fue inspirado en mi 75 cumpleaños, adjunto un par de chistes que vienen a cuento. Primero: te estás volviendo viejo cuando en tu cumpleaños gastás más dinero en velas que en torta. Segundo: te estás volviendo viejo cuando, al iniciar un viaje, tu esposa no te dice más “ojo” sino “cuidate”.

  1. Seguiré viviendo en Argentina, a lo que venga. Nací en Argentina, todos los años menos 2 viví en nuestro país, aquí están radicados mi familia, mis amigos, mi trabajo, etc.

Podría vivir en varios otros países, como (por orden alfabético) España, Estados Unidos, Inglaterra, Uruguay, etc.; pero nunca se me pasó por la cabeza migrar. El par de años que viví en Estados Unidos, estudiando en Harvard, no veía la hora de rendir todos los exámenes y volver a casa; cosa que hice.

No necesito pensar que, de aquí en más, en nuestro país regirán políticas de Estado, se volverá todo más predecible, etc. Obvio que si ocurre mejor, y desde el punto de vista ciudadano y profesional lucho para que ello pase. Pero su ocurrencia no es una condición necesaria para mi permanencia en Argentina.

Por eso digo que, salvo que piense que si me quedo en mi tierra, mañana apareceré muerto o preso, voy a seguir viviendo aquí… a lo que venga.

  1. La vida es puro cambio. ¿Qué hago? En mi Liniers natal (por eso soy hincha de Vélez Sarsfield), en las décadas de 1940 y 1950 todo se compraba en efectivo, rara vez se salía del barrio (donde había todo tipo de comercios, iglesia, clubes, etc.; y todos conocíamos a los vecinos), las transacciones eran personalizadas, prácticamente nadie tenía auto (por eso se jugaba a la pelota en la calle), algunos afortunados tenían teléfono, y un robo -o un romance extramatrimonial- eran supernoticias (por lo infrecuentes).

En 1942, Joseph Allois Schumpeter explicó que el cambio tecnológico genera destrucción creativa. Queriendo significar que tanto los productos como los procesos nuevos, constituyen mejoras pero afectan lo que existe. Cuando se inventó la lámpara eléctrica muchos estaban contentos, pero no los fabricantes de velas; de la misma manera que la computadora personal implicó un avance, pero terminó desplazando a la máquina de escribir.

Pues bien, la tecnología y el automóvil destruyeron el Liniers como yo lo conocí. Siempre les digo a los nostálgicos, como ilustró de manera admirable la película Luna de Avellaneda, que quien quiera hacer reflotar el barrio tiene que prohibir el automóvil; porque forzará a que cada uno vuelva al colegio, al cine y al club del barrio.

Ludd, cuya existencia física nunca pude documentar, es una figura importante porque al comienzo de la Revolución Industrial, cuando le explicaron los problemas que estaban generando las máquinas, intentó solucionar el problema… ¡destruyendo las máquinas! El “luddismo” es una actitud, que intenta defender los intereses de lo que existe, frenando la aparición de productos o procesos nuevos; una estrategia que en el mejor de los casos funciona transitoriamente.

El luddismo es suicida, porque el mundo fue de la carta manuscrita a la carta mecanografiada, al telex, a la computadora personal, a Internet, etc., y cada día se inventan nuevas formas de comunicación. Y así en todos los órdenes de la vida. Hoy difícilmente haga trámites delante de seres humanos; los precios son muy diferentes dependiendo del día en que compro, la tarjeta que uso, etc.

Pertenezco a la generación para la cual la máquina de escribir no tiene secretos (puedo sentarme frente a una cuyo modelo no utilicé nunca, y mecanografiar sin ningún problema). Frente a mi computadora personal, en cambio, soy razonablemente bueno con los textos y los cuadros, pero torpe con los gráficos, y ni qué hablar con tecnologías informáticas más modernas.

Cuando me siento superado grito “socorro” y mi secretario, o mis nietos, acuden a darme una mano y zafo.

Es fácil decir que lo que hay que hacer es actualizarse permanentemente. En rigor lo que hay que hacer es entender la naturaleza del desafío, y la estrategia preferida por cada uno. A mi edad no se me ocurriría competir con los jóvenes, peleándoles la punta desde el punto de vista de la destreza, la audacia, etc.; compito mostrando el valor de la experiencia. Pero soy consciente de que DEPABLOCONSULT, y Contexto, morirán conmigo.

  1. Mis 2 máximas “máximas”. Desde hace muchos años mi accionar se guía por un par de máximas bien “máximas”, les explico a mis alumnos de la UDESA el primer día de clase. No para que las tomen de manera literal, sino por si les sirven.

Primera: Nunca voy a tener menos problemas que ahora.

Cuando estamos preparando el examen de ingreso para la escuela secundaria o la universidad, soñamos con el día posterior al examen en el cual -pensamos- habremos de tener un problema menos. Si aprobamos el examen, lo más probable es que no tengamos un problema menos sino que dejaremos de tener ese problema pero comenzaremos a tener otros, que antes existían pero de manera latente a la luz de la dificultad concreta que teníamos que enfrentar.

La novia piensa en casarse, para tener un problema menos; la recién casada piensa en cuándo tendrá el hijo, para tener un problema menos; la madre reciente piensa en cuando caminará su niño, para tener un problema menos; varios años después suspira con el momento en que vaya a la escuela primaria, y luego a la secundaria, para tener un problema menos; cuando cree que al salir solo de noche va a descansar no duerme hasta que escucha la puerta de calle que indica que el vástago está de vuelta; el día del casamiento se angustia por el futuro de la flamante pareja; y más tarde por la salud de los nietos. ¿Quiere mejor prueba de lo que estoy diciendo?

Mi hobby es escribir libros. Hace algunas décadas disponía de semanas enteras para hacerlo. Luego apenas tuve días enteros. Desde hace muchos años no tengo un día que pueda dedicar íntegramente a la escritura. Y sé que nunca más voy a tener el tiempo que tuve. Nunca.

¿Cuál es la respuesta? Hay que organizarse.

La abuela que ve a la hija (o nuera) cambiarle el pañal al nieto revolea los ojos pidiendo ayuda al Cielo, como si ella la primera vez no hubiera hecho cosas parecidas (Dios, en su infinita bondad, fabricó a los bebés a prueba de padres primerizos); cuando entramos por primera vez en un canal de televisión, torre de control de un aeropuerto o cocina de un restaurante, admiramos la destreza que observamos, olvidando muchas veces que, al decir de Jorge Porcel, “son años”.

La respuesta a la ineludible realidad de la vida planteada en la primera de mis máximas es la organización o, si se prefiere, el cambio tecnológico. Hay que encontrarle la vuelta para seguir haciendo las cosas que a uno le gustan, sabiendo que si insistimos en las viejas formas de hacer las cosas necesitamos días de 48 horas cada uno.

Arnold Toynbee basó nada menos que su interpretación de la evolución humana en la interacción entre desafío y respuesta. Lo cual se puede entender como una tautología (las civilizaciones, o los Estados, que no sobrevivieron, fue porque no supieron enfrentar con éxito los desafíos), pero también como una formidable pista para orientar la acción, tanto individual como colectiva.

La segunda máxima dice lo siguiente: Nunca sé cuándo me voy a morir.

Hoy estamos, mañana…

Esto es elemental, pero hay que remarcarlo.

¿Cuál es la respuesta? Hay que divertirse.

Vivo cada minuto como si fuera a ser el último. Lucho, por consiguiente, para que sea el mejor posible. Le presto atención a quien está conmigo, o le hago saber que no me interesa lo que está diciendo; hago chistes, y festejo los ajenos, porque para mí la risa es como la comida y la bebida.

En particular, esté donde esté (en mi casa, en una oficina, con amigos o seres humanos circunstanciales, etc.) busco crear un ambiente que tenga esas características. El mundo del trabajo absorbe una parte tan grande de nuestra existencia, que no se puede dividir el tiempo entre los momentos “en que se trabaja” y aquellos “en los que se vive”.

Al respecto, irremediablemente, aparece aquí la cuestión de la relación (o falta de ella) que hay entre dinero y felicidad. Ni una cosa ni la otra: conozco pobres felices y ricos infelices, pero no argumentaría en favor de la falta de correlación general entre una y otra. En todo caso argumento en favor de no agotar la existencia en la relación que existe entre dinero y felicidad.

¿Es posible divertirse cuando uno está sano, razonablemente alimentado, tiene trabajo y libertad, mientras otros seres humanos están enfermos, hambrientos, desocupados o presos? Sí. A quien en serio les preocupan las desgracias ajenas, lo que tiene que hacer no es disminuir masoquistamente su propio gozo sin transformación en beneficio ajeno; lo que tiene que hacer es hacer algo por el otro: dar parte de sus ingresos, o parte de su tiempo, para que algún otro sufra menos. Y entonces ponerse a reír juntos.

En una palabra, organizarse, para enfrentar los inevitablemente crecientes desafíos, y divertirse “por si las moscas” son las máximas que descubrí viviendo. El uso, por parte de cualquier otro ser humano, no sólo no está prohibido en forma total o parcial, sino que está fuertemente sugerido. Pero sólo si le sirve.

.  .  .

¿Qué me deparará la vida en mis próximos 75 años? No tengo ningún apuro por averiguarlo. A propósito: en economía la incertidumbre no es un bien, sino un mal. Pero no siempre, porque lo peor que me podría pasar es que Dios me enviara un e mail diciéndome lo que me va a ocurrir en el resto de mi vida. Afortunadamente no va a pasar.

¡Animo!

Breit, W. y Spencer, R. W. (1986): “Entrevista a Milton Friedman”, Lives of the laureates, The mit press.

Breit, W. y Spencer, R. W. (1995): “Entrevista a Franco Modigliani”, Lives of  the laureates, The Mit Press.

Brown, D. (1992): El resto de su vida es lo mejor de su vida, SerreS.

de Pablo, J. C. (1995): Apuntes a mitad de camino, Macchi.

Publicado en Contexto, 367, Agosto 20, 1996.

de Pablo, J. C. (1996): “El caso de Juan, el que vive haciendo changas”, Contexto, entrega No. 367; 20 de agosto.

de Pablo, J. C. (2008) “Análisis en tiempo real: a propósito de los primeros 1.000 números de Contexto”, Contexto, 7 de octubre.

de Pablo, J. C. (2014): Bodas de oro profesionales (pasión, oficio y dedicación), Grupo Unión.

Dorfman, R. (1989): “Thomas Robert Malthus and David Ricardo”, Journal of economic perspectives, 3, 3, verano.

Friedman, M. y R. (1998): Two lucky people, The university of chicago press.

Heilbroner, R. L. (1953): The worldly philosophers, Simon & Schuster.

Mikesell, R. F. (2000): Foreign adventures of an economist, University of Oregon Press.

Nelson, E. (2004): “An interview with Anna J. Schwartz”, Macroeconomic dynamics, 8.

Samuelson, P. A. (1970): “Maximum principles in analytical economics”, Conferencia Nobel reproducida en Collected Scientific Papers, volumen 3, The mit press.

Schumpeter, J. A. (1942): Capitalism, socialism and democracy, Harper & bros.

Wallace, L. (2006): “Ahead of his time”, Finance and development, setiembre.

Weinstein, M. (1992): “Economists and the media”, Journal of economic perspectives, 6, 3, verano.

Weintraub, S. (1983): “A jevonian seditionist: a munity to enhance the economic bounty?”, Banca Nazionale del Lavoro Quarterly Review, 146, setiembre.

 

[1] Titular de DEPABLOCONSULT, profesor en la UDESA y en la UCEMA. Miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. depablo43@hotmail.com

[2] Enfoque bien diferente del que utilicé el 7 de octubre de 2008, cuando Contexto llegó a la entrega No. 1.000.  mi desarrollo personal y profesional lo conté de manera detallada en de Pablo (1995 y 2014).

[3] El libro, titulado El resto de su vida es lo mejor de su vida, me lo obsequió Néstor Vicente, con la siguiente dedicatoria: “Para mi amigo Juan Carlos. Puede ser un buen libro de cabecera”. Tanto como de cabecera ni diría, pero lo he citado miles de veces, y fotocopiado para obsequiar, algunas.

[4] Friedman (1998), titulado Dos suertudos, es la autobiografía conjunta que escribieron Rose y Milton Friedman. Con una notable peculiariedad: cuando ambos recuerdan lo mismo aparece un solo texto, cuando no publican 2 versiones.

[5]The economist describió a Robert Alexander Mundell como `un gran excéntrico´. No sorprendentemente, en el banquete ofrecido en su honor cuando en 1999 le otorgaron el premio Nobel en economía, a los presentes les cantó `A mi manera´” (Wallace, 2006).

[6] Las percepciones que los mundos académico y periodístico tienen uno del otro son casi insultantes en todo el planeta. “Cuando el New York Times califica algo como `académico´ quiere decir irrelevante, y cuando los académicos califican algo como `periodístico´ quieren decir superficial” (Weinstein, 1992).

[7] Esto último, inspirado en el ejemplo de David Ricardo y Thomas Robert Malthus. “Debe ser difícil encontrar 2 personas de orígenes y carreras más disímiles que ellos… Malthus, el académico, estaba interesado en los problemas reales; Ricardo, el hombre de mundo, tenía más inclinación hacia la teoría… Los 2 fueron amigos muy pero muy cercanos” (Heilbroner, 1953). “Entre ellos se desarrolló la más notable y fructífera colaboración y amistad, dentro del análisis económico… Se hicieron amigos casi desde el comienzo… Cada uno le escribió al otro alrededor de 80 cartas… Cuando falleció Ricardo, Malthus afirmó: `a nadie quise tanto fuera de mi familia. Nuestro intercambio de ideas fue tan abierto, teniendo como único propósito la búsqueda de la verdad, que estoy convencido de que con el tiempo nos hubiéramos puesto de acuerdo’… Los 2 estaban obsesionados por lo mismo: entender cómo funciona la economía” (Dorfman, 1989).

 

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