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A través de esta carta pretendo generar un puente de diálogo con los seguidores de Javier Milei y con todos aquellos que estén interesados en comprender el origen de una poco fértil disputa entre economistas que hoy, lamentablemente, ha llegado hasta los medios televisivos, gráficos y radiales. No lo intento con él directamente, porque he perdido esperanza de un mínimo entendimiento. Los insultos que en los últimos días nos ha propinado a varios economistas muestran la violencia y agresión con la que se maneja cotidianamente y a la que no estamos acostumbrados.

Conocí a Milei por recomendación de Rodolfo Distel, Director de Unión Editorial Argentina, quien sugirió la posibilidad de que trabajemos juntos en un libro. En una visita a Buenos Aires, lo llamé desde un café y nos encontramos pocos minutos después. Conversamos más de una hora acerca de su trayectoria, incluyendo la consultoría, su paso por la UBA, sus dificultades con la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP) y sus críticas al socialismo y al keynesianismo. Hasta ese momento Milei no tenía la exposición que hoy le conocemos, pero ya tenía cierta presencia en los medios. Al completar la charla llamé telefónicamente a Distel y le dije que veía poco probable cumplir con su sugerencia, simplemente porque apuntábamos a públicos diferentes.

El segundo encuentro fue en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Junto a él y Alberto Benegas Lynch (h) compartimos un panel donde presentamos tres libros. En esa oportunidad Milei fue un caballero, posiblemente por la presencia de Benegas Lynch (h) en la sala que siempre impone una presencia cordial. La exposición de Milei fue excelente e incluso intercambiamos libros al cierre del evento.

El tercer encuentro fue hace dos años, en el Congreso Internacional “La Escuela Austriaca en el Siglo XXI” donde Milei presentó una ponencia que abrió las dos cuestiones que nos separan, una de forma y otra de fondo. Allí presencié su show por primera vez el que fue acompañado de una buena presentación, lúcida, aunque dejando abiertas ciertas líneas de investigación que chocaban con las mías. Se trató de una síntesis entre Friedman, Lucas y Hayek que a mi juicio es muy difícil de hacer, si atendemos al necesario choque de paradigmas, con sus contradictorios lenguajes y conclusiones. Pedí la palabra en el Congreso, y previo a hacer mi pregunta, aclaré que me habían parecido innecesarias e inadecuadas esas formas en un Congreso académico como el que presenciábamos. Antes de poder hacer mi pregunta, su reacción ya fue desmedida, lo que abrió todo tipo de ofensas cruzadas con el público que desnaturalizó el objetivo de un encuentro académico. De hecho, la pregunta de fondo no pude hacerla.

Desde ahí en adelante, mi relación con Milei fue nula. No volvimos a hablar hasta el día de hoy, pero cuando alguien me preguntaba por su creciente presencia mediática mi análisis intentó siempre ser objetivo. Milei tiene éxito por cuatro razones, respondía. En primer lugar, eligió y se formó en la “buena economía”, y con ello me refiero explícitamente a autores como Mises y Hayek, pero también a Friedman y Lucas, o Hazlitt y Buchanan, por citar algunos de los personajes que a esta Argentina le hacen mucha falta.

En segundo lugar, Milei ha sumado años de experiencia como consultor, lo que lo convierte en un profesional que puede combinar un buen entendimiento del análisis económico con un fundamentado análisis de coyuntura y fuentes diversas de datos.

En tercer lugar, Milei ha sido docente, lo que siempre es importante para hacer una pausa en medio de la presentación de números para explicar algunos conceptos que hoy resultan lejanos para el público en general, como las causas de la inflación o las razones técnicas de la falta de crecimiento que se observa en nuestro país.

Y en cuarto lugar, le agregó a todo ello un show mediático y descontracturado que es bienvenido en los medios de comunicación, especialmente en un momento donde el gobierno anterior y también el actual no parecen encontrar la política económica que nos conduzca a cierta estabilidad macroeconómica e institucional.

A partir de ese momento, y mientras hacía mi trabajo, comencé a recibir correos de muchos amigos y colegas comentándome de la violencia con la que Milei atacaba a quienes mostraban alguna posible contradicción en sus planteos. Digo “posible” porque no me he detenido a analizar la cuestión de fondo de cada uno de ellos, sino la forma en que Milei los replicaba. No importa si el planteo surge de un economista, un político o un periodista; no importa si el crítico es marxista, socialista, keynesiano, liberal o libertario; si alguien cuestiona a Milei, el comentario se vuelve una espiral de violencia explosiva que no encuentra límites.

Un ejemplo de esto resulta esta nota de la colombiana Vanesa Vallejo, quien señaló un posible error de Milei en su uso del concepto de utilidad marginal. No es relevante aquí la razón o no que puede tener Vallejo en esta posible contradicción. Lo que resulta relevante es el modo en que Vallejo fue atacada.

Aquí su nota: Como Rothbard, soy libertaria y conservadora.

Aquí algunos extractos de la respuesta que recibió en Twitter.

Personalmente, valoro el trabajo de Vallejo, quien ha tenido una columna liberal en PanamPost, y se ha tomado el trabajo de entrevistar a muchos liberales sobre variadas cuestiones que resultan relevantes para nuestra región. Aquí se puede ver una entrevista que me hizo hace algún tiempo sobre las ventajas de la dolarización.

El caso de Vallejo, lógicamente no es aislado. La violencia de Milei es una constante que fractura cualquier posible diálogo y perjudica a la reputación de todo el que intenta cuestionar sus formas, y más aun su entendimiento en economía. Más preocupante aun resulta el comportamiento de los libertarios que le siguen, al fanatizarse con las ideas, y especialmente con las malas formas y los insultos.

Es todo esto, lo que motivó un post de mi parte para separarme de lo que Milei hace. Nunca pensé que el mismo tendría la repercusión que tuvo, pero consideré necesario hacerlo como un gesto de solidaridad hacia todos aquellos que reciben el ataque violento de Milei y muchos de sus seguidores. Este fue mi post.

Esto puede molestar a algunos de mis contactos, pero la verdad es que hay comentarios de algunos economistas como Javier Milei que a menudo ofrecen críticas apresuradas, ofensivas, y que al hacerse en nombre de la Escuela Austriaca, manchan el buen nombre de los principales intelectuales de la tradición, justificando que luego se trate a sus miembros de trabajar como secta y demás. Animo a quienes defienden las ideas de la libertad a hacerlo de manera seria, respetando a los colegas economistas que más allá de lo que podemos interpretar como errores, buscan de buena fe solucionar los problemas de la gente.

Para Milei, el post fue el inicio de una disputa causada por envidia. Algo insólito claramente. Pero Milei tiene allí un problema que no me animo a diagnosticar donde pierde el origen de las disputas, y siempre se siente atacado. De mi parte, sólo puedo decir que el post fue un llamado a las buenas formas.

De hecho, tras el post, recibí un mensaje privado de Diego Giacomini, quien dijo entender mis buenas intenciones, y que fue el inicio de un intercambio que no puedo compartir.

A nadie escucha tanto Milei como a su colega y amigo Diego Giacomini, economista, consultor, y ex docente de la UBA en la materia que dictaban juntos “Dinero, Crédito y Bancos”, bajo la cátedra de Lidia Rosignuolo. De nuestro intercambio, sólo diré que le pedí a Giacomini que hable con Milei para detener su violencia y agresión, porque no le hacía bien a nadie, especialmente a su propia persona.

La respuesta inmediata de Milei a mi posteo fue la siguiente:

Una de las cosas más maravillosas que surgen de usar un vocabulario para nada convencional y políticamente incorrecto, sumado a mi pelo, es que permite la autoidentificación inmediata de los PELOTUDOS (ello que en economía de la información se llama señalamiento).
Así, mediocres y envidiosos, escudados en las formas y pasando de largo los contenidos, han de dejar en claro la MIERDA HUMANA que son.
¡VIVA LA LIBERTAD CARAJO!
JM

PD: es más, algunos PEDAZOS DE MIERDA me culpan de su fracaso diciendo que mancho su trabajo y además perjudico a las ideas. Hay quien llega a ser una total BOSTA HUMANA.”

Tras ello, recibí centenares de otros posteos de los seguidores de Milei que entendían mi comentario como injusto, basado en la envidia.

La espiral de violencia nunca más se detuvo. Muchos amigos y colegas me consultaron sobre esta disputa y he tenido conversaciones personales, telefónicas o por Skype para aclarar lo que había pasado. A diferencia de Milei, a mi sí me importa mi reputación.

Le pedí a todos ellos que no actuaran. Que no se metan en este lío porque la espiral de violencia los absorberá con el costo innecesario que todo ello tiene en sus reputaciones.

Debo agradecer abiertamente a Roberto Cachanosky y Gabriel Zanotti, porque más allá de mi recomendación, me apoyaron públicamente y cuestionaron las formas de Milei, y de muchos de sus seguidores. Aquí por ejemplo una reflexión de Gabriel. Sus gestos fueron siempre de solidaridad, y como respuesta a la violencia previamente comentada, nunca el inicio de la disputa.

Si el movimiento que inició Milei genera un acercamiento de los jóvenes hacia las ideas de la libertad, es algo que no puedo, ni quiero evaluar. De cualquier forma, no es eso lo que está en discusión. Lo que se cuestiona son sus formas, su violencia, su agresión, que está dañando la reputación de buenas personas y buenos profesionales.

De fondo, tengo mis diferencias, como intenté también mostrar en su entendimiento de la Curva de Phillips. Aquí su nota, que no diferencia entre Friedman, Lucas y Hayek. Aquí un video y aquí un libro que fundamentan mi posición al respecto.

En otro contexto, con otras personas, la cuestión de fondo debería recibir atención, y eso generar un diálogo fructífero entre personas que se respetan pero piensan diferente. No es el caso. Cualquier intento de señalar una contradicción en Milei se entiende como un ataque personal sin fundamentos.

Nicolás Cachanosky jamás hizo referencia a Milei. Sólo escribió esta respetuosa nota sobre “la gran depresión vs la Teoría General“, y eso le genera hoy insultos en todos los medios. “Los” Cachanosky son atacados por Milei. ¿A qué Cachanosky´s se refiere? ¿No fue acaso respuetuosa la intervención de Nicolás en esta nota?

Hoy mis padres desde España me llaman para comentarme que escucharon a Milei insultarme en los medios. Al efecto, se pueden ver los minutos 54 y 55 de este video en una entrevista con Novaresio, donde Milei trata de mentirosos a los “Cachanosky” y los “Ravier”. Que no hemos leído a Keynes, que no sabemos matemática, etc, etc, etc. Qué fértil sería debatir acerca del uso y abuso que los economistas han hecho de la matemática en economía. (Ver aquí las parte I y II de un documento de Juan Carlos Cachanosky. Ver aquí otro aporte de Nicolás y Juan Carlos Cachanosky en el primer número de Libertas, destinado al efecto. Los siguientes ejemplares de esta revista incluyen otros artículos que resumen un interesante debate sobre la materia)

Los fanáticos de Milei me señalan los cientos, miles o millones de personas que llegan a las ideas de la libertad a través de la presencia de Milei en los medios. ¿Cómo puede un liberal oponerse a semejante impacto? ¿Por qué no dejar la “envidia” a un lado e ignorar las formas? El resultado de su acción en los medios parece ser más importante que cualquier ofensiva extrema que haya generado.

Mi respuesta es siempre la misma. No puedo entender el liberalismo disociado de la tolerancia y el respeto. Primera intento ser una persona íntegra, que respeta a sus colegas, piensen lo que piensen. Segundo intento ser un buen economista, que usa la lógica para entender el mundo, con mis limitaciones. Tercero intento ser un buen liberal, que cree en la libertad individual, la propiedad privada y la economía de mercado como medios para mejorar la calidad de vida de la gente. No soy parte de una iglesia que busca convertir a la gente en las ideas que yo creo superadoras y jamás voy a convalidar la intolerancia para difundir las ideas de la libertad.

Una luz de esperanza en el caso Milei se enciende en la entrevista con Novaresio. La misma entrevista donde nos insulta a varios economistas liberales. Dice allí que reconoce que su boca es una cloaca, y que debe detenerse. Reconocer eso públicamente y detener la violencia y la agresión como medio de diálogo con quienes opinan diferente, sería el inicio de otras formas, y una reconstrucción en una reputación que a mi juicio está dañada, y que si persiste en este proceso terminará dañando, como comenté en mi primera intervención, a las ideas que defendemos.

En cualquier caso, me parece que debemos condenar la violencia y la agresión. Espero que esto ayude a entender mi punto.

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