Lo afirma Jorge Ávila, uno de los principales impulsores de la dolarización. Para Cachanosky, en Estados Unidos se dieron cuenta que no podemos tener moneda.

Bibliotecas. La posibilidad de la adopción de la dolarización se instaló con fuerza esta semana luego del comentario de Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, quien afirmó que había sugerencias a las autoridades argentinas en ese sentido. Tras eso se escucharon -y se siguen escuchando- un amplio concierto de opiniones en favor o en contra del sistema. Hay economistas que creen que la dolarización se está volviendo casi inevitable, mientras que otro sector afirma que es el esquema para darle al país la estabilidad que nunca tuvo. Y una amplia mayoría coincide en que es una “fuga hacia adelante” que no resuelve los problemas estructurales y de fondo, como el déficit fiscal. “Yo soy el abogado de la dolarización de los últimos 20 años, lo vengo proponiendo hace mucho. La dolarización tiene el carácter de irreversibilidad y no hay casos en el mundo en que haya habido un repudio o una reversión luego de haber adoptado la dolarización oficial, por ley”, explica Jorge Ávila, economista y director del Centro de Economía Aplicada de la Universidad del Cema. Y completa: “La Argentina es un país dolarizado, al igual que Chile, Polonia e Israel. Pero son países dolarizados de facto, otra cosa es la dolarización de jure que implica que el país adopta el dólar norteamericano como moneda de curso legal”. ¿Cuándo se dolariza, según las experiencias de otros países? Para Ávila, se dolariza cuando la demanda de dinero se vuelve inestable, cuando la velocidad de circulación desestabiliza el nivel de precios y hace imposible una política de inflation targeting como la que llevaba adelante Federico Sturzenegger en el Banco Central hasta junio de este año. “Cuando se llega a ese estado de inestabilidad se opta por una convertibilidad como hizo Menem en el ´91, porque la velocidad de la circulación no permitía estabilizar el nivel de precios. Pero entre gallos y medianoche borramos con el codo lo escrito con la mano. Hoy hace falta un estadio superior de compromiso, algo irrevocable y eso se llama dolarización”, apunta Ávila. Pros y contras. El problema crónico de la inflación, según Ávila, puede encontrar un sendero de solución con la dolarización: “Al dolarizar usted se olvida de la posible inestabilidad de la velocidad de circulación y el nivel de precios desciende. En Ecuador la inflación pasó a ser la norteamericana al cabo de cuatro años, en Argentina podría llevar dos, tres o hasta cuatro años, pero en un ambiente de completa estabilidad del valor de la moneda porque no existiría el peso”. Con todo, el propio Ávila reconoce que la dolarización tiene sus problemas, por ejemplo la vulnerabilidad en la que queda el país a enfrentar corridas de los bancos debido a la desaparición del Banco Central. Las reformas necesarias. Para evitar los efectos colaterales de una dolarización, Ávila pone el acento en la necesidad de encarar al menos dos reformas previas: la del sistema bancario y la del comercio exterior. “La dolarización es una reforma monetaria irrevocable, pero para no causar una olla a presión es menester cambiar la organización bancaria. Hay que cambiar de raíz la organización bancaria del país, poner a los bancos bajo jurisdicción extranjera y en segundo término abrir la economía. Porque si usted no abre la economía y de golpe tiene una salida de capitales eso lo lleva a tener un gran estrés, una gran fuerza bajista sobre el salario real y eso trae pobreza y recesión. Dolarizar y punto es un ticket al fracaso”, dice. Sin moneda. Para el economista Roberto Cachanosky los argentinos tenemos que ser conscientes de que no tenemos moneda y a partir de allí esbozar soluciones: “El peso se derrite como una barra de hielo, dejó de ser moneda. Desde que fue creado el Banco Central en el año 1935 hasta el año 2017 la inflación acumulada es de 0,28 trillones%. Ni yo entiendo de qué se trata, no se puede dimensionar. La inflación promedio fue de 54% anual, la Argentina destruyó cinco signos monetarios. El argentino eligió al dólar como moneda. El debate que viene es dolarizar como Ecuador, donde vamos a un régimen de convertibilidad como en los 90 o a un sistema de competencia de monedas. Yo soy partidario de esto último”. Cachanosky es categórico al afirmar que la devaluación no resuelve los problemas estructurales de la economía: “No modifica la legislación laboral ni la reforma del Estado ni del sistema tributario. Lo que pone es un límite al gasto del Estado. En realidad, también permite endeudarse y entrar en default, pero es una restricción a la política para seguir gastando permanentemente”. Y señala que la opinión que se escuchó por parte de funcionarios norteamericanos está lejos de ser una cortina de humo: “Esa opinión no es un globo de ensayo. Se dieron cuenta que Argentina no puede tener moneda, no puede generar moneda porque no hay confianza en los gobiernos”. (Fuente www.perfil.com).

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