Editado originalmente en Contexto.

Nació en Denver, Colorado, Estados Unidos.

Estudió matemáticas y economía en la universidad de Chicago. “Preferí economía a física, porque en el plano intelectual planteaba los mismos desafíos –modelos matemáticos simples para entender el funcionamiento del mundo-, pero a diferencia de la física, en economía podría conseguir un trabajo en el ámbito académico…  Sam Peltzman me sugirió que me pasara de derecho a economía, episodio que muestra la enorme importancia que puede ejercer un profesor, cuando le presta un poco de atención a sus alumnos… Robert Emerson  Lucas y José Scheinkman tenían tolerancia cero con la falta de rigor… Lucas planteó un estilo de hacer macroeconomía que tuvo gran impacto en una generación, incluyéndome a mí. Su principal contribución es metodológica” (Romer, en S y V, 2005).

            Enseñó en las universidades de Rochester, Chicago, California (Berkeley), Stanford y de Nueva York.

            “No pertenezco más a la comunidad académica, ahora soy un economista aplicado” (Romer, 2016).

            En 2018 compartió el Nobel en economía con William Dawbney Nordhaus. “Romer generó nuevas herramientas para entender cómo el cambio tecnológico de largo plazo es determinado en una economía de mercado, mientras que Nordhaus fue pionero en crear un esquema para entender la interacción existente entre la economía y el clima… Ambos modificaron el modelo neoclásico de crecimiento planteado por Robert Merton Solow y Trevor Winchester Swan en 1956” (Comité Nobel, 2018).

            ¿Por qué los economistas nos acordamos de Romer? Por su contribución a la teoría del crecimiento económico endógeno, “que consiste en reclasificar la tecnología, dejando de considerarla como un bien público, para tomarla como un bien que está sujeto al control del sector privado” (Romer, en S y V, 2005).

            “Su trabajo causó gran impacto. Hasta la década de 1990 la macroeconomía desarrollada en los libros de texto se ocupaba exclusivamente de los ciclos económicos, ahora forma parte de la teoría del crecimiento… Romer (1990) es su monografía más celebrada” (Comité Nobel, 2018).

            “Su trabajo fue motivado por la disponibilidad de nuevos datos macroeconómicos, que mostraban la persistencia de las diferencias entre países, no sólo en los niveles del PBI por habitante sino en su tasa de crecimiento” (Comité Nobel, 2018). “El crecimiento de la productividad a largo plazo (últimos siglos) no sólo no decreció sino que aumentó… Se verifica una tendencia hacia la convergencia, dentro de cada grupo según productividad; pero no hay tendencia global hacia la convergencia” (Romer, 1986).

“Cuando comencé a trabajar sobre crecimiento no habría leído prácticamente nada de la literatura existente. Empecé con una hoja en blanco” (Romer, en S y V, 2005). “Romer (1986) [basado en su tesis doctoral (Romer, 1983)] fue el primer modelo en el cual la tasa de crecimiento de largo plazo es determinada de manera no trivial, al tiempo que es congruente con los datos históricos de Estados Unidos” (Comité Nobel, 2018). “De Romer (1986) se desprende que en cuanto se comienza a pensar en crecimiento se piensa en tecnología, y que ésta está sujeta a rendimientos crecientes a escala… La tecnología es un insumo completamente diferente al resto de los insumos” (Romer, en S y V, 2005). “La externalidad, rendimientos crecientes en la producción de bienes, y rendimientos decrecientes en la producción de nuevo conocimiento, generan un modelo de crecimiento con equilibrio competitivo que incluye  externalidades” (Romer, 1986).

“En Solow (1956) el crecimiento se detiene por el rendimiento marginal decreciente del capital. El `amor por la variedad´ y la especialización le permite al capital generar un rendimiento positivo de manera sustentable… A medida que se acumula capital, la cantidad de variedades de aplicaciones del capital continúa aumentando, neutralizando los rendimientos decrecientes” (Comité Nobel, 2018). “Los modelos neoclásicos de crecimiento se basan en el supuesto de rendimientos decrecientes del capital por habitante, en la producción del producto por habitante… Aquí se desarrolla una visión alternativa, donde el cambio tecnológico es endógeno, inducido por las expectativas que tienen los agentes que maximizan sus beneficios… La creación de nuevo conocimiento por parte de una empresa genera una externalidad positiva, porque el conocimiento no puede ser 100% patentado o mantenido secreto. Más importante, la producción de bienes de consumo, en base a conocimientos y otros insumos, se realiza en base a rendimientos crecientes; específicamente, el conocimiento puede tener un producto marginal creciente” (Romer, 1986).

“Existen 2 versiones del origen de la teoría del crecimiento endógeno, la primera se relaciona con la controversia planteada alrededor de la convergencia, la segunda plantea una alternativa a la teoría agregada basada en la competencia perfecta… Con respecto a la segunda versión, la evidencia muestra que existen muchas empresas en una economía de mercado; los descubrimientos son diferentes al resto de los insumos, porque muchas personas los pueden utilizar al mismo tiempo; es posible replicar las actividades físicas; el cambio tecnológico surge de la actividad humana; y a raíz de los descubrimientos, muchos individuos y empresas pueden ejercer el poder de mercado” (Romer, 1994).

            “Las nuevas ideas son muy diferentes de la mayoría de los bienes, porque que alguien las use no impide que otros lo hagan. Pero hay que enfatizar otro aspecto, la medida en que [vía patentes] son de uso excluyente… La producción de ideas generalmente se desarrolla bajo rendimientos crecientes a escala, con grandes costos iniciales y costos marginales constantes” (Comité Nobel, 2018). “Comencé mis trabajos sobre crecimiento suponiendo precios competitivos y rendimientos externos crecientes, pero me pasé a competencia monopolística porque permite que las ideas puedan ser parcialmente excluibles” (Romer, 2015).

“La diferencia entre las teorías del crecimiento y del desarrollo es metodológica. Quienes trabajan en crecimiento hablan de matemáticas, los otros hablan de palabras. Divergen porque no se entienden mutuamente… Quienes trabajaron en desarrollo fueron personas inteligentes, que tenían algunas buenas ideas, pero contaban con herramientas muy crudas” (Romer, en S y V, 2005).

“Muchas de las cosas que hacen los gobiernos no tienen justificación. La teoría del crecimiento endógeno no es un cheque en blanco para racionalizar cualquier intervención estatal” (Romer, en S y V, 2005).

            “La economía es una bestia muy complicada, de manera que el objetivo profesional no debe consistir en predecir, con la precisión de décimas de puntos porcentual, la tasa de crecimiento del PBI” (Romer, en S y V, 2005).

            Con los tapones de punta. Romer fue premiado por sus trabajos sobre crecimiento económico endógeno, pero también dijo cosas muy fuertes –y debidamente interpretadas, muy atinadas- sobre el desarrollo de la macroeconomía a partir de la revolución de las expectativas racionales. En sus palabras: “En 1970 no existían los celulares, hoy hay más de 6.000 millones. Esta es la clase de desarrollo que una teoría del crecimiento debería ayudarnos a entender” (Romer, 2015).

            “Mathiness alude al uso de la matemática para esconder una porción del análisis… La pena sería que, desilusionados por haber perdido su tiempo, los lectores dejaran de leer cualquier monografía que contuviera matemáticas… Corremos el riesgo de creer que el trabajo empírico es ciencia, y la teoría entretenimiento… La mathiness les permite a los académicos políticos disfrazarse de científicos” (Romer, 2015).

            “En las últimas 3 décadas los métodos utilizados, y las conclusiones derivadas, en el análisis macroeconómico, se han deteriorado al punto de que buena parte de los trabajos que se publican en este campo de estudio no pueden ser válidamente considerados como parte de la investigación científica… Los modelos se basan en supuestos no creíbles, de los cuales se derivan conclusiones absurdas… Las matemáticas no pueden mostrar el valor de verdad que tiene un hecho, nunca lo hicieron, nunca lo podrán hacer” (Romer, 2016).

            “En la teoría matemática que se utiliza, los hechos terminan siendo subordinados a las preferencias teóricas de los líderes reverenciados… La admiración se transforma en deferencia hacia dichos líderes, por lo cual si los hechos no cuadran con la teoría la evidencia deja de ser relevante. El progreso es juzgado por la pureza de las teorías matemáticas, según el criterio de las autoridades… Se pagan precios por discrepar públicamente con los líderes” (Romer, 2016).

            “A medida que aumenta el número de variables consideradas el problema de identificación empeora. En la práctica esto quiere decir que la econometrista tiene más flexibilidad para determinar los resultados que surgen cuando ella estima el modelo… Como bien observa Olivier Blanchard, `en muchos casos la justificación para el a priori correcto en el mejor de los casos es muy débil, de modo que la estimación se parece más al a priori del investigador que a la función de máxima verosimilitud’” (Romer, 2016).

            “Es más sabio utilizar los métodos poco rigurosos que los investigadores médicos han venido utilizando para realizar descubrimientos, que fueron implementados y mejoraron la salud, a seguir insistiendo con el sagrado modelo de ecuaciones simultáneas” (Romer, 2016).

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            Cuando me enteré que Romer había recibido el premio Nobel en economía por haber endogeneizado el cambio tecnológico, me pregunté si merecía el galardón quien había modelado una obviedad (que, contrariamente a lo que aparece en Solow -1956-, el cambio tecnológico es una actividad humana, y por consiguiente sujeta a incentivos), de la que se había ocupado Charles Marius Kennedy en trabajos publicados en 1961, 1962 y 1964; obviedad empíricamente relevante porque, como consecuencia de la cuadruplicación del precio del petróleo, en 1973, un Jumbo 747 consumía menos gasolina que un Boeing 707 fabricado en la década de 1950, a pesar de transportar el triple de pasajeros.

            Lo primero es una exageración. Kennedy inventó el concepto de frontera de posibilidades de innovación (FPI). “Si el objetivo del empresario es el de minimizar costos, no hay ninguna razón particular por la cual los salarios crecientes pueden necesariamente sesgar el cambio tecnológico hacia el ahorro de mano de obra, a menos que el ahorro de los costos sea más fácil de conseguir cuanto mayor sea la relación entre un tipo de costo y otro. Esta es la idea que subyace bajo la FPI” (Thirlwall, 1999), pero esto en modo alguno empaña la contribución de Romer. De cualquier manera, sigo pensando que la teoría neoclásica del crecimiento nunca debía haber supuesto que el cambio tecnológico es exógeno.

Blaug, M. (1999): Who´s who in economics, Edward Elgar.

Comité Nobel (2018): Scientific background, 8 de octubre.

Kennedy, C. (1961): “Technical progress and investment”, Economic Journal, 71, junio.

Kennedy, C. (1962): “The character of improvements and of technical progress”, Economic Journal, 72, diciembre.

Kennedy, C. (1964): “Induced bias in innovation and the theory of distribution”, Economic Journal, 74, setiembre.

Romer, P. M. (1986): “Increasing returns and long run growth”, Journal of political economy, 94, 5, octubre.

Romer, P. M. (1994): “The origins of endogenous growth”, Journal of economic perspectives, 8, 1, invierno.

Romer, P. M. (2015): “Mathiness in the theory of economic growth”, American economic review, 105, 5, mayo.

Romer, P. M. (2016): “The trouble with macroeconomics”, mimeo. Aparece como a ser publicado en American economist, pero nunca lo encontré.

Snowdon, B. y Vane, H. R. (2005): “Entrevista a Paul M. Romer”, Modern macroeconomics, Edward Elgar.

Solow, R. M. (1956): “A contribution to the theory of economic growth”, Quarterly journal of economics, 70, 1, febrero.

Thirlwall, A. P. (1999): “Charles Kennedy, 1923-1997”, Economic journal, 109, 459, noviembre.

OTROS TRABAJOS DE ROMER

Romer, P. M. (1983): “Dynamic competitive equilibria with externalities, increasing returns and unbounded growth”, tesis doctoral, Universidad de Chicago.

Romer, P. M. (1987): “Growth based on increasing returns due to specialization”, American economic review, 77, 2, mayo.

Romer, P. M. (1987): “Crazy explanations for the productivity slowdown”, en Fischer, S.: NBER macroeconomics annual, 2.

Romer, P. M. (1990): “Endogenous technological change”, Journal of political economy, 98, 5. setiembre.

Romer, P. M. (1993): “Two strategies for economic development: using ideas and producing ideas”, World Bank annual conference of development economics.

Romer, P. M. (1993): “Idea gaps and object gaps in economic development”, Journal of monetary economics, 32, 3, diciembre.

Romer, P. M. (1996): “Why, indeed, in America? Theory, history, and the origins of modern economic growth”, American economic review, 86, 2, mayo.

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