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Tras varias semanas de incertidumbre y delicada situación económica, finalmente el gobierno llegó a un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. A la par del nuevo acuerdo, la nueva administración del BCRA anunció su nueva política monetaria y cambiaria.

Política Monetaria

El cambio en política monetaria consiste en abandonar las metas de inflación y adoptar una estricta meta de agregados monetarios. Las metas de inflación fueron un fracaso desde el inicio. No sólo fueron repetidamente incumplidas, sino que no lograron “anclar” o reducir las expectativas de inflación. De hecho, la última meta acordada co el FMI era superior a la inflación promedio del gobierno de C. F. de Kirchner. Difícil considerar estos resultados un éxito.   La nueva política monetaria consiste en congelar la base monetaria. La misma va a crecer 0% de octubre a junio del 2019. La misma venía creciendo, de acuerdo al nuevo presidente del BCRA Guido Sandleris, a un 2.2 por ciento mensual. Esto, junto a una meta de déficit primario 0 en el 2019 es significativo un frenazo económico. Este frenazo ocurren no un contexto de boom económico, sino que ocurre en un escenario de desaceleración de la actividad económica. Una vez más, mal que le pese, Cambiemos se encuentra caminando las políticas que ha descalificado como “liberalotes” y que de llevarse a cabo iban a “incendiar el país.” De hecho este frenazo podria considerarse más fuerte que lo que muchos economistas “pro shock” de hecho recomendaban. El gradualismo ha resultado (otra vez?), en un shock más fuerte del necesario de haberse aplicado al inicio del gobierno. Tampoco son pocos los liberalotes que recomendaban utilizar metas de agregados monetarios en lugar de metas de inflación como ahora el BCRA ha optado como estrategia. Congelar la base monetaria es una política transitoria para dominar la inflación. Congelar la base moentaria no es una regla monetaria óptima, pero el gobierno parece considerar necesario llegar a este extremo para finalmente lograr bajar la inflación. Al fijar la oferta de dinero, el BCRA también deja de lado la tasa de interés como instrumento monetario y la misma pasa a ser definida por el mercado. El cambio de estrategia es sensato. Las metas de inflacion tienen más éxito en mantener la inflación baja luego de haberla reducido que en reducir la misma. Dado que la inflación depende de la demanda y oferta de dinero en el mercado, tener un control directo (en lugar de indirecto) sobre la oferta monetaria puede tener resultados más eficientes. Paul Volker, por ejemplo, con una tasa de inflación menor a la de Argentina redujo la tasa de inflación con metas de agregados monetarios, no con metas de inflación.
Si efectivamente el BCRA congela la base monetaria (no sería la primera vez que incumple sus propias promesas), al menos tres factores van a determinar la tasa de inflación.
  1. El rezago en el nivel de precios; es decir, aumentos en el nivel de precios que aún no se han materializado.
  2. Cambios en la demanda de dinero.
  3. Desvíos desl tipo de cambio que, a traves de un pass-through tengan efecto en el nivel de precios. En principio, la política monetaria (ver abajo) acotaría este factor.

Política Cambiaria

La política cambiaria también ha sido revisada. Parece que el tipo de cambio flexible no es una buena idea si el shock es muy grande. La suba de tasas de la Reserva Federal no es novedad. Que el carry-trade de las Lebacs podía darse vuelta tampoco debería ser un fenómeno soprendente. Los escasos avances en el frente fiscal no contribuyen a la certidumbre macro del país. A este escenario hay que sumarle el impuesto a la renta financiera a no residentes. En una movida con escasa vision política, Jefatura de Gabinete eroda al imagen de independencia del BCRA en Diciembre del año pasado. No obstante, el gobierno sostiene que el shock cambiario fue un fenómeno totalmente inesperado. Más allá de menciones pasajeras a “errores propios”, el gobierno no explica por qué Argentina es el único país emergente que tuvo que recurrir a las apuradas al FMI (incluso anunciando acuerdos que ni siquiera se habian empezado a negociar) no en una, sino en dos ocasiones. El nuevo régimen cambiario consiste en un sistema de flotación libre con bandas móviles. A partir del primero de octubre, el tipo de cambio se movera libremente (es decir, sin participación del BCRA), entre un piso de 34 pesos por dólar y 44 pesos por dólar. Si el tipo de cambio cae por debajo del límite inferior, entonces el BCRA comprará los dólares necesarios para que el tipo de cambio no caiga por debajo de 34. Si el tipo de cambio supera el límite superior, entonces el BCRA licitará hasta 150 millones de dólares por día al tipo de cambio de la banda superior.
Las bandas, o límites, del tipo de cambio no son fijas. Las mismas se ajustan de manera diaria a una tasa del 3 por ciento mensual hasta fin de año, cuanto las bandas cambiarias serían revisadas. Esto quiere decir que si la inflación mensual es del 3 por ciento, entonces se evita una apreciación (atraso) y depreciación (adelanto) cambiaria. Para que esto suceda, el tipo de cambio actual debe estar en torno a su valor de equilibrio y la inflación mensual promedio hasta fin de año debe estar en torno al 3 por ciento mensual. Si de octubre a diciembre la la inflación promedio es del 3 por ciento, entonces la inflación del 2018 será del 39.8 por ciento. Esta sería la mayor tasa de inflación desde la crisis del 2001 a la fecha.
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